06 PM | 11 Ene

UZAK (LEJANO)

Nuri Bilge Ceylan antes de empezar a contar historias en el cine, capturaba instantáneas fotográficas, congelaba efímeras fracciones del tiempo. Y lo hacía, al parecer, por una razón fundamental: dar una oportunidad y, paradójicamente, más tiempo a la mirada para que, de esta forma, pudiera comprender, aprehender y ordenar lo que tenía ante sus ojos. Y es que este Nuri Bilge Ceylan ha sido forjado con la materia ingrávida que alimenta a unos pocos cineastas, aquellos que practican un cine íntimo, cine de silencios estridentes, cine de gritos mudos. No hay muchos ni tampoco se les permite sobrevivir en esta época. Son gentes como Dreyer, como Ozu, como Sokurov, como Angelopoulos o como ese Tarkovski al que en algún modo homenajea este filme, si por tal se entiende nombrar, es decir señalar, distinguir, invocar a quien supo arañar un camino propio.

En cuanto a UZAK (Lejano) pasó por Cannes y brilló en una edición extraña en la que naufragaron algunos viejos maestros. Premiaron a sus actores, pero igualmente pudieron haber premiado su fotografía, su dirección o todo su contenido. Nada hubiera cambiado. Ni para la película lógicamente ni, especialmente, para el cineasta salvo que, sin premios, es seguro que muchos espectadores jamás la hubieran visto.

Cuando era fotógrafo, Nuri Bilge Ceylan dirigía sus cámaras hacia objetivos hechos de mar y nubes, hacia personajes anónimos y paisajes sin historia. Tras convertirse en cineasta Bilge Ceylan filma películas a las que titula, y no por casualidad, KASABA (El pequeño pueblo, 1997), MAYIS SIKINTISI (Nubes de Mayo, 1999) o este UZAK (Lejano)que habla más de una actitud que de un espacio. No se ha dicho todavía pero tanto como fotógrafo o como cineasta Nuri Bilge Ceylan se mueve en un territorio cotidiano, evita el tremendismo y cultiva esos sutiles detalles apenas relevantes pero sin duda realmente decisivos. Su cine emite vibraciones de baja frecuencia, de esas que casi no son perceptibles pero que, si se detectan, conmocionan y perturban de un modo hondo.

Aunque en Cannes se premió a sus dos principales actores -sin duda merecidamente- y aunque a veces se explica la sinopsis argumental del filme como la historia de dos personajes, un encuentro entre dos hombres de caracteres opuestos, entiendo que UZAK (Lejano) responde mucho más al deseo de radiografiar a un cadáver. UZAK (Lejano) corresponde a la autopsia de un náufrago que corta con desesperación las últimas amarras que le podrían haber mantenido con esperanza. Mas allá de las semejanzas anecdóticas de sabor autobiográfico Nuri Bilge Ceylan proyecta en su personaje principal, un fotógrafo como lo fue él, heridas y cicatrices de sí mismo para mostrar el hundimiento de un individuo corroído por la angustia de la existencia, podrido por la frustración y el egoísmo.

En un momento del filme, el único en el que se asiste a una desenfadada reunión de amigos, Mahmut afirma que la fotografía ha muerto. En realidad lo que está gritando es que quien ha muerto ha sido él que ha renunciado a sus sueños y ha vendido su técnica para trabajar para una empresa de cerámicas a las que fotografía sin emoción alguna, recluído en un triste cuarto de su espaciosa e inhabitada vivienda.

No deja de ser significativa que la primera voz que oímos en el filme, provenga de la llamada telefónica de su madre a la que Mahmut no responde. Luego comprenderemos que salvo su madre, es decir su origen, ya no le queda nada a Mahmut pero es que su madre empieza a descender por el camino de la enfermedad y la muerte. Por eso mismo es desde su origen, su pequeño pueblo, desde donde arranca el filme. Allí, con el plano sostenido de un amanecer, con el canto de un gallo, se pone en marcha su última oportunidad. Es entonces cuando vemos avanzar, a través de un paisaje nevado, a Yusuf -probablemente un reflejo de Mahmut que, con el tiempo, será como él-. Aunque Mahmut no lo acepte, Yusuf representa la última oportunidad, el último tren para escapar de esa ratonera en la que vive obsesionado por un ridículo ruido que por las noches provoca un insignificante ratoncillo. Pero para quien se ha anclado en el silencio de la soledad ese roer quedo alcanza el valor del estruendo y tras él ya no se escucha, ya no se puede oir otra cosa que eso. Paradójicamente el filme se cierra con un acercamiento en primer plano a Mahmut, un Mahmut liberado de su obsesión que mira y espera, probablemente en vano, a que vuelva a cantar un gallo y todo comience de nuevo.

Por todo ello y detrás de ese aparente hieratismo, Bilge Ceylan construye un filme de poderosa escritura, de reposada digestión. Todo en él rebosa intencionalidad, todo en él está alumbrado por el significante consciente de quien ha reflexionado sobre lo que está narrando. Esos planos a veces casi inmóviles desbordan tanta tensión como las obras de Hitchcock. Esa aparente sobriedad monocromática de grises fríos ofrece tantos matices como el más colorista filme de Minnelli. Pocas veces con tan pocos planos se ha dicho tanto. Porque si bien es cierto que todo el filme gira en torno a Mahmut, no lo es menos que los escasos personajes que le circundan quedan perfectamente retratados.

La cuestión de fondo es percibir que UZAK (Lejano) duele en esos personajes sin esperanza. En ese Estambul blanqueado por la nieve. En ese barco encallado de medio lado arruinando la esperanza del turco que sueña con recorrer el mundo. En esa mujer furtiva que comparte lecho pero no derecho. En la multitud de pequeñas mezquindades de ese patético fotógrafo prepotente y maniático incapaz de ser generoso con quien se muestra desesperado. En ese gesto de piedad consistente en golpear hasta matar a un pequeño ratón para evitarle el horror de ser comido vivo… Por todo eso y por mucho más escuece este UZAK (Lejano) que parece hablar desde los recovecos más profundos del propio cineasta al mismo tiempo que verbaliza la angustia de un mundo en retirada hacia ningún lado.

Juan Zapate

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07 PM | 29 Dic

El don apacible

FELAS
“Algunas estrellas brillaban aún en el cielo pálido, color ceniza. La brisa matinal soplaba empujando las nubes La Bruma se cernía sobre el Don, arrastrándose a lo largo de la margen cretosa, para descender en las torrenteras semejante a una serpiente sin cabeza…” Así nos describe Cholojov la región de Vechenskaia, una stanitsa donde se iban a producir los espectaculares combates entre la caballería roja y los guardias blancos, y donde viven, mueren y trabajan Grigori, Axinia, y toda la épica cosaca. La película de Gerasimov abarca desde 1.912 hasta l.922, y se evoca con unas imágenes llenas de vida y dolor, la Gran Guerra, la revolución de febrero del 17, la abortada intentona golpista de Kornilov contra el gobierno de Kerenski, el triunfo de los bolcheviques en octubre, la subsiguiente rebelión de los cosacos que querían la independencia, pero sin los soviets, la guerra civil con sus violencias y sus variaciones, unas veces aliados del Ejército Blanco y otras no, aunque siempre defensores de su libertad, y finalmente la descomposición del Ejército del Don, su intento de huída por mar hacía Turquía, la muerte de su amada , y en un final magistral, la sumisión de Grigori a los vencedores, llegando a su pueblo por el rio helado de color azul de marzo, entregando sus armas al agua por una grieta junto a la orilla. El acompañamiento de la música, mientras se limpia las manos en el capote, y se dirige a besar a su hijo es un digno colofón a una épica de casi cinco horas de cine.
Los cosacos de la película, muy bien caracterizados con sus rizos al lado de sus gorras, se instalaron en el Don seguramente procedentes de Ucrania, cuando fueron expulsados por Catalina II. Allí instalaron una sociedad democrática que elegía a su Atamán cada cuatro años con independencia de sus riquezas. El servicio militar era un estímulo para vivir, sabían unirse en grupo y elegir al jefe más capaz, fueron muy codiciados como guerreros para defender los intereses de Rusia, pero querían sobre todo su libertad. Jacob Sverdalov, les mandó a Siberia en el 19 provocando la desintegración del movimiento cosaco, y quizás como una premonición Grigorí dijo: “la libertad mala es siempre mejor que la prisión buena. El pueblo suele decir: la cárcel está bien construida; pero sólo al diablo puede proporcionarle alegría”
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10 PM | 22 Dic

NORA

El portazo de Nora resonó en todo el teatro occidental, bastante más que la ruptura de la cuerda en el  Jardín de los Cerezos de Chejov, y desde luego del final de Doña Rosita la Soltera  cuando el golpe del viento abre el balcón y hace oscilar las blancas cortinas al final de la obra. Así que la obra que vimos en los Teatros del Canal sigue emocionándome aunque fuera un montaje muy sencillo pero con una buena interpretación de Rebeca Valls. Ahora a esperar la representación en francés de Cyrano de Bergerac y entre medias alguna cosilla que ira cayendo.

Marché el domingo con Rodrigo a Hoyo de Pinares para subir, en una excursión de 15 kilómetros, un belén al pico del Halcón. Ya puedo adelantar que hará el recorrido de las cumbres, no sé cómo estará Ndendón, así que intentaremos  acompañarle.

Me pasan un artículo de José Félix Tezanos en el que se hace la siguiente pregunta ¿Es posible que alguien que está implicado en actividades públicas no sea ni de derechas ni de izquierdas? Entrecomillo algunas de las cosas que dice: “Lo de “arriba y abajo” no es ni mucho menos algo nuevo en el análisis social. Una conocida serie de televisión de hace años se titula precisamente así: “Arriba y abajo”, y en ella se mostraba la rígida estructura de clases de la vieja Inglaterra, llevada incluso al plano de la distribución física de los hogares. Así, en las habitaciones confortables, amplias, espaciosas y luminosas de arriba vivían los señores (pocos) y en las habitaciones más lúgubres de abajo, incluso en los sótanos, vivían los sirvientes (bastantes). Algunos de ellos incluso tenían un cierto estatus y conciencia intermedia, de “clase media”, por decirlo en términos más sociológicos: el mayordomo, el ama de llaves, hasta cierto punto la cocinera…

“Desde las viejas sociedades agrarias hasta los países industriales más avanzados, tal tipo de estratificación “arriba-abajo” ha sido una constante evidente, modulada en los últimos tiempos por la presencia de unas nutridas clases medias que ahora están entrando en un proceso de declive. Por lo tanto, el descubrimiento de este Mediterráneo que algunos están proclamando con júbilo, es algo que dDesde la fundación de la Internacional y el desarrollo de los partidos de raíz obrera (socialistas, socialdemócratas y comunistas en sus diversas orientaciones), una parte de la dinámica estratificacional “arriba-abajo” se convirtió en un proceso político penetrado de aspiraciones emancipadoras. Es decir, una buena parte de los de abajo se agruparon en organizaciones sindicales y políticas que defendían ideas y programas que, en su conjunto, se consideraban de izquierdas, frente a los que postulaban las orientaciones e intereses de los de arriba desde posiciones de derechas.esde hace mucho tiempo estaba perfectamente descubierto.”

Todos lo podéis encontrar en la web. No se dirige a nadie pero imagino que el destinatario es el nuevo partido Podemos. Me permití hacer un comentario en el sentido de recordar lo de gato blanco-gato negro, lo de los nuevos caladeros y los tiempos en que a algunos se les ocurría la idea de quitar la O del PSOE. Me imagino que Tezanos es consciente y sabe que de aquellos lodos….

 

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