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08 PM | 21 Oct

Las tribulaciones del millonario estoico. EL MARTES 27 HABLAMOS DE SÉNECA

Las tribulaciones del millonario estoico

Los nuevos centuriones del triunfo ofrecen desde sus tribunas virtuales técnicas infalibles para tomar las riendas de tu vida. La mala noticia es que es mentira

Fernando Vicente
Irene Vallejo    irene vallejo

Érase una vez la disciplina. El trono del esfuerzo. Madruga, haz ejercicio, invierte, explota tu mejor versión, adiestra tu cuerpo y mente para ser invulnerable. Esculpe la realidad con el cincel de tus pensamientos. En nombre de la filosofía estoica, con un repertorio de citas de Marco Aurelio siempre a punto, los nuevos centuriones del triunfo —hoy sin túnica ni camiseta— ofrecen desde sus tribunas virtuales consignas, vídeos, cursos, libros y conferencias con técnicas infalibles para tomar las riendas de tu vida. No lo dudes, eres jinete de las adversidades, capitán de tu destino. Por suerte es verdad; la mala noticia es que también es mentira. Los genuinos estoicos griegos y romanos insistían en distinguir entre lo que podemos controlar y lo que escapa de nuestras manos: los logros de la voluntad se equilibran con el peso de las circunstancias —salud, dinero, apoyos—. Aquellos filósofos antiguos exaltaban, es cierto, el trabajo interior. Pero no prometían que triunfarías, prometían que el éxito te daría igual. Fortalecimiento, resignación y esfuerzo eran los ingredientes de su receta para alcanzar el sosiego: “Hay que abstenerse de buscar riquezas fuera de uno mismo”.

La contradicción estoica es tan antigua como la vida de Séneca. Nacido en Corduba, hoy Córdoba, en los albores de nuestra era, fue uno de los primeros provincianos que logró el rango de cónsul. No escaló desde la pobreza a la cumbre. Empezó desde arriba, con el trampolín de una familia rica y bien situada, como la mayoría de triunfadores. En la antigua Roma, el clientelismo movía todos los resortes. Conquistar el éxito requería ambición, mucho dinero y la protección de grandes personajes.

Séneca predicaba un evangelio de autotransformación y contención de los deseos. Afirmaba que no es rico quien más tiene, sino quien menos necesita. Pero la enorme fortuna que acumuló menguaba su credibilidad como estoico y predicador de austeridades. Su tratado De vita beata recoge algunos ataques de sus críticos: “¿Por qué hablas con más energía que vives? ¿Por qué tu mujer lleva en las orejas la renta de una casa suntuosa? ¿Por qué tienes posesiones allende del mar, más de las que conoces?“. Séneca respondía que un sabio es digno en su pobreza, pero también sabe usar bien una gran fortuna —cuando no queda otro remedio—. En sus escritos, intentó armonizar la filosofía con su profesión de político y opulento favorito, sin llegar nunca a resolver la lucha entre lo pensado y lo vivido.

Los esclavos que pertenecían a Séneca y los inquilinos de sus muchas haciendas tendrían, hay que suponer, opiniones más informadas sobre el tener poco y trabajar mucho. Ya Aristóteles escribió en su Política que “todas las revoluciones giran en torno al problema de la propiedad”. Se diría que el magnate estoico no captaba la ironía —tan evidente y chirriante para todos los demás— de elogiar la disciplina, el arduo trabajo y el esfuerzo tenaz mientras escalaba como terrateniente rentista y consejero mimado del emperador, bienvenido a todas sus redes y prebendas. Cuando aconsejaba desapego y frugalidad, cuando recomendaba ejercitarse en la pobreza una vez a la semana comiendo un mendrugo de pan tosco —lo que hoy llamamos ayuno intermitente— y durmiendo en el suelo, cómo no iban a tomárselo a guasa sus contemporáneos.

En cambio, otro famoso estoico, Epicteto, conocía las aristas más cortantes de la vida. Fue muchos años esclavo en Roma, y su amo lo dejó lisiado en una de sus palizas. Cuando logró la libertad, vivió en una casa humilde, enseñando a un pequeño grupo de alumnos en qué consiste la serenidad, hasta que lo forzaron a exiliarse. En sus conferencias solía explicar que no podemos tener un corazón alegre si nuestras mentes son un afligido caldero de temor y ambición. Con cuánta facilidad nos deslumbran —añadía— los cargos, los títulos, los honores, las posesiones, la ropa cara. Anhelantes de todo eso, nos esclavizamos y explotamos a los demás. Entramos en una lógica que nos aprisiona y encadena a los que nos rodean. Epicteto defendía que, si deseas sosiego interior, ánimo apaciguado y libertad perdurable, deberás privarte de la riqueza y el poder. El mismo mensaje de Séneca, pero afilado por la congruencia vital.

Cuando miramos al pasado, solemos seleccionar aquello que nos conviene, pequeñas porciones, lecturas interesadas. Nuestros legionarios del éxito han tomado de aquellos filósofos solo la idea de salvarnos a solas, el trabajo sobre uno mismo, la búsqueda de una felicidad individual. En la quiebra de los ideales colectivos, convierten al yo en un único punto de apoyo. Esa lectura egocéntrica del estoicismo se ajusta al ideal narcisista de nuestro tiempo, un solipsismo que quiere romper las formas de solidaridad y comunidad. Tal vez porque saben bien que, con esos lazos colectivos, se tejen las redes de resistencia y apoyo mutuo.

En su novela Todo un hombre, Tom Wolfe sigue los pasos de Charlie Croker, un magnate inmobiliario que debe más de mil millones de dólares a los bancos, pero se niega a creer que su imperio pueda desmantelarse por una nimiedad así. Él no es un perdedor. En el camino de Croker se cruza Conrad Hensley, un fugitivo desarraigado e idealista. En sus conversaciones le da a conocer la filosofía estoica, que descubrió en la biblioteca penitenciaria. Convierte al promotor inmobiliario a la doctrina de la renuncia y la resistencia. Charlie, en bancarrota, decide explorar la vía del gurú de la autorrealización. Un viejo conocido del incombustible tiburón de los negocios comenta: “Parece que a Croker le va bien otra vez. Va hablando de un tal Epic…nosequé. Es dinamita. Está a punto de firmar un acuerdo con la Fox para un programa que va a llamarse La hora del estoico». Ese estoicismo con más pose que poso se convierte en la nueva fórmula de éxito de Croker. Wolfe anticipa la última vuelta de tuerca: hacer dinero —muchísimo dinero— comerciando con una filosofía nacida para combatir la codicia y sus turbulencias.

 

 

 

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01 PM | 15 Oct

400 golpes, o el fastidioso trámite de la adolescencia

Estaba recordando la película de Truffaut, los 400 golpes que gracias a vosotros, Colectivo Rousseau, pude ver el otro jueves, pues reconozco que no la conocía y, como iba diciendo al reflexionar sobre la historia que nos cuenta a través de Antoine Doinel, su conocido alter ego, lo que nos cuenta Truffaut es el molesto y fastidioso trámite de pasar de la infancia a la adolescencia en una sociedad que considera una carga y un fastidio tener que ocuparse de unos mocosos y mocosas que no tienen oficio ni beneficio.

es decir, son menores para votar, conducir, producir, procrear, pagar impuestos, consumir, pero sí pueden “echar una mano”, trabajar bajo manga, sin derechos ni papeles, ser detenidos y pasar una noche en comisaría, ingresar en un reformatorio, o sea una cárcel para menores.
Un mundo que no está hecho para ellos y que se convierte en una prisión de la que intentan escapar un día si y otro también.

El pequeño Antoine ni siquiera cuenta con el cariño y el amor de su familia, ni por supuesto de su madre que lo considera una carga de la que intenta deshacerse.

Truffaut nos presenta aquí el fin de la inocencia, el abrupto final de una infancia desgraciada que no tiene futuro y cuya única salida es huir hacia donde sea.

Los años en los que rodó esta película, son los de un París que todavía no se ha recuperado del todo de las heridas de la Segunda Guerra Mundial y en el que la clase media apenas está levantando cabeza y nos lo muestra sin dramatismo pero con verosimilitud, lo vemos en el piso donde vive Antoine, en su cama donde duerme sin sábanas porque “le gusta dormir en el saco”, dice su madre. Y lo vemos en la escuela, tan precaria en sus medios como en sus maestros, y en las calles y en la oficina de su padrastro, y en el cine donde se refugian o en el parque de  juegos recreativos (una escena mítica la del carrusel!!!).

Esta película yo la conecto con la obra cinematográfica de Carla Simón y sus dos películas “verano de 1993” y “Romería”, donde nos cuenta también su infancia en un tiempo y lugar muy lejano al de Doinel pero igual de intenso y evocador.

CARMEN

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12 PM | 13 Oct

ENCUENTROS CON PETRARCA

Cada verano se celebran en Montpellier (Francia) organizados por France Culture, programa cultural de Radio France, con la colaboración de varios diarios :“Los encuentros con Petrarca.”  Las  sesiones se celebran en el Jardín de Petrarca, France Culture invita a sus oyentes a cinco días de debates destinados a ofrecer claves para comprender los desafíos sociales y fomentar el debate de ideas. El mundo occidental se encuentra en un punto de inflexión, algo que confirma este importante año electoral. El auge de las democracias iliberales, los autoritarismos y los extremismos sacude nuestras democracias. Las reivindicaciones del resto del mundo —el llamado «Sur global»— impulsan a nuestras sociedades y culturas a cuestionarse a sí mismas y, tal vez, a invertir las perspectivas.

Desde el Colectivo Rousseau proponemos un ciclo de conferencias que serán grabadas y subidas a nuestra página, en el salón de actos de la Casa de Cultura en San Lorenzo de El Escorial, al modo de los realizados en Montpelier, como un evento cultural abierto a todos los vecinos.

El nombre de las jornadas  hace referencia a Francesco Petrarca  el poeta italiano del siglo XIV que Según la tradición, en Montpellier se enamoró de Laure de Noves. Los encuentros se celebran en el patio del rectorado de la Academia de Montpellier, un lugar asociado a esa historia. Nosotros vamos a pasar de Montpelier a la Casa de Cultura, utilizando as Petrarca como referente del humanismo.

Albert Camus dijo: «Nos asfixiamos entre gente que cree tener toda la razón», y muchos de nosotros sentimos lo mismo hoy, cuando el aire se está volviendo verdaderamente irrespirable. Las redes sociales son un teatro de sombras donde el debate se sustituye a menudo por el insulto: todo el mundo, temeroso de encontrar alguien que le contradiga, prefiere cazar a cien enemigos. Incluso más allá de X y Facebook, la arena intelectual y política se está convirtiendo en un campo de batalla donde todo vale. En todas partes, los predicadores feroces prefieren atizar el odio antes que iluminar las mentes. Jean Birnbaum, que participó en las jornadas y que ha publicado recientemente el libro “EL CORAJE DEL MATIZ” pretende reconfortar a todos los hombres y mujeres que se niegan a aceptar el «embrutecimiento» de nuestro debate público y que quieren preservar el espacio para una discusión tan franca como argumentada.

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02 PM | 06 Oct

Las aventuras de Antoine Doinel (François Truffaut)

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Las aventuras de Antoine Doinel (François Truffaut)

Entre los distintos artefactos cinematográficos que han explorado el paso del tiempo y la existencia a través del cine la saga sobre el personaje de Antoine Doinel de François Truffaut ocupa un lugar privilegiado en el imaginario colectivo gracias a la influencia de las cinco películas que la componen: Los 400 golpes (1959), Antoine et Collete (1962), Besos robados (1968), Domicilio conyugal (1970) y El amor en fuga (1979). Desde la adolescencia hasta la madurez, Jean-Pierre Léaud da vida al alter ego de François Truffaut, la antítesis del héroe contemporáneo, un personaje lleno de energía y defectos, inteligente, despistado, nervioso y, pese a todo, profundamente adorable.

A diferencia de otros proyectos que captan la evolución de un personaje, Las aventuras de Antoine Doinel no fueron concebidas de antemano como un estudio del paso del tiempo sino que fueron fruto del devenir y las casualidades en el proceso de producción de François Truffaut. A partir de la primera película que presenta al personaje, Los 400 golpes, las distintas continuaciones son consecuencia de decisiones personales del director en las distintas etapas de su carrera, una característica que aporta a la saga frescura y naturalidad, cada película habita en su tiempo al igual que lo hace Doinel. De esta manera, las sucesivas entregas aportan nuevos matices al personaje y la historia va adquiriendo mayores dimensiones narrativas y cinematográficas.

La primera de las aventuras es la más conocida y valorada: Los 400 golpes (Les 400 coups, 1959). Su triunfo en Cannes abrió la puerta por la que se coló el vendaval de la nouvelle vague y se convirtió en una de las más representativas del movimiento y un punto de inflexión en la historia del cine. Su mayor triunfo es regodearse en lo cotidiano y saber plasmar el neorrealismo que predicaba la nouvelle vague. Con una narración episódica y basada en la infancia del propio director, el joven Doinel se rebela contra su familia, la escuela y todo aquello que reprime su alma transgresora. En la calle disfruta de la libertad mientras en casa se refugia leyendo a Balzac, la escuela que debería alimentar su espíritu de aprendizaje es por el contrario una prisión para él. La escuela, el calabozo, el reformatorio… múltiples cárceles por las que va pasando y de las que sólo intenta escapar. En el excelso final del filme, Antoine Doinel corre para ver por primera vez el mar y cuando lo alcanza entiende que la libertad desorienta, por eso deshace su camino, vuelve a tierra y levanta su mirada hacia nosotros para hacernos cómplices de todo.

Tres años después -y casi de tapado- Truffaut recupera la historia de Antoine Doinel en Antoine et Collete cortometraje incluído en la película colaborativa El amor a los veinte años (1962). Antoine, independizado, vive en un pequeño apartamento y trabaja en una tienda de discos; en uno de los habituales conciertos de música clásica que frecuenta conoce a Collete, la primera de las mujeres sobre la que hace girar su vida. El director mantiene la misma esencia realista que en Los 400 golpes y se afana en mostrar su predilección por la ciudad de París, sus cafeterías, tertulias, teatros… y en definitiva todos aquellos lugares que frecuentaban la juventud de la época. También posee episodios autobiográficos pues Truffaut, al igual que Doinel, se mudó enfrente de la chica que le gustaba. Con esta película, François Truffaut introduce un elemento más en la ecuación vital de Antoine Doinel: el amor.

Y con todas los elementos de la ecuación disponibles, Truffaut vuelve sobre las andanzas de nuestro antihéroe en Besos robados (Baisers voile, 1968). Posiblemente la más libre de toda la saga gracias a la variedad estilística y la improvisación en el proceso de rodaje. Doinel se marcha del ejército -una nueva cárcel en su madurez- y comienza a trabajar de vigilante nocturno, detective privado, reparador de televisores… una disparidad e inestabilidad en el ámbito laboral que es similar en lo emocional, entre prostitutas y ligues se ve seducido por una mujer mayor a la que investiga y seduciendo a una joven que se le resiste, Christine. En una escena muy reveladora, Doinel ante el espejo repite los nombres de ambas mujeres y el suyo, en un intento desesperado de recuperar el control de su vida que ahora ejercen esas dos mujeres. Entre imposibles equilibrios y carreras -Doinel siempre corriendo- alcanza la estabilidad junto a Christine, al menos de momento.

Tras la etapa nerviosa y convulsa de Besos robados, descubrimos en Domicilio conyugal (Domicile conjugal, 1970) que Antoine y Christine están casados, viven juntos y no tardarán mucho en tener un hijo. Con una estructura narrativa más tradicional, la historia se apoya en los personajes que habitan el bloque de viviendas del matrimonio. El ambiente general es optimista y cómico, se palpa la influencia de Jean Renoir en obras como El crimen del Sr. Lange (1936). Con todo, la película es una radiografía del matrimonio, de su auge y caída, de como soportar las irritaciones que acarrea la vida en común. El nuevo estado civil de Doinel no le impedirá tener una aventura y esto junto a su ambición literaria supondrá un nuevo giro en su vida.

Pese a rodar las cuatro primeras entregas en once años, la cuarta y última, El amor en fuga (L’amour en fuite), tardaría nueve años en llegar lo que da indicios de lo inesperado de la cinta. De hecho, es una suerte de encargo autoimpuesto para recaudar fondos tras el escaso rédito de sus últimos trabajos. En Domicilio conyugal la historia de Antoine Doinel queda relativamente cerrada pese a esto -o gracias a esto- El amor en fuga se concibe como una especie de collage vital, un punto final que recupera el metraje de los trabajos anteriores y el espíritu enérgico de Doinel -¡vuelven las carreras!-. A diferencia de los anteriores filmes, en estas no hay referencias autobiográficas o paralelismos reales, la fuente de inspiración es el propio personaje, es un trabajo de intertextualidad: el Antoine Doinel presente sobre Antoine Doinel pasado. Si bien es cierto que esta obra destaca por su genialidad discursiva, esta circunstancia traiciona en parte la naturaleza de la saga. Fue un éxito comercial pero François Truffaut, profundamente decepcionado, renegó de ella e incluso llegó a definirla como una estafa.

Los veinte años que van de 1959 a 1979, de Los 400 golpes a El amor en fuga, comprenden múltiples logros. Más allá de constituir una de las líneas principales en la obra de François Truffaut, supone uno de los experimentos pioneros -y seguramente el más relevante- en la captura del paso del tiempo y la evolución personal con todos los matices que esto acarrea. Por si esto fuera poco, las distintas varaciones estilísticas y formales enriquecen toda la experiencia y le otorgan una involuntaria ambición histórica. Desde un punto de vista cinematográfico, Las aventuras de Antoine Doinel son drama, comedia, realismo, optimismo y desolación. Es un personaje compuesto por energía, inestabilidad y pasión, parte Jean-Pierre Léaud, parte François Truffaut y sin duda la suma de ambos. Es la nouvelle vague y la influencia de Jean Renoir. Es la aspiración de Françoise Truffaut por emular La comedia humana de Balzac. Pero por encima de todo, es una imagen en nuestra cabeza, la de Antoine Doinel corriendo de un lado para otro.

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