11 PM | 28 Mar

DEBATIR

La vulgaridad rasa de tantas declaraciones de políticos de primer nivel es consustancial a la democracia. Cada hora, cada día, cada nueva rueda de prensa es difícil que un político —ni nadie— diga cosas inteligentes u originales. Lo más grave, sin embargo, es la sensación frecuentísima de que la clase política ha dejado de leer o escuchar a intelectuales o analistas. Ni todos son meros portavoces de intereses partidistas, ni son sólo altavoces de intereses clasificados. A menudo, incluso son gentes solventes y con valor positivo para plantear racionalmente problemas difíciles. ¿Por qué es tan habitual la sensación de que los políticos no revisan sus ideas o sus prejuicios leyendo, siquiera de vez en cuando, lo que dicen las páginas de opinión, las tribunas, las columnas, los pantallazos de los medios de comunicación, o al menos aquellas intervenciones firmadas por gentes de probada competencia en el análisis social y político? Así se expresaba Jordi Gracia en un reciente artículo en el diario El País.

   Leímos la entrevista de Elena Valenciano a propósito de sus nuevas responsabilidades en el PSOE y sobre  “lo de Ponferrada” y me queda una sensación extraña, sobre todo cuando se critica que no es bueno debatir fuera de los órganos y al mismo tiempo se dice que hay que abrir el partido. Abrir el partido a la sociedad es precisamente poder debatir de todo y “más a más” sobre la regeneración ética. De eso cuanto más se hable mejor. A los ciudadanos les gustaría saber con qué criterios se confeccionaron las listas en Ponferrada para que ahora ya no quede ninguno en el PSOE. En el ámbito doméstico en que me muevo lanzaría una pregunta ¿en qué se diferenciaría el apoyo de un maltratador para conseguir una alcaldía del apoyo de un miembro de Falange para conseguir el mismo fin?

   El monje irlandés Columbano,  en el ámbito de su competencia monacales, prohibía cualquier bullicioso debate, intelectual o del tipo que fuera, y para el  que se atrevía a decir “no es como tú dices” tenía una pena muy rigurosa: “la imposición del silencio o cincuenta azotes”. Debatamos “fuera” por favor (y también dentro)

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10 PM | 28 Mar

FRANCISCO JUGLAR DE DIOS

Importante filme de fenomenología religiosa, historia, antropología social, humorismo e incluso análisis psiquiátrico.

Esta filmación de Roberto Rossellini se basa en once capítulos de la vida del santo cristiano católico e italiano, Francisco de Asís (1182-1226), extraídos de la composición escrita “Las Florecillas” y de la “Vida de fray Junípero”, quién fue compañero de Francisco de Asís y uno de sus primeros seguidores o “locos espirituales”, de los más parecidos al propio santo en su forma humilde e iluminada de comportarse.

Como curiosidad hay que decir que los actores salvo Aldo Frabrizi, el que interpreta al tirano Nicolaio, y Arabella Lemaitre, la que hace de Clara, eran todos religiosos de profesión.

En verdad se trata de un película que trasluce como pocas lo que fue la “locura” de Francisco y los seguidores que se hicieron pobres y “locos” a su vera; de aquella especie de “hippie-ismo” de los siglos XII-XIII o movimiento que se dio en diversos lugares de Europa durante la Edad Media, tal vez como reacción pacifista y anarcolibertaria frente a los paradigmas vivenciales que sólo destacaban por hacer de los hombres “lobos contra el resto de los hombres”. Ante tal hartura de cuadriculado existencial, hubo grupos como el de Francisco que atrevida, poética y locamente se pusieron a vivir sus vidas a “la buena de Dios”, es decir, de forma libertaria, impredecible, vagabunda; optando por el modelo de vida simplísima sin cargas, como don nadies, sin temor al sufrimiento ni a encontrarse prontamente con la muerte.

Hay que ser algo barbarazo para aburrirse o no sentir algo, ya una sonrisa ya una carcajada ante los comportamientos de fray Junípero o fray Juan: por ejemplo cuando fray Junípero va y le corta la pata a un cerdo vivo con la que hacer una sopa para un hermano enfermo (síntoma bastante evidente de que este tal Junípero estaba como una chota por más santo que luego resultase); e igualmente gracioso es el viejo fray Juan, quien después de dar vueltas junto a los demás frailes, al estilo de los derviches giradores, en lugar de elegir rumbo a una ciudad cualquiera para predicar, prefiere astutamente ir tras de un pinzón que había visto por allí cerca encima de una mata (sin duda el viejo tenía poco de tonto, pues sabía que quedarse allí mismo predicando a los pájaros era mucho menos complicado y trabajoso que ir a cualquier población a recibir penurias y rechazos.

En fin Rossellini, con mucha agudeza irónica, nos cuenta que hombres, algunos con notorios signos de estar “idos o ser desequilibrados mentales”, otros de ser unos listillos de los que les gusta vivir trabajando poco y comiendo de la sopa boba, amén de otros con fuerte convicción evangélica, poética y revolucionario-religiosa, acabaron siendo mitificados, sobredimensionados, elevados a los altares y santificados.

Sin lugar a dudas, estamos ante una sobresaliente película, en blanco y negro, del género religioso-cristiano.

Fej Delvahe

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11 PM | 15 Mar

EL IRLANDES ERRANTE

Film realizado por Stanley Kubrick, en el que interviene como productor, guionista y director. Se rueda íntegramente en exteriores y escenarios reales de Irlanda, Inglaterra, Escocia y Alemania, durante 8 meses y medio, con un reparto de 170 personas y una inversión de 11 M dólares. Es nominado a 7 Oscar y gana 4 (dir. artística, fotografía, vestuario y banda sonora). Se estrena el 18-XII-1975 (RU y EEUU).

La acción principal tiene lugar en Irlanda, Prusia, Escocia e Inglaterra entre 1740 y 1789. Redmond Barry (Ryan O’Neal) es un joven irlandés que se ve obligado a abandonar el hogar a causa de un duelo. Emprende una vida de aventuras y ascenso social. Al contraer matrimonio con una aristócrata inglesa viuda, adopta el apellido de casada de ésta y pasa a llamarse Barry Lyndon.

El film suma los géneros de drama, romance y guerra. Con su pasión por el detalle y el perfeccionismo, Kubrick recrea la Europa del XVIIII, aburrida, estática, clasista y empobrecida por las guerras. Es la Europa del Viejo Régimen, que se aproxima a la Revolución Francesa, que estalla (1789) poco después de la última escena del film. En este marco se sitúa el protagonista, un personaje arribista, sin principios y sin escrúpulos, que no conoce la lealtad y no busca el amor, sino el interés económico y la posición social. De conducta disoluta y amoral, conecta con otros héroes de Kubrick.

El realizador cuida con atención el estilo visual y sonoro del film, en busca de la perfección de las formas. Crea imágenes inspiradas en telas de la época, de Watteau, Gainsborough, Hogarth, Reynolds, Charlin, Stubbs y otros. Trabaja con rigor el vestuario y la reconstrucción de batallas. Se sirve de escenarios reales que corresponden a los lugares y al tiempo de la acción. Selecciona composiciones de música barroca, clásica y tradicional irlandesa, para la creación de una banda sonora sugerente y de gran belleza. Ordena la orquestación de las mismas para obtener efectos de grandeza y solemnidad. En aras del realismo hace uso de iluminaciones nocturnas con luz de velas, como las de la época. El experimento es innovador: se emplea por primera vez en cine. La narración está salpicada de lances de humor agridulce. Se sirve de un narrador, que introduce y explica la acción. En la versión doblada al español, la voz en off es la de José Luis López Vázquez.

La música, adaptada y dirigida por Leonard Rosenman, ofrece composiciones de Bach, Vivaldi, Schubert, Paisiello («El barbero de Sevilla») y Mozart. El tema de amor está tomado de una melodía tradicional irlandesa y el tema central, de una sarabanda de Haendel, que evoca la fatalidad y el destino. La fotografía, de John Alcott («La naranaja mecánica»), se sirve de la cámara subjetiva, «zooms» de alejamiento que amplían el campo de visión, encuadres de detalle y un cromatismo vibrante. Se apoya en una buena coreografía y en la singularidd de las localizaciones. Película de gran interés.

            MIQUEL

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09 PM | 14 Mar

EL EXILIO INTERIOR DEL PSOE

El PSOE necesita abrir un proceso constituyente que le saque del exilio interior en el que está instalado”. La frase es de Joan Romero, que fue secretario general del partido socialista valenciano en los años noventa. La expresión “exilio interior” explica de modo elocuente el estado de desorientación en que se encuentra el partido socialista, completamente desubicado en un país que hace poco más de un año todavía gobernaba.

Con el ambiente cargado por los desencuentros con los socialistas catalanes y gallegos, ha irrumpido el caso Ponferrada. Y se ha convertido en el icono del desconcierto socialista. Podría parecer un problema demasiado local para adquirir tanta relevancia, pero ha resultado ser una genuina expresión de la empanada mental en que viven los socialistas: sin proyecto, sin ideología, sin autoridad, con la sensibilidad tan obturada como para aliarse con los que lincharon a Nevenka, capaz de perder la dignidad por una mínima cuota de poder e incompetente en la selección de su personal político.

Samuel Folgueral, el alcalde expulsado del PSOE por haber pactado la alcaldía con un concejal condenado por acoso sexual, ha dicho que no tenía nada que reprocharse porque su actuación había sido completamente legal. Es la excusa que dan siempre los impostores: lo que es legal es moral. A Samuel Folgueral lo había seleccionado el PSOE como cabeza de cartel. Y el PSOE permitió que llegara a la alcaldía. Solo cuando el escándalo estalló en los medios se emprendió una vergonzante marcha atrás. Es grave el hecho en sí: haber dado reconocimiento a un acosador de una mujer que tuvo que irse de la ciudad por haberle denunciado. Pero es muy grave también que todo el proceso de la moción de censura transcurriera sin que nadie en el PSOE levantara la voz. Da la medida del estado catatónico en que esta el partido. Militantes y dirigentes parecen dormidos. El partido totalmente desconectado. Y es muy grave que nadie asuma responsabilidades después de un patinazo tan monumental. Oscar López, el número tres, ha cargado con el papel de chivo expiatorio, pero se escuda en el patético argumento de que no le han aceptado la dimisión. Nadie puede impedir que dimita una persona que realmente quiera hacerlo.

Un caso local se ha convertido en símbolo de una debacle general. Las señales de alarma son constantes: que el PP se hunda en todas las encuestas y el PSOE apenas remonte indica que la enfermedad es grave y que los ciudadanos no le ven como recambio de una derecha desprestigiada día a día. El PSOE ha dejado pasar el tiempo con la excusa de que el recuerdo de la catastrófica última etapa de gobierno está demasiado fresco en la ciudadanía. Pero el caso Ponferrada demuestra que el problema es estructural, no coyuntural: el organismo del PSOE carece de energía para reaccionar. Y, sin embargo, es urgente la recuperación del PSOE, porque el país no puede vivir sin alternativa a un PP arrogante y autoritario. Se necesita al PSOE para reequilibrar el sistema y por la urgencia de reformar el gripado régimen político de la transición. Por eso, es imperativo que dé el paso a su profunda renovación. Y, dado el estado del PSOE en cualquier lugar de España por el que se pase, no hay otra salida que un proceso realmente constituyente, que permita refundar de arriba abajo a una organización burocratizada, secuestrada por pequeños grupos de poder en cada uno de los niveles y que opera como una máquina de excluir.

Precisamente porque la situación de los socialistas es tan desesperada la refundación es posible. El sueño de los vasos comunicantes del bipartidismo, tú bajas, yo subo, está finiquitado. Para volver a subir hay que tener alma y el PSOE está en el último aliento. De modo que o vuelve a empezar o entra en vía secundaria. Esperemos que al intelectual orgánico anestesiado que es hoy el PSOE le quede por lo menos el instinto de supervivencia y prefiera refundarse antes que sucumbir definitivamente. Pero el cambio no se puede demorar más, si se quiere que la reconstrucción de la izquierda se haga desde el que fue el partido socialdemócrata genuino de este país. De lo contrario, otros ocuparán su espacio. El desafío es reinventarse. Para ello es necesario abrir puertas y ventanas. Renovar a fondo el personal, dar oportunidad a la política sin miedo, arbitrando procedimientos abiertos a la ciudadanía, y construir un discurso alternativo para volver a conectar con la sociedad. Es una tarea ingente, pero mucho peor es seguir instalado en el exilio interior, es decir, en la irrelevancia creciente.

      RAMONEDA EN EL DIARIO EL PAIS

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