El placer
«La marque» «La maison Tellior» «La modele».
El realizador francés (de origen alemán) Max Ophüls eligió los tres relatos que componen este libro para filmar, en 1952, una bellísima película que tituló El placer. Pensaba que la felicidad no era, como muchos filósofos han señalado a lo largo de la Historia, el principal objetivo del hombre, sino la búsqueda del placer, y encontró en estos cuentos de Guy de Maupassant, representativos de algunas de las consecuencias o servidumbres de dicha búsqueda, el vehículo perfecto para expresar esa idea.
Apenas un puñado de páginas, una anécdota mínima como punto de partida, le bastan al gran autor francés para desarrollar temas esenciales en su literatura como el miedo a la vejez, a la locura, y al sexo, además de mostrar su singular talento para la sátira y una incisiva capacidad para la observación psicológica, aspectos que permiten considerarlo tanto representante del naturalismo más optimista, como un escritor que se arriesga a abordar asuntos como la pobreza, la enfermedad, los prejuicios morales o la prostitución, lo que lo vincula directamente con autores como Zola o Chéjov, entre otros.
Con breves pero exactas pinceladas, ironía, y una excelente capacidad de observación de la realidad se da cuerpo a una narración donde los personajes, a menudo gentes que el propio Maupassant había conocido, aparecen como criaturas inolvidables, que, golpeadas por los vaivenes de la pasión, son retratadas con humanidad y humor. Publicados en la editorial Periférica.
La película que hemos visto ayer jueves: “Sueño de Invierno”, tiene
inspiración en el cuento de Chejov “Mi mujer”. Lo tenemos en “Páginas de Espuma” edición de Paul Viejo, podemos leer en el mismo: “¿Qué culpa tiene usted? – dijo mi mujer tras una larga pausa, mirándome con ojos enrojecidos y brillantes por las lágrimas. Es usted un hombre muy bien educado, con una magnífica formación, es honrado, ecuánime, y tiene principios; pero el resultado es que allí donde va se crea un ambiente asfixiante, opresivo, ofensivo y humillante en grado sumo. Es usted muy justo en su manera de ver las cosas, y eso le lleva a odiar a todo el mundo. Odia a los que creen, pues la fe es una manifestación del atraso y la ignorancia, y a la vez odia a los que no creen, porque carecen de fe y de ideales; odia a los viejos porque son conservadores y no están a la altura de los tiempos, y a los jóvenes por ser librepensadores” Podemos recordar estos diálogos en la excelente película, y hay más que no vamos a reproducir, solo queremos señalar el paralelismo con el texto de Chejov, y por eso recomendamos su lectura.
No me resisto a entrecomillar lo que dijo Carlos Boyero cuando la dieron la Palma de oro: “No hay forma de que me desaparezca el bostezo ante sus presuntamente trascendentes historias. Y además, el metraje de sus películas cada vez es más largo …La locuacidad de los personajes y las metáforas que seguramente acompañan a su existencia no tienen ningún poder hipnótico para este adormilado y embrutecido espectador. La culpa es mía, que no me entero de nada.”
Seguro que la opinión de Boyero es compartida por alguno de los asistentes pero yo me quedo con la que me manda Floren por correo interno “A priori, la duración de 3 horas y 15 minutos puede echar para atrás a más de uno, pero, la verdad, cuando terminó me dio mucha pena; estirar las piernas un poco y hubiera seguido encantado otras tres horas en el hotelito de la Capadocia, huésped oculto bajo la sombras de la sala de cine, observando las vicisitudes y comportamientos de unos seres humanos, demasiado humanos, con sus contradicciones y sus miserias, con sus cuitas y sus anhelos. Además, ¿se quejaría el aficionado a la literatura si le ofrecen la edición completa de «En busca del tiempo perdido» de Proust al precio de «El alquimista» de Coelho? Pues eso mismo, ¡calidad y cantidad! Cierto que, la elaborada obra requiere una maceración a fuego lento-, la primera hora y media se demora en la presentación de los personajes y sus relaciones, pero no sobra ninguna secuencia y el tempo es el adecuado para abrir el crescendo sostenido de una formidable segunda parte, en la que se perciben claros ecos del gran Ingmar Bergman.
La película trata de la condición humana: de la soberbia y de la humillación, de la miseria y de la compasión, de la soledad, del desamor y del paso del tiempo.
Formalmente es muy hermosa, los paisajes ancestrales del interior de la Turquía asiática -la recóndita Capadocia con sus lares paleolíticos- son espectaculares-, la dirección de actores espléndida y la emotiva sonata de Schubert cataliza las emociones en los momentos álgidos. Imprescindible obra mayor de un creador en estado de gracia.
Gracias Floren, con eso me quedo, y mañana VIERNES 13 otra peli de mucho interés: QUO VADOS AIDA?
Hemos bajado a la página la película «La Coquille et le Clergyman» y en descargas tenéis a disposición el guión de Antonin Artaud. Al proyectarse en miércoles no pudieron asistir los habituales a nuestras sesiones, por eso nos permitimos meterla en la web. Es una película de estilo surrealista, y se hizo antes que «El perro Andaluz» de Buñuel. El guión es de Antonin Artaud,(teatro de la crueldad) que no quedó muy contento con el giro feminista que le dio la directora Germaine Dulac, ya que la misma es considerada como una mirada crítica hacia el control patriarcal y religioso sobre el cuerpo femenino. Es un clerigo torturado por el deseo (lástima que Eugenio no se pudo quedar para hacer comentarios), con un montaje onírico y fragmentado, con saltos temporales, y rupturas de la lógica narrativa. La concha como símbolo femenino y del deseo sexual, representando el clérigo la represión moral y religiosa. La podemos resumir, en esta reseña de urgencia, como conflicto entre deseo-poder-religión. Es una metáfora del inconsciente reprimido. Propongo verla nuevamente.
Muy interesante, por otro lado, dar a conocer, con un corto premiado en festivales y un documental, las vicisitudes del Patronato de la Mujer, institución del franquismo poco conocida. En este mes de marzo el Gobierno entregará, a medio centenar de víctimas que pasaron por el Patronato, declaraciones de reparación para reconocer oficialmente la represión que vivieron cuando eran adolescentes.
Un saludo-Félix Alonso