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11 AM | 24 Abr

EL REY LEAR, JUEVES 30 DE ABRIL

El Rey Lear (Korol Lir), escrita por Kozintsev a partir de la espléndida traducción al ruso que realizó el Premio Nobel Boris Pasternak (cuyo espíritu, por cierto, profetizó a Tarkovsky que solo haría siete películas, «pero todas buenas»), narra la historia del Rey Lear de Inglaterra (Jüri Järvet), un monarca oprimido por la vejez que decide dividir su Reino entre sus tres hijas. Sin embargo, primero deben decirle cuánto le aman. Las dos hijas mayores, Goneril (Elza Radzina) y Regan (Galina Volchek), arpías duchas en el arte de la adulación hipócrita, conmueven el corazón del padre, mientras que la más joven, la dulce Cordelia (Valentina Shendrikova), declara con sencillez, sin falsos halagos, un amor sincero («mi amor es más rico que mi lengua»). Colérico ante tal falta de énfasis, Lear repudia a Cordelia y, pese a las advertencias de ésta, reparte las tierras entre Goneril y Regan y sus respectivos maridos, el Duque de Albania (Donatas Banionis) y el de Cornualles (Aleksandr Vokach).

Desgraciada decisión, la de un Rey arrogante y megalómano, que será el detonante de un remolino de pasiones marcadas por la ambición, el egoísmo, la lujuria, la traición y el odio. Humillado y desterrado por sus hijas mayores, el Rey Lear es obligado a vagar como un mendigo por áridos páramos en compañía de su inseparable Bufón (magnífico Oleg Dal), único capaz de hacerle ver la estupidez de sus actos, y un puñado de leales seguidores harapientos. Pronto cae víctima de la locura (como Hamlet y Otelo), la cual da paso a una tardía iluminación espiritual, y es testimonio impotente de la aniquilación de su Reino sumido en la disensión y el caos y su familia.

Fiel al texto original, Korol Lir es una reflexión pesimista sobre el poder y su efecto engañoso, sobre el absolutismo y la ingratitud (que afecta no solo a Lear y a sus hijas sino a las contrafiguras del vasallo Gloucester y sus dos hijos, el noble Edgar y el bastardo Edmund). Si el texto bebe de la tradición inglesa de la literatura, la física de la película lo hace de la tradición soviética, deparando imágenes poderosas para transmitir en términos visuales la sensación de tragedia, no dejando que esta dependa únicamente de la palabra. La mayor virtud de Kozintsev reside en el papel preponderante que concede al espacio, actuando el paisaje y el desorden atmosférico (viento, polvo, niebla, lluvia) como perfecto correlato de los conflictos internos y externos de los personajes, todo lo cual queda realzado por la fotografía en blanco y negro de Jonas Gritsius, que juega con las luces y las sombras y abrillanta la belleza y fervor de los cielos.

Uno de los mayores aciertos del filme fue contar con el estonio Jüri Järvet (1919-1995) en el rol del arrugado y atormentado Rey Lear, un actor enérgico y apasionadamente expresivo idóneo para transferir emoción y patetismo. Casualmente o no, tanto él como Donatas Banionis, que interpreta al honesto Duque de Albania, tendrían un año más tarde los papeles principales en Solaris, de Tarkovsky, lo que tiende más puentes entre el genio ruso y Kozintsev. Otro elemento que contribuye a la redondez final de la película es la última banda sonora de Dmitri Shostakovich (1906-1975), uno de los compositores y pianistas más importantes del siglo XX y habitual colaborador de Kozintsev, cuya partitura evoca el ánimo fatalista y melancólico de la historia.

Puro cine soviético, formalmente austero, de énfasis pictórico (en sus inicios Kozintsev estudió pintura) y de dimensión telúrica, donde la tierra y los acontecimientos son un cascote que absorbe a los personajes y los arrastra inevitablemente hacia la ruina y la degradación. El Rey Lear, junto a Hamlet, del mismo Kozintsev, y Trono de Sangre, de Kurosawa, son las mejores y más espiritualmente profundas adaptaciones al cine que se han hecho de Shakespeare, por encima de Ran (también basada en «El Rey Lear») y de la trilogía de Orson Welles, grandiosas igualmente

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12 PM | 16 Abr

KAJI, Y SU ODISEA PARTICULAR

Kaji es un joven japonés humanista e idealista. Es el año 1943 y Japón esta inmerso en la II Guerra Mundial. Un momento, en el que para muchos jóvenes en edad de formar una familia y transmitir lo aprendido a la siguiente generación, nada de eso llegaría nunca y en su lugar solo habría muerte.
Pero Kaji recibe un golpe de suerte, no le mandan al frente, en su lugar, lo mandan a las colonias de Manchuria para que aplique sus ideas y aumente la producción de los trabajadores que se encuentran allí.

Kaji cree firmemente que el hombre debe ser tratado humanamente y que los trabajadores pierden las ganas de trabajar cuando las condiciones de trabajo son nefastas.
Es recto e inflexible, para él, si una teoría es correcta, sin duda puede aplicarse a la realidad, sino, significa que la teoría es falsa o su aplicación incorrecta.
Sin embargo, solo ve el mundo desde su perspectiva, y aún le falta mucho por aprender de la condición humana.

La llegada de prisioneros de guerra complica las cosas, estos llegan aplastados y deshidratados en vagones de tren, para ser usados como fuerza de trabajo. A partir de ahí, Kaji debe enfrentarse a un descenso sin elecciones correctas. Cada vez se abre más la brecha entre el y sus mandos, personas sin moral que buscan medrar e intereses personales a costa de cualquiera y lo que sea. Y por supuesto, esta la guerra, que justifica cualquier acto por amoral o impensable que sea.

La tensión va en escalada con los prisioneros, que ansían su libertad. Y mientras los mandos solo ven al hombre como un animal básico, un ser ávido y depravado a su semejanza, que puede ser apaciguado con prostitutas, Kaji entabla amistad con uno de los líderes de los prisioneros, quien poco a poco, lo va llevando a su terreno, recordandole que el hombre no es solo una criatura débil, sino que es capaz de ser tan fuerte como sea necesario, que solo necesita encontrar la causa de su infelicidad, y lo importante que es distinguir entre asesinos disfrazados de humanistas y aquellos que merecen ser lLamados seres humanos.

 

Kaji se verá inmerso en sus propias contradicciones y las del mundo, hasta el punto de estar en la tesitura de perder a su amada Michiko, quien siempre espera por el, y a sí mismo. Y cuando trasciende el miedo y abraza la muerte, este resulta ser solo el comienzo de su historia.

Esta es la primera parte de la trilogía de Masaki Kobayashi, uno de los mejores directores japoneses, que cuenta una compleja historia sobre la condición humana a través de Kaji, magníficamente interpretado por Tatsuya Nakadai, que a continuación deberá enfrentarse al reclutamiento, la instrucción y la guerra, y que continúa su camino humanista con esperanza.

 

En “la Condición Humana”, Kobayashi nos muestra otra vez la historia de una persona contra el mundo, contra un sistema, “la condición humana” es la historia de Kaji, un pacifista en medio de una guerra, de un semi-comunista en una sociedad fascista, es la historia, la dura historia de un hombre que ha de soportar su propio drama y el drama que le rodea.

La recreación de la colonia Japonesa de Manchuria es para quitarse el sombrero.Donde otros buscan mostrar, Kobayshi busca concienciar, donde otros giran en torno a una película en clave anti-militarista, Kobayashi te la pega en la cara en forma de primera persona, ni que decir que Tatsuya Nakadai como siempre está colosal, no por su gran actuación (que también) sino porque una obra colosal, hace colosal a un actor colosal.La evolución a lo largo de la trilogía, que iremos viendo cuando podamos, tanto del protagonista como el resto del reparto es lógica e incluso esperada, los diálogos siempre durísimos, no tanto por el tema en si, sino por la manera de ser llevados a cabo, por un soldado aferrado a sus ideas y por la manera de defenderlas, es una cosa que a mi siempre me ha parecido digno de admiración. Es una pena que la obra literaria no esté traducida al castellano. La proyección de la película podría podría servir a algún editor, con ganas de hacerse rico, su edición en nuestro idioma, y más en los tiempor que corren. En japón se vendieron mas de dos millones de ejemplares, por si vale de algo.

 

 

 

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12 PM | 16 Abr

NO HAY AMOR MAS GRANDE

No hay amor más grande (1959), primera parte de la trilogía La condición humana de Masaki Kobayashi, es una obra profundamente crítica y humanista que explora la tensión entre ética individual y sistemas opresivos.

La película sigue a Kaji, un idealista que intenta aplicar principios humanitarios en un campo de trabajo forzado en la Manchuria ocupada por Japón durante la Segunda Guerra Mundial. Desde el inicio, Kobayashi establece un conflicto central: ¿puede un individuo moral sobrevivir dentro de una estructura inherentemente injusta?

Uno de los aspectos más potentes del filme es su crítica al autoritarismo japonés. Kobayashi, quien fue objetor de conciencia durante la guerra, utiliza a Kaji como vehículo para denunciar la deshumanización sistemática: los prisioneros chinos son tratados como herramientas, y cualquier intento de compasión es visto como debilidad o traición. La película no romantiza la resistencia; más bien muestra cómo el sistema castiga incluso las buenas intenciones.

En el plano temático, destaca la fragilidad del idealismo. Kaji intenta mejorar las condiciones laborales, pero sus esfuerzos terminan provocando consecuencias inesperadas, incluyendo rebeliones y castigos más severos. Kobayashi sugiere que la moral individual, aunque necesaria, no siempre es suficiente frente a estructuras de poder rígidas y violentas.

Visualmente, la película combina realismo crudo con composición cuidadosa. Los espacios abiertos del campo contrastan con la sensación de encierro moral. El uso del blanco y negro refuerza el tono sombrío y elimina cualquier distracción estética, centrando la atención en los dilemas humanos.

Otro eje clave es la relación entre amor y supervivencia. El vínculo de Kaji con su esposa Michiko representa un ancla emocional, casi un refugio frente al horror. Sin embargo, ese amor también subraya lo que está en juego: la posibilidad de mantener la humanidad en un entorno que constantemente la erosiona.

EL PRÓXIMO MIÉRCOLES LA SEGUNDA PARTE DE ESTA PRIMERA PELÍCULA

 

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10 AM | 10 Abr

TRILOGÍA LA CONDICIÓN HUMANA

La trilogía de “La Condición Humana”, dirigida por el aclamado cineasta japonés Masaki Kobayashi, se erige como una de las obras más impactantes y trascendentales del cine mundial. Basada en la monumental novela homónima de Junpei Gomikawa, esta serie de películas ofrece una mirada profunda y desgarradora sobre la experiencia humana en tiempos de guerra, específicamente durante la Segunda Guerra Mundial.

El protagonista, Kaji, interpretado magistralmente por Tatsuya Nakadai, se convierte en el hilo conductor de esta narrativa épica. A través de sus ojos, el espectador es testigo de la paulatina deshumanización que sufren los individuos bajo las presiones de un conflicto bélico de proporciones globales. Kaji, un hombre de principios pacifistas, se ve arrastrado por las circunstancias a participar en una guerra que va en contra de sus convicciones más profundas.

La primera entrega, que pondremos los miércoles 15 y 22 de abril  “No hay amor más grande” (1959), nos presenta a Kaji como un supervisor en un campo de trabajo en Manchuria. Aquí, Kobayashi explora temas como la explotación laboral, el trato inhumano a los prisioneros y la lucha interna del protagonista por mantener su integridad moral en un entorno que constantemente la pone a prueba. La película no solo critica las prácticas del ejército japonés, sino que también cuestiona los fundamentos mismos del imperialismo y la deshumanización que conlleva.

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06 PM | 01 Abr

LA CONDICIÓN HUMANA- CRÓNICA DE ABANTOS

                                       Para el mes de abril, la concejalía de cultura de San Lorenzo, va a celebrar el Día del libro con diferentes actividades, por lo que, desde el Colectivo Rousseau, hemos querido colaborar, con una proyección mensual con el título genérico de CINE Y LETERATURA.

Vamos a poner El Quijote de Gregori Kózinsev, con decorados del español Alberto Sánchez, exiliado en la Unión Soviética, que fue la primera película soviética estrenada en España desde el final de la Guerra Civil, y que la prensa de la época la calificó como la versión marxista del Quijote.

Otra propuesta de mucho interés va a ser La condición humana, que debida a su larga duración la iremos prolongando en meses siguientes. La trilogía de la Condición humana del japonés Massaki Kobayasi, nos sumerge en una exploración visceral de la guerra y la moralidad. A través de la compleja trayectoria de Kaji, un hombre atrapado entre sus principios pacifistas y la brutalidad del conflicto, Kabayashi revela las profundidades de la deshumanización y la resistencia. La película está basada en la novela de Jumpei Gomikawa, y es en definitiva una mirada profunda y desgarradora sobre la existencia humana. Este mes de abril vamos a poner la primera de la trilogía No hay amor más grande.

No podía faltar Shakespeare, con uno de los dramas más grandiosos de la historia. Vamos a proyectar El Rey Lear  de Gregori Kozintesv, el director de origen judío-ucraniano, en una versión de la traducción al ruso que hizo el premio Nobel de literatura Boris Pasternak en 1949. Monarca arruinado por la vejez que decidí dividir los reinos entre sus tres hijas.

Fiel al texto original, Rey Lear es una reflexión pesimista sobre el poder, sobre el absolutismo y la ingratitud (que afecta no solo a Lear y a sus hijas sino a las contrafiguras del vasallo Gloucester y sus dos hijos, el noble Edgar y el bastardo Edmund). La película nos depara imágenes poderosas para transmitir en términos visuales la sensación de tragedia, no dejando que esta dependa únicamente de la palabra. Cine de gran altura que no nos podemos perder.

 

 

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