
EL «mal no existe», final explicado del tenso y meticuloso drama ecoterrorista del dire ctor de ‘Drive My Car’
Ryûsuke Hamaguchi ha dejado a muchos confundidos e incluso irritados con su enigmático final
Resulta extraño que el regreso de un director como Ryûsuke Hamaguchi, autor de una de las mejores películas del último lustro como es ‘Drive My Car’, haya tenido un lanzamiento algo discreto, e incluso que la mayor conversación haya ido en torno a su final. Un final que ha despertado mucha confusión, interpretaciones y hasta algo de rabia por su énfasis en terminar de manera más enigmática aún que su anterior película.
A partir de aquí spoilers de ‘El mal no existe’.
En muchos aspectos ‘El mal no existe’ se siente como un salto bastante importante para su director, que intenta experimentar con tasas de fotogramas poco convencionales y con esa manera de hacer un thriller ecoterrorista de cocción muy muy lenta. Hamaguchi intenta explorar contradicciones con su título de una manera muy contemplativa, y muy humanista, lo cuál hace más sorprendente ese arrebato final de violencia que realiza el personaje principal.
Un ciervo herido
Aun así, reevaluando lo visto tal y como pide el director, se puede llegar a una conclusión medianamente lógica de lo sucedido. La película nos presenta un conflicto de escala importante, donde una empresa quiere construir un complejo de campings de lujo, o “glamping”, en la zona rural de Mizubiki, e intenta ganarse el favor de los locales a través de reuniones. A pesar de las objeciones, que dos intermediarios designados trasladan a los superiores, queda claro que la empresa detrás de esto no tiene interés en un negocio sostenible, ni siquiera exitoso, sino que busca beneficiarse de subvenciones derivadas de la pandemia.
Con todo, los intermediarios buscan seguir ganándose la confianza de los ciudadanos de este pueblo rural, por lo que se ponen en contacto con Takumi (Hitoshi Omika), un leñador local que es viudo y cuida sólo de su hija Hana (Ryo Nishikawa). Este hombre, tranquilo y conectado con la naturaleza, parece el hombre clave para hacer de enlace.
Luego llegan la serie de secuencias que, intercaladas, causan la mayor confusión en la película. Hana desaparece, y uno de los intermediarios se une a Takumi para buscarla. Cuando la encuentran, su cuerpo se encuentra muerto en el campo, tras ser atacada por un ciervo. Takumi reconstruye en su mente cómo se ha producido este ataque, con Hana acercándose a unos ciervos heridos por unos disparos y estos reaccionando. Es entonces cuando Takumi ataca al hombre que lo acompaña hasta dejarlo muerto, procediendo luego a llevarse el cuerpo de su hija.
El ataque puede verse como una represalia contra la acción que la empresa o el progreso capitalista en general está causando en la zona, siendo el intermediario la víctima más inmediata por proximidad. En la película se nos explica que los ciervos no hacen daño a las personas, que sólo atacan cuando están heridos. Estos animales viven en un mundo donde, en efecto, el mal no existe, y es la acción humana la que altera un equilibrio que sólo se puede preservar con violencia. Hana termina siendo una víctima indirecta de este proceso de invasión del territorio, y a su padre sólo le queda atacar.
‘El mal no existe’, pero la humanidad sí
Pero hay otra serie de matices a tener en cuenta para interpretar este final. A lo largo de ‘El mal no existe’ vemos como Takumi aún está en proceso de duelo por la pérdida de su pareja, lo que le lleva a ser descuidado y no cumplir debidamente con sus obligaciones con Hana. Vemos como a menudo este se olvida de ir a recogerla al colegio, y esta debe en ocasiones recorrer el bosque para llegar a casa. En uno de esos trayectos se encuentra con este ciervo herido que termina causando su muerte. Cómo encontrar a su hija muerta hace que el protagonista reconsidere sus acciones hasta ese momento: «Creo que actúa por desesperación. En ese momento, creo que se da cuenta [al ver el cuerpo de Hana] de que no es capaz de ser el tipo de padre que quizá quería ser.»
En ese momento, Takumi se da cuenta. Él es otro ciervo herido, asolado por la pérdida, y sólo le queda actuar como el animal que ha matado a su hija. El ciervo no ataca porque ha identificado quien le ha hecho mal, simplemente está dañado y eso activa su primario instinto de supervivencia para evitar más sufrimiento.
El hombre herido sólo le queda el impulso de destruir, aunque sea a un pobre infeliz que sólo estaba haciendo el trabajo que una compañía no quería hacer directamente. Es un riesgo bastante importante el que toma Ryusuke Hamaguchi con este final, especialmente por cómo decide contarlo, pero es uno calculado que hace especialmente memorable una de las grandes películas del 2024.
Pedro Gallego, en la revista Spinof
Hannah Arendt, filósofa, pensadora y periodista, judía y exiliada en los Estados Unidos, estuvo durante cuatro años (entre 1960 y 1964) marcada por la controversia mientras estuvo trabajando y escribiendo un informe sobre el proceso Adolf Eichmann, un criminal de guerra nazi muy popular que fue arrestado por los israelíes en Argentina y más tarde fue juzgado y condenado a muerte en Jerusalén.
Arendt escribió el ensayo a lo largo del proceso, titulado Eichmann en Jerusalén: informe sobre la banalización del mal. Esta fue la primera de toda una serie de textos que fueron apareciendo en The New Yorker antes de que tomaran forma y se unieran en un libro. Este informe inmediatamente provocó un escándalo internacional.
La directora alemana Margarethe von Trotta (El honor perdido de Katharina Blum) escribe y dirige esta película protagonizada por Barbara Sukowa (Rosa Luxemburg), en la piel de Hannah Arendt, Axel Milberg, Janet McTeer (Tumbleweeds) y Julia Jentsch (Sophie Scholl. Los últimos días).

El guion es del propio director conjuntamente con Marc Abdelnour. Este filme narra el entorno de la novelista Violette Leduc (1907-1972) y su relación con Simone de Beauvoir que terminará marcando el rumbo literario de aquella. Claro está que, una vez consultado, hay varias distancias entre la realidad y lo narrado en el filme, pero esto es un derecho del director-guionista con tal de que logre hacer una buena película. Debo señalar que la cinta tiene muchos méritos estéticos, como el vestuario, un buen manejo de cámaras que se evidencia en los espacios cerrados, una acertada banda sonora, una actriz principal poderosa (aunque en ciertos momentos, la actriz que interpreta a Simone, por su juventud difícil de ocultar, no logra asimilar a la gran ensayista francesa en su madurez). Frente a la trama, considero que la mirada que nos ofrece, algo superficial y distante, ayuda a tener una noción general de Violette y las luchas feministas de su momento, sin caer en el cine-político ni mucho menos en el cine-género. Resalto, para reflexiones del espectador, el valor que es homenajeado en la película: la amistad agónica, aquella que se construye reconociendo los ires y venires de las personas, esto es, cimentadas sobre una filia no utópica sino humana. Simone pasa no como una Mecenas de Violette, cosa que implicaría relaciones de poder a la que ambas deseaban escapar, sino por una amistad construida en la entrega total y el desapego necesario. Es por ello que consideré, en su momento, que si bien las escenas giran alrededor de una Violette angustiada y con problemas de autoestima, la historia realmente tiene su centro es en Simone. Así las cosas, la recomiendo al espectador que exige un buen cine frente a sí.
«Resalto, para reflexiones del espectador, el valor que es homenajeado en la película: la amistad agónica, aquella que se construye reconociendo los ires y venires de las personas, esto es, cimentadas sobre una filia no utópica sino humana. Simone pasa no como una Mecenas de Violette, cosa que implicaría relaciones de poder a la que ambas deseaban escapar, sino por una amistad construida en la entrega total y el desapego necesario».
La biografía de Violette Leduc no puede tener tintes más dramáticos pero a la vez pese a que no fueron sus objetivos, estar cargada de aire fresco para las feministas de los años 60.
Está muy conseguido el ambiente pobre, marginal, de la Francia de la guerra y la de la postguerra. Una Francia sin ningún atisbo de grandeur, oscura, lúgubre donde sobrevive Violette que ha tenido que como muchos franceses dedicarse al mercado negro. El apoyo de la escritora del Segundo Sexo, Simone de Beauvoir resulta muy interesante como contenido. Sólo les une la escritura. Violette es atormentada, un tanto desequilibrada, impulsiva, sin formación, sin embargo la iniciadora del feminismo francés de los 50 es disciplinada, culta, templada de ánimos. Sin embargo les une la escritura y esta tensión entre ellas está bien descrita. El feminismo de Violette sin ella saberlo es lo que atrae a la laureada escritora. Preocupada por la presencia de las mujeres en la vida pública en todas sus manifestaciones la amadrinará porque confía en su valía. Los temas prohibidos como el aborto, la vida sexual de las mujeres contada por ellas mismas, la bisexualidad encontrará espacio en la escritura de Violette y ésta además de encontrar un espacio de expresión para su vida atormentada le hará conectar con tantas mujeres de los años 60 que deseaban oír su problemática contada por una de ellas.
El tema de la autoestima, la falta de amor, el anhelo por sentir a hombres o mujeres, de recibir cariño estará presente toda su vida como una carencia que le determina como persona.
La tensión se consigue en toda la película, en algunos puntos, la descripción de la marginalidad de su vida nos lleva al momento histórico, en otros nos atrae la relación con su “madrina”, en otros la relación con escritores como Jean Genet, con su madre. Por lo tanto muy atractiva para ver y demuestra que se pueden hacer muy buenas películas basadas en la Literatura.
Andrés Botero-Afri