10 PM | 22 Dic

NORA

El portazo de Nora resonó en todo el teatro occidental, bastante más que la ruptura de la cuerda en el  Jardín de los Cerezos de Chejov, y desde luego del final de Doña Rosita la Soltera  cuando el golpe del viento abre el balcón y hace oscilar las blancas cortinas al final de la obra. Así que la obra que vimos en los Teatros del Canal sigue emocionándome aunque fuera un montaje muy sencillo pero con una buena interpretación de Rebeca Valls. Ahora a esperar la representación en francés de Cyrano de Bergerac y entre medias alguna cosilla que ira cayendo.

Marché el domingo con Rodrigo a Hoyo de Pinares para subir, en una excursión de 15 kilómetros, un belén al pico del Halcón. Ya puedo adelantar que hará el recorrido de las cumbres, no sé cómo estará Ndendón, así que intentaremos  acompañarle.

Me pasan un artículo de José Félix Tezanos en el que se hace la siguiente pregunta ¿Es posible que alguien que está implicado en actividades públicas no sea ni de derechas ni de izquierdas? Entrecomillo algunas de las cosas que dice: “Lo de “arriba y abajo” no es ni mucho menos algo nuevo en el análisis social. Una conocida serie de televisión de hace años se titula precisamente así: “Arriba y abajo”, y en ella se mostraba la rígida estructura de clases de la vieja Inglaterra, llevada incluso al plano de la distribución física de los hogares. Así, en las habitaciones confortables, amplias, espaciosas y luminosas de arriba vivían los señores (pocos) y en las habitaciones más lúgubres de abajo, incluso en los sótanos, vivían los sirvientes (bastantes). Algunos de ellos incluso tenían un cierto estatus y conciencia intermedia, de “clase media”, por decirlo en términos más sociológicos: el mayordomo, el ama de llaves, hasta cierto punto la cocinera…

“Desde las viejas sociedades agrarias hasta los países industriales más avanzados, tal tipo de estratificación “arriba-abajo” ha sido una constante evidente, modulada en los últimos tiempos por la presencia de unas nutridas clases medias que ahora están entrando en un proceso de declive. Por lo tanto, el descubrimiento de este Mediterráneo que algunos están proclamando con júbilo, es algo que dDesde la fundación de la Internacional y el desarrollo de los partidos de raíz obrera (socialistas, socialdemócratas y comunistas en sus diversas orientaciones), una parte de la dinámica estratificacional “arriba-abajo” se convirtió en un proceso político penetrado de aspiraciones emancipadoras. Es decir, una buena parte de los de abajo se agruparon en organizaciones sindicales y políticas que defendían ideas y programas que, en su conjunto, se consideraban de izquierdas, frente a los que postulaban las orientaciones e intereses de los de arriba desde posiciones de derechas.esde hace mucho tiempo estaba perfectamente descubierto.”

Todos lo podéis encontrar en la web. No se dirige a nadie pero imagino que el destinatario es el nuevo partido Podemos. Me permití hacer un comentario en el sentido de recordar lo de gato blanco-gato negro, lo de los nuevos caladeros y los tiempos en que a algunos se les ocurría la idea de quitar la O del PSOE. Me imagino que Tezanos es consciente y sabe que de aquellos lodos….

 

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07 PM | 21 Dic

El don apacible-Libro

El Don Apacible nos habla, en dos mil y pico páginas, de cómo es la vida de los cosacos del Don, de lo que supone para sus vidas y su vieja cultura el inicio de la Primera Guerra Mundial, y de las relaciones humanas entre ellos, con una gran y profunda historia de amor de fondo. A esta historia de amor se opone la costumbre, las imposiciones sociales, la guerra y todo lo imaginable, porque ella está casada con otro cosaco, que la aceptó casi engañado. La historia de la mujer, Axinia, es una verdadera obra maestra de delicadeza narrativa.

A medida que avanza la novela, el texto se interna en cuestiones sociales, en las dudas del momento, en cómo va surgiendo el comunismo a medida que progresa el cansancio contra una guerra que nadie entiende, y el estremecimiento que esta nueva idea supone entre los cosacos. Para los cosacos, el comunismo es una posibilidad de mejorar sus condiciones de vida, pero los cosacos son hombres libres y el comunismo quiere colectivizar sus tierras, y obligarlos a compartir su producto, y eso es algo que los cosacos no admiten. El cosaco prefiere ser pobre y vivir sobre su caballo antes que depender de otros o atarse a la tierra.

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07 PM | 21 Dic

GALIPOLLI

Gallipoli: La última carrera

Por Íñigo Bolao

-¿Qué son tus piernas?
-Muelles… Muelles de acero.
-¿Qué van hacer?
-Llevarme a toda velocidad.
-¿A qué velocidad puedes correr?
-A la de un leopardo…
-¿Y a qué velocidad vas a correr?
-¡A la de un leopardo!
-¡Pues veamos cómo lo haces!

Con este genial diálogo comienza una de las mejores películas sobre la Primera Guerra Mundial (1914-1918), uno de los conflictos bélicos que menos se ha abordado en la historia del cine a diferencia de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) y de la Guerra de Vietnam (1954-1975). Asimismo, es uno de los filmes más sobrecogedores del cine australiano en los últimos momentos en los que la “Nueva Ola” de cineastas de aquel país dejó una serie de títulos cinematográficos inigualables.

Se trata de Gallipoli (1981), del curtido maestro Peter Weir (21-8-1944), conocido por la mayor parte de los cinéfilos y del público por películas como Único testigo (1985), El club de los poetas muertos (1989) o Master & Commander (2003). Ambientada en 1915, en un momento en el que comenzó a desarrollarse la desgastadora guerra de trincheras en el Frente Occidental, trata sobre dos corredores de Australia Occidental, Archie Hamilton (Mark Lee) y Frank Dunne (Mel Gibson), quienes deciden alistarse en el ANZAC, el cuerpo australiano y neozelandés del ejército británico, para participar en la batalla de Gallipoli contra las tropas turcas.

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A modo de detener la sangría en el frente del oeste, y para atacar la retaguardia austro-alemana para apoyar al Imperio Ruso, Winston Churchill, quien por entonces era Primer Lord del Almirantazgo, concibió un plan para acabar con la guerra cuanto antes: arrebatar al Imperio Otomano el Estrecho de los Dardanelos para tomar Estambul, controlándose así el Mediterráneo Oriental y obligando a los Imperios Centrales a rendirse. Librada entre febrero de 1915 y enero de 1916, la batalla acabó en derrota para la Entente, desarrollándose en su transcurso otra guerra de trincheras similar a la existente en la frontera franco-belga por aquel entonces.

Ahora bien, Gallipoli no es sólo una historia de la batalla. Trata sobre cómo el sueño de una generación, y de un país entero, acabo siendo destrozado por el conflicto armado que cambió para siempre la Historia Mundial y con el que comenzó el siglo XX. Fue, para los australianos, una batalla que tuvo el mismo impacto que tendría la Guerra de Vietnam en los Estados Unidos: se instaló tanto en la memoria colectiva de la población que supuso un antes y un después en la evolución de la misma Australia.

También es una película sobre el poder de la amistad. Entre Archie y Frank se desarrolla una relación que supera cualquier adversidad y diferencia de pensamiento. Por un lado, Archie es el joven idealista que quiere curtirse en una aventura, responder a la llamada de las armas intentando formar parte de un regimiento de caballería y siendo uno de los mejores atletas de su generación. Por otro lado, Frank, un hombre individualista de clase humilde que no sabe nada sobre la realidad de la guerra (ni la quiere saber), intuye qué es lo que hay detrás de cada titular de los periódicos. Finalmente, y por la fuerza de las circunstancias, decide unirse a la contienda con sus amigos.

En general, Gallipoli es una película notable. El director, al igual que en otras obras, expuso un tema bastante frecuente en su filmografía: la entrada de sus protagonistas en un mundo que les transforma profundamente; algo que puede apreciarse, por ejemplo, en la excepcional El show de Truman (1998). En la película, tanto Archie como Frank acaban por conocer cómo es la guerra de verdad cuando están en el campo de batalla, y eso acaba con todas sus ilusiones al saber que morir por la patria no es tan glorioso como se piensa, aunque en ningún momento Weir hace propaganda a favor del pacifismo.

Tampoco cuenta con grandes efectos especiales, pero tiene unos aspectos técnicos muy cuidados, como una notable fotografía de Russell Boyd, uno de los técnicos asiduos del cine de Peter Weir; así como una recreación histórica muy certera, tanto en la parte de Australia Occidental, como en el momento en el que las tropas están entrenando en Egipto, hasta en el campo de batalla. Mención especial merece la banda sonora: junto a los temas compuestos por el compositorBrian May (1934-1997), se incluye también música clásica (un trozo de la ópera Los pescadores de perlas, de Georges Bizet, junto a composiciones de Albinoni) y música new age, con pasajes del disco Oxygene, del músico francés Jean-Michel Jarre (1948), hijo del gran Maurice Jarre (1924-2009). Aquí dejo una muestra.

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Peter Weir consiguió con esta película un éxito de crítica y de público, siendo nominada al Globo de Oro a la Mejor Película Extranjera, premio que se llevó otra película notable: Carros de fuego, de Hugh Hudson. Como conclusión, han pasado treinta años y ha sido un poco olvidada, pero ha resistido bien al paso del tiempo, manteniéndose a la carrera de éste como un leopardo. Es una gran película bélica e histórica, y una muestra de lo que un país sin mucha tradición cinematográfica como Australia puede hacer. Si la veis, nunca la olvidaréis ni os arrepentiréis de haberla visto: es un buen soplo de aire fresco.

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07 PM | 21 Dic

CARLOS BARRAL

Y tú amor mío, ¿agradeces conmigo
las generosas ocasiones que la mar
nos deparaba de estar juntos? ¿Tú te acuerdas,
casi en el tacto, como yo,
de la caricia intranquila entre dos maniobras,
del temblor de tus pechos
en la camisa abierta cara al viento?

Y de las tardes sosegadas,
cuando la vela débil como un moribundo
nos devolvía a casa muy despacio…
Éramos como huéspedes de la libertad,
tal vez demasiado hermosa.

El azul de la tarde,
las húmedas violetas que oscurecían el aire
se abrían
y volvían a cerrarse tras nosotros
como la puerta de una habitación
por la que no nos hubiéramos
atrevido a preguntar.

Y casi
nos bastaba un ligero contacto,
un distraído cogerte por los hombros
y sentir tu cabeza abandonada,
mientras alrededor se hacía triste
y allá en tierra, en la penumbra
parpadeaban las primeras luces.




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