Jean Jaques Rousseau es el Newton del mundo de la moral.
Inmanuel Kant
(Encima de su mesa de trabajo estaba colgado un retrato del ginebrino,
al que tanto admiraba)
En un país como el nuestro donde tanto peso tiene la desidia, donde el pulso intelectual es tan bajo y donde la vida política parece agotarse en descalificaciones, ocurrencias y un preocupante desconocimiento de la realidad histórica, el Centenario del nacimiento de Enrique Tierno Galván está pasando como de puntillas y pocas son las instituciones y los medios de comunicación que se han ocupado de la importancia y actualidad de su pensamiento. ENTRELETRAS si le ha dedicado una atención pormenorizada y continuará analizando la trascendencia de su pensamiento en el futuro.
Naturalmente, las ideas y el coraje cívico de Tierno Galván hay que contextualizarlo. Tenía una gran preparación intelectual y supo enfrentarse a la dictadura con energía, tesón e inteligencia. No serán pocos, quienes recuerden que una serie de autores clásicos estaban prohibidos, mal vistos o incluidos en el infamante INDEX, tal era desde luego, el caso de J.J. Rousseau.
En una fecha tan temprana como 1966, la Editorial Taurus publicó El contrato social o Principios de derecho político. Enrique Tierno se ocupó de la edición de este texto que sólo circuló en ambientes reducidos. Un poco más tarde, en 1969, se reeditó, esta vez con un magnífico prefacio de Tierno Galván, del que nos ocuparemos más adelante.
En esos años todavía no se manifestaban con claridad los anhelos democráticos que eran severamente yugulados, sin embargo, la convicción de mantener viva la llama para crear la condiciones del advenimiento de un régimen democrático estaban presentes en determinados intelectuales como Tierno. Eran tiempos oscuros, parecía que aquel estado de cosas se prolongaba indefinidamente… las expectativas incumplidas se acumulaban.
Pese a esto, Tierno parecía ser consciente de que si la determinación es firme todos los caminos son también un rodeo. Las ideas, firmemente arraigadas, procedentes del Proyecto Ilustrado tenían el suficiente vigor para resistir la erosión del tiempo muerto.
En el prefacio al que hemos aludido, Tierno tantea y sabe asumir riesgos arrojando preguntas en cuya respuesta se contiene, nada menos, que el esbozo de un plan de acción. Una de estas preguntas puede ser ¿Por qué en España los clásicos son tan actuales? Es difícil no advertir su ironía así como una velada -o no tan velada- crítica a la indigencia y al adanismo de la vida intelectual de aquellos años.
Enrique Tierno va más allá. Advierte con finura analítica, que entre nosotros, las traducciones de El contrato social sirven de termómetro para conocer el pulso político del país. En las épocas de cerrazón y oscurantismo, que han sido las más numerosas, han predominado las prohibiciones, la censura y el más acendrado inmovilismo. En tanto que en las épocas de apertura han circulado con profusión las obras de pensamiento político y El contrato social ha merecido una atención notable y rigurosa.
No es casual, por tanto, que Antonio Zozaya perteneciente al círculo de Francisco Giner de los Ríos lo incluya en su colección de Obras Filosóficas, en su afán por dar a conocer y comentar las ideas de más calado que circulaban por Europa. Tampoco puede extrañarnos lo más mínimo, que Menéndez y Pelayo rechace y descalifique el pensamiento rusoniano y considere su influencia profundamente negativa. A don Marcelino todo lo que sonaba a heterodoxo le producía urticaria y el pensamiento de Rousseau es el más heterodoxo de la Ilustración.
Curioso, muy curioso es a este respecto el discurso o mitin de José Antonio Primo de Rivera en el Teatro de la Comedia. Considera a Rousseau nefasto y lo hace culpable de las amarguras políticas de España. Por eso, no es de extrañar que algunas obras del ginebrino, entre las que se incluyó El contrato social, fueran quemadas públicamente al final de la Guerra Civil. A estos autos de fe con reminiscencias nazis siguió un largo periodo en el que el pensamiento del ginebrino fue censurado y silenciado.
Ha llegado el momento de exponer algunas de las aportaciones decisivas que Rousseau ha hecho al pensamiento político. La primera, que me parece de calado, es que incorpora al léxico de la Filosofía Política un concepto tan relevante como el de voluntad general, que es nada menos que el antecedente del Imperativo Categórico Kantiano. Lo mismo sucede con el de alienación, tan relevante en el pensamiento marxiano. Hegel lo tomó del ginebrino y de él pasó a Feuerbach y al joven Marx al que, también, hay que prestarle más atención de la que hasta ahora se le ha dispensado.
Desde mi punto de vista, a Rousseau no siempre se le ha entendido bien. Se le suele incluir dentro del contractualismo, lo que es innegable. Sus teorías son precursoras de la democracia directa siempre que sea posible.
A menudo, se le considera un pensador ingenuo. No lo creo. Lo que no siempre se especifica con claridad es que El contrato social es una hipótesis, una conjetura que no se fundamenta en la historia y que pertenece por derecho propio al futuro.
Son relevantes sus diferencias con otros pensadores contractualistas como Hobbes, para quien la sociedad solo era posible si el individuo renunciaba a sus derechos en pro de una convivencia pacífica. Es decir, cambiaba libertad por seguridad. Es curioso constatar hoy mismo como desde ciertas instancias se nos pide que renunciemos a parte de nuestras libertades en pro de la seguridad ante la amenaza terrorista.
Lo que parece obvio es que entregar a otros nuestra libertad es perderla y entrar en un ámbito netamente reaccionario y autoritario. Frente a este estado de cosas reacciona Rousseau constituyendo y construyendo el cuerpo social. El único soberano es el pueblo y el gobierno es un simple ejecutor de las leyes que el pueblo se da a sí mismo. En el modelo político de Rousseau el pueblo aparece como sujeto y objeto del poder soberano, en un inequívoco funcionamiento de abajo a arriba.
El ginebrino ha sido interpretado desde diversas ópticas, que van desde los totalitarismo hasta el pensamiento libertario. Sugiero que se lea su Proyecto de Constitución para Córcega, aunque los avatares históricos y políticos impidieran que llegara a plasmarse. Creo que también puede fundamentarse y sostenerse que es un precursor de la democracia social y del socialismo democrático. Soy consciente de que el pensamiento de Jean Jaques Rousseau es, en no pocos aspectos, ambiguo y poliédrico. Quizás sea esa su riqueza y aquello que posibilita que siga resultando vivo y atractivo en este presente incierto y crepuscular. Me gustaría, no obstante, recordar sus opiniones y textos sobre el reparto desigual de la riqueza y la serie concatenada de medidas que sostiene en pro de la igualdad social.
Rousseau es demoledor con respecto al origen divino de las instituciones políticas y se niega a esgrimir otra fuente de legitimidad que no sea la del pueblo soberano. A este respecto, creo que sería útil, echar un somero vistazo a Constituciones europeas y americanas, aun vigentes, para comprobar cómo el espíritu del absolutismo sigue colándose por determinados resquicios e impidiendo una democracia efectiva e igualitaria.
Estas reflexiones van tocando a su fin. Fue Walter Benjamin quien nos dio un aviso con estas proféticas palabras que no han perdido actualidad… “El aburrimiento es el pájaro de ensueño que encuba el huevo de la experiencia”, quizás, por eso, me sigue fascinando Rousseau. Merece la pena confiar en quien está dispuesto a extraviarse conscientemente en su propio laberinto.
Hoy, en España, urge renovar las estructuras políticas para adecuarlas a la realidad. Se hace cada vez más precisa, una reforma de la Constitución del 78 que actualice y dé un nuevo marco de legitimidad a la convivencia entre los ciudadanos. Hay que sustituir, con cierta urgencia los aspectos envejecidos y caducos que han quedado obsoletos. Considero, que hay pasos ineludibles que dar en el ámbito de la igualdad y, también, en lo que concierne a proteger y salvaguardar nuevos derechos para robustecer unas condiciones de vida con un mayor grado de justicia social.
Una aspiración que duerme el sueño de los justos, imprescindible para transitar por una senda de tolerancia y progreso social es apostar, sin ambages, por una solida formación científica de la ciudadanía, respetuosa a un tiempo con los ideales del humanismo y una educación cívica y moral que convierta a los ciudadanos en garantes de unos sólidos principios y valores democráticos.
53/05(14/04/14) Hace 60 años, el 26 de abril de 1954 se estrenó en Japón una d
e las Obras Maestras más influyentes de la Historia del Séptimo Arte, la Monumental Épica creada por el genial Akira Kurosawa, film imbuido de un romanticismo exacerbado, una grandiosa aventura, un grupo de perdedores Ronins (samuráis sin señor), defendiendo una mísera aldea labriega de un grupo de bandidos hambrientos, por la patética recompensa de comida y techo, de este simple argumento AK hace brotar una Epopeya cumbre, revestida de melancolía, esperanza, retrato social, lucha de clases, heroísmo, Obra Imperecedera que te calará indeleblemente, si no es así te compadezco.
El escenario es el Japón feudal del SXVI, la era Sengoku Jidai, la cinta está dividida en tres tramos, en el primero se da el reclutamiento de samuráis, esta forma de leva ha sido copiada en muchas cintas, siendo esta la primera y genuina en afrontarlo. En el segundo, una vez en la aldea las dos clases sociales, los agricultores y los samuráis tendrán múltiples choques, los labradores consideran a sus defensores un mal menor y poca simpatía les tienen, llegan a ocultar a sus mujeres por miedo a ellos, esto mientras adiestran los contratados a los labradores para la batalla, además de fortificar la aldea. Esta parte es de gran importancia para ahondar en las personalidades de los protagonistas, trazándose entre ellos fuertes lazos de unión. El tercer tramo, aquí la acción se desencadena en un increscendo apoteósico desbordante de lírica visual, las luchas y las bajas se suceden hasta su desgarradora batalla final, un Hito del Séptimo Arte su Antológica ambientación en medio de la lluvia y del fango, reflejan que las Puertas de la Muerte se han abierto, muchos la cruzaran. Y llegamos a su poético y melancólico epílogo, Sublime y Estremecedor.
Los Míticos 7 Samuráis son:
-Kambei Shimada, carismático líder del grupo, curtido en mil batallas (perdidas), se ríe de haberse escondido en una batalla, gran estratega, de afable sonrisa, y con gesto recurrente de frotarse su escasa cabellera en señal de pensar concienzudamente, es la voz de la cordura.
Takashi Shimura lo interpreta con majestuosidad, su presencia inunda la pantalla, es la sabiduría, la nobleza, EL LÍDER.
-Kikuchiyo, o al menos así lo conoceremos, su verdadero nombre no lo sabremos, es el último en incorporarse, Kambei lo descartó por fanfarrón y mentiroso, los sigue hasta aldea y allí se une a ellos. Un borrachín visceral y bravucón, como símbolo de su alta autoestima lleva una espada enorme. Es un destacable elemento cómico con su fanfarria gesticulante, siendo ídolo para los niños de la aldea que le siguen, buenísimo el gag en que monta a caballo diciendo que es un gran jinete, no es capaz de dominarlo, viéndolo desaparecer tras un seto en el equino y volviendo a salir ya bajado corriendo tras él, hilarante. Evoluciona dejando traslucir su pasado remanente de familia labradora, y pasando del inicio payasil a el final en que es un Samurái, por su sobrecogedora valentía, su zenit en una Gloriosa escena. El gran Toshiro Mifune le dota de una poderosa personalidad, lo impregna de matices, de bordes, de empatía, de energía, de electricidad, de vitalidad, y esto combinado con la melancolía que transparenta en varias impresionantes escenas, como el trémulo soliloquio que espeta a los ronins sobre por qué los campesinos los temen, y acaba achacando a los samuráis que lo han provocado años de padecimiento causado por su violencia, el otro momento es cuando sostiene a un niño malherido y solloza entre gritos que el chico es él, desgarrador. AK utiliza este personaje para reflejar se puede ser Grande en honor y valentía partiendo de humildes entornos.
-Katsuhiro Okamoto, un ingenuo aspirante a samurái, hijo de terrateniente, dejó su plácido hogar en contra de su familia para hacerse samurái. Tras ver en acción a Kambei se hace un fiel y abnegado discípulo de él, más tarde se sentirá magnetizado también por Kyuzo tras una misión, dedicándole una mirada obnubilada. Tendrá un romance con la hija, Shino (buena Keiko Tsushima), de un agricultor. Isai Kimura lo interpreta con dulzura cándida, con amaneramiento cercano a lo afeminado, esto lo remarca AK con planos tan ambiguos como verlo jugar con flores y tumbarse sobre ellas en una bellísima imagen, viéndose casi más enamorado de Kyuzo que de Shino. El resto quedan más en segundo plano, aunque no por ello están desdibujados:
-Kyuzo, un estoico ronin, humilde, sosegado, disciplinado, contemplativo, hierático, introvertido, dedicado en cuerpo y alma al arte de la lucha, el más experto de los samuráis, un Samurái de Leyenda. Seiji Miyaguchi lo encarna con un aura cuasi-divina, su rostro emite hidalguía, confianza, arrojo, estupendo lenguaje gestual, Colosal en la secuencia en que va a robar un mosquete a los malos, se produce una elipsis y tras un tiempo lo vemos aparecer en el bosque entre la bruma con andares tranquilos y con el arma en la mano, lo entrega y como si nada se sienta a dormir, Glorioso.
-Gorobei Katayama, arquero experto, lugarteniente de Kambei, ayuda con sapiencia a la estrategia. Yoshio Inaba le da vida con sobriedad, serenidad, templanza y carisma, gran momento en el que muestra la bandera y la describe.
-Shichiroji, antiguo compañero de Kambei, veterano guerrero, ayudará con su experiencia. Daisuke Kato lo dota de valía.
-Heihachi Hayashida, no destaca en la lucha, su don de gentes y encanto le hacen un lugar en el Olimpo de los Samuráis. Minoru Chiaki lo baña de sutilidad cómica.
A Kurosawa no le interesa retratar a los bandidos, no quiere darles alma, son meros depredadores en busca de débiles, solo sabemos que atacaran por hambre, es la clásica lucha del Bien contra el Mal.
Guión del propio AK, Hideo Oguni (“Vivir”) y Shinobu Hashimoto (“Rashomon”), AK dirige con ritmo fluido y con intensidad soberbia, sabe mezclar épica, intimidad, humor, amor, un Maestro en la Cima.
La Brillantez de AK juega con con la acción, la crítica social, el drama, la risa, la ironía, el cinismo, el patetismo, la tristeza, logrando secuencias conmovedoras. Toca temas Universales como la amistad, la lealtad, el altruismo, el coraje, el sentimiento del deber, el honor, la nobleza de espíritu, el nihilismo, los estratos sociales, el ocaso de un tiempo en que las nobles katanas son superadas por las impersonales armas de fuego (varios de los samuráis caen por el mosquete), profundizando con perspicacia en la Naturaleza Humana. Los personajes están maravillosamente delineados, con aristas, defectos, virtudes, valentía, miedos, anhelos, cada uno tiene su tiempo para lucirse, no solo los samuráis, también los aldeanos secundarios enriquecen en su vasto metraje la Obra con su tremenda humanidad. AK trasluce su visión en contra del Dogmático código samurái, desde el inicio, mostrando a Kambei, el líder, cortando su “sagrada” coleta, símbolo del Honor, ello para salvar a un niño, denota su pragmatismo lejos de ataduras del Bushido, incluso algunos de los ronins reconocen que lo importante es sobrevivir aunque para ello tuvieran en el pasado que huir y esconderse del enemigo.
Sensacional su naturalista puesta en escena fruto del diseñador de producción Takashi Matsuyama con la hermosa aldea rural enclavada en el frondoso valle, a esto se añade la elegiaca lluvia de la batalla final provocando un escenario fangoso salido del Averno. Uno de los hitos con los que AK asombró fue con su vibrante e innovador estilo visual a lo que ayudó la avezada fotografía de Askazu Nakai, rodando a la vez con 3 cámaras para las fastuosas batallas, una para los planos cortos, otra para los medios y la tercera para los generales, con este método hacia más fluida la acción. Innovó con la cámara lenta en escenas de violencia, remarcando la tensión y la congoja, espectacular cuando Kambei se introduce en el establo para salvar a un niño, hay un fuera de campo asfixiante, irrumpe con brío en el exterior el bandido en slow, el tiempo se detiene, no sabemos que ha sido de Kambei, el bandido cae lentamente de bruces al suelo muerto, levantando una espesa polvareda, esto realza la Épica, Descomunal. Además el cinematógrafo alcanza niveles epicúreos jugando con los claroscuros, la contraluz, ejemplo la primera escena con la aparición espectral de los malhechores sobre una colina, creando momentos de gran belleza, sugestivos planos intimistas y sugerente en las luchas, hay mínimos cortes con admirables planos generales, en los diálogos suprime el plano contraplano, dotando de veracidad las charlas, sabiendo mostrar reverencia el objetivo con los samuráis al tomarlos en multitud de ocasiones en contrapicados para engrandecer su figura, incluso jerarquizando la pantalla con el líder Kambei siempre en primer término, Sublime. Formidable es la coreografía de las mareas humanas, dirigidas por Yoshio Sugino, bebiendo del kabuki y empapando de realismo los cruentos enfrentamientos. Y todo estas excelencias adornadas por la enervante y Épica música de Fumio Hayasaka, ayudando a encauzar sentimientos, y remarcando el tono Homérico del relato, y maximizando la emotividad, Excelente.
Film MÍTICO, con torrente de valores. Fuerza y honor!!!
Spoiler:
El Epílogo es de una honda carga, la aldea ha sido salvada, los labradores felices celebran el trasplante de arroz, con flautines y taiko (tambor nipón), todo es alegría entre los campesinos, y entonces aparecen los ronins supervivientes, Kambei, Shichiroji y Katsuhiro que los observan en un Estremecedor plano, sobre ellos, en una ladera las tumbas de los 4 samuráis muertos en sacrificio por el poblado, Heihachi, Gorobei, Kyuzo y Kikuchiyo, sus tumbas coronadas por sus katanas, y más en alto el sol como un aura Deídica, entonces con amargura Kambei sentencia <Otra vez hemos perdido, los labradores son los vencedores, no nosotros>, es su sino.
La Masacre de Ludlow fue un ataque de la Guardia Nacional de Colorado y guardias de Colorado Fuel and Iron Company en una colonia de carpas de 1.200 mineros y sus familias en Ludlow, Colorado , el 20 de abril de 1914. Alrededor de dos docenas de personas, incluyendo esposas de mineros y niños, fueron asesinados.El principal propietario de la mina, John D. Rockefeller, Jr. , fue ampliamente criticado por el incidente.
La masacre, el evento seminal en las Guerras del Carbón de Colorado resultó en la muerte de 25 Las muertes ocurrieron después de una pelea de un día entre la milicia y los guardias del campo contra los trabajadores en huelga.Ludlow fue el incidente aislado más mortífero en la huelga del carbón del sur de Colorado, que duró desde septiembre de 1913 hasta diciembre de 1914. La huelga fue organizada por los mineros contra las compañías mineras de carbón en Colorado.Las tres compañías más grandes involucradas fueron la compañía Colorado Fuel & Iron Company propiedad de la familia Rockefeller , Rocky Mountain Fuel Company y Victor-American Fuel Company.
En represalia por Ludlow, los mineros se armaron y atacaron decenas de establecimientos antisindicales durante los siguientes diez días, destruyendo propiedades y participando en varias escaramuzas con la Guardia Nacional de Colorado a lo largo de un frente de 40 millas desdeTrinidad hasta Walsenburg .[2] Toda la huelga costaría entre 69 y 199 vidas.Thomas G. Andrews lo describió como el «ataque más mortífero en la historia de los Estados Unidos», comúnmente conocido como la Guerra de los Coalfield de Colorado .
La masacre de Ludlow fue un momento decisivo en las relaciones laborales estadounidenses.El historiador Howard Zinn describió la masacre de Ludlow como «el acto culminante de quizás la lucha más violenta entre el poder corporativo y los hombres trabajadores en la historia de Estados Unidos».[4] El Congreso respondió a la protesta pública dirigiendo al Comité de la Cámara de Minas y Minería para investigar el incidente. Su informe, publicado en 1915, fue influyente en la promoción de las leyes de trabajo infantil y una jornada laboral de ocho horas.
El sitio de Ludlow, 18 millas al noroeste de Trinidad, Colorado , ahora es un pueblo fantasma .El sitio de la masacre es propiedad de United Mine Workers of America, que erigió un monumento de granito en memoria de los mineros y sus familias que murieron ese día. El sitio de Ludlow Tent Colony fue designado Monumento Histórico Nacional el 16 de enero de 2009 y dedicado el 28 de junio de 2009. La investigación arqueológica moderna apoya en gran medida los informes de los huelguistas sobre el evento.
En una remota región rural de Hungría azotada por el viento y la incesante lluvia,unos pocos miembros de una fallida cooperativa agrícola llevan una vida anodina en un pueblo ya casi fantasmal mientras aguardan impotentes a que un milagro les devuelva el futuro. Hasta que un día reciben la noticia de que, en la carretera que conduce a la aldea, se ha avistado al astuto y carismático Irimiás, desaparecido años atrás y al que daban por muerto. Su simple reaparición infundirá esperanzas en la pequeña comunidad de vecinos, pero también desencadenará acontecimientos desconcertantes y les revelará aspectos que tal vez habrían preferido ignorar. Paródica y mordaz, esta magnífica novela sobre los avatares de la esperanza y el valor de las promesas inspiró la película de culto de Béla Tarr y ya es hoy un clásico contemporáneo.