Qué se puede decir que no se haya dicho de Petrarca? Pero los clásicos lo son porque siempre se vuelve a ellos. Este nuevo trabajo sobre el autor del Cancionero puede verse como una aproximación distinta a su figura, a través de lo que indica su título (los lugares), una aproximación algo novedosa, y a la vez —en tanto que se cuentan muchas cosas sobre él— como una buena introducción o un primer acercamiento a quien está considerado el fundador del humanismo, quien inaugura un tema típico del humanismo, el redescubrimiento de la Antigüedad clásica y el lamento por su decadencia. Pues, al hilo de los lugares que habitó, emerge un retrato bastante fidedigno de un Petrarca inquieto, complejo y contradictorio. Puede verse, si se quiere, como un capricho (en la acepción musical que da el diccionario: «pieza compuesta de forma libre y fantasiosa», ahora veremos lo de fantasiosa) de su autor, un arquitecto de amplios intereses, también licenciado en Filosofía. Se trata, en cualquier caso, de un libro erudito y denso, de engañosa brevedad.
La complejidad o contradicción básica de Petrarca reside en esa dualidad que le lleva a buscar la soledad, siendo a la vez, como él mismo se reconoce, «hombre vanidoso al que fascinan los lugares del poder». Esto se lo dice a Montaigne en un diálogo imaginario que incluye el autor en el libro y que da ese toque fantasioso que acabamos de señalar. Un diálogo, por lo demás, jugoso y esclarecedor.
En cuanto al deseo de soledad, fragmentos de sus cartas, recogidos en las citas que abren el libro, lo dejan claro. Habla en ellas de su situación «sin necesitar nada ni esperar nada», y afirma: «No creas estar solo si estás contigo», palabras en las que resuena claramente Marco Aurelio. Habla también de su atracción por la noche, cuando el silencio se impone. La noche, en «la peculiar topografía existencial de Petrarca», escribe Eduardo Prieto, es el elemento «que inspiró algunas de las páginas más personales y más modernas, por inquietantes, que escribió el poeta». La misma noche que sedujo más tarde a los místicos y a los románticos, y hay que pensar en lo que sería la oscuridad nocturna en los largos siglos anteriores a la electricidad.
El mito de Laura
Entre los lugares petrarquescos destaca el convento de Santa Clara de Aviñón, por ser allí donde vio a Laura el Viernes Santo de 1327. «¿Vio en puridad a Lauretta o la creó con palabras?», se pregunta el autor del libro, insistiendo en esa cuestión que atraviesa los estudios petrarquistas. Laura es, desde luego, un mito, una fabricación literaria, pero sobre una persona real en última instancia. Seguramente, Petrarca, como más tarde Alonso Quijano, «estaba predispuesto a amarla por causa de la literatura», de modo que «estaba ya hecha menos de huesos y carne que de palabras y versos». En todo caso, fue tan importante ese surgimiento de Laura que Alessandro Vellutello, «hombre de letras y geografías» que hizo el primer mapa literario del petrarquismo —una forma de acercamiento a su vida y obra paralela o complementaria de la filológica— sintió la necesidad de embellecer el lugar del encuentro, sustituyendo el más bien anodino convento por otro lugar algo impreciso, pero «sospechosamente poético».
Más allá de esa osadía, Vellutello muestra ser muy consciente de la poderosa y muy personal relación que Petrarca mantuvo con los lugares en que vivió, que se corresponde con los nexos que mantiene su literatura con la naturaleza, y su mapa sigue siendo útil para aprehender la topografía sentimental de Petrarca. También viene a decirnos que el mistificador Petrarca, tan dotado para la autopromoción, al cantar a Laura, se cantaba a sí mismo y a los lugares de su yo convertidos en literatura. Pues el autor del Cancionero (peregrinus ubique, alguien en todas partes peregrino) se aplicó a buscar lugares favorables y rechazar los infaustos como «una tarea cotidiana, una suerte de afán existencial».
El fundador del humanismo y de la filología clásica admiraba en los maestros antiguos la vida de retiro. Pero tenía, a la vez, un enorme appetitus gloriae. Por eso las ciudades podían contener cerca bellos parajes, aptos para la vida contemplativa, pero eran sobre todo los escenarios de la vida activa, de la tramoya del poder del que se veía ¿obligado? a formar parte, marco de cortes y conspiraciones. Y a este respecto, ninguna como la Aviñón de los papas; esa Babilonia del siglo XIV en la que se detiene el autor del libro, mostrando, por ejemplo, la tradición de los banquetes pantagruélicos o el boom inmobiliario y demográfico con la llegada de los papas, que, como más tarde el Madrid cortesano del siglo XVI, asistió a una subida escandalosa de los alquileres.
Algún día habrá que analizar como se merece la influencia de las grandes fortunas españolas en la evolución del régimen franquista. Y, de una manera aún más específica, el control indirecto que ejercieron sobre la cultura y la educación de una buena parte de los ciudadanos, precisamente aquellos que no gozaban de sus mismos privilegios. En el caso de la censura, por ejemplo, se ha hablado mucho de la alianza entre el poder militar y el poder eclesiástico, pero no tanto del papel —siempre más sutil, en la sombra— que desempeñó el poder económico. Pues se trataba, por supuesto, de represión sexual y fomento del analfabetismo político, pero igualmente era una cuestión de hegemonía en el campo del saber y la cultura.
Por eso, en el territorio del cine, la prohibición de determinadas películas a lo largo de las cuatro décadas de existencia factual del franquismo, incluso el estreno de versiones mutiladas o adulteradas, no solo se debió a unos cuantos desnudos o a ciertos discursos políticos. El gran proyecto del siniestro entramado que sostenía a Franco y sus adláteres era bastante más ambicioso y menos simple o arbitrario de lo que suele decirse. Se trataba de evitar que los españoles —ya en su mayoría, en aquella época, provistos de una educación insuficiente y sesgada— pudieran acceder con los instrumentos adecuados a la realidad cultural de la época.
Mientras en el mundo occidental de la posguerra el cine estaba cambiando a marchas forzadas, en España esa revolución ética y estética resultaba invisible gracias a la férrea labor de una censura que no solo nos privó de algunas escenas eróticas sino, sobre todo, de poder contemplar en todo su esplendor el modo en que las imágenes cinematográficas cambiaban de paradigma y de estatus. Dicho de otro modo, la manera en que se pasó del cine clásico al cine moderno, de las películas entendidas como entretenimiento y evasión al «cine de autor» y las nuevas formas de expresión.
Se trataba de evitar que los españoles pudieran acceder con los instrumentos adecuados a la realidad cultural de la época.
El gran dictador (1940), por ejemplo, acabó estrenándose en España en plena Transición, en la primavera de 1976 –hace ahora medio siglo–, más de cinco lustros después de su primera irrupción en la cartelera estadounidense, recién acabada la guerra civil española e iniciada la mundial. Se trataba de un track antifascista concebido por Charles Chaplin como reacción inmediata no solo a la invasión de Polonia por parte del ejército nazi, sino también como sátira de los fascismos imperantes en Europa, casi una llamada a la intervención yanqui. He ahí la razón inmediata de su prohibición en la España de Franco, que sin duda se vio retratado tanto en el ridículo dictadorzuelo al que dio vida el propio Chaplin, trasunto de Hitler, como en la virulenta parodia de Mussolini interpretada por Jack Oakie.
LA GUERRA
Detrás de estas guerras,
con tanta destrucción
con tantas muertes…
¿Qué se esconde?
¿Es el noble ideal
de cambiar el mundo
para mejorarlo.
Eso justifican los políticos,
algunos papas, los banqueros,
los fabricantes de armas
y esa nueva especie: los corruptos;
y tantos otros que se enriquecen
con el abominable negocio
de la guerra?
¿Es la necesidad
de ser útil a los demás,
erigiéndose unos
en estandartes
de la libertad,
otros en defensores
de ideologías materialistas,
de religiones impuestas
en nombre de algún dios,
o simplemente para atesorar más dinero y poder?
Desde la soberbia americana
y la de su aliado amigo judío,
lo que defienden
es una asesina codicia imperialista,
en cuyo nombre pueden
matar impunemente,
a pueblos inocentes,
a gentes aterrorizadas,
que huyen sin ninguna esperanza.
TODOS PERMITIMOS
el bárbaro acoso
a las razas pobres,
a los que huyen sin destino,
a los pueblos deprimidos,
a los esclavizados y perseguidos
a tantos otros que por el hecho
de haber nacido
les ha tocado padecer la miseria,
la agresión y la muerte violenta.
Siempre está presente
el sucio dinero,
que juega con la carne
y el sudor de los que no poseen nada;
de los que son utilizados como carnaza
para los poderosos,
vidas que son inmoladas,
vidas inocentes de niños,
ancianos, mujeres y hombres,
culpables por haber nacido
en el lugar equivocado.
Abuso de la violencia
que se cree justificada,
que nos la j u s t i f i c a n,
que en el hábito de la repetición
J U S T I F I C A M O S.
¿A quiénes pertenecen las guerras?
Son de todos
o sólo de los que las generan
con el pretexto de que prevalezca una raza,
de que prevalezca una religión?
YO formo parte de estas guerras,
porque desde mi rutina,
cumplo con la egoísta función
de vivir un día más…
C Ó M O D A M E N T E,
alejado, pasivo,
agradeciendo a lo sumo
que no me afecte.
¿Puedo hacer algo?
Creo que no…
pero es una falsa creencia
amparada en la superficialidad,
porque:
Pude haber llorado y no lo hice.
Pude haber estado en vela
y no lo hice.
Y me avergüenzo de mi país,
y de mí mismo…
pero esa vergüenza no vale
nada frente al terror de los que sufren
la guerra en su propia
C A R N E,
frente a la sangre
D E R R A M A D A,
frente a los
O J O S aterrorizados
de tantos niños masacrados.
Las guerras no se darían
si fuésemos capaces de renunciar
a la riqueza y al vacío mundo
del consumo como terapia
para huir de la superficialidad
con el afán de posesión desordenada.
Las guerras no existirían,
si cada uno de nosotros,
si casi todos
no se lo permitiéramos
a unos pocos,
si no fuéramos cómplices silenciosos
en el bienestar y en el consumismo,
en esa deshumanizada filosofía de vida
del primero yo porque después…
ya no habrá
N A D A NI N A D I E.
Por qué no
Hoy la guerra es descarado business,
si, siempre fue negocio,no me engaño.
Pero ya no quedan aquellos inocentes:
“ Señor,somos los Tercios,
no podemos rendirnos”,
dispuestos a dejar
sus prescindibles vidas
por un honor inexistente,
una fingida gloria.
Sólo quedan villanos,
un grupo muy selecto y poderoso.
Se nos reparten
como fichas de casino
y no contamos nada.
Igual que Blas de Otero
pedimos “la paz y la palabra”
hasta perder la voz
y no sirve de nada.
No somos héroes,
ni aquellos inocentes,
pero formamos islas
y,¿por qué no soñar?,
quizá algún día,
un potente archipiélago.
El Grupo Local de Amnistía Internacional de Villalba-Sierra Noroeste, en colaboración con Colectivo Rousseau, programa la sesión ”Queer Cinema for Palestine” (QCP26),para el jueves, 25 de junio, de 18 a 20h. en la Casa de Cultura de San Lorenzo.
Se trata de una Muestra Internacional, consistente en la proyección de seis cortometrajes que abordan los Derechos Humanos y la diversidad sexual. Los cortos,interesantes por su variedad de enfoques y de técnicas cinematográficos, están en inglés y árabe, subtitulados en castellano.
”Queer Cinema for Palestine” surgió como un espacio ético alternativo para cineastas que retiraron o se negaron a mostrar sus obras en el Festival de Cine LGBTQ TLVFest, patrocinado por el gobierno israelí.
La Muestra va a proyectarse en todo el mundo en junio, el mes del Orgullo, dentro de la “Palestinian Campaign for the Academic and Cultural Boycott of Israel”, de cineastas y artistas cinematográficos que apoyan los derechos palestinos. Su objetivo es combatir el „pinkwashing‟: “No permitiremos que se cometa un genocidio en nuestro nombre. Un estado colonial genocida no puede ofrecer seguridad ni protección a nadie, y mucho menos a la comunidad queer/trans. Entendemos que nuestra liberación colectiva como personas queer está ligada a la liberación de Palestina y viceversa.”
Amnistía Internacional nos sumamos a esta muestra porque, desde los Derechos Humanos y la libertad de expresión, los cortos muestran realidades atravesadas por la diversidad, especialmente en contextos como Palestina. Se promociona el evento internacional en su conjunto, con todas las proyecciones, después de la fecha límite de la inscripción del 15 de mayo.
La estructura de nuestro acto en San Lorenzo de El Escorial será la siguiente:
Presentación de la Muestra y del acto: Activista del Grupo Local de Amnistía