Análisis de Películas

11 PM | 14 Feb

ADIOS TIERRA FIRME

Seguramente muchos cinéfilos conocen el cine de otra Iosseliani de oídas o mejor de leídas, puesto que en informaciones de revistas sabían de la obra de este cineasta casi siempre presente en los festivales. Pero en nuestro país nada se había estrenado. Hace un tiempo se pudo ver en un pase-sorpresa por La 2 un filme suyo, Los favoritos de la luna. También en algunos de nuestros pequeños festivales se exhibió alguno que otro de sus filmes. Parece ser que en la próxima edición de San Sebastián se le va a realizar un retrospectiva de toda su obra.

En esta película francesa firmada por este cineasta nacido en Tbilisi-Georgia (la misma ciudad donde Stalin fue seminarista) de fuertes ideas marxistas, pero después desencantado, exiliado adoptado galo, se presenta una vez más un tema muy querido por el cine de nuestro país vecino: el fustigamiento de la familia burguesa y el elogio de la vida natural, de la vida de la gente corriente de la calle y la exaltación (¿anarquista?) de los “clochards” de los mendigos profesionales. Es una película de interpretación coral, de múltiples personajes, con un sentido del humor muy francés,  que a veces se escapa al espectador y que incide sobre todo en la vida de los adolescentes y los jóvenes. El título ¡Adiós, tierra firme! (expresión tomada de la conversación común de los marineros que se sienten felices al abandonar el puerto y luego echan de menos las comodidades y los placerse de la tierra firme) se refiere a esos deseos de ruptura de los adolescentes hacia la vida fácil que le ofrece su familia protectora, pero cuyas amarras nunca llegan del todo a romper y que a la postre se convierten en seguro salvavidas cuando las cosas se ponen feas o cuando el cansancio de la novedad les hacen regresar al vilipendiado pero calentito hogar paterno.

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04 PM | 14 Feb

Otar Iosseliani: el humor subversivo

El domingo 17 de diciembre  de 2024 falleció a los 89 años el director de cine Otar Davidovich Iosseliani, creador de más dieciocho obras, tanto en la pantalla grande como para la televisión. Reconocido por su discurso inconformista.

Nacido en Tbilsi, capital de Georgia, el 2 de febrero de 1934, a los 16 años da sus primeros pasos en el séptimo arte, desde la escuela VGIK de Moscú. A sus 24 años presenta el cortometraje (de diez minutos de duración) titulado Acuarela. Allí cuenta el escape de un hombre pobre de su hogar y como accidentalmente termina visitando una exposición de arte, y allí descubre su casa, pintada en un cuadro. “…como las sociedades en crisis convierten lo indigno en un trabajo de misericordia. El arte su pretensión como herramienta apaciguadora de un mundo desequilibrado” (Film Affinity, 16/12).

Al año siguiente presenta el cortometraje El Canto de la Flor Imposible de Encontrar donde narra con bella música e imágenes (y muy pocos diálogos) la transcurrencia de un viejo paisajista, realizador de coronas florales. La aparición de flores exóticas en su poblado y como el asfalto las aplasta, para dar paso a una nueva ruta. Poco tiempo después la carpeta negra y gris se resquebraja y reaparece la hierba. El hombre es el único animal que puede transformar la naturaleza para su beneficio, pero en su lugar, con la llegada del capitalismo y el imperialismo, la fue destruyendo y depredando. Pero la naturaleza resiste. Como dijera más adelante el Che Guevara “podrán cortar las flores, pero nunca podrán con la primavera”.

Abril (1961). Aquí nuevamente la idea de invasión aparece en la obra de Otar (presente en gran parte de su carrera, como forma de relatar su propia existencia). En media hora describe la intimidad de una pareja de Tbilisi, interrumpidos por personas que los instruyen en los usos y costumbres de la vida privada. Una visión grotesca y caricaturesca del concepto de la propiedad privada, bastión del capitalismo.

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04 PM | 12 Feb

la mejor juventud, segunda parte

La meglio gioventù 2Director: Marco Tullio Giordana. Guión: Sandro Petraglia y Stefano Rulli. Intérpretes: Luigi Lo Cascio, Alessio Boni, Adriana Asti, Sonia Bergamasco, Fabrizio Gifuni, Maya Sansa, Valentina Carnelutti, Jasmine Trinca. 184 min. Jóvenes-adultos.

La primera parte de esta miniserie televisiva italiana supuso una de las mejores películas de la temporada  Al completo se convierte definitivamente en una de las producciones europeas más interesantes de los últimos años. Resultan justos el Premio «Una cierta mirada» en el Festival de Cannes 2003 y los seis David de Donatello 2004.

Las vicisitudes de los protagonistas reflejan las transformaciones de la vida política y social italiana, desde el terrorismo de las Brigadas Rojas a la situación actual. En esta segunda parte, la acción transcurre entre 1982 y 2003, tiempo en el que evolucionan los dramas esbozados en la primera parte. El psiquiatra Nicola, menos ideologizado, intenta rehacer su vida con su despierta hija Sara y afronta valientemente su posible responsabilidad en los actos criminales de su esposa, que se ha convertido en activista de las Brigadas Rojas. Matteo, el depresivo hermano de Nicola, se adapta malamente a su nuevo destino en los grupos policiales antiterroristas y reencuentra a Mirella, la fotógrafa aficionada que conoció en Palermo. Por su parte, las dos hermanas Carati se enfrentan a otras dificultades: la amenaza terrorista contra el marido economista de Francesca y la ofensiva de la Mafia siciliana contra la judicatura italiana, de la que Giovanna forma parte.

Como en la primera entrega, cabe reprochar leves defectos técnicos en la realización en vídeo digital y una cierta superficialidad al afrontar el catolicismo italiano. Pero estos defectos pesan poco ante el despliegue de buen cine que llena la película. A sus 53 años el milanés Giordana («Cita en Liverpool», «Pasolini, un crimen italiano») se luce en la dirección de actores, especialmente brillante con los intérpretes infantiles y con Maya Sansa, una Mirella que cobra protagonismo. Al ritmo de una música espléndida, Giordana hilvana las alegrías y tragedias de los personajes con una fluidez narrativa y una capacidad emocional sorprendentes, cimentadas sin duda en la hondura de su mirada y en el respeto con que trata a todos sus personajes.

Ese respeto no significa neutralidad moral, pues, sin renunciar a la sutileza, Giordana acaba juzgando las conductas de los personajes. Se agradece la valentía de la condena de la corrupción política en Italia, de la tiranía de la Mafia y del recurso a la violencia y al terrorismo por parte de los grupos de ultraizquierda (un asunto bien conocido por Fontana, que ya trató en «Amar a los condenados»). Con todo, lo que más se agradece es el optimismo de Giordana respecto a las nuevas generaciones y su reivindicación de la moralidad personal, el civismo, la solidaridad y la unidad familiar -a pesar de los pesares- como los auténticos impulsores del progreso social.

Jerónimo José Martín

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09 PM | 07 Feb

La mejor juventud, primera parte

Nos encontramos ante el retrato lúcido y desencantado de una familia italiana a lo largo de cuarenta años de historia de ese país. Más concretamente de la familia Carati, que está representada por los hermanos Nicola (Luigi Lo Cascio) y Matteo (Alessio Boni). A ambos les unen los mismos sueños de juventud, hasta el día en que, decepcionados por el resultado de una experiencia personal que no vamos a desvelar, cada uno busca su propio camino. Mientras que el primero entra a formar parte de los florecientes movimientos juveniles, el segundo, un hombre culto pero necesitado de una cierta disciplina, decide ingresar en el cuerpo de policía. A partir de ese momento, sus respectivas vidas se van enriqueciendo al conocer a diversos personajes. Cada uno de ellos forma parte del amplio escenario social que en mueve en ese telón de fondo llamado Italia, en el que ciertas canciones marcaron esa época, y los triunfos conseguidos por la selección italiana de fútbol tuvieron tanta importancia para los habitantes necesitados de alegrías.

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10 AM | 31 Ene

Sean Baker, el director del lado oscuro del sueño americano: “EE UU no es como lo vemos en el cine”

Con ‘Anora’, ganadora de la última Palma de Oro en Cannes, el director estrena su quinto largometraje protagonizado por trabajadores del sexo. “Si ser ‘indie’ significa que posees todo el control de tu obra, seré siempre ‘indie”, anuncia

Sean Baker
Retrato promocional del director Sean Baker.UNIVERSAL

A Sean Baker le da miedo la figura de Eloy de la Iglesia. Que un director maldito de la Transición —el hombre que retrató la ola de destrucción y malditismo que la heroína provocó en las alcantarillas de la cacareada Movida— asuste al último ganador de la Palma de Oro de Cannes, un cineasta indie de alma neoyorquina, es una señal de las sombras que esconde Baker. “En la Universidad de Nueva York no nos llegaba ese cine español. Lo he descubierto hace unos cinco años y me siento más alineado con él que con Fellini”, cuenta. “Su personalidad me recuerda a la de Pasolini, y me han contado que su adicción a las drogas se originó a partir de su interacción con los actores. Eso me da miedo porque yo estuve enganchado. Tuve problemas con las drogas, fui adicto a la heroína a finales de los noventa, cuando yo era un veinteañero. A veces me asusto cuando me doy cuenta de que me acerco demasiado de nuevo a esos mundos. En una película tuve a una persona chutándose a mi lado. Uf”. Para ser un cineasta que no disfruta de las entrevistas, la confesión ha salido a borbotones.

El jueves 31 de octubre se estrena Anora, la quinta película en la que Baker (Nueva York, 53 años) cuenta con personajes relacionados con la prostitución o con el negocio del sexo. Y desde luego, no muy cercanos a la prostituta de Julia Roberts en Pretty Woman. “Creo que el público puede identificarse con personajes que no podrían soportar en la vida real. Y en mi caso, me gusta retratar personajes que persiguen el sueño americano y poner el foco sobre situaciones que Hollywood es incapaz de retratar bien”, apunta al sentarse en un sofá.

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