LA GUERRA
Detrás de estas guerras,
con tanta destrucción
con tantas muertes…
¿Qué se esconde?
¿Es el noble ideal
de cambiar el mundo
para mejorarlo.
Eso justifican los políticos,
algunos papas, los banqueros,
los fabricantes de armas
y esa nueva especie: los corruptos;
y tantos otros que se enriquecen
con el abominable negocio
de la guerra?
¿Es la necesidad
de ser útil a los demás,
erigiéndose unos
en estandartes
de la libertad,
otros en defensores
de ideologías materialistas,
de religiones impuestas
en nombre de algún dios,
o simplemente para atesorar más dinero y poder?
Desde la soberbia americana
y la de su aliado amigo judío,
lo que defienden
es una asesina codicia imperialista,
en cuyo nombre pueden
matar impunemente,
a pueblos inocentes,
a gentes aterrorizadas,
que huyen sin ninguna esperanza.
TODOS PERMITIMOS
el bárbaro acoso
a las razas pobres,
a los que huyen sin destino,
a los pueblos deprimidos,
a los esclavizados y perseguidos
a tantos otros que por el hecho
de haber nacido
les ha tocado padecer la miseria,
la agresión y la muerte violenta.
Siempre está presente
el sucio dinero,
que juega con la carne
y el sudor de los que no poseen nada;
de los que son utilizados como carnaza
para los poderosos,
vidas que son inmoladas,
vidas inocentes de niños,
ancianos, mujeres y hombres,
culpables por haber nacido
en el lugar equivocado.
Abuso de la violencia
que se cree justificada,
que nos la j u s t i f i c a n,
que en el hábito de la repetición
J U S T I F I C A M O S.
¿A quiénes pertenecen las guerras?
Son de todos
o sólo de los que las generan
con el pretexto de que prevalezca una raza,
de que prevalezca una religión?
YO formo parte de estas guerras,
porque desde mi rutina,
cumplo con la egoísta función
de vivir un día más…
C Ó M O D A M E N T E,
alejado, pasivo,
agradeciendo a lo sumo
que no me afecte.
¿Puedo hacer algo?
Creo que no…
pero es una falsa creencia
amparada en la superficialidad,
porque:
Pude haber llorado y no lo hice.
Pude haber estado en vela
y no lo hice.
Y me avergüenzo de mi país,
y de mí mismo…
pero esa vergüenza no vale
nada frente al terror de los que sufren
la guerra en su propia
C A R N E,
frente a la sangre
D E R R A M A D A,
frente a los
O J O S aterrorizados
de tantos niños masacrados.
Las guerras no se darían
si fuésemos capaces de renunciar
a la riqueza y al vacío mundo
del consumo como terapia
para huir de la superficialidad
con el afán de posesión desordenada.
Las guerras no existirían,
si cada uno de nosotros,
si casi todos
no se lo permitiéramos
a unos pocos,
si no fuéramos cómplices silenciosos
en el bienestar y en el consumismo,
en esa deshumanizada filosofía de vida
del primero yo porque después…
ya no habrá
N A D A NI N A D I E.
Eduardo Trinchant
Por qué no
Hoy la guerra es descarado business,
si, siempre fue negocio,no me engaño.
Pero ya no quedan aquellos inocentes:
“ Señor,somos los Tercios,
no podemos rendirnos”,
dispuestos a dejar
sus prescindibles vidas
por un honor inexistente,
una fingida gloria.
Sólo quedan villanos,
un grupo muy selecto y poderoso.
Se nos reparten
como fichas de casino
y no contamos nada.
Igual que Blas de Otero
pedimos “la paz y la palabra”
hasta perder la voz
y no sirve de nada.
No somos héroes,
ni aquellos inocentes,
pero formamos islas
y,¿por qué no soñar?,
quizá algún día,
un potente archipiélago.
Marian Riesco Sánchez
Lo que podría haber sido una conversación más entre dos buenos amigos, un intercambio distendido sobre la responsabilidad que debe asumir la poesía en situaciones que sobrepasan los límites de lo tolerable y su compromiso con la denuncia de hechos que denigran la condición humana. Lo que podría haber sido «un paseo por las nubes», discutiendo sobre lo divino y lo humano y que casi nunca trasciende, a pesar del empeño que ponemos los que buscamos en la poesía una forma de redención, se convirtió en una reflexión a dos voces sobre algo extremadamente serio y de rabiosa actualidad. Hablar nada menos que sobre el genocidio que se está llevando a cabo en Gaza, y al que asistimos en absoluto silencio y sin ningún tipo de reacción desde el mundo del arte y la cultura. Ante tal masacre, no sabíamos explicarnos, no entendíamos la absoluta falta de respuesta al respecto.
Es verdad que la creación artística, y más concretamente la poesía, fue lastrada, a partir del conocimiento fehaciente de la «Shoah», por el «síndrome de Adorno». Rectificó el filósofo y el mundo siguió su curso entre poemas y lágrimas. Por otra parte (era también motivo de nuestra conversación) echábamos muchísimo en falta el compromiso de esa poesía social tan nuestra que tomó la pluma para denunciar, criticar y mostrar los horrores de la dictadura franquista. Esa poesía a la que siempre acudimos, que no olvidaremos nunca; la poesía visceral, comprometida, que habla a las claras: «Maldigo la poesía concebida como un lujo / cultural por los neutrales/ que, lavándose las manos, se desentienden y evaden. / Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.» (Gabriel Celaya)
Todavía sucedió algo que nos animó a llevar a cabo nuestro compromiso de utilizar nuestros recursos poéticos en favor del pueblo palestino. Fue conocer los poemas del poeta gazatí Nasser Rabah, escritos en unas condiciones extremas. Los dos encontramos en ellos el empuje que nos faltaba para animarnos a escribir los nuestros. Tengo que decir que me alegró mucho, y así se lo comuniqué a mi amigo, constatar, a través de los poemas de Nasser, la necesidad de seguir escribiendo poesía antes, durante y después de Gaza.
Coincidencias o no, por aquellos días mi amigo me envió un artículo de Luis García Montero, publicado en Infolibre, titulado “Escribir después de Auschwitz”, donde se lee: «Ponerle nombre a lo que ocurre, empezando por los laberintos de los sentimientos propios, es la vieja voluntad de la poesía.»
Después de algunas conversaciones más sobre si la poesía podría hacer que ocurriera algo, lo que deja siempre una sensación de incomodidad porque no hay certeza de que así sea, y a partir del artículo de García Montero, coincidimos en que escribir poemas sobre Gaza, era una decisión acertada. En ningún caso una boutade.
J.J.O & A.H.
A QUÉ ESPERAMOS
a Antonio Herranz
I
Y nosotros, qué hacemos,
Qué escribimos ahora,
me preguntas.
Ellos allí en la Franja,
abandonados.
Y nosotros qué hacemos.
Pueblos enteros, casas,
hospitales, escuelas,
por tierra, mar y aire
bombardeados.
Y nosotros, qué hacemos.
Niños, niñas, ancianos,
hombres, mujeres,
más de sesenta mil,
aniquilados.
Y nosotros, qué hacemos.
Impotentes, tan lejos,
quietos, callados.
Palestina se muere.
A qué esperamos.
II
Ahora duelen los días con frecuencia.
Duelen con un dolor que te atenaza,
como esos trenes que iban hacia Auschwitz,
como si hoy fuese ayer y todo ardiese,
como si todos viviésemos en Gaza,
y el mundo entero fuese un clamor
furioso, antijudío, desgarrador.
Ahora duelen sobre todo las noticias.
Se desangra el periódico al abrirlo,
echa humo la radio al escucharla,
y se llena de cadáveres rotos el salón
cuando enciendes la tele
y todo es muerte, fango, desolación.
Ahora duele saber que todos callan.
Duele vernos mirar para otro lado,
cuando niñas y niños nos suplican
hambrientos, condenados, exhaustos.
Cuando casas, escuelas, hospitales
son borradas del mapa, bombardeados
sin que nadie lo impida o haga algo.
Ahora duele, duele tanto terror
contra un pueblo inocente,
aniquilado
con perversión.
Juanjo Ordóñez

La obra de Nasser Rabah en los medios
Poesía entre los escombros. Gaza: el poema hizo su parte de Nasser Rabah.
«Crecen rosas en los cascotes. Y desde una Gaza devastada por el genocidio nos llegan los diamantes poéticos de Nasser Rabah, destellos de la fuerza de vida de una sociedad palestina que vencerá a la muerte.»
«Ediciones del Oriente y del Mediterráneo acaba de publicar “Gaza: el poema hizo su parte”, un compendio de los versos más actuales de Nasser Rabah. Su lectura nos impacta y nos conmueve. Sus versos son de una belleza trágica, y surgen de una voz poética arrasadora.»
Joan Arnau | De Verdad digital.
A continuación, tres ejemplos:
Patria fuera de servicio
El gimnasio está fuera de servicio.
¿A quién le importa? No tengo tiempo para cuidar mi cuerpo
frente a espejos hechos añicos:
¡Para qué! No hay cafés para lucirse un jueves, ni balcones
para una tarde de domingo.
La luz se va por todas partes.
Las bibliotecas se buscan a sí mismas entre las cenizas.
No importa… Ningún libro conmueve mi corazón tras el libro
de los tanques.
La vida y yo:
un ciego de rodillas entrega un anillo de luz a una ciega.
Lo que queda es la imaginación,
un músculo incansable.
La imaginación es el café de los extraños, los espejos
del inconsciente, las bibliotecas de los cautivos.
La imaginación es lo que nos queda para hacer una patria
de la nada.
Leer más…
Escribir poemas después de …
El poeta es un hombre necesitado, no tiene libre elección.
Eugenio Montale
Quizá escribir poesía después de…
(ponga el lector el nombre de un genocidio)
sea una barbarie, como dijo Adorno.
Pero tuvo que rectificar
porque es inevitable que surja alguien
como Paul Celan,
que con su profundo dolor,
escribiera poesía
en el mismo lenguaje que utilizaban
(los asesinos:
«Schwarze Milch der Frühe wir trinken sie abends wir trinken sie mittags und morgens wir trinken sie nachts (…)
wir schaufeln ein Grab (…)
der Tod ist ein Meistet aus Deutschland» (1)
para convencernos de que los bárbaros
(eran otros.
Sin embargo, él no habría podido entender
que las víctimas son ahora los verdugos.
Sí sabía, en cambio, que en la Poesia
está la voz de los que sobreviven.
T.S. Eliot, poeta entre dos guerras,
quiso explicar el mecanismo perverso
y circular del tiempo
para entender el comportamiento del ser
(humano.
«El tiempo presente y el tiempo pasado
se hallan, tal vez, presentes en el tiempo
[futuro (…) (2).
Los acontecimientos de los que ahora
tenemos noticia nos dicen
que esto es así.
¿Es la vida lo más parecido
a un eterno error que se repite?
¿Es la Poesía un aullido de denuncia presente
o la premonición de un silencio futuro?
(1) «Negra leche del alba la bebemos de tarde
la bebemos a mediodía de mañana la bebemos
(de noche (…)
cavamos una fosa en el aire (…)
la muerte es un maestro alemán»
Todesfuge (Fuga de la muerte). Paul Celan. Obras Completas. Traducción de José Luis Reina Palazón. Edt. Trotta. 1999.
(2) «Time present and time past
Are both perhaps present in time future, (…)»
Four Quartets (Cuartro Cuartetos). Burt Norton, I. T.S. Eliot. Poesía selecta. Traducción de Juan Malpartida y Jordi Doce. Edt. Círculo de lectores. 2001.