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11 PM | 20 Sep

Sueño y realidad en Inception de Christopher Nolan. Una lectura borgiana

Dedicado a quienes asistieron a la charla
del 18 de septiembre en la Casa de Cultura
de San Lorenzo de El Escorial

Quizá no sea posible encontrar una verdad, y menos aún argumentarla. En cambio, podemos descubrir ideas que nos resulten interesantes y comunicar a otras personas por qué podrían serlo también para ellas. Antes de ver Inception (2010) de Christopher Nolan, y tal vez con más sentido después de su visionado, creemos que es provechoso recordar la literatura de Jorge Luis Borges. El propio Nolan confesó que se había inspirado en los borgianos «Las ruinas circulares» y «El milagro secreto» a la hora de confeccionar su película, por lo que parece prudente empezar por estos relatos. En el primero, se narra la llegada de un mago a un templo circular en cuya cúspide sobresale la estatua de un tigre o un caballo. Capaz de dormir “no por flaqueza de la carne, sino por determinación de la voluntad” (Borges, 1944: 57), el hechicero se consagra a la meta de “soñar un hombre: quería soñarlo con integridad minuciosa e imponerlo a la realidad”. En el segundo, se nos cuenta que el condenado a muerte Jaromir Hladík plantea este pasaje para la obra teatral que desea escribir: Roemerstadt no conoce a las personas que lo importunan, pero tiene la incómoda impresión de haberlos visto ya, tal vez en un sueño. Todos exageradamente lo halagan, pero es notorio –primero para los espectadores del drama, luego para el mismo barón– que son enemigos secretos, conjurados para perderlo. (Borges, 1944: 178)

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04 PM | 19 Sep

TEXTO PRESENTACIÓN CONFERENCIA DE RAFAEL PONTES

El objetivo de proyectar dos pelis de Nolan sería mas o menos lo siguiente: si Nolan con su Odisea ha conseguido que Homero se sitúe en los primeros puestos de ventas , con Memento e Incepción, Borges también lo sea.

Descubrí, de forma tardía, la relación de Nolan-Borges por un artículo en la Nación de Pablo Planovski a propósito del estreno de Oppenheimer. En ese artículo se hacía referencia a una famosa entrevista que le hicieron a Nolan con la conocida pregunta de ¿qué libros te llevarías a una isla desierta? él contestó: “la obra completa de Jorge Luis Borges un escritor al que admiro profundamente”.

Todos recordaréis en Oppenheimer, basada en la historia del científico que jugó un rol importante en el desarrollo de la bomba atómica, que una bala, que se despegaba de la pared, en la que estaba incrustada, viajaba por el aire de nuevo al cañón del arma que había sido disparada. Esa idea la vimos ayer en Memento, en una muestra de maestría técnica, donde la memoria y el olvido serían los elementos principales de la película.

Hoy, en este acto, pretendemos descifrar algunas claves de la película, y no es porque Nolan siga un guion de un cuento de Borges, es sencillamente porque se sumerge en el mundo borgeano.

Me reconozco lector de Borges, y como anécdota, que también podría ser un cuento, debo decir que sustituyo cada año-nuevo las uvas por la lectura de uno de sus cuentos.

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01 AM | 15 Sep

MEMENTO, EL JUEVES 17

Te mientes a ti mismo para ser feliz. Eso no es malo, todos lo hacemos.(Teddy)

Una mano sostiene una fotografía. La agita, y la imagen comienza a desaparecer, a quedarse en blanco. Como un vivo recuerdo que muere, que se desvanece por completo. Así comienza ‘Memento’ (2000), la primera película con la que Christopher Nolan impactó al mundo, y empezó a convertirse en uno de los cineastas más conocidos, aplaudidos y admirables que existen. Aunque (de manera inevitable) los hay que se están empeñando tozudamente en restar valor a su trabajo, y por otro lado, quienes se han entusiasmado más de la cuenta con sus últimas películas, es innegable que el cine de Nolan es un soplo de aire fresco. Es capaz de entretener hasta dejar al público clavado en la butaca, al mismo tiempo que obliga a reflexionar sobre lo que se está viendo. Pocos consiguen enmudecer de esta forma, y que, una vez fuera de la sala, uno esté deseando discutir sobre la película. Eso, sencillamente, es la marca de un gran creador.

Christopher Nolan nació en Londres en 1970 y al parecer empezó a grabar sus propias historias a partir de los siete años, con una cámara Súper 8 que tenía su padre. Estudió Literatura pero no perdió su pasión por el cine, rodando cortos como el interesante ‘Doodlebug’ (1997). En 1998 logró terminar su primer largometraje, ‘Following’, un thriller (en blanco y negro) sobre un tipo que se mete en líos cuando empieza a seguir a la gente por la calle; el presupuesto salió de su bolsillo y el rodaje le llevó un año, pues los miembros del equipo tenían otros empleos y sólo libraban los fines de semana. En ese momento ya se estaba gestando el siguiente proyecto de Nolan, una oscura historia de venganza y amnesia basada en un relato de su hermano menor, Jonathan.

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09 PM | 20 Ago

BORGES PIENSA EN VOZ ALTA

Cuenta Joaquín Sabina que su amigo Javier Krahe, cuando hablaba de sus aspiraciones como cantautor, solía decir en broma: “Yo quiero ser o Borges o bailable”. He estado recordando la frase durante mi lectura de las Conferencias reunidas que se han publicado por estos días: más de 400 páginas de la inteligencia insólita, la erudición sin pedantería y la ironía sin frivolidad que los lectores de Borges nos hemos acostumbrado a buscar en su palabra hablada. Me ha parecido caprichosamente que estas conferencias son lo más cerca que se podría estar de un Borges bailable, y esto lo escribo pidiendo que nadie se lo tome completamente en serio; pero es que en ellas hay una suerte de ejercicio muy distinto del que se produce con la lectura de un cuento o de un poema (donde se encuentran las dos soledades compartidas del autor y del lector). No: aquí Borges habla frente a un público muy real y muy presente, y, como dice en algún momento, no habla ante todos los asistentes, sino con cada uno de ellos.

Lo imagino así, ciego y pequeño, de pie vulnerablemente frente a un micrófono o sentado detrás de un escritorio con su corbata bien puesta, siguiendo un vago mapa mental que sólo existía en su cabeza, hilando ideas de Schopenhauer o referencias a las sagas escandinavas o citando de memoria tres décimas del Martín Fierro para iluminar, siempre con algo que sólo puedo llamar cortesía, el tema central que le han pedido. Algunas veces no le han pedido el tema, sino que se lo han impuesto, y además a última hora. Una de las conferencias, pronunciada en 1980, comienza con estas palabras vertiginosas: “Acaban de informarme que voy a hablar sobre mis cuentos”. Y luego pasa a esa humildad borgiana que a mí siempre me ha parecido impostada y a la vez curiosamente genuina, es decir, que responde a una alergia verdadera al elogio o al autobombo pero viene en boca de alguien que está muy consciente de sus méritos: pues sólo desde la seguridad se pueden emitir estas modestias exageradas.

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10 AM | 03 Ago

LOS LUGARES DE PETRARCA

Qué se puede decir que no se haya dicho de Petrarca? Pero los clásicos lo son porque siempre se vuelve a ellos. Este nuevo trabajo sobre el autor del Cancionero puede verse como una aproximación distinta a su figura, a través de lo que indica su título (los lugares), una aproximación algo novedosa, y a la vez —en tanto que se cuentan muchas cosas sobre él— como una buena introducción o un primer acercamiento a quien está considerado el fundador del humanismo, quien inaugura un tema típico del humanismo, el redescubrimiento de la Antigüedad clásica y el lamento por su decadencia. Pues, al hilo de los lugares que habitó, emerge un retrato bastante fidedigno de un Petrarca inquieto, complejo y contradictorio. Puede verse, si se quiere, como un capricho (en la acepción musical que da el diccionario: «pieza compuesta de forma libre y fantasiosa», ahora veremos lo de fantasiosa) de su autor, un arquitecto de amplios intereses, también licenciado en Filosofía. Se trata, en cualquier caso, de un libro erudito y denso, de engañosa brevedad.

Eduardo Prieto. Los lugares de Petrarca. Acantilado, 2026. 136 páginas.

La complejidad o contradicción básica de Petrarca reside en esa dualidad que le lleva a buscar la soledad, siendo a la vez, como él mismo se reconoce, «hombre vanidoso al que fascinan los lugares del poder». Esto se lo dice a Montaigne en un diálogo imaginario que incluye el autor en el libro y que da ese toque fantasioso que acabamos de señalar. Un diálogo, por lo demás, jugoso y esclarecedor.

En cuanto al deseo de soledad, fragmentos de sus cartas, recogidos en las citas que abren el libro, lo dejan claro. Habla en ellas de su situación «sin necesitar nada ni esperar nada», y afirma: «No creas estar solo si estás contigo», palabras en las que resuena claramente Marco Aurelio. Habla también de su atracción por la noche, cuando el silencio se impone. La noche, en «la peculiar topografía existencial de Petrarca», escribe Eduardo Prieto, es el elemento «que inspiró algunas de las páginas más personales y más modernas, por inquietantes, que escribió el poeta». La misma noche que sedujo más tarde a los místicos y a los románticos, y hay que pensar en lo que sería la oscuridad nocturna en los largos siglos anteriores a la electricidad.

El mito de Laura

Entre los lugares petrarquescos destaca el convento de Santa Clara de Aviñón, por ser allí donde vio a Laura el Viernes Santo de 1327. «¿Vio en puridad a Lauretta o la creó con palabras?», se pregunta el autor del libro, insistiendo en esa cuestión que atraviesa los estudios petrarquistas. Laura es, desde luego, un mito, una fabricación literaria, pero sobre una persona real en última instancia. Seguramente, Petrarca, como más tarde Alonso Quijano, «estaba predispuesto a amarla por causa de la literatura», de modo que «estaba ya hecha menos de huesos y carne que de palabras y versos». En todo caso, fue tan importante ese surgimiento de Laura que Alessandro Vellutello, «hombre de letras y geografías» que hizo el primer mapa literario del petrarquismo —una forma de acercamiento a su vida y obra paralela o complementaria de la filológica— sintió la necesidad de embellecer el lugar del encuentro, sustituyendo el más bien anodino convento por otro lugar algo impreciso, pero «sospechosamente poético».

Más allá de esa osadía, Vellutello muestra ser muy consciente de la poderosa y muy personal relación que Petrarca mantuvo con los lugares en que vivió, que se corresponde con los nexos que mantiene su literatura con la naturaleza, y su mapa sigue siendo útil para aprehender la topografía sentimental de Petrarca. También viene a decirnos que el mistificador Petrarca, tan dotado para la autopromoción, al cantar a Laura, se cantaba a sí mismo y a los lugares de su yo convertidos en literatura. Pues el autor del Cancionero (peregrinus ubique, alguien en todas partes peregrino) se aplicó a buscar lugares favorables y rechazar los infaustos como «una tarea cotidiana, una suerte de afán existencial».

El fundador del humanismo y de la filología clásica admiraba en los maestros antiguos la vida de retiro. Pero tenía, a la vez, un enorme appetitus gloriae. Por eso las ciudades podían contener cerca bellos parajes, aptos para la vida contemplativa, pero eran sobre todo los escenarios de la vida activa, de la tramoya del poder del que se veía ¿obligado? a formar parte, marco de cortes y conspiraciones. Y a este respecto, ninguna como la Aviñón de los papas; esa Babilonia del siglo XIV en la que se detiene el autor del libro, mostrando, por ejemplo, la tradición de los banquetes pantagruélicos o el boom inmobiliario y demográfico con la llegada de los papas, que, como más tarde el Madrid cortesano del siglo XVI, asistió a una subida escandalosa de los alquileres.

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