
Hay un poderoso incentivo que puede obrar maravillas: la fe en alguien. Cuando una persona cree fervientemente en otra, en sus cualidades, en sus capacidades, y le ofrece un hombro en el que apoyarse, una palabra sincera que sepa estimular y criticar constructivamente sin caer en la adulación fácil, y el íntimo gozo de contemplar admiración donde uno no se veía digno de ella… Todo eso puede edificar una base sólida en la que aumenta la autoestima personal, la autoconfianza, el trazado de metas optimistas y viables, y la satisfacción de sentirse más realizado.
Y en el fondo todo se debe, cómo no, al sentimiento más bonito que hay: el amor.
Sé por experiencia que unas cuantas personas se crecen y sacan lo mejor que tienen cuando necesitan ver los ojos de esa/s persona/s tan respetada/s rebosantes de orgullo. Incluso aunque no se les haya pedido nada, aunque no se les haya exigido, o tal vez por ese motivo. El hijo o la hija que respeta profundamente a su madre se pirrará por enseñarle ese diez en el examen de Lengua, aunque ella se habría puesto igualmente contenta con un ocho. Estará deseando llegar a casa para observar la alegría en su mirada, esa devoción que ninguna frase puede expresar con tanta riqueza como las pupilas.
Ese afán de superación personal, espoleado por la fe, movería montañas.
En cambio, si nos hemos criado bajo el yugo arrogante de unos mayores que no han creído en nosotros, que han fallado donde deberían habernos animado y aconsejado correctamente, y que han estado demasiado embebidos en sus propias glorias para fijarse en lo que no esté más allá de sus narices, casi con plena seguridad nos volveremos adultos muy inseguros, apocados y débiles a la hora de perseguir retos.
Pues eso mismo le ha ocurrido a Kukinosuke. Hijo adoptivo de un afamado actor de teatro kabuki, el venerado nombre de éste lo ha elevado a una posición de casi semidiós, a la que el hijo no puede seguirle. Es un gran lastre ser hijo de alguien tan famoso, porque para Kukinosuke supone una presión frustrante. Sintiéndose una nulidad allá donde su progenitor triunfa, no se esfuerza en desarrollar sus dotes de interpretación. Y el padre no hace más que criticarlo duramente, en lugar de resaltar sus virtudes y empujarlo suavemente a cultivarlas. El público, buscando agradar a la gran figura del drama, adula superficialmente al vástago, lo cual no le hace ningún bien.
Kukinosuke malgasta su talento dormido y se sostiene únicamente en el prestigio paterno, convencido de que no sirve para nada. Hasta que Toku, una empleada doméstica, le comenta francamente lo que ella ha observado: que alberga dotes prometedoras, pero debe esforzarse mucho y tomárselo muy en serio para llegar a ser una importante figura del teatro. El joven, al oír por primera vez una crítica honrada y bienintencionada, y no un falso halago o un ataque, nota cómo su corazón comienza a inclinarse por esa muchacha sencilla que es precisamente lo que él andaba buscando sin saber que lo buscaba
Ambos se enamoran, pero en el Japón del siglo diecinueve las divisiones de clases eran tan estrictas que un artista de familia prestigiosa y respetada no tenía permitido casarse con una criada.
La chica, pese a todos los inconvenientes, estará dispuesta a lo que sea para conducir a su amado a las mieles de la realización personal y profesional.
Es cierto que, para aprender a valorar las cosas, hay que sufrirlas, hay que probar el sabor de los desencantos y de las trabas, hay que morder el polvo para resurgir tras ese rito iniciático de dolor y regresar purificado, más maduro o simplemente más humilde.
Y también es cierto que la forma más absoluta del amor es la que entrega hasta el último soplo, hasta el último jirón de carne y de espíritu, para que otro ser pueda ser libre y ascender los peldaños de la felicidad.
VIVOLEYENDO
Siminiani no se cansa de experimentar. Si sus cortos ponían patas arriba cualquier convención, con su primer largometraje Mapa aumenta la sorpresa del espectador. Es un diario filmado en primera persona, una ficción personal, una road movie con monólogo interior. Unos caen en múltiples adicciones ante un proceso de duelo, pérdida, soledad o añoranza: Siminiani filma películas. O mejor aún: trozos de vidas que son la suya. Con una cámara digital que bebe de la realidad fragmentada por el montaje y por su propia mirada.
Sin buscarle más sentido que la ficción subjetiva nacida del arrebato, Mapa se sostiene sin problema. Y puestos a pensar en las diferentes capas y caras del cubo, Mapa es metacinematográfica y a la vez cine sin más, es una narración y al mismo tiempo habla de las dificultades y de los azares que entraña cualquier proceso de narración, es la presentación de un ‘yo’ y también la disgregación de ese ‘yo’ en búsqueda y en crisis.
Mapa, en términos barojianos, sería un camino de perfección, un acto de exhibición, un ejercicio de desnudo. Cabe la posibilidad de que asistamos a la filmación completa de la vida de Siminiani con sus obras, a las que llama ‘conceptos’. Baroja tampoco escribía novelas en el sentido clásico del término. Mapa es un juego que rompe los cánones establecidos y sienta las bases de otros: la de un cine que no es ni realidad ni ficción, que entretiene a la audiencia y que tiene poderes terapéuticos para quien filma. Una obra que puede tacharse de egocéntrica pero que está llena de inventiva.
Para que mis amigos del colectivo-rousseau degustaran mejor Gertrud les invité a que vieran algunas imágenes del pintor danés Hammershøi .Dentro del libro de José Andrés Dulce conservo propaganda de la exposición del 2007 que se hizo en Barcelona en el CCCB. En esa exposición se pretendía, dar a conocer a dos autores muy reconocidos por la historia de la pintura y la cinematografía, y mostrar las fuertes relaciones visuales y creativas entre ambos artistas, así como en sus métodos, su comprensión íntima del arte y sus similitudes estéticas.
• Ambos comparten la convicción de que es en los espacios interiores (de una casa, de una imagen, de un rostro) donde se produce la mayor intensidad dramática.
• La forma de tratar la figura humana y, en concreto, la femenina: las enigmáticas mujeres de espaldas situadas en interiores domésticos remiten a la contemplación y el éxtasis del personaje, a su drama a puerta cerrada, incluso contienen el aroma de la muerte.
• El dominio de la luz sobre la escena es impecable en ambos artistas. Hammershøi sabe pintarla, Dreyer le concede ritmo.
• Los exteriores. Por un lado, están los paisajes, cargados de una atmósfera muy especial. Por el otro, los exteriores percibidos a través de las figuras esculturales, las ventanas y las puertas ajustadas de los espacios interiores representados.
Mi afición por Dreyer, y una vez que tuve conocimiento de que la exposición no se realizaría en Madrid, me llevó a pedir a un amigo,con novia en Barcelona,que me llevara para ver la exposición.La muestra contaba con 36 obras de Hammershøi y 12 montajes audiovisuales que mostraban fragmentos de las películas de Dreyer. La exposición presentaba igualmente fotografías y documentos procedentes de los archivos privados de ambos artistas,que me permitieron apreciar el proceso de reflexión y elaboración de sus creaciones.
He visto Gertrud por tercera vez, es este caso coincidiendo con una proyección en la sala Medinaceli de “El mismo amor la misma lluvia” del conocido Campanela y la pregunta de uno de los asistentes que tuvo la fortuna de asistir a ambas proyecciones era la siguiente: ¿cómo es posible que al que le gusta el cine, ante el tema del amor como eje en ambas películas, no llegue a disfrutar hoy día de Dreyer y sí lo haga con la comercial “El mismo amor…”? Lo dejamos así. Cada cual que se responda.
Gertrud nos cuenta las tempestuosas relaciones con una terna de hombres a los que ama o ha amado, recordándonos a cada momento el teatro nórdico, siendo los espectadores, puestos en situación desde la aparición en escena del abogado Kanning,señalados con todos los motivos que han de desfilar en la obra. En la primera conversación entre Gertrud y janson se da paso a la interpretación de un Lied de Schumann, preludio del encuentro sexual que Dreyer resuelve con un hechizo de música y sombras.
Cuando Lidman acude a despedirse de Gertrud para intentar recuperarla, el poeta enciende la vela situada a ambos lados del espejo, y serán las mismas velas que apaga Gertrud cuando decide no avivar la llama del amor.
La película termina con la inesperada visita de Nygran, emplazados frente a frente, la imagen nos lleva a una habitación ya sin decoración, antesala de la muerte, que se visualiza con una puerta que se cierra y el toque de las campanas .El amor lo es todo.
FELAS
Lars Von Trier no es precisamente uno de mis favoritos, y sin embargo, cada vez que estrena una película consigue intrigarme y aunque su obra me produce desconcierto acudo a sus proyecciones.
Medea se realizó bajo el formato de una película para la televisión danesa DRTV, destacando su trasposición doble, que va desde el texto clásico de Eurípides al guión de Dreyer, y de allí al film de Von Trier, y para dar el grano y la textura que él buscaba, primero rodó en video de tres cuartos, luego lo paso a 35 mm, para terminar copiando otra vez a video, en esta ocasión de una pulgada. Los diálogos fueron incorporados en la última sincronización, y colocó unos intersticios que nos recuerdan, por ejemplo, a “Palabras del libro de Satán”
La fuerza inicial con el canto de los pájaros, y el sonido del agua nos traslada a Stalker de Tarkovski, el sonido de los caballos en busca de Medea a Bressón e inevitablemente el movimiento de los juncos a Morter Borgen gritando al enajenado por la Fe Johanes en Ordet. ¿Será por eso por lo que siempre le seguimos incluso en su Anticristo?
Medea, al igual que Gertrud, es una mujer que ama y sufre demasiado, y Von trier nos la dibuja a partir del contraste entre lo femenino y lo masculino, y entre la oposición pasión/razón, muy distante de la visión de Pasolini.
La película tiene momentos muy tiernos como cuando la cámara se acerca a la rodilla lastimada del hijo para mostrarnos el amor de Medea, un beso tierno le protege de todos sus males. Destaca también la muerte del caballo, una sirviente y Glouce, la amante de Jasón. Hilario J.Rodriguez en un libro que dedica a Von Trier dice que Medea es un estudio para perfilar a un ser humano a través de la relación con el entorno. La naturaleza se convierte en esta película en un factor determinante en cada plano. Medea también habla de política y poder, con unos planos de gran lirismo, contraluces con el cielo como único motivo, y sobre todo un gran sobresalto con la muerte de los niños, y eso a pesar de que al principio de la película ya se nos anuncia lo que va a pasar; la D del nombre de Medea se transforma en un árbol y de él cuelgan dos cuerpos infantiles, ahorcados. Con ese arranque el danés nos deja helados, como lo ha hecho después en muchas de sus películas.
FELAS
Realizada por Woody Allen y escrita por él y Michael Brickman, se rodó en panavisión y en b/n, en exteriores de NYC (Manhattan, Sutton Square, etc.). Obtuvo 2 nominaciones a los Oscar (guión y actriz reparto, M. Hemingway). Producida por Charles E. Joffe, se estrenó el 14-III-1979 (EEUU).
La acción tiene lugar en NYC en 1978, entre mayo y noviembre. Narra la historia de Isaak Davis (Allen), de 42 años, divorciado, que mantiene un idilio con Tracy (Mariel Hemingway), de 17 años, estudiante de bachillerato, a la que deja para intimar con Mary Wilkie (Diane Keaton), antigua amante de su amigo Yale (Michael Murphy), casado, pero dado a aventuras esporádicas. Davis es autor de comedias, inmaduro, locuaz y romántico. Mary es inteligente, atractiva, sexy y se siente sola. Tracy es una adolescente precoz (Lolita), tierna, dulce y encantadora.
La película suma elementos de comedia, romance y drama. Explica y justifica la admiración y el apego de Allen por su ciudad. La ve grandiosa, sobrecogedora, trepidante, hermosa, moderna y acogedora y, también, ruidosa, agobiante y sobredimensionada. La recorre con el espectador: Guggenheim, Central Park, Planetarium, Sutton Square, etc. Al inicio y al final ofrece imágenes de la ciudad que glosan su espectacularidad y belleza. Uno de sus mayores alicientes es la amplia oferta cultural qeu contiene: conciertos, cine subtitulado, exposiciones, teatro. Entiende que es símbolo de un mundo de nuevo cuño, el de los 70, poblado por una sociedad superficial, estresada, apresurada, desbordada e insensibilizada por la droga, la televisión, las comidas rápidas, la música estridente, la práctica rutinaria del sexo, la falta de reflexión y de sentimientos. Más que de amores actuales, habla de amores pasados (Jill), desamores presentes (Mary), amores pasajeros, imposibles (Tracy) y traicionados. Explica sus neurosis, inseguridades, contrariedades (libro de Jill), su afecto por el hijo y su idea de que estar enamorado es motivo y causa de inmensa satisfacción. Contradice antiguos prejuicios, al establecer que la adecuada educación de un niño puede correr a cargo de una pareja de mujeres. Explica sus preferencias en música contemporánea (Louis Armstrong), clásica (Mozart, Vivaldi, Mahler), cine (Bergman), litertura (Borges, Tolstoi), teatro (Bretch), pintura (Czésanne), fotografía artística. El amor, la amistad y los placeres del arte y la cultura hacen que la vida (compleja y abrumadora) pueda ser una aventura gozosa.
La música se apoya en Gershwin («Rapsody In Blue»). Añade otros 17 temas, como » ‘S Wonderful», «Do, Do, Do» y «Strike Up The Band». La fotografía, de Gordon Willis, sitúa elementos relevantes en todo el espacio escénico, coloca el foco de atención en posiciones no centrales, crea ambientes íntimos (vela, lámpara solitaria, contraluces) y exalta la grandeza de la ciudad. El guión disecciona la sociedad de los 70. La dirección construye una obra templada, equilibrada, detallista y apasionada.
MIQUEL FILMAFFINYTY