12 PM | 10 Dic

FRANCOFONIA

Por Diegoimages-2 Brodersen

“Por supuesto que, hace mucho tiempo, aquí no había nada. En el siglo XII construyeron un fuerte con un castillo. Y así comenzó. Trabajarían la tierra, construirían sobre ella, reconstruirían y se la entregarían unos a otros sin ceder”, afirma la voz de Aleksandr Sokurov al promediar Francofonía, su primer largometraje en cuatro años, que parece complementar (o completar o comentar) el anterior, El arca rusa. Ese “aquí” refiere al kilómetro cuadrado ocupado desde hace siglos por lo que hoy es el Museo del Louvre y sus alrededores. En este film-ensayo en un sentido estricto, el uso indistinto de recursos documentales y de ficción es el punto de partida para una nueva reflexión sobre la relación entre el Arte y la Historia. O, si se quiere, sobre las historias que atraviesan las creaciones artísticas, su conservación o destrucción, y los vaivenes de la humanidad a través de los tiempos, en particular durante el siglo XX. Francofonía es una película sobre el Louvre, sobre Francia y la ciudad de París, pero también es, esencialmente, una película sobre Europa, acerca de los diversos imperialismos que la recorrieron, sus vencedores y vencidos. Y sobre la permanencia del arte en los museos, testigos mudos de los cambios y de las ideas y venidas de los hombres y mujeres.

Si El arca rusa, filmada en el Museo Hermitage de San Petersburgo, estaba marcada por el prodigio técnico y artístico de su único plano-secuencia de 90 minutos, el andamiaje formal de Francofonía está sustentado sobre el concepto de la fragmentación. Por el corte de montaje, pero también la sobreimpresión, la división del cuadro en múltiples imágenes, el retoque digital, la acumulación de idiomas. Sin embargo, como en aquel film, aquí también las voces conversan entre sí, aunque estén separadas por décadas. O siglos. Napoléon es uno de los fantasmas que recorren el Louvre, repitiendo constantemente “Soy yo” a quien pueda y quiera oírlo; también Marianne, condenada a llevar el gorro frigio y a reiterar el lema de la República. El centro de este film con forma de espiral de varios brazos es la ocupación nazi en Francia, durante la Segunda Guerra Mundial, y la relación que se establece entre Franz Wolff-Metternich –militar alemán de origen aristocrático, dueño de un gran amor por el arte, enviado por el Tercer Reich para ocuparse del plan de conservación de obras del Louvre– y Jacques Jaujard, funcionario público, ferviente republicano y director de la institución durante aquellos años.

La propia reconstrucción ficcional de esa historia, que ocupa menos de un tercio de metraje, pero a la cual se vuelve una y otra vez, es puesta en evidencia por recursos oportunamente obvios: la claqueta que da inicio a la acción, el empleo de herramientas digitales para “avejentar” la imagen, la pista de sonido monofónica a la izquierda del cuadro, anacronismo que, sin embargo, guarda relación con el período representado. Otras imágenes, muy reales, registran la visita de Hitler a París, la vida cotidiana en la “ciudad abierta”, el desfile de militares alemanes por diversas rues y avenues. Y las muertes y entierros colectivos durante el sitio de Leningrado, que Sokurov utiliza como contrapunto para una de sus teorías: los alemanes protegieron la cultura occidental de sus vecinos, los franceses, pero no podía importarles menos la de sus enemigos rusos. En el inicio de Francofonía, el realizador se comunica con el capitán de un barco en altamar, cuyo lomo transporta obras de arte que corren el riesgo de ser devoradas por una tormenta. La situación se repite en varias ocasiones a lo largo del film y, sobre el final, algunos planos de containers flotando a la deriva confirman el estatus de metáfora de ese leitmotiv.

Porque, visto de esa manera, el arte no es otra cosa que un rehén de los seres humanos, una mercadería transportada a lo largo y ancho del planeta y a través de las centurias. Una víctima del mundo que les dio origen. La película reproduce algunas obras pictóricas –algunas muy famosas, otras desconocidas, excepto para el especialista–, pero la cámara se detiene aún más en esculturas de tiempos remotos. O en una momia egipcia, que la cámara recorre de manera casi táctil, como si se tratara de un baile ultraterreno, necrófilo. Tan lejos del institucional como del documental nacido, por su temática, con pedigrí artístico, Francofonía se impone como una lúcida cavilación sobre el devenir de los hombres, sus traiciones y miserias, sus locuras y cobardías, pero también sus pequeños y secretos actos de heroísmo.

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12 PM | 09 Dic

Escuela de traductores de Toledo

escuela-de-traductores   No tengo solución. Me encontré con una madre que llevaba a su niño a las conchas  y me salió así, espontáneamente: ¿cómo puedes ir a un colegio que se llama Inmaculada Concepción? Luego, claro, llega el día 8 y hacemos fiesta nacional, ésta vez sí, en todo el Estado, en España por más señas. Yo me salvo, porque en realidad lo que celebro es el cumpleaños de mi nieto Rodrigo y el santo de Conchi, a la que conozco hace más de cuarenta años. Eran los nombres que se ponían, ¿Qué hubiera sido de mí si se llamara Ainora?

Y como era fiesta, tomamos la mochila y a las órdenes de Eugenio hacemos la ruta de Zarzalejo por la calzada Romana. Cuando ya las luces se van apagando y el cielo de la tarde empieza a tener tintes de Veronés, paramos a la entrada de la finca del “Chicharrón”. Gran vista del monasterio, y allí me sale mi vena de hijo de guía y me marco el rollo de los 16 grados. ¿Qué cuál es ese rollo? Muy sencillo, el Monasterio gira 16º para mirar a la Escuela de Traductores de Toledo. ¿De dónde he sacado esa teoría? Llego a casa y me lo pienso, rebusco entre mis desordenador libros y encuentro uno que se titula “EL ESCORIAL ESTUDIO ICONOLÓGICO”, de una alemana llamada  Von der Osten Sacken y allí en la página 22 se dice: “el lugar está situado, siguiendo las reglas de la buena cosmografía en el centro del quinto clima donde también se encuentra Roma (eso se me había olvidado, pero si los cosmógrafos de la antigüedad tuvieran que definir hoy el quinto clima dirían que es la zona de latitud en la que están situados Roma y San Lorenzo. Gran tema para otro día)

Unas páginas más adelante leo. “llama la atención que la orientación de la obra se desvía unos 16º en el sentido de las agujas del reloj, de la dirección éste-oeste” y señala como posible las siguientes causas:

1.- Los aposentos privados del Rey y las celdas delos monjes que dan al Sur estarían mejor protegidos por los vientos del norte.

2.- Para que la obra estuviera orientada a la puesta del sol el día 10 de agosto (patrón de mi pueblo, que es el de arriba, pero para aclarar equívocos, soy de la clase de abajo, hijo de guía)

3.- Pedro de la Hoz, secretario real, dice que la fachada este, con el majestuoso ábside, tenía que mirar a Madrid y Toledo. A Madrid para ofrecer ampulosidad de aquellos que vinieran a visitar al monarca, pero de Toledo no se dan motivos.

Entonces, ¿de dónde he sacado lo de la Escuela de Traductores?  Es muy típico de guías contar historias que atraigan al público, a mi padre le oí contar algunas. Yo creo, ahora que lo pienso, que me debió influir la lectura del Gárgoris y Habidis: “aquí en Toledo jugaron libremente y de poder a poder las tres grandes etnias conformadoras del existir histórico español”. Mola ésta teoría, pues no hay que olvidar que se empezó la construcción del Monasterio nada más terminar el concilio de Trento, y Felipe quiso dar una respuesta con piedras a la reforma protestante. Señalar a la Escuela era una advertencia, bromas las mínimas. Seguiré buscando (tengo en el subconsciente, ahora que celebramos el centenario de Jung, que lo leí a una autora Japonesa) más documentación sobre los 16º, y por supuesto la pisada del diablo, la próxima vez que pasemos cerca os la muestro.

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01 AM | 05 Dic

Un poema de Antonio Herranz, a propósito del homenaje a Blas de Otero

                  HOMENAJE INTERPUESTO A B. O.   

 

Los himnos se reconocen cuando se escuchan.

Luego desgraciadamente se olvidan.

Era una voz áspera y desgarrada,

impregnada de tabaco y alcohol:

Me queda la palabra.

Yo escuchaba, no sabía qué decir.

Era un tiempo sombrío.

Era la edad de la impaciencia.

¡Hijo, ten cuidado

con lo que haces, con lo que dices!

Mas el himno palpitaba

y se oía claro y conciso.

Quizá triste, pero contenía una esperanza:

Me queda la palabra.

El hombre vestía de negro,

De pie, con su pierna apoyada en una silla,

sostenía y tocaba su guitarra.

Se mostraba desposeído,

identificado con el verso del otro,

que a la vez era de todos.

Firme y convincente en su canto:

Me queda la palabra.

Cuando me levanté para abrazarle

se desvaneció delante de mí,

lentamente, como se desvanecen

nuestros más íntimos deseos.

 

II

 

¿Dónde está ese ángel fieramente

humano? ¿Dónde habita?

Ahora es un pollo de alas cortas,

hacinado en una jaula

de un mercado en China.

 

¿Dónde está ese ángel igual

al percibido por Rilke?

Ese que brilla y muestra

los obstáculos.

Ahora es un ahogado

y como tal nos representa.

 

 

 

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03 PM | 01 Dic

¿Está la respuesta flotando en el viento?

   I’am your man.  Homenaje de Colectivo Rousseau a Leonard Cohen

Miértardes4coles día 30 Casa de Cultura San Lorenzo de El Escorial

Si juzgamos por lo que sucedió ayer, a propósito de la proyección de I’am your man, en la Casa de Cultura, habría que desmentir al reciente Premio Nobel de Literatura. El aforo de la sala, un miércoles de diario, y los aplausos finales de la concurrencia vendrían a demostrar que la respuesta está en la voluntad de la gente, que quiere y responde cuando se le ofrece. No flotando en ninguna parte.

La asociación cultural Colectivo Rousseau había propuesto el visionado de este documental como sencillo homenaje a la memoria de Leonard Cohen y la afición respondió contundente. Pero la historia viene de atrás. El Colectivo, por el que han pasado mucho personal y cantidad de propósitos –buenos, regulares y detestables algunos- y permanecido sin embargo, siempre, su alma mater, tiene detrás una historia de más de dieciséis años batallando contra viento y marea para acercar y disfrutar la cultura. Sí, la cultura. ¿Alguien tiene miedo? La cultura. Esa cosa que mejora a las personas. En nuestros pueblos hay quien conoce de cerca la labor del Colectivo, y hay quien la desconoce. Y hay quien la mira con desconcierto, Y hay, incluso, quien la ve con cierta prevención. Pero la labor queda. Por ejemplo, durante el último año en San Lorenzo ha estado gente muy notable, que dejó su saber sobre temas tan variados e interesantes como “el Dret a Decidir” (memorable exposición del amigo letrado García Regueiro); un homenaje al filósofo Manuel Sacristán; una excelente conferencia sobre el teatro a cargo de Sergio Santiago; o la presentación de dos libros, uno de Germán Cano, Fuerzas de Flaqueza, y otro la novela Antaño en Paramoñano, de nuestro amigo Alfonso Peláez; hablamos del  o TTIP, con Jorge Brocato;también de Ulrich Beck,  y salimos muy contentos con el homenaje a Blas de Otero, con una excelente exposición de Antonio Chazarra que hemos colgado en Descargas de la sección de poesía, para que todos puedan leerla. Todos  desgranaron sus ideas, aquí, gracias al “Rousseau”.

Actualmente, el Colectivo quiere impulsarse y crecer. En actividades y en alcance. Queremos hacer más cosas y queremos llegar a más gente. Con independencia y con el espíritu libre. Con más cine “invisible”; con más conferencias de hombres y mujeres prestigiosos; con más documentales sobre cualquier tema relevante; y, como novedad, desde el 14 de diciembre, todos los segundos miércoles de cada mes en la antigua biblioteca “Manuel Andújar” con Tardes para el diálogo. (ir a descargas) Un foro abierto en el que debatir con libertad y sin prejuicios sobre cualquier idea que sea digna de controversia intelectual. Y todo ello, por qué. Porque la respuesta no está flotando en el viento sino en las ganas y en la voluntad de las personas. Decía Cohen que hay que abrir grietas para que entre la luz, nosotros queremos que entre la luz y además, cómo no, agrietar un poco el capitalismo, como nos recomendaba John Holloway.

 

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