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09 PM | 20 Ago

BORGES PIENSA EN VOZ ALTA

Cuenta Joaquín Sabina que su amigo Javier Krahe, cuando hablaba de sus aspiraciones como cantautor, solía decir en broma: “Yo quiero ser o Borges o bailable”. He estado recordando la frase durante mi lectura de las Conferencias reunidas que se han publicado por estos días: más de 400 páginas de la inteligencia insólita, la erudición sin pedantería y la ironía sin frivolidad que los lectores de Borges nos hemos acostumbrado a buscar en su palabra hablada. Me ha parecido caprichosamente que estas conferencias son lo más cerca que se podría estar de un Borges bailable, y esto lo escribo pidiendo que nadie se lo tome completamente en serio; pero es que en ellas hay una suerte de ejercicio muy distinto del que se produce con la lectura de un cuento o de un poema (donde se encuentran las dos soledades compartidas del autor y del lector). No: aquí Borges habla frente a un público muy real y muy presente, y, como dice en algún momento, no habla ante todos los asistentes, sino con cada uno de ellos.

Lo imagino así, ciego y pequeño, de pie vulnerablemente frente a un micrófono o sentado detrás de un escritorio con su corbata bien puesta, siguiendo un vago mapa mental que sólo existía en su cabeza, hilando ideas de Schopenhauer o referencias a las sagas escandinavas o citando de memoria tres décimas del Martín Fierro para iluminar, siempre con algo que sólo puedo llamar cortesía, el tema central que le han pedido. Algunas veces no le han pedido el tema, sino que se lo han impuesto, y además a última hora. Una de las conferencias, pronunciada en 1980, comienza con estas palabras vertiginosas: “Acaban de informarme que voy a hablar sobre mis cuentos”. Y luego pasa a esa humildad borgiana que a mí siempre me ha parecido impostada y a la vez curiosamente genuina, es decir, que responde a una alergia verdadera al elogio o al autobombo pero viene en boca de alguien que está muy consciente de sus méritos: pues sólo desde la seguridad se pueden emitir estas modestias exageradas.

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10 AM | 04 Jul

EL CINE SILENCIADO

Algún día habrá que analizar como se merece la influencia de las grandes fortunas españolas en la evolución del régimen franquista. Y, de una manera aún más específica, el control indirecto que ejercieron sobre la cultura y la educación de una buena parte de los ciudadanos, precisamente aquellos que no gozaban de sus mismos privilegios. En el caso de la censura, por ejemplo, se ha hablado mucho de la alianza entre el poder militar y el poder eclesiástico, pero no tanto del papel —siempre más sutil, en la sombra— que desempeñó el poder económico. Pues se trataba, por supuesto, de represión sexual y fomento del analfabetismo político, pero igualmente era una cuestión de hegemonía en el campo del saber y la cultura.

Por eso, en el territorio del cine, la prohibición de determinadas películas a lo largo de las cuatro décadas de existencia factual del franquismo, incluso el estreno de versiones mutiladas o adulteradas, no solo se debió a unos cuantos desnudos o a ciertos discursos políticos. El gran proyecto del siniestro entramado que sostenía a Franco y sus adláteres era bastante más ambicioso y menos simple o arbitrario de lo que suele decirse. Se trataba de evitar que los españoles —ya en su mayoría, en aquella época, provistos de una educación insuficiente y sesgada— pudieran acceder con los instrumentos adecuados a la realidad cultural de la época.

Mientras en el mundo occidental de la posguerra el cine estaba cambiando a marchas forzadas, en España esa revolución ética y estética resultaba invisible gracias a la férrea labor de una censura que no solo nos privó de algunas escenas eróticas sino, sobre todo, de poder contemplar en todo su esplendor el modo en que las imágenes cinematográficas cambiaban de paradigma y de estatus. Dicho de otro modo, la manera en que se pasó del cine clásico al cine moderno, de las películas entendidas como entretenimiento y evasión al «cine de autor» y las nuevas formas de expresión.

Se trataba de evitar que los españoles pudieran acceder con los instrumentos adecuados a la realidad cultural de la época.

El gran dictador (1940), por ejemplo, acabó estrenándose en España en plena Transición, en la primavera de 1976 –hace ahora medio siglo–, más de cinco lustros después de su primera irrupción en la cartelera estadounidense, recién acabada la guerra civil española e iniciada la mundial. Se trataba de un track antifascista concebido por Charles Chaplin como reacción inmediata no solo a la invasión de Polonia por parte del ejército nazi, sino también como sátira de los fascismos imperantes en Europa, casi una llamada a la intervención yanqui. He ahí la razón inmediata de su prohibición en la España de Franco, que sin duda se vio retratado tanto en el ridículo dictadorzuelo al que dio vida el propio Chaplin, trasunto de Hitler, como en la virulenta parodia de Mussolini interpretada por Jack Oakie.

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09 PM | 22 May

Carne, cuidado y resistencia: Por qué el feminismo será antiespecista o no será

Por Teresa Fuentes Toledo

En las estanterías de los supermercados, el sistema capitalista oculta con esmero lo que la
teoría feminista lleva décadas denunciando en los cuerpos de las mujeres: la fragmentación y la
cosificación.

Lo que para el consumidor medio es un «filete de primera» o un «cartón de leche
desnatada», para la teórica ecofeminista Carol J. Adams es, en realidad, “proteína
feminizada”. Este concepto, que hoy resuena con fuerza en los debates colectivos del
ecofeminismo en el Estado español, nos recuerda que la ganadería industrial no es un
entramado neutral, sino una maquinaria biopolítica que explota de forma sistemática los ciclos
reproductivos, la leche y los óvulos de las hembras no humanas. Vacas lecheras y gallinas
ponedoras sufren una dominación patriarcal extrema: son sometidas a inseminaciones
artificiales forzadas obligatorias, preñeces consecutivas y a la separación traumática e
inmediata de sus crías para que la producción láctea no se detenga. Es la reducción absoluta
del cuerpo vivo a una mera fábrica biológica orientada al consumo.

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02 PM | 22 Mar

Sobre el Corto «3º IZDA» y la Peli El PLACER

Tiene razón Félix, provocándome, cuando sugiere que el Corto de Raúl  3º IZDA y la Peli EL PLACER de Ophüls, que puso el Colectivo el jueves pasado, tiene enjundia feminista. El final del corto, cuando las 2 chicas, amantes y competidoras, sin saberlo, del joven del piso 3º Izqda, se sientan a fumar un cigarro, a la salida de una y la llegada de la otra en el portal donde vivía el joven amante, ofrecido una a la otra, en aptitud amistosa ( ¿quizás relación lésbica futura, o trio asumido en convivencia con el joven, ya consentida, como pide la canción de Aute?), una vez percatadas del engaño que el joven mantenía con las 2, muestre lo que una psicoanalista, Lola López, decía en un artículo titulado Nuestras jóvenes Lisístratas, en el que la renuncia de las mujeres heterosexuales a tener pareja es una consecuencia mas del fracaso de las políticas de la educación en igualdad, por la que muchas jóvenes afirman que prefieren no tener relaciones afectivo sexuales con hombres porque lejos de mejorar su vida la empobrecen y trastornan, y las alertan de la educación patriarcal de su pareja, mediante la pregunta: ¿No estaré actuando como las mujeres tradicionales?, ¿ no estaré perdonando sus intemperancias como mi madre hacia con mi padre?. Una duda que las atormenta.

El final abierto del corto abre esas posibilidades amistosas o lésbicas, o en soledad, en la que los hombres ya no juegan ningún papel afectivo/sexual en sus vidas que consideran felices así, incluso solas, sin convivir con hombres. El patriarcado y el pensamiento heterosexual dominante, ha llegado demasiado lejos, ese sí, y no el feminismo, en la subordinación de las mujeres a ser lo Otro, dependiente y diferente, lo particular, frente a lo Uno, el valor, el Universal hombre. Se ve, se escribe, se enuncia así, lo masculino como el universal y lo femenino como lo particular, diferente, lo sentimental, lo débil, frente a lo racional, la fuerza, el poder del hombre. ¿Y si lo «femenino», como subalterno y particular, minoritario hoy, se hace universal, incluso en artes, en literatura por ejemplo, Djuna Barnes, cambiando las formas de la literatura, de la letra, de la palabra, porqué no en política también, y el feminismo radical incorpora universales que ya no son los del hombre del poder y la guerra?. O, el caso de Proust y la homosexualidad literaria, como universal, de su «En busca del tiempo perdido».

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