Jacques Tourneur nació el 12 de noviembre del año 1904 en la ciudad de París (Francia).
Era hijo del director Maurice Tourneur, con quien el joven Jacques inició su trayectoria cinematográfica al colaborar en la década de los años 20 como montador y director de segunda unidad en varios títulos galos.
A comienzos de la siguiente década, Tourneur, quien en el año 1930 contrajo matrimonio con la actriz Christiane Virideau (nacida en 1905), debutó como director realizando cortos y largometrajes de escaso interés.
A mediados de la década se trasladó a Hollywood y, además de trabajar como asistente del director en la estupenda película de Jack Conway “Historia De Dos Ciudades” (1935), una adaptación de Charles Dickens, comenzó, empleando en ocasiones el seudónimo americanizado de Jack Tourneur, a rodar sus primeras cintas, generalmente cortos, con capital estadounidense.
Su mejor momento llegó en los años 40 cuando se alió con el productor Val Lewton para realizar en la RKO una serie de fascinantes proyectos de terror y suspense de bajo presupuesto y alto talento, con envolventes atmósferas, en donde se destacó el valor de la sugerencia, el evocativo aspecto estético y el aspecto psicológico sobre la explotación facilona de otros cauces más triviales para causar efectismos simplones.
Entre ellas auténticas gemas como “La Mujer Pantera” (1942), con Simone Simon como principal protagonista y guión de DeWitt Bodeen, “Yo Anduve Con Un Zombie”, película con Frances Dee con posible inspiración en el “Jane Eyre” de Charlotte Brontë, o “El Hombre Leopardo” (1943), película con el protagonismo de Dennis O’Keefe que adaptó una novela de Cornell Woolrich.
Todas ellas estaba montadas por el también director Mark Robson.
Al margen de estos títulos de suspense, Tourner en la década de los 40 estrenó dignos ejemplos de western, como “Tierra Generosa” (1946), con Dana Andrews, thrillers bélicos como “Berlín Express” (1948), protagonizado por la pareja formada por Robert Ryan y Merle Oberon, o esa maravilla del cine negro titulada “Retorno Al Pasado” (1947), película, basada en una novela de Geoffrey Homes, con un reparto extraordinario en el que aparecen Robert Mitchum, Kirk Douglas, Rhonda Fleming y Jane Greer.
También en este período rodo con Hedy Lamarr el melodrama psicológico “Noche En El Alma” (1944), película basada en una novela de Margaret Carpenter.
En los años 50, Jacques Tourneur filmó algunos de sus mejores trabajos, como “El Halcón y La Flecha” (1950), popular y enérgico título de aventuras con Burt Lancaster y Virginia Mayo, “La Mujer Pirata” (1951), disfrutable título de piratas con Jean Peters en el papel de Anne Providence, “La Noche Del Demonio” (1957), magistral película británica de terror con Dana Andrews y Niall MacGinnis, y “Al Caer La Noche” (1957), espléndido título negro.
En este decenio también estrenó el western “Wichita” (1955), película sobre Wyatt Eartp con el protgonismo de Joel McCrea y Vera Miles; y “La Batalla De Marathón” (1959), peplum con Steve Reeves.
Al margen del cine, Tourneur dirigió también episodios de conocida series de televisión, como “Bonanza” o “En Los Límites De La Noche (Twlight Zone)”.
Este fantástico director, un hechicero de la narración cinematográfica a reinvidicar sin reservas (en especial sus cautivadores trabajos con el genial Val Lewton, además de “Retorno Al Pasado” y “La Noche Del Demonio”), murió en la localidad francesa de Bergerac el 19 de diciembre de 1977.
Tenía 73 años de edad.
Más fuerte que la ley es, a mi parecer, una película de su tiempo, que de una manera tímida se atreve a cuestionar el tema quasi sagrado de la relación entre individuo y sociedad – ese contrato social al que nos avenimos hace miles de años al decidir vivir en sociedad. Contrato social, se llama a veces. Camina a través de múltiples avenidas y en cada una de ellas se encuentran miles de encrucijadas donde nos venimos topando con eventos inesperados que no por ello habrían de definirse como excepciones. La ley ( todo su organigrama que tan ligado va siempre a la política en la práctica) tiene su fundamento en valores como la ética y la justicia. Pilares estos no siempre lo suficiente establecidos ya que están sujetos a interpretaciones y ajustes según sean los avatares históricos por los que transcurre. Engloba conceptos básicos de acatamiento – obligaciones, reglamentación- que dan lugar a infracciones, porque no existe una sociedad perfecta a perpetuidad. Dicho esto me atrevería a insinuar que la película en cuestión pone de relieve un caso en particular – un caso de posible infracción que sólo por darse acarrea una narrativa de planteamiento psicológico ( el amor) de parte del individuo frente a la obligación de cumplimiento de la Ley – que en este caso obstruye la libertad del individuo al prohibirle la consecución de su meta de amor. Cuál sería la debida conducta a seguir? Y una vez elegida, sería la correcta? Esa elección es vértice que retrata la ambivalente relación del individuo con la sociedad ya que cumplirlo significa gestionar la propia libertad individual. Esa es mi reflexión después de ver la película y extender sus posibilidades de interpretación gracias al coloquio con los compañeros. No deja de ser una película interesante que plantea un tema universal humano social a través de una narrativa local
Homenajes a cineastas españoles “en vida”