La escritora francesa Catherine François, autora de «Los reyes poetas» reconstruye la vida de las cortes literarias de Almería y de Sevilla en el siglo XI con absoluta fidelidad a los hechos históricos. Su relato dramatizado consigue encarnar personajes hasta hoy difusos en escenas llenas de emoción y pone de manifiesto el papel de la poesía en la política de la época. Sorprende la precisión con que una autora extranjera se adentra en una parte compleja de la historia española, convirtiéndola en materia poética de primer orden.
En una entrevista ha admitido que al-Andalus «acabó convirtiéndose en mito romántico», ha asegurado que «se tardó mucho en recuperar el nivel de conocimientos y la prosperidad de las capitales de al-Andalus», y que «para valorar estos hechos con rigor hay que atenerse a los estudios históricos, visitar los museos y los monumentos que quedan».
Según la autora, desde el punto de vista cultural, lo más destacable de estas cortes islámicas era la actividad poética, algo que «se puede apreciar por la cantidad de poetas que prestaban su servicio a los reyes al-Mutasim y al-Mutamid, que eran ellos mismos poetas. La poesía era una muestra de la vida refinada de las cortes de al-Andalus».
François, que presentó «Los reyes poetas» en la Fundación Tres Culturas de Sevilla , ha explicado que la poesía «estaba acompañada por músicos y a veces por bailarinas; en Sevilla, ar-Rashid, uno de los hijos de al-Mutamid, también poeta, tocaba el laúd con un grupo importante de músicos».
El prestigio de la poesía estribaba en que «ya tenía un papel relevante durante la época preislámica. Las tribus de beduinos recorrían el desierto cantando versos monótonos como el paso de sus camellos. El poeta era un guerrero que prestaba su voz para ensalzar el valor de su clan en las batallas».
«Con la expansión del islam, los poemas se abrieron hacia una lírica espiritual y amorosa -ha advertido-, se hicieron musicalmente más ricos, con aportaciones de Oriente y de Occidente. Al-Andalus heredó esa tradición a la vez profana y religiosa, la protegió con especial ahínco por ser el territorio más occidental y aislado del islam».
Además, «los letrados andalusíes tenían que defender su poesía, inicialmente puesta en duda por los autores de Oriente, aunque fue reconocida ya por la mayoría de ellos en el siglo XI», ha manifestado.
Sobre el peso de la poesía en la política de la época, François ha recordado que «toda la correspondencia oficial y diplomática se hacía en verso; por eso, los visires tenían un amplio conocimiento de los recursos poéticos».
«Siguiendo la tradición oriental, los poetas de al-Andalus ensalzaban el honor de sus señores y celebraban sus victorias. Llegaron a ser un valor de prestigio que los reyes se disputaban. El poder de la palabra fue decisivo cuando empezaron a circular entre la población poemas que denunciaban la forma de vida licenciosa de sus gobernantes», ha explicado.
De aquella poesía ha destacado «las imágenes y la variedad de los temas, la delicadeza de las metáforas labradas como objetos de filigrana, que supieron aprovechar los trovadores», ya que «los poetas andalusíes heredaron una tradición literaria pulida durante siglos que llegó a formar un especie de clasicismo barroco».
«La poesía andalusí era sensual y refinada; una parte sustancial de la lírica popular española viene de ahí», ha valorado la autora.
Del estudio de estas obras ha señalado que «queda mucho por hacer en traducción. Fuera de España se han traducido poesías escritas y cantadas en al-Andalus a las que todavía no tenemos acceso. La Biblioteca de al-Andalus editada por Jorge Lirola suple en parte esa carencia, pero se echa de menos una labor de equipo internacional que permita editar un panorama completo de la poesía andalusí».
François ha señalado que, a diferencia de al-Andalus, «en los reinos cristianos la cultura era privilegio exclusivo de los nobles y de los clérigos, y a los letrados no se les permitía tratar temas paganos o que fueran en contra de las teorías dictadas por Roma. En al-Andalus, en cambio, no era raro oír a un campesino improvisar versos sobre un tema cualquiera».
«Los sabios árabes conservaron la filosofía griega, olvidada por los cristianos de la época, y los conocimientos técnicos y científicos, tanto en astronomía como en música, de los persas. La huella que dejaron en el paisaje, en la arquitectura y en la agricultura, se puede contemplar todavía».
La economía del bien común
El modelo económico del futuro
Resumen de Cristian Felber, abril de 2011
La economía del bien común es un libro de 150 páginas que se publicó el 16 de agosto de 2010 en la editorial vienesa Deuticke. Los fundamentos teóricos habían sido elaborados en
un libro precedente „Nuevos valores para la economía”, del mismo autor (Deuticke, 2008).
Desde entonces, una veintena de empresarios ha participado en la tarea de desarrollar y
detallar el modelo. Uno de los objetivos de la publicación del libro es escapar de la estéril
dicotomía “lo que no es capitalismo tiene que ser comunismo” y ofrecer una alternativa
sistémica humana. En el apéndice del libro, 70 empresas apoyan el modelo con su firma – lo
cual es una señal de que el modelo no sólo es una hermosa idea utópica, sino que ha
emergido desde la práctica empresarial. Hoy, unas 250 empresas apoyan el modelo y 70 se
han decidido a implementarlo.
1. La economía del bien común reposa sobre los mismos valores que hacen florecer nuestras
relaciones interhumanas: confianza, cooperación, aprecio, co-determinación, solidaridad, y
acción de compartir. (Según recientes investigaciones científicas, las buenas relaciones
interhumanas son uno de los factores que más contribuyen tanto a motivar a los seres humanos
como a hacerlos felices.)
2. En la economía del bien común el marco legal experimenta un giro radical al pasar de estar
orientado según los principios de competencia y avidez de lucro a los de cooperación y
solidaridad. El significado del éxito empresarial cambia de beneficio financiero a contribución
al bien común.
3. El bien común será predefinido en un proceso participativo desde abajo y luego pasado a una
asamblea democráticamente elegidy y anclada en la constitución a través de referéndum.
4. Un nuevo balance principal mide el bien común: el balance del bien común. Este balance
mide rendimientos sociales, ecológicos, democrátios y de justicia distributiva, cuyo conjunto
constituye el nuevo sentido de “éxito empresarial”. Este ya no se mide en términos monetarios,
sino en puntos neutrales. El máximo que se puede alcanzar son 1000 puntos del bien común.
5. Las empresas con los mejores balances disfrutan de incentivos y ventajas legales que les
permiten cubrir sus costes mayores y ofrecer los productos éticos a precios inferiores que los no
éticos: tasas de impuestos reducidas, créditos con interés reducido, prioridad en la compra púbica
y programas de investigación, …
6. El balance financiero será el balance secundario. El beneficio financiero, antes el fin de la
actividad empresarial, se convierte ahora en un medio del neuvo fin: el bien común. Eso significa
que sólo serán permitidas aquellas aplicaciones del beneficio financiero que aumenten el bien
común: inversiones (con plusvalía social y ecológica), repago de créditos, reservas (limitadas),
distribución a los que crean la plusvalía (máximo: 20 veces el salario mínimo) y créditos sin
interés a co-empresas; mientras que las aplicaciones que reduzcan el bien común ya no serán
legales: inversiones en los mercados financieros, adquisiciones hostiles, distribución a personas
que no trabajan en la empresa, donaciones a partidos políticos.
7. Como el beneficio financiero ya no es un fin en sí mismo, las empresas recuperan la libertad de
aspirar a su tamaño óptimo. Ya no tienen que temer que otras empresas se las “traguen” y ya no
les estará permitido tragarse a otras empresas; no necesitarán tener que crecer para ser más
lucrativas, poderosas o fuertes que l@s competidor@s. Todas las empresas serán redimidas de
la coerción estructural de tener que crecer y devorarse mutuamente.8. Las desigualdades en las rentas y en la propiedad serán limitadas: la renta máxima no puede
ser más de 20 veces la renta mínima; la propiedad privada no puede exceder 10 millones de euros;
el derecho heredetario se limita a medio millón de euros por persona, en el caso de empresas
familiares a diez millones de euros por persona. Herencias que excedan estos límites serán
distribuidas como “dote democrática” a miembros de la generación siguiente. El objetivo de la
“herencia máxima” y “herencia mínima”: Cuanto más justamente distribuido esté el capital inicial
tanto mayor será la igualdad de oportunidades.
9. Empresas grandes con más de 250 empleados pasan parcialmente a la propiedad de l@s
emplead@s y l@s ciudadan@s; empresas con más de 5.000 emplead@s al cien por cien. L@s
ciudadan@s serán representad@s por delegad@s directamente elegid@s en „parlamentos
económicos regionales”. El gobierno no puede intervenir ni tiene propiedad en esas empresas.
10. El gobierno tampoco puede tocar los „bienes democráticos“, la tercera categoría de
propiedad aparte de la gran mayoría de pymes privadas y unas cuantas grandes empresas de
propiedad mixta. Bienes democráticos pueden ser: escuelas, universidades, hospitales, empresas
de abastecimiento de agua y energía, telecomunicación, transporte público o bancas: la
infraestructura básica.
11. Un bien democrático clave es „el banco democrático“. Este banco sirve – como todas las
empresas – al bien común y está controlado como todos los bienes democráticos por la ciudadanía
soberana y no por el Gobierno. Su servicio consiste en depósitos garantizados, créditos de interés
reducido y cuentas corrientes gratuitas. Los mercados financieros tal y como se presentan hoy ya
no existirán.
12. La democracia representativa será complementada por la democracia directa y la
participativa. El pueblo soberano tiene el derecho a a) corregir a sus representantes (el
parlamento), b) iniciar y adoptar leyes, c) iniciar y adoptar un cambio de la Constitución, y d)
controlar áreas claves de la economía como los bienes democráticos.
13. Aparte de la asamblea económica [del bien común] habrá otras convenciones para
profundizar la democracia: convención para la educación, una convención para la
democratización de los medios de comunicación, y una convención para la creación de bienes
democráticos.
14. Para anclar los valores de la economía del bien común en las generaciones futuras tan
profundamente como hoy está arraigada en la generación actual la visión del ser humano
socialdarwinista y capitalista, propongo cinco nuevas asignaturas obligatorias: emocionología,
ética, comunicación, educación democrática y experiencia de la naturaleza.
15. Como la noción de „éxito empresarial“ será diferente en la economía del bien común, otras
competencias de gestión serán las más solicitadas. Las personas más responsables, sociables,
empáticas y capaces de atender al bien de tod@s y de la comunidad ecológica, serán l@s modelos
apreciad@s por la sociedad y las más buscadas por las empresas.
Las empresas que quieran apoyar el modelo de la economía del bien común pueden ponerse en
contacto directamente con el autor (que domina bien el espanol): www.christian-felber.at
O subscribirse directamente en la página web
versión en español: www.gemeinwohl-oekonomie.org