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06 PM | 22 Ene

La actualidad de Humphrey Bogart

 

Se cumplen años de la muerte de Humphrey Bogart (Nueva York, 1899 – Hollywood, 1957). Bogart murió de un cáncer causado al parecer por el tabaquismo, a cuya difusión tanto influyó desde la pantalla. Actor de teatro (en 1935 actuó en la obra de teatro El bosque petrificado, cuya traslación al cine en 1936 le reportó un primer éxito), no fue hasta entrados los cuarenta cuando pasó de ser un secundario más al estrellato en un título que en un principio tenía que encarnar Ronald Regan: El último refugio (Raoul Walsh, USA, 1941), donde protagonizaba una de las muertes más bellas de la historia del cine, atrincherado contra la policía desde un escarpado escenario montañoso. Su rostro fue el del gángster desesperado que durante tanto tiempo había interpretado, cayendo abatido por la policía y su pasado moría bajo un amplio cielo desnudo. Desde entonces convirtió en la representación de un héroe en su personaje, un “chico” que era malo y bueno y al revés, la culminación de una escuela que ya había encumbrado a Paul Muni, pero sobre todo a Edward G. Robinson y James Cagney, todos ellos de reconocidas conexiones izquierdistas; el primero llegó a visitar a Trotsky en Coyoacán, el segundo se implicó como pocos en la solidaridad con la República española de manera que en los años cuarenta sus nombres fueron borrados de las carteleras españolas.

Este Bogart de los años de guerra y segunda posguerra fue un tipo melancólico, el detective de rostro esculpido por experiencias amargas cuya sonrisa torcida pugnaba por salir para ocultar todo el dolor sufrido, la emoción a punto de desbordarse, un actor que se parecía mucha gente común pero cuyos ojos traicionaban lo que decía. El “noir” o “Thriller” que inició su trayecto al principio del sonoro cobró con Bogart un sentido especial. Oscuros ambientes cargados de tinieblas, humo de incontables cigarrillos y la humedad espesa de la ciudad tras la lluvia: ése fue el hábitat del detective de los años 40. La voz en off del protagonista cortando el silencio de las calles oscuras y lluviosas o acallando ruidosas orquestas en los night clubs, mientras el “sabueso” se movía por una telaraña de corrupción, por un reino en el que el dinero marcaba la ley y arrastraba a mujeres de mirada oscura, tan ajenas como la mayoría a cualquier moralidad. El “negro” fue el género que mayores pesadillas produjo en aquella democracia detrás de la cual se proyectaban unos negocios en cuyos márgenes se movía la delincuencia abierta,

Nada es lo que parece: en El halcón maltés (1941), que fue la tercera versión de la obra de Dashiell Hammett, película de culto, metáfora del capitalismo, un juego que de hecho comienza cuando acaba. La dureza y el cinismo de Sam Spade se percibe en otras obras mayores comenzando por la mítica Casablanca (Michael Curtiz, USA, 1942), la película preferida de varias generaciones de izquierdistas -si nos atenemos, por ejemplo, a las respuestas dadas por buena parte de los invitados de “La Tuerka”, sobre todo por los varones canosos-. Su imagen fue la del último romántico, un tipo que se dice de nacionalidad beoda pero que guarda un secreto: se la jugó facilitando armas a la república española. Se rodó casi en un ambiente de improvisación. Rodada en Marruecos, el resultado final puede considerarse un milagro del cielo si se tiene en cuenta lo accidentado de su producción. Poco antes, la Warner descubrió que contaba con un magnífico plantel de artistas, pero le faltaba una historia. El rodaje se inició sin haber acabado el guión; a los actores se les entregaba cada día el diálogo escrito la noche anterior que era retocado sobre la marcha, una improvisación que le confirió un verismo singular La trama es conocida, se la recuerda en las discusiones, se citan sus frases., hay hasta quien sabe tatarear la canción de la pareja con Sam al piano interpretando la famosa As time goes by (Mientras el tiempo pasa). Todo esto resulta todavía más insólito cuando la película fue un encargo, proyectado antes de Pearl Harbour, dándose la coincidencia que su estreno coincidió con la conferencia que Churchill y Roosevelt mantuvieron en… Casablanca.

La contribución de Bogart a la lucha antifascista se manifestó en 1944 con otros títulos: Pasaje para Marsella, nuevamente con Michael Curtiz y con la rubia Michéle Morgán supliendo a la insustituible Ingrid Berman, un aporte subvalorado que conviene revisar, y después con “un Hemingway”, Tener o no tener, de Howard Hawks, donde conoce a «la flaca» Lauren Bacall con la que inicia uno de los romances (y matrimonios) más recordados de Hollywood. Se trata de una joya, el descreído Bogart y el beodo Walter Brennan contribuyen a la causa de la Resistencia francesa sacando valor de donde no lo había. La pareja alcanza el cielo en 1946 una de las cumbres del género, El sueño eterno (1946), igualmente de Howard Hawks. Basada en la novela homónima de Raymond Chandler, se trata de cine negro en estado puro: diálogos afilados cargados de ironía y una trama tan compleja y sembrada de incógnitas que desafía la capacidad del espectador para seguir el hilo de los acontecimientos que posiblemente era lo que menos importaba a su autor.

El estado de gracia se mantiene en los años siguientes con Callejón sin salida (John Cromwell, USA, 1947), La senda tenebrosa (Delmer Daves, La actualidad de Humphrey Bogart), pero sobre todo con El tesoro de Sierra Madre (USA, 1947), una adaptación efectuada por John Huston como un proyecto personal de la extraordinaria novela del misterioso anarquista germano afincado en México que firma como B. Traven: nuevamente asistimos a una vivisección de la lógica del capitalismo, de una temática que podríamos interpretar como un precoz alegato del decrecimiento. Sobre todo en la filosofía del personaje de Walter Huston. Como productor se compromete en dos alegatos abiertamente progresistas: a) Cayo Largo (ídem), que adapta la novela homónima de Maxwell Anderson y en la que encarna a un antiguo brigadista en España obligado a enfrentarse con unos gángsteres con mentalidad empresarial, y b) Llama a cualquier puerta (ídem), su primer encuentro con Nicholas Ray (con el que también hará En un lugar solitario (In a Lonely Place), que alcanzó notoriedad como un adelanto del subgénero del “negro”, conectado con los conflictos propios de la delincuencia juvenil; un film desigual totalmente bienintencionado (al final es la sociedad la que produce a estos jóvenes). Su punto más alto quizás sea el hombre por excelencia, con el que todo espectador temía que soñara su compañera, en La reina de África (USA, 1951), tal vez la película de aventuras más famosa de John Huston, y una de las más apreciadas: su reestreno a principios de los ochenta provocó grandes colas. Luego ya nada fue igual.

De reconocidas inclinaciones “rojas”, poco amigo de los convencionalismos de Hollywood, Bogart se erigió en portavoz del nutrido grupo de actores contrarios a la caza de brujas promovida por el senador McCarthy, y su foto junto con Lauren encabezando una manifestación de protesta es una de las más emblemáticas de una resistencia que, según la frase célebre y cruel de Orson Welles, claudicó por mantener sus piscinas. Lo cierto es que su tono inicialmente decidido cambió cuando se encontró en el centro de una campaña y de una presión muy fuerte de la Warner Brother, entonces titubeó y declaró que rechazaba el “comunismo” y que lo único que le guiaba era la defensa de las libertades. La derecha hizo sorna de sus declaraciones, y desde la izquierda se interpretó sus declaraciones como una genuflexión.

Aunque todavía trabajó en películas como las de antes, tales como la estupenda Sin conciencia (1951, realizada por Raoul Walhs aunque firmada por el ignoto Bretaigne Windust); un film trepidante en el que Bogart interpretó a un fiscal investigando a un peligroso criminal dejando en evidencia el enorme poder del crimen organizado en los USA, mientras que el FBI se dedicaba a perseguir a “los comunistas”; El Cuarto Poder (Richard Brooks, USA, 1952), una parábola sobre periodismo de investigación libre que aquí nos llegó por TVE; La condesa descalza (1954), realizada por Joseph Lou Mankiewicz a la mayor gloria de Ava Gardner, lo mismo que Sabrina (1954) lo sería para Billy Wilder con Audrey Hepburn … Se despedirá con Más dura será la caída (USA, 1956), lo mejor de Mark Robson, y que desentraña los sucios negocios que acompañan el mundo del boxeo. Pero antes ensució su nombre con dos títulos con los que los estudios obligaron a sus realizadores y actores a rendir pleitesía al orden establecido: a) El Motín Del Caine (USA, 1954), dirigido por el delator Edward Dmytryk y cuyo contenido haría las delicias de los próceres del franquismo: el estado psicótico de un capitán de navío no justificaba, antes al contrario, la existencia de un motín por parte de los mandos subalternos que quedan al final como unos meros ambiciosos, y b) Horas Desesperadas (USA, 1955) del liberal William Wyler; en la que una banda de malhechores ocupan la casa de una honrada familia burguesa que al final se ve obligada a utilizar la violencia en su propia defensa. Estos casi epílogos fueron un fiel reflejo de la acelerada decadencia del Hollywood. Por la misma época de la muerte de Bogart caerán también Gary Cooper, Spencer Tracy y Clark Gable, y en la década siguiente será el turno de John Ford, Alfred Hitchcock, Howard Hawks, etcétera, etcétera.

Pepe Gutiérrez-Álvarez es escritor y miembro del Consejo Asesor de VIENTO SUR

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04 PM | 03 Ene

El Colectivo te necesita.

Quienes seguís más de cerca las actividades de la asociación Colectivo Rousseau estáis al corriente del estirón, medio adolescente, que estamos queriendo dar. Por eso necesitamos vitaminas. Naturalmente se trata de un estirón cualitativo. Nunca seremos el más alto de la pandilla. Nos conformamos con ser el simpático, pilluelo y bien informado que siempre da en la diana. O, al menos, nueve de diez.

Pues el caso es que el cine, como actividad básica, se autofinancia, y por tanto en esa división nada que cambiar. En la Sala Juan Negrín seguiremos viendo películas invisibles en los circuitos comerciales al uso, por los módicos 3€ la sesión habitual, o por los 8€ de tarifa plana mensual.

Pero insisto, el estirón requiere vitaminas. Concretamente una dosis de 20€ anuales. Es la cantidad estimada y prescrita para financiar los pequeños gastos logísticos que acarrean las otras actividades, como “Tardes para el Diálogo”, el mantenimiento de la web, o los distintos actos culturales (recitales de poesía, conferencias, proyección de documentales) que si bien están amparados, normalmente, por las instalaciones de la Casa de Cultura, de todos modos ocasionan pequeños costes para producir carteles, u otra serie de gabelas.

Queremos tener socios que aporten esos 20€ anuales. Y a cambio, ¿qué? Me diréis. A cambio el orgullo y la satisfacción de contribuir al mantenimiento de una asociación con el prestigio y la capacidad de convocar y traer a nuestro pueblo el Homenaje a Blas de Otero, por ejemplo; o al resto de ilustres ponentes que pusieron su talento y su saber a disposición del Colectivo y de toda persona capaz de pensar que no solo de pan vive el hombre, y además se orienta en la vida por esa creencia.

En los próximos días la asociación abrirá una cuenta corriente en la que se podrán ingresar los 20€. Un ingreso único, y hasta el año que viene. El ingreso supone la inclusión automática en la nómina de socios. Es decir, la posibilidad de participar en la asamblea anual ordinaria, así como a disfrutar de todos los derechos contemplados en los estatutos.

Lo dicho. La cultura te necesita. El Colectivo Rousseau te necesita. Contribuye a dar el estirón.

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01 PM | 16 Dic

FALTARON NUESTROS HIJOS

Tardes para el debate 

Nota a la primera sesión                      ALFONSO PELÁEZ

Es justo agradecer al Ayuntamiento que haya cedido la biblioteca Manuel Andújar de nuestra venerable Casa de Cultura para reunirnos a debatir en un lugar digno.

Es justo agradecer a los presentes que salieran de casa bajo la lluvia para adentrarse en la incertidumbre de lo experimental.

Es junto agradecer la honestidad y la enjundia de casi todas las intervenciones. También la concisión. Y los deseos implícitos de los debatientes por convertir el intercambio en una síntesis superadora y útil.

El pasado miércoles, día 14, en la sesión inicial del proyecto  “Tardes para el diálogo” que promueve El Colectivo Rousseau se habló con conocimiento y respeto. Hubo aportes de ese saber que se abreva en los libros, pero sobre todo del otro, del que procede de las vivencias más auténticas y persistentes. Desconozco las biografías detalladas de cada uno de los contertulios, pero la percepción más palpable era la de unas fes muy maltrechas y defraudadas, pero nunca muertas, aun deseosas de que el futuro sea un poco más justo, más libre y más igualitario.

Los dos conceptos más evocados fueron populismo y socialdemocracia. Los ánimos de l@s vetan@s luchador@s parecen no estar ya para palabras más grandes, como progreso o revolución; qué le vamos a hacer.

El concepto populismo quema y casi cada cual lo soltaba nada más agarrarlo; pero sí que pasó de mano en mano en plan patata caliente. Otro día habrá que abordarlo con más arrojo y decisión.

En cuanto a Socialdemocracia, sin dejar de ser una palabra verdaderamente polisémica, en cambio, permitió a la concurrencia un manejo más cómodo y común, y a pesar de apuntes que la tildaron de fracaso, hubo, por lo general, un reconocimiento agradecido a los logros que durante cuarenta años tal acción política aportó a la mayoría social. Faltó, tal vez, concreción para llegar a la conclusión más terrible, a saber: que sus logros la están matando porque destruyeron la conciencia de clase de aquellos a los que favoreció.

Seguiremos reuniéndonos los segundos miércoles de cada mes. Y ojalá seamos más. Y más audaces intelectualmente. Y ojalá seamos capaces de girar el foco 180 grados. Es decir, del pasado al futuro. Cuando lo logremos, tal vez, quieran venir nuestros hijos.

Es una sensación mía, o el resto también echó en falta a los chicos.

 

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03 PM | 01 Dic

¿Está la respuesta flotando en el viento?

   I’am your man.  Homenaje de Colectivo Rousseau a Leonard Cohen

Miértardes4coles día 30 Casa de Cultura San Lorenzo de El Escorial

Si juzgamos por lo que sucedió ayer, a propósito de la proyección de I’am your man, en la Casa de Cultura, habría que desmentir al reciente Premio Nobel de Literatura. El aforo de la sala, un miércoles de diario, y los aplausos finales de la concurrencia vendrían a demostrar que la respuesta está en la voluntad de la gente, que quiere y responde cuando se le ofrece. No flotando en ninguna parte.

La asociación cultural Colectivo Rousseau había propuesto el visionado de este documental como sencillo homenaje a la memoria de Leonard Cohen y la afición respondió contundente. Pero la historia viene de atrás. El Colectivo, por el que han pasado mucho personal y cantidad de propósitos –buenos, regulares y detestables algunos- y permanecido sin embargo, siempre, su alma mater, tiene detrás una historia de más de dieciséis años batallando contra viento y marea para acercar y disfrutar la cultura. Sí, la cultura. ¿Alguien tiene miedo? La cultura. Esa cosa que mejora a las personas. En nuestros pueblos hay quien conoce de cerca la labor del Colectivo, y hay quien la desconoce. Y hay quien la mira con desconcierto, Y hay, incluso, quien la ve con cierta prevención. Pero la labor queda. Por ejemplo, durante el último año en San Lorenzo ha estado gente muy notable, que dejó su saber sobre temas tan variados e interesantes como “el Dret a Decidir” (memorable exposición del amigo letrado García Regueiro); un homenaje al filósofo Manuel Sacristán; una excelente conferencia sobre el teatro a cargo de Sergio Santiago; o la presentación de dos libros, uno de Germán Cano, Fuerzas de Flaqueza, y otro la novela Antaño en Paramoñano, de nuestro amigo Alfonso Peláez; hablamos del  o TTIP, con Jorge Brocato;también de Ulrich Beck,  y salimos muy contentos con el homenaje a Blas de Otero, con una excelente exposición de Antonio Chazarra que hemos colgado en Descargas de la sección de poesía, para que todos puedan leerla. Todos  desgranaron sus ideas, aquí, gracias al “Rousseau”.

Actualmente, el Colectivo quiere impulsarse y crecer. En actividades y en alcance. Queremos hacer más cosas y queremos llegar a más gente. Con independencia y con el espíritu libre. Con más cine “invisible”; con más conferencias de hombres y mujeres prestigiosos; con más documentales sobre cualquier tema relevante; y, como novedad, desde el 14 de diciembre, todos los segundos miércoles de cada mes en la antigua biblioteca “Manuel Andújar” con Tardes para el diálogo. (ir a descargas) Un foro abierto en el que debatir con libertad y sin prejuicios sobre cualquier idea que sea digna de controversia intelectual. Y todo ello, por qué. Porque la respuesta no está flotando en el viento sino en las ganas y en la voluntad de las personas. Decía Cohen que hay que abrir grietas para que entre la luz, nosotros queremos que entre la luz y además, cómo no, agrietar un poco el capitalismo, como nos recomendaba John Holloway.

 

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04 PM | 09 Nov

El cuento de los Tres Monos Sabios de Nikkô – 日光東照宮の三猿の物語

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Los famosos Tres Monos Sabios japoneses (三猿 – sanzaru) se encuentran en el Templo Tôshôgû de Nikkô (日光東照宮).El Tôshôgû, es el mausoleo de Tokugawa Ieyasu, fundador del shogunato Tokugawa. El Templo está formado por varios edificios decorados y en uno de ellos se encuentra la escultura de madera de los Tres Monos de Nikkô, conocidos como (de derecha a izquierda): Mizaru (見ざる – el que no ve), Iwazaru (言わざる – el que no habla) y Kikazaru (聞かざる – el que no escucha).

En el mundo hay muchas esculturas de los monos sabios, en algunos países son tres y en otros cuatro y las explicaciones son diferentes. Hoy no pienso contar la historia de todas las esculturas de monos del mundo ni tampoco pienso explicar la historia del origen de los grabados japoneses.

La mayoría de los que visitan el Tôshôgû de Nikko, se fijan sólo en la escultura de los tres monos sin saber ni conocer la historia de esas figuras de madera. Dentro del círculo blanco de la foto de abajo se encuentran los tres monos, y podrán ver que hay más esculturas.

Hoy me gustaría compartir con todos ustedes, la historia de esos 8 grabados de madera llamados los Tres Monos del Templo Tôshôgû, que cuentan la historia del ciclo de la vida de los seres humanos.

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La madre con su hijo, mirando lejos queriendo saber el futuro de su retoño.

Cuando son muy pequeños, no es necesario que miren, digan o escuchen cosas malas, porque todavía no pueden decidir ni diferenciar lo bueno de lo malo; con el tiempo aprenderán a ser prudentes.

El hijo pensando en independizarse.

Jóvenes pensando en el futuro (la nube azul de la derecha significa el futuro)

Tratando de animar a uno de los amigos que está pasando un mal momento.

¿Qué es el amor? …

Casados, y tratando de superar los problemas (olas azules) de la vida

Imagen de una futura madre, la llegada de una nueva generación … y la historia se repite volviendo al grabado de la madre con el hijo.

PUBLICADO POR NORA

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