09 PM | 17 Dic

TARDES PARA EL DIÁLOGO (1ª Sesión 14-12-2016)

 

 

En estas páginas del  BLOG DE EUGENIO del COLECTIVO ROUSSEAU trataré de explicar y, si acaso, completar, mis intervenciones en las sesiones que tengan lugar, y que yo asista, de las TARDES PARA EL DIÁLOGO  que promueve este Colectivo, del que formo parte, en S.Lorenzo de El Escorial (Casa de Cutura, biblioteca Manuel Andújar)

En la primera sesión, al inicio de la misma, siguiendo la introduccion del moderador, Alfonso, me pareció que teníamos que aclarar en qué consistía la crisis de la izquierda que nos llevaba al debate, y si esta metáfora seguia siendo un concepto útil, ya que de lo contrario difícilmente podíamos alumbrar algo riguroso para proseguirlo, y que demasiado deprisa nos llevaba a hablar del populismo como recurso rápido, cuando ya no habia soluciones, con el riesgo de caer en las fáciles diatribas y descalificaciones vacias contra éste, pero a la par muy eficaces, desde otros supuestos, ya no desde la izquierda. Ello exigía, a mi entender, debatir la crisis de los 2 modelos que se han reclamado de la izquierda, siguiendo con la metáfora, sin entrar en su validez hoy o no, y que han tenido algo que ver con la historia real, para bien o para mal.

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01 PM | 16 Dic

FALTARON NUESTROS HIJOS

Tardes para el debate 

Nota a la primera sesión                      ALFONSO PELÁEZ

Es justo agradecer al Ayuntamiento que haya cedido la biblioteca Manuel Andújar de nuestra venerable Casa de Cultura para reunirnos a debatir en un lugar digno.

Es justo agradecer a los presentes que salieran de casa bajo la lluvia para adentrarse en la incertidumbre de lo experimental.

Es junto agradecer la honestidad y la enjundia de casi todas las intervenciones. También la concisión. Y los deseos implícitos de los debatientes por convertir el intercambio en una síntesis superadora y útil.

El pasado miércoles, día 14, en la sesión inicial del proyecto  “Tardes para el diálogo” que promueve El Colectivo Rousseau se habló con conocimiento y respeto. Hubo aportes de ese saber que se abreva en los libros, pero sobre todo del otro, del que procede de las vivencias más auténticas y persistentes. Desconozco las biografías detalladas de cada uno de los contertulios, pero la percepción más palpable era la de unas fes muy maltrechas y defraudadas, pero nunca muertas, aun deseosas de que el futuro sea un poco más justo, más libre y más igualitario.

Los dos conceptos más evocados fueron populismo y socialdemocracia. Los ánimos de l@s vetan@s luchador@s parecen no estar ya para palabras más grandes, como progreso o revolución; qué le vamos a hacer.

El concepto populismo quema y casi cada cual lo soltaba nada más agarrarlo; pero sí que pasó de mano en mano en plan patata caliente. Otro día habrá que abordarlo con más arrojo y decisión.

En cuanto a Socialdemocracia, sin dejar de ser una palabra verdaderamente polisémica, en cambio, permitió a la concurrencia un manejo más cómodo y común, y a pesar de apuntes que la tildaron de fracaso, hubo, por lo general, un reconocimiento agradecido a los logros que durante cuarenta años tal acción política aportó a la mayoría social. Faltó, tal vez, concreción para llegar a la conclusión más terrible, a saber: que sus logros la están matando porque destruyeron la conciencia de clase de aquellos a los que favoreció.

Seguiremos reuniéndonos los segundos miércoles de cada mes. Y ojalá seamos más. Y más audaces intelectualmente. Y ojalá seamos capaces de girar el foco 180 grados. Es decir, del pasado al futuro. Cuando lo logremos, tal vez, quieran venir nuestros hijos.

Es una sensación mía, o el resto también echó en falta a los chicos.

 

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12 PM | 10 Dic

FRANCOFONIA

Por Diegoimages-2 Brodersen

“Por supuesto que, hace mucho tiempo, aquí no había nada. En el siglo XII construyeron un fuerte con un castillo. Y así comenzó. Trabajarían la tierra, construirían sobre ella, reconstruirían y se la entregarían unos a otros sin ceder”, afirma la voz de Aleksandr Sokurov al promediar Francofonía, su primer largometraje en cuatro años, que parece complementar (o completar o comentar) el anterior, El arca rusa. Ese “aquí” refiere al kilómetro cuadrado ocupado desde hace siglos por lo que hoy es el Museo del Louvre y sus alrededores. En este film-ensayo en un sentido estricto, el uso indistinto de recursos documentales y de ficción es el punto de partida para una nueva reflexión sobre la relación entre el Arte y la Historia. O, si se quiere, sobre las historias que atraviesan las creaciones artísticas, su conservación o destrucción, y los vaivenes de la humanidad a través de los tiempos, en particular durante el siglo XX. Francofonía es una película sobre el Louvre, sobre Francia y la ciudad de París, pero también es, esencialmente, una película sobre Europa, acerca de los diversos imperialismos que la recorrieron, sus vencedores y vencidos. Y sobre la permanencia del arte en los museos, testigos mudos de los cambios y de las ideas y venidas de los hombres y mujeres.

Si El arca rusa, filmada en el Museo Hermitage de San Petersburgo, estaba marcada por el prodigio técnico y artístico de su único plano-secuencia de 90 minutos, el andamiaje formal de Francofonía está sustentado sobre el concepto de la fragmentación. Por el corte de montaje, pero también la sobreimpresión, la división del cuadro en múltiples imágenes, el retoque digital, la acumulación de idiomas. Sin embargo, como en aquel film, aquí también las voces conversan entre sí, aunque estén separadas por décadas. O siglos. Napoléon es uno de los fantasmas que recorren el Louvre, repitiendo constantemente “Soy yo” a quien pueda y quiera oírlo; también Marianne, condenada a llevar el gorro frigio y a reiterar el lema de la República. El centro de este film con forma de espiral de varios brazos es la ocupación nazi en Francia, durante la Segunda Guerra Mundial, y la relación que se establece entre Franz Wolff-Metternich –militar alemán de origen aristocrático, dueño de un gran amor por el arte, enviado por el Tercer Reich para ocuparse del plan de conservación de obras del Louvre– y Jacques Jaujard, funcionario público, ferviente republicano y director de la institución durante aquellos años.

La propia reconstrucción ficcional de esa historia, que ocupa menos de un tercio de metraje, pero a la cual se vuelve una y otra vez, es puesta en evidencia por recursos oportunamente obvios: la claqueta que da inicio a la acción, el empleo de herramientas digitales para “avejentar” la imagen, la pista de sonido monofónica a la izquierda del cuadro, anacronismo que, sin embargo, guarda relación con el período representado. Otras imágenes, muy reales, registran la visita de Hitler a París, la vida cotidiana en la “ciudad abierta”, el desfile de militares alemanes por diversas rues y avenues. Y las muertes y entierros colectivos durante el sitio de Leningrado, que Sokurov utiliza como contrapunto para una de sus teorías: los alemanes protegieron la cultura occidental de sus vecinos, los franceses, pero no podía importarles menos la de sus enemigos rusos. En el inicio de Francofonía, el realizador se comunica con el capitán de un barco en altamar, cuyo lomo transporta obras de arte que corren el riesgo de ser devoradas por una tormenta. La situación se repite en varias ocasiones a lo largo del film y, sobre el final, algunos planos de containers flotando a la deriva confirman el estatus de metáfora de ese leitmotiv.

Porque, visto de esa manera, el arte no es otra cosa que un rehén de los seres humanos, una mercadería transportada a lo largo y ancho del planeta y a través de las centurias. Una víctima del mundo que les dio origen. La película reproduce algunas obras pictóricas –algunas muy famosas, otras desconocidas, excepto para el especialista–, pero la cámara se detiene aún más en esculturas de tiempos remotos. O en una momia egipcia, que la cámara recorre de manera casi táctil, como si se tratara de un baile ultraterreno, necrófilo. Tan lejos del institucional como del documental nacido, por su temática, con pedigrí artístico, Francofonía se impone como una lúcida cavilación sobre el devenir de los hombres, sus traiciones y miserias, sus locuras y cobardías, pero también sus pequeños y secretos actos de heroísmo.

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12 PM | 09 Dic

Escuela de traductores de Toledo

escuela-de-traductores   No tengo solución. Me encontré con una madre que llevaba a su niño a las conchas  y me salió así, espontáneamente: ¿cómo puedes ir a un colegio que se llama Inmaculada Concepción? Luego, claro, llega el día 8 y hacemos fiesta nacional, ésta vez sí, en todo el Estado, en España por más señas. Yo me salvo, porque en realidad lo que celebro es el cumpleaños de mi nieto Rodrigo y el santo de Conchi, a la que conozco hace más de cuarenta años. Eran los nombres que se ponían, ¿Qué hubiera sido de mí si se llamara Ainora?

Y como era fiesta, tomamos la mochila y a las órdenes de Eugenio hacemos la ruta de Zarzalejo por la calzada Romana. Cuando ya las luces se van apagando y el cielo de la tarde empieza a tener tintes de Veronés, paramos a la entrada de la finca del “Chicharrón”. Gran vista del monasterio, y allí me sale mi vena de hijo de guía y me marco el rollo de los 16 grados. ¿Qué cuál es ese rollo? Muy sencillo, el Monasterio gira 16º para mirar a la Escuela de Traductores de Toledo. ¿De dónde he sacado esa teoría? Llego a casa y me lo pienso, rebusco entre mis desordenador libros y encuentro uno que se titula “EL ESCORIAL ESTUDIO ICONOLÓGICO”, de una alemana llamada  Von der Osten Sacken y allí en la página 22 se dice: “el lugar está situado, siguiendo las reglas de la buena cosmografía en el centro del quinto clima donde también se encuentra Roma (eso se me había olvidado, pero si los cosmógrafos de la antigüedad tuvieran que definir hoy el quinto clima dirían que es la zona de latitud en la que están situados Roma y San Lorenzo. Gran tema para otro día)

Unas páginas más adelante leo. “llama la atención que la orientación de la obra se desvía unos 16º en el sentido de las agujas del reloj, de la dirección éste-oeste” y señala como posible las siguientes causas:

1.- Los aposentos privados del Rey y las celdas delos monjes que dan al Sur estarían mejor protegidos por los vientos del norte.

2.- Para que la obra estuviera orientada a la puesta del sol el día 10 de agosto (patrón de mi pueblo, que es el de arriba, pero para aclarar equívocos, soy de la clase de abajo, hijo de guía)

3.- Pedro de la Hoz, secretario real, dice que la fachada este, con el majestuoso ábside, tenía que mirar a Madrid y Toledo. A Madrid para ofrecer ampulosidad de aquellos que vinieran a visitar al monarca, pero de Toledo no se dan motivos.

Entonces, ¿de dónde he sacado lo de la Escuela de Traductores?  Es muy típico de guías contar historias que atraigan al público, a mi padre le oí contar algunas. Yo creo, ahora que lo pienso, que me debió influir la lectura del Gárgoris y Habidis: “aquí en Toledo jugaron libremente y de poder a poder las tres grandes etnias conformadoras del existir histórico español”. Mola ésta teoría, pues no hay que olvidar que se empezó la construcción del Monasterio nada más terminar el concilio de Trento, y Felipe quiso dar una respuesta con piedras a la reforma protestante. Señalar a la Escuela era una advertencia, bromas las mínimas. Seguiré buscando (tengo en el subconsciente, ahora que celebramos el centenario de Jung, que lo leí a una autora Japonesa) más documentación sobre los 16º, y por supuesto la pisada del diablo, la próxima vez que pasemos cerca os la muestro.

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