10 AM | 24 Abr

Renacimiento

No es un castigo. En las últimas semanas se han elevado bastantes voces que insinúan lo contrario: la epidemia sería un castigo que recibimos por nuestro maltrato de la naturaleza. Es un camino peligroso. Podemos declararnos responsables de una ciega furia respecto al planeta, lo cual es cierto, sin caer en el precipicio de una culpabilidad que requiere un castigo. La epidemia no es un castigo.
La epidemia es una enfermedad, como ya sabemos, pero lo es también en el sentido literal del término infirmitas: hemos dejado de pisar tierra firme y nos sentimos caminando en arenas movedizas. La enfermedad individual ya provoca este sentimiento, si bien es la colectiva la que más lo acentúa porque el naufragio parece afectar a todos.

Leer más…

Compártelo:
09 AM | 24 Abr

CLAVILEÑOS DE PAPEL

Esta primavera celebramos los libros al estilo cervantino: encerrados en nuestros cuartos, engalanando las horas con imaginación y lecturas. En nuestros anaqueles, en nuestras fieles bibliotecas, cada volumen es un umbral que ningún confinamiento impide traspasar. Don Quijote y Sancho montaron en el inmóvil Clavileño, un mágico caballo de madera, y soñaron que galopaban por el firmamento entre rebaños de estrellas. A lomos de nuestros clavileños de papel, cabalgamos desde el sillón hacia desconocidas lejanías. En la literatura exploramos nuestros deseos y todas las vidas posibles, pero también las cicatrices que deja cada crisis, cada epidemia, cada desgracia que hiere la piel de los sueños humanos. En ella aprendemos que no hay nada nuevo bajo las sombras, tampoco hoy.

Leer más…

Compártelo:
03 PM | 19 Abr

ABRIL ES EL MES MAS CRUEL…

….criando lilas en la tierra muerta,/ mezclando memoria y deseo,/ avivando raíces sombrías con lluvias de primavera’.

Así comienza el poema de T.S. Eliot ‘La tierra baldía’, que encarna como nadie la imagen devastada por el tiempo, un responso por una civilización destruida durante la guerra, esa guerra de la que ya hablamos al reseñar el libro El cine de la Gran Guerra de Alfonso Peláez en esta misma revista.

Este poema lo leímos completo hace ya más de treinta años en unas sesiones que, con el provocativo nombre de ‘alcohol y poesía’, realizábamos en el garito Las piedras azules, una visión poética del color que se ponían en los cantos rodados de las calles de mi pueblo, antes que un alcalde de la modernidad las rellenara de alquitrán.

Leer más…

Compártelo: