Artículos de Opinión

09 PM | 22 May

Carne, cuidado y resistencia: Por qué el feminismo será antiespecista o no será

Por Teresa Fuentes Toledo

En las estanterías de los supermercados, el sistema capitalista oculta con esmero lo que la
teoría feminista lleva décadas denunciando en los cuerpos de las mujeres: la fragmentación y la
cosificación.

Lo que para el consumidor medio es un «filete de primera» o un «cartón de leche
desnatada», para la teórica ecofeminista Carol J. Adams es, en realidad, “proteína
feminizada”. Este concepto, que hoy resuena con fuerza en los debates colectivos del
ecofeminismo en el Estado español, nos recuerda que la ganadería industrial no es un
entramado neutral, sino una maquinaria biopolítica que explota de forma sistemática los ciclos
reproductivos, la leche y los óvulos de las hembras no humanas. Vacas lecheras y gallinas
ponedoras sufren una dominación patriarcal extrema: son sometidas a inseminaciones
artificiales forzadas obligatorias, preñeces consecutivas y a la separación traumática e
inmediata de sus crías para que la producción láctea no se detenga. Es la reducción absoluta
del cuerpo vivo a una mera fábrica biológica orientada al consumo.

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10 AM | 17 May

Doce hombres sin piedad, jueves 21

12 hombres sin piedad sigue siendo una lección casi insolente de grandeza cinematográfica. Sidney Lumet demuestra, en su ópera prima, que basta una habitación cerrada, doce hombres sudando prejuicios y una duda razonable para construir una de las películas más intensas, humanas y moralmente poderosas de la historia del cine. Estrenada en 1957 y nacida del impulso de Henry Fonda y Reginald Rose, la película no solo plantea un juicio: examina la conciencia. Porque, detrás de ese jurado obligado a decidir sobre la vida de un muchacho, lo que verdaderamente se sienta en el banquillo es la comodidad del prejuicio, la cobardía de la masa y la difícil valentía de pensar en soledad

Esta ópera prima de un Sidney Lumet ya curtido en el mundo de la televisión nace como una apuesta del productor y protagonista, nuestro querido jurado nº 8, Henry Fonda, quien, a pesar de que la cinta no fue un grandísimo éxito de taquilla, afirmaba que era una de las mejores películas que había hecho. Hoy nadie puede decir lo contrario, pues estamos ante una maravillosa película, se mire por donde se mire. Un Sidney Lumet, por cierto, que llega a oídos de Fonda porque tenía fama de cumplir con el presupuesto y con los plazos de producción.

Nos enfrentamos a un filme cuyo primer y principal impacto en el espectador del siglo veintiuno es el poder descubrir lo que el cine una vez fue, y para el espectador algo más canónico, el devolverle la fe en el séptimo arte. Y lo hace simplificando lo complejo, tanto a nivel de guion como de puesta en escena e interpretación:

A nivel de guion, porque es capaz, en noventa y cinco minutos, de plantear una cuestión moral de inmensa profundidad, debatirla y resolverla; con ese espíritu americano que un día a todos nos inspiró ansias de libertad y esa inocencia propia de los hombres de bien.

Un hombre sólo frente a la unanimidad de prejuicios, frente al peso de un sistema judicial lleno de taras. Un hombre que se atreve a hacerse preguntas en una búsqueda de la verdad que desdeña y somete el protocolo. Y así, cada uno de los otros miembros del jurado se van viendo forzados a enfrentar la realidad de su vida e incluso la posibilidad de que, quizás, estaban condenando a muerte a un chico inocente.

Y aunque todos los personajes que forman parte de este jurado serían dignos de una página o más, destaca entre ellos el interpretado por Lee J. Cobb.

La construcción de este personaje a lo largo de la trama es sencillamente magistral, con un final maravilloso, todo ello sobre las alas de la excelencia interpretativa del actor.

La magia de Lumet se pone de manifiesto en una puesta en escena sencillamente deliciosa, que logra mantener un ritmo perfecto y una tensión digna de una sinfonía de Bach, a pesar de que prácticamente toda la película transcurre en una sala diminuta.

La técnica en el uso de la escala de planos, junto con una fantástica dirección de fotografía, atraen la atención del espectador y la mantienen sin agotarla, aunque no por ello sin hacernos pasar momentos de altísima tensión, recompensados, eso sí, con momentos de respiro perfectamente calculados.

La simbología de los picados y contra picados y la ley de la mirada destacan para el ojo avizor.

El realizador comenzó así su carrera en el cine con una auténtica obra maestra, y ha seguido deleitándonos desde entones. Muchas gracias señor Fonda, por habernos hecho conocer a Sidney Lumet en la gran pantalla.

 

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09 AM | 15 May

Comentario sobre «El acusado»

Lo mejor de la película, además de Charlotte Gainsbourg, es que muestra bien la complejidad del problema.

Desde el punto de vista estrictamente penal, condenar al chico requiere, como dijo su abogado en su alegato final, la convicción «más allá de toda duda razonable» de que, siendo consciente de que no eran consentidas por la chica, él forzó la felación y llevó a cabo la penetración vaginal.

Como prueba de cargo, poco más hay que el testimonio de ella. ¿Es eso suficiente? En España, el testimonio de la víctima como única prueba de cargo se admite para condenar cuando en ese testimonio: (1) no se aprecia incredibilidad subjetiva, es decir, no se aprecian factores que puedan motivarlo con intención espuria, como resentimiento, inquina anterior o deseo de venganza; (2) se aprecia coherencia objetiva del relato, es lógico, no incurre en contradicciones esenciales, la descripción de los hechos resulta creíble, posible e incluso probable para una persona media normal; (3) hay persistencia en la incriminación, la víctima mantiene la misma versión desde el primer momento, cuanto más inmediato a los hechos mejor, hasta el juicio.

Evidentemente, ayudan a la convicción del tribunal para condenar las corroboraciones externas, como partes médicos, informes psicológicos, testigos indirectos, comunicaciones intercambiadas, etc.

Por cierto, en España las agresiones sexuales no son juzgadas por jurado popular sino por tribunal profesional.

¿Es suficiente lo que muestra la película para formar una convicción, más allá de toda duda razonable, de que el chico agredió sexualmente a la chica? Eso ya, cada cual.

Y sí, he leído el libro de Clara Serra, de hecho varias veces, porque tiene mucha enjundia, muchos matices. Tantos, que puede servir para sacar conclusiones diversas, incluso opuestas, dependiendo de quién lo lea.

En titulares y sin espacio ni tiempo para una reseña profunda, que sería siempre polémica, porque el libro se presta a ello, me quedo con la complejidad del sexo y del problema del consentimiento.

La práctica de sexo es compleja, a veces oscura, a veces violenta. El deseo es inescrutable y volátil en el tiempo, incluso en el tiempo corto.

La estructura ambiental, las relaciones de poder, son decisivas.

¿La expresión de un sí demuestra inequívocamente consentimiento?, ¿o puede ser más bien una mera cesión a una presión, concreta o ambiental?, ¿y un sí ya no es revocable, siquiera a los 15 segundos, por deseo esfumado o por lo que sea?, ¿se requiere un no explícito para acreditar ausencia de consentimiento o cabe que ese no sea imposible de expresar por miedo o intimidación?, ¿y no es inherente a la práctica del sexo el no sé, voy a ir viendo?

Muchas preguntas complejas sin respuesta clara. Lo que escribía al principio, un problema complejo.

Rafael Abati

 

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12 PM | 16 Abr

KAJI, Y SU ODISEA PARTICULAR

Kaji es un joven japonés humanista e idealista. Es el año 1943 y Japón esta inmerso en la II Guerra Mundial. Un momento, en el que para muchos jóvenes en edad de formar una familia y transmitir lo aprendido a la siguiente generación, nada de eso llegaría nunca y en su lugar solo habría muerte.
Pero Kaji recibe un golpe de suerte, no le mandan al frente, en su lugar, lo mandan a las colonias de Manchuria para que aplique sus ideas y aumente la producción de los trabajadores que se encuentran allí.

Kaji cree firmemente que el hombre debe ser tratado humanamente y que los trabajadores pierden las ganas de trabajar cuando las condiciones de trabajo son nefastas.
Es recto e inflexible, para él, si una teoría es correcta, sin duda puede aplicarse a la realidad, sino, significa que la teoría es falsa o su aplicación incorrecta.
Sin embargo, solo ve el mundo desde su perspectiva, y aún le falta mucho por aprender de la condición humana.

La llegada de prisioneros de guerra complica las cosas, estos llegan aplastados y deshidratados en vagones de tren, para ser usados como fuerza de trabajo. A partir de ahí, Kaji debe enfrentarse a un descenso sin elecciones correctas. Cada vez se abre más la brecha entre el y sus mandos, personas sin moral que buscan medrar e intereses personales a costa de cualquiera y lo que sea. Y por supuesto, esta la guerra, que justifica cualquier acto por amoral o impensable que sea.

La tensión va en escalada con los prisioneros, que ansían su libertad. Y mientras los mandos solo ven al hombre como un animal básico, un ser ávido y depravado a su semejanza, que puede ser apaciguado con prostitutas, Kaji entabla amistad con uno de los líderes de los prisioneros, quien poco a poco, lo va llevando a su terreno, recordandole que el hombre no es solo una criatura débil, sino que es capaz de ser tan fuerte como sea necesario, que solo necesita encontrar la causa de su infelicidad, y lo importante que es distinguir entre asesinos disfrazados de humanistas y aquellos que merecen ser lLamados seres humanos.

 

Kaji se verá inmerso en sus propias contradicciones y las del mundo, hasta el punto de estar en la tesitura de perder a su amada Michiko, quien siempre espera por el, y a sí mismo. Y cuando trasciende el miedo y abraza la muerte, este resulta ser solo el comienzo de su historia.

Esta es la primera parte de la trilogía de Masaki Kobayashi, uno de los mejores directores japoneses, que cuenta una compleja historia sobre la condición humana a través de Kaji, magníficamente interpretado por Tatsuya Nakadai, que a continuación deberá enfrentarse al reclutamiento, la instrucción y la guerra, y que continúa su camino humanista con esperanza.

 

En “la Condición Humana”, Kobayashi nos muestra otra vez la historia de una persona contra el mundo, contra un sistema, “la condición humana” es la historia de Kaji, un pacifista en medio de una guerra, de un semi-comunista en una sociedad fascista, es la historia, la dura historia de un hombre que ha de soportar su propio drama y el drama que le rodea.

La recreación de la colonia Japonesa de Manchuria es para quitarse el sombrero.Donde otros buscan mostrar, Kobayshi busca concienciar, donde otros giran en torno a una película en clave anti-militarista, Kobayashi te la pega en la cara en forma de primera persona, ni que decir que Tatsuya Nakadai como siempre está colosal, no por su gran actuación (que también) sino porque una obra colosal, hace colosal a un actor colosal.La evolución a lo largo de la trilogía, que iremos viendo cuando podamos, tanto del protagonista como el resto del reparto es lógica e incluso esperada, los diálogos siempre durísimos, no tanto por el tema en si, sino por la manera de ser llevados a cabo, por un soldado aferrado a sus ideas y por la manera de defenderlas, es una cosa que a mi siempre me ha parecido digno de admiración. Es una pena que la obra literaria no esté traducida al castellano. La proyección de la película podría podría servir a algún editor, con ganas de hacerse rico, su edición en nuestro idioma, y más en los tiempor que corren. En japón se vendieron mas de dos millones de ejemplares, por si vale de algo.

 

 

 

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12 PM | 16 Abr

NO HAY AMOR MAS GRANDE

No hay amor más grande (1959), primera parte de la trilogía La condición humana de Masaki Kobayashi, es una obra profundamente crítica y humanista que explora la tensión entre ética individual y sistemas opresivos.

La película sigue a Kaji, un idealista que intenta aplicar principios humanitarios en un campo de trabajo forzado en la Manchuria ocupada por Japón durante la Segunda Guerra Mundial. Desde el inicio, Kobayashi establece un conflicto central: ¿puede un individuo moral sobrevivir dentro de una estructura inherentemente injusta?

Uno de los aspectos más potentes del filme es su crítica al autoritarismo japonés. Kobayashi, quien fue objetor de conciencia durante la guerra, utiliza a Kaji como vehículo para denunciar la deshumanización sistemática: los prisioneros chinos son tratados como herramientas, y cualquier intento de compasión es visto como debilidad o traición. La película no romantiza la resistencia; más bien muestra cómo el sistema castiga incluso las buenas intenciones.

En el plano temático, destaca la fragilidad del idealismo. Kaji intenta mejorar las condiciones laborales, pero sus esfuerzos terminan provocando consecuencias inesperadas, incluyendo rebeliones y castigos más severos. Kobayashi sugiere que la moral individual, aunque necesaria, no siempre es suficiente frente a estructuras de poder rígidas y violentas.

Visualmente, la película combina realismo crudo con composición cuidadosa. Los espacios abiertos del campo contrastan con la sensación de encierro moral. El uso del blanco y negro refuerza el tono sombrío y elimina cualquier distracción estética, centrando la atención en los dilemas humanos.

Otro eje clave es la relación entre amor y supervivencia. El vínculo de Kaji con su esposa Michiko representa un ancla emocional, casi un refugio frente al horror. Sin embargo, ese amor también subraya lo que está en juego: la posibilidad de mantener la humanidad en un entorno que constantemente la erosiona.

EL PRÓXIMO MIÉRCOLES LA SEGUNDA PARTE DE ESTA PRIMERA PELÍCULA

 

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