03 PM | 04 Nov

GORDON WILLIS, LA MIRADA DE EL PADRINO

 Es el creador de la luz de la trilogía de El padrino, de algunas de las mejores películas de Woody Allen y un dominador absoluto de las sombras.

Creo en América, así comienza una de las mejores películas de la historia. Pero eso no es lo que se nos ha quedado grabado en la memoria. Lo que todos recordamos es ese rostro sumergido en la penumbra, con los ojos como cuencas negras y la poderosa imagen de Marlon Brando acariciando a un gato mientras escucha los deseos de venganza. Pues bien, esa luz de las tinieblas es obra de Gordon Willis.Es uno de los directores de fotografía que cambió la forma de ver las cosas. Hasta entonces, lo más normal era iluminar todo. Era muy importante que no hubiera sombras, y que el rostro del protagonista se viera perfectamente. La iluminación cenital estaba mal vista y sólo se utilizaba como una luz más para evitar las sombras. Incluso en las películas de cine negro Bogart aparecía perfectamente iluminado. Sólo se atrevieron a jugar con las sombras en el rostro en el cine expresionista alemán, en su heredera El tercer hombre de Carol Reed y en La noche del cazador de Charles Laughton.

Gordon Willis y el rodaje de El padrino

Pero Gordon Willis, que temió siempre por su trabajo durante el rodaje de la primera parte de El padrino por sus fricciones con el director Francis Ford Coppola, inauguró un estilo que ha sido seguido hasta la saciedad. Él, el príncipe de las tinieblas, como le conocían por su manejo de la luz y las sombras, sabía que se estaba arriesgando, pero no encontró mejor manera de disimular el maquillaje de Marlon Brando, con sus algodones en las mejillas y las capas para convertirle en alguien más mayor. Ese contraste entre el interior siniestro y las escenas de la boda son una obra maestra de la fotografía en el cine.

Para conseguir un efecto de cueva, puso los focos en posición cenital, como si toda la estancia estuviera sólo iluminada por las luces del techo. Muchos le acusan de teatralidad, pero creo que pocas veces podemos ver tanto realismo. Como él decía:

Nuestro trabajo no es recrear la realidad, nuestro trabajo consiste en representar la realidad.

Si el trabajo de la primera parte marcó un antes y un después en la historia del cine -su manera de trabajar casi en la oscuridad se ha llevado al límite en películas como La roca– en la segunda rodó la perfección. Es uno de los pilares de la mejor película de todos los tiempos para muchas personas. El uso del color y la iluminación para diferenciar las épocas nos ayudan a situarnos y a ver más claramente la evolución de los personajes. Y quien lo ha visto no puede olvidar la llegada de los inmigrantes a Nueva York y cómo los recibe la estatua de la libertad

Él, el príncipe de las tinieblas, como le conocían por su manejo de la luz y las sombras, sabía que se estaba arriesgando, pero no encontró mejor manera de disimular el maquillaje de Marlon Brando

Pero Gordon Willis hizo muchos más trabajos perfectos e inolvidables, como ocho de las mejores películas de Woody Allen. Manhattan Annie Hall, por ejemplo. La primera es uno de los mejores blancos y negros de la pantalla, y sentó las bases para mostrar la ciudad de los rascacielos. Annie Hall es la continuación del sueño de nostalgia de la primera, aunque representa una ciudad mucho más bohemia e intelectual. Y la fotografía es fundamental en las dos. La imagen del banco del puente es uno de los iconos de la ciudad.

Consejos de Gordon Willis

En una entrevista que podemos encontrar en la página Craft Truck podemos sacar claves para conseguir un trabajo redondo que podemos aplicar a nuestro trabajo fotográfico:

  1. Hay que ser directo para conseguir buenos resultados. No hay que irse por las ramas. Hay que hacer sencillo lo complicado y ver la manera más simple para conseguirlo.
  2. Debemos dominar y entender la luz de tal manera que nunca nos sintamos inseguros ante cualquier situación. Debemos dominar la técnica para que no nos domine a nosotros.
  3. Si queremos un estilo propio debemos tener claro qué elementos vamos a usar. El tipo de objetivo, la iluminación natural o preparada en el estudio, usar trípode o no… Todas estas cosas van a definir nuestra forma de entender la fotografía y cómo verán los demás nuestro trabajo.

Hoy es un momento perfecto para rendir un homenaje a uno de los genios de la luz, que jamás recibió un Oscar salvo el honorífico junto con Lauren Bacall. Podemos mirar en nuestra videoteca cualquier película suya: El padrino, una de Woody Allen, las que rodó con Alan J. Pakula y rendirse ante el manejo de la luz del príncipe de las tinieblas.

Compártelo:
05 PM | 21 Oct

Alicia ya no vive aquí- Jueves 28

Cuando Francis Ford Coppola pudo ver ‘Malas Calles’, ocurrieron tres cosas. Primero, se convenció de que Robert De Niro, quien había hecho pruebas para interpretar a Sonny Corleone en ‘El padrino’ (1972), era el idóneo para encarnar, y triunfar con ello, a Vito Corleone en ‘El padrino, parte II’ (1974). Segundo, se planteó la posibilidad de que Scorsese dirigiera esa segunda parte, aunque finalmente los de la Paramount le convencieron de que volviera a la silla de director. Y tercero, convenció a Ellen Burstyn de que Scorsese era ideal para dirigir su acariciado proyecto, que ella sabía que era un buen guión necesitado de un cineasta joven y de ideas renovadoras y personales. A una llamada de la Warner, Scorsese aceptó encantado el encargo, aunque se reunió previamente con el guionista Robert Getchell para pulir algunos aspectos del libreto que el cineasta consideraba mejorables.

 

Leer más…

Compártelo:
12 AM | 18 Oct

Harold y Maude

Foto: Los protagonistas de 'Harold y Maude'. (CP)
Los protagonistas de ‘Harold y Maude’. (CP)

Imagine usted, señor cinéfilo, que sabe bien cómo se las gastan los estudios de cine: en 2022, Hollywood planea estrenar una historia de amor sobre un adolescente con tendencias suicidas y una anciana de casi 80 años. Inmediatamente, y recurriendo al cliché pertinente, las redes arden, asociaciones enteras emiten comunicados ante semejante atrocidad y muchos usuarios tratan de boicotear el estreno ante la osadía moral que supone una película así. Es solo una suposición, pero podría ser la realidad.

Una película como la que hemos descrito, de hecho, ya existe. ‘Harold y Maude’ es, además, uno de los clásicos modernos que ha recuperado Filmin estos días en su apuesta por mostrar el cine que ninguna otra plataforma muestra. Y no hay que ser muy ingenuo para saber que la cinta de Hal Ashby resultaría prácticamente imposible de rodar hoy en día. O, al menos, nunca la rodaría un gran estudio. ‘Harold y Maude’ es fruto del Nuevo Hollywood, ese paraíso perdido de la cinefilia que tuvo lugar hace medio siglo y que convirtió a los directores en los reyes del mambo y a las películas adultas en grandes protagonistas de las salas. Pero incluso en un contexto tan beneficioso, la génesis de la película fue bastante complicada.

Como era de suponer, los ejecutivos de Paramount no abrazaron la propuesta de inmediato. Hasta entonces, Colin Higgins, el guionista que también quería dirigirla, solo había ejercido de chófer y se había dedicado a limpiar piscinas de la realeza vip de Hollywood. Su guion solo fue aprobado cuando varios amigos lo leyeron y convencieron a Robert Evans, el productor que esa misma década fue responsable de ‘Love Story’ o ‘El padrino’, de su enorme calidad. Evans pasó por el aro, pero tuvo en cuenta que la historia tan rarita solo podía dirigirla un rarito: Hal Ashby, ese chico de melenas, barba y mirada errabunda. Un cowboy del cine que parecía más un miembro de la secta de Charles Manson que un realizador cinematográfico.Ruth Gordon, en un fotograma de la película. (CP)

Ruth Gordon, en un fotograma de la película. (CP)

Los poderosos no se lo pusieron fácil a Ashby. Tuvo que batallar para conservar el derecho al montaje final y casi cualquier decisión le fue discutida. Tuvo, eso sí, la ayuda de un equipo técnico y artístico que sabía perfectamente que aquello no era solamente una historia de amor atípica, que también. Tampoco era la historia de dos outsiders que se encontraban (Harold y Maude se conocen en un entierro, ya que los dos comparten verdadera pasión por los sepelios) y complementaban a la perfección. Como ‘Easy Rider’ o ‘El graduado’ antes que ella, la película simbolizaba la contracultura y las ansias libertarias de toda una época. Hasta las canciones de Cat Stevens que adornan la banda sonora están enfocadas en mostrar la irreverencia del tiempo en el que fue engendrada. La irreverencia está en los propios personajes protagonistas: la anciana gusta de robar coches y hacerse la loca cuando la policía le reclama el carné; el joven tiene un humor negro con el que busca, sin éxito, llamar la atención de su madre. Además de comedia negra, en ‘Harold y Maude’ también hay trazas de drama (la confesión del chico sobre por qué piensa tanto en la muerte) y maneras de buen cine (un solo plano detalle sin diálogos sirve para entender el porqué de las ganas de vivir de Maude).

Del talento de Ashby y de sus ganas por llevar la película eran conscientes tanto Bud Cort (Harold) como la veterana Ruth Gordon. Esta última acababa de alcanzar la gloria del Oscar gracias a su papel de vecina siniestra en ‘La semilla del diablo’. Además, había sido guionista de renombre en películas como ‘La costilla de Adán’ junto a su marido, Garson Kanin. Ni el uno con su juventud ni la otra con su veteranía fueron capaces de impedir algunas intromisiones de Paramount en el rodaje y en la posproducción. La secuencia de sexo entre ambos (Ashby quería mostrar la “belleza de unir la piel joven con la piel vieja”) se convirtió en elipsis. De aquello solo sobrevivió un plano que los muestra semidesnudos, y sin tocarse, en el mismo lecho.

El equipo tampoco pudo evitar que esta historia de amor intergeneracional fuese un gran descalabro en taquilla. Ni siquiera el escándalo de ver a dos personas enamorarse pese a una diferencia de edad de 51 años (asunto tratado con un gusto y una delicadeza fuera de toda duda) ayudó a que el espectador corriente pagase una entrada. ‘Harold y Maude’ tampoco se benefició del revival repentino de otros títulos de los 70 que también iban a contracorriente.

Gordon, en otro fotograma de la película. (CP)
Gordon, en otro fotograma de la película. (CP)

La cosa cambiaría con el tiempo. A principios de los 80, en los últimos estertores de su vida, Ruth Gordon comenzó a experimentar un fenómeno peculiar. Cada vez que un jovencito se le acercaba a ella no le preguntaba por sus prestigiosos guiones o su amistad conKatharine Hepburn y Spencer Tracy. En su lugar, le comentaba que había visto ‘Harold y Maude’ docenas de veces. Al parecer, la película había logrado una segunda vida, una nueva oportunidad, en las universidades y entre el público más joven. En los primeros 80, programar la película en los ciclos de cine universitarios se había convertido casi en un mandamiento. Así fue como ‘Harold y Maude’ acabó siendo un éxito. Como le ocurrió a ‘La noche del cazador’, a ‘¡Qué bello es vivir!’ y a otros clásicos que engrosan las listas de mejores películas de la historia, el amor hacia ella fue un amor tardío.

El éxito no sirvió para revitalizar la carrera de Ashby, que murió a finales de los 80 y pasó los últimos años de su carrera haciendo películas menores (además de esta, la más destacada de su filmografía es ‘Bienvenido Mr. Chance’) ni para dar grandes dividendos al estudio. Como tantas otras cintas de culto, su éxito entre la cinefilia no se ha traducido en un éxito popular o de masas. Vamos, que ‘Harold y Maude’ tampoco es ‘Hocus Pocus’, otro descalabro convertido en fenómeno multitudinario con secuela incluida. Pero el reconocimiento postrero a ‘Harold y Maude’ es también el reconocimiento a un tiempo de revoluciones y de esperanza de un mundo más ácrata y mejor; un mundo que, como sabemos medio siglo después, nunca llegó.

 

 

 

 

 

Compártelo: