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12 AM | 27 Ago

NADAR EN LAS AGUAS DE LA MEMORIA

El siguiente texto ofrece comentarios sobre la cinta Roma, dirigida por Alfonso Cuarón (2018), con descripción detallada de algunas de sus escenas.PorJuanPabloCasrrillo

Un apunte simbólico

En la mitología griega, Mnemósine era la figura tutelar de la memoria. Se trataba de una titánide, hija de Gea y de Urano, una divinidad anterior a los hombres y a los dioses del Olimpo. Con el tiempo, se convirtió también en una de las dos fuentes que se encontraban en el Hades. Leto, la fuente del olvido, era aquella de donde bebían los muertos antes de entrar al inframundo para borrar todos sus recuerdos. Mnemósine en cambio era la fuente de la memoria, y se dice que sólo los iniciados en los misterios acudían a beber de sus aguas. (Quizá Aby Warburg tenía esto en mente cuando acuñó la expresión “ola mnémica” para referirse a “esas eventuales sacudidas de la memoria que golpean a una civilización en la relación con su pasado”).

En los textos védicos también se habla de las “aguas mentales”. Como las olas en una playa, los pensamientos bañan a cada instante las orillas de nuestra conciencia. Van y vienen, uno detrás de otro, ininterrumpidamente. Se suceden a veces con tranquilidad y a veces con violencia.

 

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11 AM | 26 Jul

PATRIARCADO Y NEOLIBERALISMO CULTURAL:LA OFENSIVA PERFECTA

Patriarcado y neoliberalismo cultural: la ofensiva perfecta

Silvia Carrasco

Patriarcado y neoliberalismo

El neoliberalismo, cuyo propósito es la mercantilización absoluta de la vida humana, se camufla apelando a la libre elección, a los deseos subjetivos o al sentimiento identitario. Son expresiones culturales, aparentemente de izquierdas, que actualizan una explotación que afecta, principalmente, a las mujeres.

El patriarcado es la institución más antigua que conocemos en la historia de la Humanidad. En cualquiera de sus formas y manifestaciones, la dominación física, económica, política y simbólica de las mujeres atraviesa todas las sociedades, culturas y épocas hasta nuestros días. Y todas las culturas que conocemos, tanto las que nos han precedido como la nuestra y sus contemporáneas, han hecho una magnífica labor naturalizando la subordinación a partir de la diferencia sexual entre mujeres y hombres, a través de la socialización basada en roles, comportamientos y marcadores diversos. A este conjunto de normas, prácticas y valores que conforman y condicionan las experiencias de ser mujeres y hombres culturalmente específicos lo llamamos género. El género es un concepto analítico y, a la vez, el mecanismo de reproducción del patriarcado. Porque el patriarcado persiste y se reinventa, como todos los sistemas de relaciones de poder. Aplicando la lúcida distinción de Alicia Puleo[1], en la mayoría de los países del mundo sigue vigente como coerción, donde la inferioridad y la sujeción de las mujeres es legal. Y en aquellos en los que supuestamente disfrutamos de igualdad ante la ley, no solo el patriarcado de consentimiento disciplina diariamente a las mujeres –abandonadas por la interiorización de sus mecanismos– de mil maneras, sino que, además, se rearma como parte de una ofensiva que intenta eliminar a las mujeres como sujetos de derecho.

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