El general griego Ioannis Metaxas (Ítaca, 1871 – Atenas, 1941) estableció en 1936 en Grecia un régimen de tipo fascista que en poco tiempo se convirtió en una versión griega del Tercer Reich. La época fascista en Grecia (1936-1941) recibiría el nombre de «Régimen del 4 de Agosto», por el día de la subida al poder de Metaxas.
Metaxas impuso su régimen en parte para combatir la turbulenta situación social de Grecia en los años 30, en los que se respiraba una atmósfera inestable propiciada por la lucha entre las diferentes facciones políticas, que llegaron a impulsar varias tentativas golpistas, mientras que el Parlamento se hundía en el descrédito.
En marzo de 1935, un levantamiento venizelista fracasó y los comicios de octubre del mismo año reforzaron la mayoría monarquista, lo que permitió el retorno del rey Jorge II al trono y reestablecer la monarquía en el país. Pero el Parlamento, muy dividido en facciones incompatibles, no era capaz de crear una mayoría clara de gobierno y la creciente actividad de los comunistas, que en las elecciones de 1936 obtuvieron 15 escaños, provocaron la alarma entre la burguesía y las clases medias griegas.
En mayo de ese mismo año se dieron grandes huelgas en el norte del país, lo que decidió al jefe del gobierno en funciones, el general Metaxas, a disolver el Parlamento el 4 de Agosto de 1936, a decretar la ley marcial y a implementar un régimen de carácter fascista para reestablecer el orden social y sofocar el crecimiento de los comunistas.
En una de sus primeras alocuciones, Metaxas anunció: «He asumido la totalidad del poder que necesito para salvar a Grecia de las catástrofes que la amenazan»(1).
Precisamente, uno de los logros más importantes de Metaxas fue la estabilización de la turbulenta situación social de Grecia de la época, sobretodo gracias a su formidablemente eficiente ministro de orden público Konstantinos Maniadakis.
El propio Metaxas había dicho que el sentimiento de orden y colectividad era un valor fundamental de una sociedad fascista: «Debemos subordinar nuestros apetitos, nuestras pasiones y nuestro egoísmo a la totalidad del interés nacional… De ese modo seremos un pueblo que es verdaderamente libre. De otro modo, la anarquía y la indisciplina gobernarán sobre nosotros bajo la falsa máscara de la libertad» (2).
El «Nuevo Estado» fascista se inspiraba claramente en la Alemania nazi de la que era contemporánea, como el general Alexander Kondylis dejó claro: «Todo conflicto y todo desacuerdo debe desaparecer en el futuro; nuestro programa de política interna no se diferenciará mucho del programa del gran creador de la nueva Alemania, Adolf Hitler» (3).
Metaxas recogía la tradición de Mussolini («la tercera Roma«) y de Hitler («el tercer Reich») e invocaba «la Tercera Civilización Helénica», después de la Antigüedad griega y del Imperio Bizantino de la Edad Media. Esta «Tercera Civilización Helénica», debía «sintetizar los valores paganos de la antigua Grecia, particularmente los de Esparta, con los valores cristianos del imperio medieval de Bizancio» (4).
También en el caso del régimen de Metaxas se puede hablar del característico «culto al líder» del Fascismo: Metaxas se presentó a sí mismo como «el Primer Campesino«, «el Primer Trabajador», «el Primer Atleta» y como el «Padre Nacional» (5). A imitación del nombre de «Duce» de Mussolini y «Führer» de Hitler, Metaxas adoptó el título de «Arhigos» («conductor»).
Al igual que sus contemporáneos regímenes fascistas italiano y alemán, el régimen del 4 de Agosto hacía uso del saludo romano o fascista (con el brazo derecho extendido) y tenía sus propios uniformes, saludos, y rituales. Como símbolo se escogió el pelekys, el hacha de doble filo originario de la civilización minoica y que para Metaxas era el símbolo más antiguo de todas las culturas griegas.
Para asegurar el orden público que Metaxas creó una policía secreta, llamada Asfalia, que vendría a ser el equivalente griego a la Gestapo alemana.
La policía política griega se convirtió en todopoderosa, y los comunistas y los izquierdistas sufrieron una represión brutal. Más de 30.000 personas fueron arrestadas y encarceladas, o exiliadas por motivos políticos, y las torturas se hicieron habituales para extraer confesiones o acusaciones contra aquellos que se oponían al régimen. Con tales políticas, Metaxas ahogó las actividades de los comunistas y suproyecto político. Pero no sólo desarmó a los izquierdistas; también consiguió desmantelar el viejo sistema de patronazgo basado en las lealtades de los partidos monárquico y venizelista.
Metaxas también creó a finales de 1936, poco después de haber llegado al poder, la Ethniki Organosi Neolaias (Organización Nacional de Juventudes, EON), que venía ser una versión griega de las Juventudes Hitlerianas Hitlerjugend, y que debía prorrogar los valores del régimen en el futuro. La juventud debía tener nuevos ideales, nuevas ambiciones y nuevas esperanzas, y liberarse «de las avariciosas manos de los plutócratas, los comunistas y de todos aquellos que querrían abusar de las capacidades de la juventud».
El objetivo de la EON era la unión de la juventud, una unión fundamentada en el amor a la patria, en el valor y en la creencia en la «continuidad de la sangre helénica». La EON unía a la juventud griega de todos los niveles económicos y sociales en un único cuerpo, y educaba a los chicos en la disciplina y el entrenamiento militar y a las chicas en las labores domésticas. La EON tenía como himno el Giovinezza («Juventud») de la Italia de Mussolini, y publicaba una revista quincenal llamada E Neolaia («La Juventud»), que tenía mucha resonancia tanto en las escuelas como en las universidades.
El régimen de Metaxas intentó fortalecer los valores de la patria, la lealtad, la familia, la religión, la estabilidad y el orden social y político. Por encima de todo, sin embargo, estaba el Helenismo, que debía sacar a Grecia de siglos de decadencia. Por ello, Metaxas reivindicaba la grandeza del pasado de Grecia y anunció que «por tanto, tenemos la obligación de regresar al pasado a fin de redescubrirnos» (6).
Metaxas veía en los griegos una «comunidad de sangre», un conjunto de individuos emparentados unos con otros a través del sagrado vínculo de la sangre y de unos antepasados comunes, y fundamentaba su creencia en la superioridad de la raza helénica en teorías tanto culturales como biológicas, pero sin caer en los desvaríos racistas de Hitler o Himmler. Aún así, el régimen de Metaxas insistió en las virtudes raciales del pueblo helénico, virtudes que residían en la sangre helénica y no dudaba en hablar de una «raza griega» que se había mantenido pura desde tiempos inmemoriales.
La raza griega era referida frecuentemente como «la raza elegida de los dioses», una raza «inmortal» que «vivirá para siempre» (7).
Es verdad que el régimen de Metaxas magnificó el peligro comunista para justificar sus excesos represivos, pero también es verdad que bajo su gobierno Metaxas se ganó el respaldo del pueblo griego con el desarrollo de una política que introdujo abundantes y avanzadas medidas de protección social por las que hoy aún es recordado: fundó el Insituto Nacional de la Seguridad Social (IKA), estableció las dos semanas mínimas de vacaciones al año, los seguros médicos y salariales para los trabajadores, la protección a la maternidad de la mujer trabajadora, etc…
Muchas de estas medidas, muy avanzadas a su tiempo y sobretodo a su entorno geográfico, siguen aún hoy vigentes de una u otra manera en Grecia.
Metaxas, además, mejoró mucho las condiciones de los trabajadores helenos: fijó un salario mínimo para los trabajadores y los seguros laborales, implantó la semana laboral de 5 días laborales y 40 horas semanales, subió los salarios, mejoró drásticamente las condiciones laborales en la industria aplicando severas medidas para hacer de los lugares de trabajo sitios seguros, absorbió las deudas de los granjeros e incrementó los precios de la agricultura para mejorar la vida en el campo.
Ya en 1938, sólo 2 años después de convertirse en el líder de la nación, la renta per cápita de los griegos había subido de una manera notable, a la vez que se conseguía rebajar el paro a un fuerte ritmo, aunque fuera mediante el desarrollo de una potente industria armamentística.
Metaxas también inició un gran plan de infraestructuras y de obras públicas, incluyendo proyectos de drenaje de tierras. Además, el régimen de Metaxas consiguió eficiencia administrativa y una sólida circulación monetaria.
El régimen de Metaxas, aunque autoritario, logró efectuar una gran mejora en muy pocos años en prácticamente todos los campos de la sociedad griega, aunque fuera a costa de negar muchos de los derechos individuales y colectivos obtenidos durante la democracia anterior.
Aún así, hay que decir que a diferencia del fascismo italiano y alemán, el fascismo griego no fue nunca un movimiento de masas. Sin embargo, sí se puede afirmar que gozó de la creciente simpatía del pueblo helénico, incluso entre los círculos izquierdistas, incapaces de negar los evidentes logros de la política del régimen del 4 de Agosto.
A pesar de ser un régimen fuertemente nacionalista, el fascismo griego no se lanzó a aventuras expansionistas, a pesar de que apoyaba el concepto de la Megali Idea, la idea de una Gran Grecia que incluyera, además del territorio griego, las comunidades étnicas griegas del Sur de Albania, de la Macedonia yugoslava, de la Tracia oriental y de la Anatolia occidental. Metaxas prefirió, sin embargo, concentrarse militarmente en la defensa del país frente a la guerra que se avecinaba. Metaxas, como presidente del consejo de la Entente Balcánica, también intentó reforzar los vínculos entre los países balcánicos y acordó un pacto de amistad y no agresión con la vecina Bulgaria en julio de 1938.
Una de las dedicaciones más importantes del régimen de Metaxas fue la mejora de las defensas del país, como por ejemplo la construcción de la llamada «Línea Metaxas», una línea defensiva en el Noroeste. El ejército también fue objeto de grandes inversiones, para aumentarlo en términos cuantitativos a la vez que mejorarlo tecnológicamente mediante la compra de nuevas armas para los tres ejércitos, e incluso con la adquisición de submarinos para la Marina. Asimismo, también se reservaron grandes cantidades de recursos alimenticios para afrontar una eventual situación de guerra.
Todos estos esfuerzos se revelaron proverbiales para que Grecia estuviera preparada para resistir con éxito el ataque italiano con un ejército mucho más pequeño que el italiano, y, como veremos después, acabar venciendo a Mussolini en su intento de invadir Grecia.
Uno de los grandes quebraderos de cabeza del régimen fue, desde luego, la política exterior. Si bien Metaxas veía en la Alemania de Hitler y la Italia de Mussolini sus correligionarios naturales, la seguridad de Grecia dependía en gran medida de Gran Bretaña, que dominaba con su el Mediterráneo oriental. Además, los planes de Mussolini de crear un nuevo Imperio Romano chocaban obviamente con las pretensiones griegas de controlar el Mar Egeo y las islas del Dodecaneso y de ejercer influencia en Albania. El expansionismo italiano enfrentó a Mussolini y Metaxas, y cuánto más fuerte sonaban los tambores de guerra en Europa, más cerca se sentía Metaxas de Gran Bretaña y de los Aliados. De nuevo, Metaxas acertaría, puesto que Grecia, como miembro de los Aliados, acabaría así en el bando de los ganadores, recibiendo, precisamente de Italia, las susodichas islas del Dodecaneso.
Todo ello se desencadenó después del estallido de la Segunda Guerra Mundial, de la cuál Metaxas procuró mantener a Grecia alejada. El 28 de octubre de 1940, no obstante, el ministro italiano en Atenas Gratzi le comunicó al Arhigos un inaceptable ultimátum de Mussolini, que había concentrado a sus tropas en Albania, a la espera de atacar Grecia.
Metaxas supo sintonizar con los sentimientos de su pueblo, y la historia cuenta que su única respuesta al ultimátum fue un tajante y enérgico «Okhi!» («No!», en griego), respuesta con la que ha pasado a la historia. Metaxas se dirigió poco después a la nación con estas palabras: «Ha llegado el momento de que Grecia luche por su independencia. Griegos, ahora debemos demostrar si somos dignos de nuestros antepasados y de la libertad que nuestros Padres nos dieron. Luchad por la Patria, por vuestras esposas, por vuestros hijos y por las sagradas tradiciones. Ahora, sobre todas las cosas, luchad!» (8).
Uno de los mayores éxitos de Metaxas en esas dificilísimas circunstancias fue el conseguir unir a toda la nación contra el enemigo, olvidando temporalmente las diferentes ideologías políticas. Así consiguió que militares de todo tipo político (realistas, venizelistas, nacionalistas, moderados e incluso comunistas) se unieran a la causa y, lo que es más, aceptaran someterse a su mando. Metaxas, que tenía una larga experiencia militar (había estudiado Ciencias Militares en Alemania, había combatido en la Guerra Greco-Turca de 1897 y se había convertido en héroe de guerra en las Guerras Balcánicas de 1912 y 1913), decidió así contestar las provocaciones de la Italia mussoliniana entrando en guerra.
En medio de un exacerbado sentimiento nacionalista que poseyó a todos los griegos, Grecia entraba así en el conflicto, de lado de los Aliados.
La resistencia griega fue formidable: «En pocos días, las fuerzas de ocupación italianas fueron devueltas a Albania en una cruzada por la liberación de lo que los griegos llaman Epiro del Norte, una área en el sur de Albania con una importante minoría griega. El espectáculo de David derrotando a Goliat levantó admiración en todo el mundo, y durante esta época Grecia e Inglaterra fueron los únicos países de Europa que resistían activamente a los poderes del Eje Fascista» (9).
Charles De Gaulle fue una voz más de las que por todo el mundo se deshicieron en elogios por la bravura del pueblo griego. En un comunicado coincidiendo con la fiesta nacional griega del Dia de la Independencia (25 de marzo), De Gaulle expresó su admiración por la heroica resistencia griega: «En nombre del atrapado aunque vivo pueblo francés, la Francia libre comunica sus saludos al pueblo griego, que lucha por la libertad. El 25 de marzo de 1941 encuentra a Grecia en la cúspide de sus heroicos esfuerzos y en la cima de su gloria. Desde la batalla de Salamina [la batalla de Salamina es la histórica batalla de la Antigüedad en que unos pocos miles de griegos derrotaron al inmensamente más numeroso ejército persa] Grecia no había conseguido la grandeza y la gloria que hoy tiene». El propio Hitler se desharía más tarde en elogios hacia el pueblo griego y su bravura, y llegaría a conceder a los militares griegos distinciones y privilegios que a ningún otro pueblo conquistado otorgó.
Aún hoy, el 28 de octubre, día de la invasión italiana, es una fiesta nacional en Grecia, y recibe el nombre de «Okhi Mera» (Dia del No), en referencia a la heroica y decidida respuesta de Metaxas al dictador fascista italiano.
Durante tres días, en las casas, las oficinas, las fábricas, las escuelas y los edificios públicos de toda Grecia cuelgan y ondean banderas griegas en recuerdo a esta gesta. Durante estos días, las emisoras de radio emiten patrióticas griegas, especialmente las de Sophia Vembo, que dieron fuerzas a los jóvenes griegos al luchar durante la guerra.
Fue precisamente durante la defensa del suelo griego contra el ejército de Mussolini que Metaxas murió. Su muerte fue un episodio muy misterioso, y ha levantado no pocas suspicacias y teorías entre los historiadores. Oficialmente, Metaxas murió de una manera natural. Pero lo cierto es que Gran Bretaña le presionaba para poder tomar tierra en Grecia y luchar contra Hitler, a lo que Metaxas se oponía una y otra vez, en su voluntad de mantener a Grecia como país estrictamente neutral. Su muerte supuso que heredara el poder Alexandros Koryzis, un hombre de personalidad débil al que los ingleses pronto doblegaron, consiguiendo que autorizara la entrada del ejército británico.
Evidentemente, las teorías que apuntan que Metaxas fue en realidad asesinado por el servicio de inteligencia británico para poder conseguir así entrar en Grecia no son pocas, y no mal fundamentadas. Más aún si tenemos en cuenta que, poco después de haber autorizado la entrada de los ingleses en Grecia, Koryzis se suicidó (oficialmente), también en extrañas circunstancias (10).
La etapa fascista en Grecia no acabó ni con la misteriosa muerte de Metaxas ni con el suicidio de Koryzis: el régimen siguió vivo combatiendo a los alemanes hasta Abril de 1941, cuando el general Tsolakoglou firmó la rendición de Grecia frente a la Wehrmacht. Hitler estableció un gobierno títere colaboracionista que obtuvo las riendas del poder hasta finales de 1944, cuando finaliza la ocupación alemana.
Desde los mismos créditos iniciales, a través de una sucesión de fotos de época Angelopoulos nos traslada al clima de efervescencia social y política imperante en la Grecia de la primera mitad de 1936, señalando con particular hincapié la creciente movilización obrera y la omnipresencia del ejército en las calles. De hecho, el asesinato de un líder sindical en las primeras escenas durante lo que parece un paro fabril trata de poner en contexto al espectador, señalando los intentos del estado por desestabilizar y sabotear las organizaciones revolucionarias desde dentro. A lo largo de la película se nos muestran las formas de acción colectiva de los militantes obreros del Frente Popular griego, con un partido comunista muy consolidado, y la situación de clandestinidad en que se
encontraban ya antes de la dictadura dado el control que los militares ejercían sobre el espacio público (7). Por otro lado, el director señala a través de los planos centrados en la inauguración de las obras del nuevo estadio olímpico la progresiva fascistización del discurso, la puesta en escena del poder y el modus operandi del estado en el periodo inmediatamente anterior al 4 de agosto, que es en el que se enmarca el film. Cabe señalar que Metaxas actuaba como primer ministro interino designado por el rey y confirmado por el parlamento griego desde abril de 1936, cuando empiezan a imponerse ya algunas de las dinámicas que marcarán la futura dictadura: el culto palingenésico al pasado glorioso de Grecia, el anticomunismo, la estética clásica, el papel clave de la Iglesia ortodoxa en la legitimación del régimen o el culto a la acción y a la juventud como garantías de futuro y pureza. De hecho, Metaxas creía estar inaugurando la Tercera Civilización Helénica [Tritos Hellinikos Politismos], heredera palingenésica de la Grecia Clásica y el Imperio Bizantino, un nuevo orden orgánico basado en sus propias formas de representación popular, en la unidad y la superación del Cisma Nacional [Ethnikos Dikhasmos]
Paralelamente, Angelopoulos nos muestra la connivencia del establishment político tradicional –el partido liberal y el conservador–, con la deriva que están tomando los acontecimientos en la vida política y la realidad social del país, a lo cual se une el tibio “rechazo” paternalista de la diplomacia británica frente a los métodos expeditivos empleados por el estado en el control de la amenaza comunista. En este sentido, resulta particularmente significativa una conversación entre políticos griegos y diplomáticos británicos, que reflejaría la defensa de unos intereses bien concretos:
– Estoy preocupado, el momento actual parece crucial en toda Europa –señala uno de los británicos. – ¿Qué dirías si estuvieras en España en pleno caos de la guerra civil? –le contesta uno de los políticos griegos. La escena es muy interesante por cuanto pone de manifiesto el lugar central de la guerra civil española en las conversaciones y los cálculos políticos de la época. En este caso concreto, actuó como el factor disuasorio que empujaría a Metaxas a mantener el ejército en las calles y, finalmente, a declarar el estado de excepción –aunque de facto ya existiera antes– el 4 de agosto de 1936, anticipándose a la amenaza de huelga general por parte de los sindicatos tras varias semanas de inestabilidad en las fábricas. Claramente, todo apunta a que nos encontramos en los días finales de julio y la dictadura se plantea como la única salida posible para evitar un daño mayor, de forma que se está buscando el beneplácito de los británicos para poder actuar en ese sentido. Por tanto, en medio de esta escena pretendidamente frívola atravesada por los usos y costumbres de la cultura liberal-burguesa, se nos muestra el modo en que las clases dirigentes europeas buscan la forma de contemporizar y encontrar puntos de confluencia para sus diversos intereses, negociando y mercadeando con el futuro de todo el continente. Esto sirve a Angelopoulos para presentar su visión de las cosas: “El argumento es la detención y luego la ejecución final [del protagonista].” Sin embargo, esto no es más que la excusa para enseñar cómo “El camino muestra un poder burgués, un gobierno y una situación completamente inestable, sin voluntad, sin fuerza, que permitió el paso a la dictadura. Para mí era muy importante”(8). Se trata de un análisis eminentemente marxista sobre el modo en que se forjan las bases sociales, políticas y económicas que permiten la implantación de una dictadura, en este caso la del Régimen del 4 de Agosto en Grecia, que no se aleja para nada de lo señalado y aceptado por buena parte de la historiografía para los casos paradigmáticos de la época, como el italiano o el alemán (9). Esto nos lleva inevitablemente a señalar que las peculiaridades y, por extensión, la naturaleza de la dictadura de Metaxas no han estado exentas de debate, donde algunos historiadores señalan cada vez con mayor fuerza su carácter fascista que, sin embargo, no estaría respaldado por elementos comunes a los fascismos paradigmáticos, como la existencia de un partido de masas o el acercamiento al Eje en política exterior, sin ir más lejos Quizás, estos debates deberían invitarnos a revisar nuestra visión del fascismo genérico, sus orígenes y el proceso seguido en su llegada al poder, que no tuvo por qué ser
unidireccional, si bien en estos casos podría funcionar la tesis sobre los régimenes fascistizados, que es la que hoy en día se aplica de forma casi indiscutible para el caso de España
Así pues, las diferentes escenas de violencia política que se suceden a lo largo de la película, como la paliza propinada por dos hombres desconocidos al abogado del protagonista, un militante comunista y soplón de la policía encarcelado, ponen de relieve el estado de excepción reinante y el uso del terrorismo de estado como instrumento coactivo y, también, generador de consensos. Bajo la connivencia de Metaxas y su régimen, todavía en estado de gestación, tendrá lugar la detención y el asesinato del protagonista de la película, algo que queda simbolizado en las escenas donde el director de la prisión debate con diferentes expertos políticos, científicos y militares una posible salida al problema planteado por éste. El retrato del general Metaxas, con expresión muda, contempla desde lo alto de la estancia todo lo que ocurre, sancionando y legitimando la violencia practicada en nombre de los intereses del estado y la nación. Así pues, frente al clamor de libertad de una parte sustancial de la sociedad griega el estado respondería con la intimidación y el terror, lo cual concuerda con esas escenas donde el ejército griego lleva a cabo pruebas de tiro con fuego real, por si fuera necesario, se entiende, dirigirlo contra sus propios conciudadanos, como en el caso de España, donde una huelga general paró el golpe de estado del 18 de julio de 1936. En este sentido, la prisión donde transcurre buena parte de la película se convierte en la metáfora de todo un pueblo en manos de una minoría elitista y connivente entre sí.
Desconcierta el comprobar como a veces películas pertenecientes a géneros cineastas y culturas del todo opuestas pueden despertar sentimientos paralelos. ¿Por qué desconcierta? Pues ni más ni menos que debido a nuestros clichés que inconscientemente usamos a la hora de decidir si vemos una película, si nos gusta o no, y esto es así, te guste o no. Porque realmente el cine es algo universal y que mas da de donde provengan los metros filmados o el tipo de cultura que se nos muestra. Una cámara es una cámara aquí y allí y una historia es una historia aquí y allí.
Por eso invito a dejar de lado los prejuicios, tales como los dos premios obtenidos en Cannes o los más de veinte galardones recogidos durante su trayectoria para centrarnos en la película como si fuera su primer pase tras salir del laboratorio, porque es indudable que la gente quizás no se atreva a catalogarla según como sabiendo que estaba entre lo mejor de Cannes por ejemplo, pero allí entraríamos en la dinámica y viabilidad de un festival y no estoy aquí para hablar sobre ello.
Lejano (su título castellano), se enmarca claramente en una cierta corriente de un cine asiático (y perdonen que insista en ello pero nada mejor que traicionar lo que he dicho para entenderlo) de contemplación. Con eso me refiero a un largometraje donde pocas veces ocurren cosas, rociadas con un ritmo lento y tedioso, adornado con imágenes bellas que más que películas parecen fotografías, pero señores, esto es cine. El estilo deliberadamente pausado y el tipo de personajes nos retrotraen a la memoria al Angelopoulos de La mirada de Ulises, aunque según su autor N.B. Ceylan, busca un estilo más cercano a Tarkovsky y a Ozu.
De hecho sí consigue aproximarse a Tarkovsky. Sus personajes torturados, sus silencios, sus miradas, su capacidad de aburrir. Eso no se le puede negar. En cuanto a Ozu, el favorito de su director, no está tan claro haber comprendido su esencia. Su planificación es un contínuo homenaje, pocos movimientos de cámara (y cuando lo hace, como en el zoom que cierra la película hubiera resultado mejor dejarla estática), unos encuadres muy cuidados aunque al final aguante demasiado los planos algo innecesario. Ozu los aguantaba para dejar fluir la humanidad de los personajes, nunca más de lo necesario, aquí a veces sí puesto que cuando ya has comprendido su valor se recrea en la búsqueda que el espectador se pregunte porque pasa lo que está sucediendo y es que tal como afirma Ceylan «Hasta el aburrimiento es interesante«. Bueno, sobre opiniones… aunque no consigue acercarse a su propósito. Ceylan derrocha pesimismo y amargura por los poros, Ozu optimismo y humanidad. Ceylan nos cuenta una historia de miserias fácilmente aplicable a cualquier sociedad y estamento, pero realmente ¿Es interesante lo que nos cuenta? De hecho del modo en que nos lo cuenta no. A pesar del esfuerzo de sus dos intérpretes protagonistas, en quien reposa todo el metraje, uno no consigue engancharse con sus personajes, quizás por ese pesimismo tan buscado y esa parsimonia y pasotismo con respecto a todo.
Para ser francos quizás Ceylan haya fracasado en ese intento, pero no por ello hay que restarle méritos. La película es de una belleza plástica fuera de lo común. Cada plano es una fotografía milimétrica y a veces preciosa en el sentido de lo que vale la palabra. Cada imagen es de una belleza estudiada para reforzar la fuerza del personaje principal que es fotógrafo y como en un momento de la película afirma que la fotografía está muerta. Incluso el mismo Ceylan además de escribirla, producirla dirigirla y montarla también la fotografía (como Robert Rodríguez, ¿Entienden ahora lo de los prejuicios? Tal como comentó mi compañero Carlos Rosal en su crítica de Carmen:«Un plano medio es un plano medio, para Vicente Aranda y para Tony Scott«) otorgando un empaque que en pantalla grande uno no puede dejar de embobarse en ciertos pasajes, aunque también es cierto que uno no puede evitar el bostezar un par de veces.
Por eso y alejándonos de los clichés que a más de uno le influenciarían a la hora de expresarse en torno a ella. Uzak es una bella película sí, pero también larga, lenta aburrida y lejana. Eso sí, es preciosa. Cada uno elige lo que prefiere y cuando estás frente a una pantalla concentrado en lo que ves, poco importa realmente si has ganado en Cannes o en Turquía, importa si siento lo que se pretendía.
Hemos terminado la proyección de dos pelis de Ceylan, ahora sólo nos falta hospedarnos en el hotel Otello en la Capadocia y observar sentados en el salón tomándonos un te, entre la luz amarilla de su interior y el blanco de la nieve de unos paisajes espectaculares , como se van poniendo al descubierto, al modo de secretos de matrimonio de Bergman, la dignidad, la generosidad, la culpa, la compasión, y casi al final de la peli el dinero, en una escena memorable. Es decir, SUEÑOS DE INVIERNO, que ya la tenemos comprometida.
Un verso entrañable de Miguel Torga, recogido en “La paz posible es no tener ninguna” dice simplemente “siento el miedo del reverso” y eso es lo que debemos pensar equivocadamente al enterarnos de la duración de la cinta, sentir el reverso del cine comercial, pensar que no vamos a poder aguantar tanto tiempo en la sala de proyección. Un equívoco sin duda. Jame Campión, directora del festival de Cannes aseguró que “podía haber estado viendo la película otras dos horas más”.
SUEÑO DE INVIERNO es un cine que enseña a mirar, y también a saborear diálogos muy potentes. Si uno dice “la compasión es refugio de los cobardes” el otro responde “todos soñamos con grandes empresas para seguir fracasando”. Nada menos que Shakespeare frente a Doctoyevski, envuelto en unos cuentos de Chejov.
Refugiado en una tierra que perteneció a su padre Aydin, el exactor que vive con su mujer más joven y su hermana, terminará escribiendo la historia de teatro turco después de reflexionar sobre la naturaleza humana. ¿estamos preparados? Pues adelante, y por favor no me preguntéis cuando estemos sentados eso de ¿Qué película nos pones hoy? o lo de ¿cuanto dura?
LAS ENCUESTAS DE 2015 . ¿QUÉ QUEDA EN CLARO DE LAS ENCUESTAS QUE SE ESTÁN PUBLICANDO?
Ante la avalancha de Encuestas pre-electorales que nos van a inundar en 2015, en mi artículo anterior en Sistema Digitaladvertía sobre la necesidad de estar prevenidos ante las carencias técnicas de algunas Encuestas y ante los propósitos descarados de manipular a la opinión pública mediante la publicación sesgada de muchas de ellas.
Pero, además de una sana desconfianza ante unas Encuestas que presentan resultados bastante diversos entre sí, ¿queda algo claro de todos los datos que se están publicando? Al menos hay seis puntos de coincidencia.
En primer lugar, todas las Encuestas coinciden en identificar un vuelco hacia la izquierda del electorado español. Después de una gestión bastante negativa del Gobierno de Mariano Rajoy, y ante la persistencia de situaciones críticas de paro, precariedad laboral y desigualdades que afectan a más de ocho millones de españoles (y a su entorno), una mayoría abultada de la opinión pública quiere una salida por la izquierda a la situación política española. Sin embargo, no coinciden las Encuestas –por distintos motivos e intenciones– en determinar cómo se puede distribuir ese voto en los diferentes espacios de izquierdas.
En segundo lugar, todas las Encuestas coinciden en identificar un deterioro notable en los apoyos del PP, aunque no está claro si se está identificando adecuadamente el voto oculto de este partido, que tampoco se sabe si finalmente aflorará en torno a las siglas del PP o si encontrará acomodo en otros partidos políticos (especialmente en los espacios de centro-centro, donde el PP actualmente se encuentra más debilitado y cuestionado). De momento, parece que Ciudadanospuede atraer una parte apreciable de ese voto centrista descontento.
En tercer lugar, todas las Encuestas coinciden en vaticinar una fuerte irrupción en escena de una nueva formación política (Podemos), al tiempo que se apuntan posibilidades crecientes para otras opciones centristas (Ciudadanos). La heterogeneidad de estimaciones de voto para Podemos revela que en este aspecto hay mucho “sesgo encerrado” y que, en situaciones como las actuales, los pronósticos atribuidos a Podemos pueden dar lugar a fracasos de predicción de cara a las próximas elecciones. Por lo tanto, si no hay cambios sustantivos en el contexto político, en las próximas elecciones (tanto municipales y autonómicas como generales) se va a mantener un alto grado de incertidumbre hasta el mismo día de las elecciones. Y podría haber sorpresas.
En cuarto lugar, los datos de todas las Encuestas coinciden en que en estos momentos solo hay tres partidos capaces de nuclear un número suficiente de apoyos como para poder ser considerados “alternativas reales de Gobierno”: el PP, el PSOE y Podemos. Ningún otro partido alcanza ni se aproxima de lejos a porcentajes de voto superiores al 20%. Considerando que una mayoría muy neta del electorado está reclamando una alternativa de izquierdas en España, y que es prácticamente imposible una remontada del PP en las circunstancias actuales, este hecho, y la frustración y tensión que crearía en la sociedad española cualquier solución que desconociera o hurtara tal demanda de cambio político y social, deja reducidas a dos las opciones de gobierno futuro: o bien el PSOE, o bien Podemos. Esta va a ser, precisamente, la decisión política nuclear sobre la que van a tener que pronunciarse los españoles en 2015. Con todas las consecuencias y con toda la necesidad de que queden claras ante la opinión pública las diferencias, y efectos, de ambas opciones. ¿Tienen claro que esta es la opción nuclear algunos grupos de comunicación y determinados sectores influyentes de la sociedad española?
En quinto lugar, todas las Encuestas coinciden en que en estos momentos puede darse una movilización importante de antiguos abstencionistas, que actualmente se encuentran motivados a brindar su apoyo a nuevas formaciones políticas. Pero, paradójicamente, esto no parece que esté influyendo en el pronóstico de una reducción de la tasa de abstención. ¿Por qué? Sencillamente porque ahora muchos de los que dicen que van a abstenerse son antiguos votantes del PP y del PSOE. ¿Seguro que se abstendrán finalmente?
Finalmente, en sexto lugar, y aún sin agotar el tema, en buena parte de las Encuestas publicadas últimamente se tiende a oscurecer el papel que pueden jugar los liderazgos en los próximos comicios que se celebrarán en España. Inicialmente, los sectores más propicios a Podemos –por las razones que sean– enfatizaban mucho la buena acogida del liderazgo de Pablo Manuel Iglesias, hasta que en las Encuestas empezó a salir muy bien valorado Pedro Sánchez. A partir de entonces, se hizo el silencio sobre este aspecto. Respecto a los que se sitúan en la órbita del PP, el silencio sobre el liderazgo de Mariano Rajoy es harto compresible. Mejor callar que llorar.
La consecuencia es que en las Encuestas que se publican se prescinde de uno de los aspectos importantes que va a influir en bastantes personas a la hora de emitir su voto en las próximas elecciones (especialmente en las generales), en las que el factor “confianza” va a ser muy importante, al tiempo que desde determinados núcleos de poder conservador se ha emprendido la estrategia de intentar erosionar y cuestionar el liderazgo de Pedro Sánchez, sobre todo tratando de sembrar sombras de sospecha sobre los apoyos internos con los que cuenta en su propio partido.
En las próximas semanas continuaremos analizando las nuevas tendencias que muestren las Encuestas que se vayan publicando.