03 PM | 03 Jul

POEMA «LA GUERRA»- EDUARDO TRINCHAT

LA GUERRA
Detrás de estas guerras,
con tanta destrucción
con tantas muertes…
¿Qué se esconde?
¿Es el noble ideal
de cambiar el mundo
para mejorarlo.
Eso justifican los políticos,
algunos papas, los banqueros,
los fabricantes de armas
y esa nueva especie: los corruptos;
y tantos otros que se enriquecen
con el abominable negocio
de la guerra?
¿Es la necesidad
de ser útil a los demás,
erigiéndose unos
en estandartes
de la libertad,
otros en defensores
de ideologías materialistas,
de religiones impuestas
en nombre de algún dios,
o simplemente para atesorar más dinero y poder?
Desde la soberbia americana
y la de su aliado amigo judío,
lo que defienden
es una asesina codicia imperialista,
en cuyo nombre pueden
matar impunemente,
a pueblos inocentes,
a gentes aterrorizadas,
que huyen sin ninguna esperanza.
TODOS PERMITIMOS
el bárbaro acoso

a las razas pobres,
a los que huyen sin destino,
a los pueblos deprimidos,
a los esclavizados y perseguidos
a tantos otros que por el hecho
de haber nacido
les ha tocado padecer la miseria,
la agresión y la muerte violenta.
Siempre está presente
el sucio dinero,
que juega con la carne
y el sudor de los que no poseen nada;
de los que son utilizados como carnaza
para los poderosos,
vidas que son inmoladas,
vidas inocentes de niños,
ancianos, mujeres y hombres,
culpables por haber nacido
en el lugar equivocado.
Abuso de la violencia
que se cree justificada,
que nos la j u s t i f i c a n,
que en el hábito de la repetición
J U S T I F I C A M O S.
¿A quiénes pertenecen las guerras?
Son de todos
o sólo de los que las generan
con el pretexto de que prevalezca una raza,
de que prevalezca una religión?
YO formo parte de estas guerras,
porque desde mi rutina,
cumplo con la egoísta función
de vivir un día más…
C Ó M O D A M E N T E,
alejado, pasivo,
agradeciendo a lo sumo
que no me afecte.
¿Puedo hacer algo?
Creo que no…

pero es una falsa creencia
amparada en la superficialidad,
porque:
Pude haber llorado y no lo hice.
Pude haber estado en vela
y no lo hice.
Y me avergüenzo de mi país,
y de mí mismo…
pero esa vergüenza no vale
nada frente al terror de los que sufren
la guerra en su propia
C A R N E,
frente a la sangre
D E R R A M A D A,
frente a los
O J O S aterrorizados
de tantos niños masacrados.
Las guerras no se darían
si fuésemos capaces de renunciar
a la riqueza y al vacío mundo
del consumo como terapia
para huir de la superficialidad
con el afán de posesión desordenada.
Las guerras no existirían,
si cada uno de nosotros,
si casi todos
no se lo permitiéramos
a unos pocos,
si no fuéramos cómplices silenciosos
en el bienestar y en el consumismo,
en esa deshumanizada filosofía de vida
del primero yo porque después…
ya no habrá
N A D A NI N A D I E.

Eduardo Trinchant

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