
Cambio drástico de temática y localización espacio-temporal para el niño terrible de la industria, el portentoso, caprichoso y genéticamente genial Paul Thomas Anderson, quien vuelve a tocar el cielo con su quinta obra, una mirada excesiva, trágica, de adscripción épica, a un ser humano y a un entorno que lo define.
Hay sangre, mucha sangre, en THERE WILL BE BLOOD. Pero la sangre que destila la película es negra. El color del líquido que origina disputas e hiperbola las pasiones, que dibuja manchas de odio y orgullo en la árida meseta americana, que ubica a empresarios y propietarios en el vasto rincón más siniestro del planeta. Hay mucho de cine clásico en esta obra maestra. Pero toda esta herencia temática, ideológica y narrativa late bajo un sello postmoderno, el esqueleto narrativo y estilístico de Anderson bebe de fuentes sólidas a las que se les da un acabado autorial nuevo, vibrante, de latente potencia visual en cada fotograma. Vemos retazos de cine mil veces visto en televisión, pero en esta THERE WILL BE BLOOD se abraza el signo de lo coetáneo; son deseos y arrebatos humanos de siempre vestidos con la fuerza de nuestro tiempo.
Pese a un final que diluye la furiosa solidez de la puesta en escena en aras de un cierto exceso e histrionismo, THERE WILL BE BLOOD se sitúa en la vanguardia del cine de autor por sus arriesgadas decisiones narrativas –un ejemplo, su desarmante primer cuarto de hora-; por un empaque formal que trasluce la tensión de la historia con una planificación perfecta, perfilando con sus ángulos la oscuridad de esos seres humanos enfermos de mezquindad; y por la inteligente y matizada postura que el director adopta frente a los personajes -nunca maniquea ni enjuiciadora-, quienes se mueven con el solo peso de su bajeza innata -los débiles de fé ciega y de codicia sin límites nunca son objeto de burla, más bien de cierta piedad-.
Tuve la íntima sensación al ver la película de que no hay otro actor vivo capaz de encarnar, con toda la grandeza requerida, al complejo magnate Plainview. La bestial presencia de Daniel Day-Lewis enriquece las aristas de un personaje incómodo, dota de rabiosa humanidad a un monstruo falto de escrúpulos y enaltece las miserias del arribismo en persona. Cada cambio de gesto en esos primeros planos tan gratos es fruto de una meditada introspección del actor, pero cumple su función: sumergirnos de lleno en los abismos más sucios de una personalidad demoledora. Sólo con su físico y su entregada –puntualmente barroca- creación se concibe este desasosegante relato del auge y la caída de un magnate petrolero. Él es, en una interpretación calculada y pletórica, fría y grandilocuente, virtuosa y sin concesiones, la integral encarnación del mal, él y no otro actor es quien puede implicarnos en este firme y torrencial recorrido por los senderos de la avaricia y los peligros de la fé. Algo en sus ojos anuncia la violenta explosión bajo la calma. Y los premios le están lloviendo al actor. Con razón. TRAKIS filmaffinity
FELAS
Baden Baden es una ciudad alemana que estuvo de moda por la alta burguesía en el siglo XIX como ciudad de descanso por las termas, utilizadas ya por el emperador Caracalla, así que “los pájaros de Baden Baden” es una alusión que hace Ignacio Aldecoa a aquellas personas que veraneaban en el Madrid de los años 60.El film nos recuerda inevitablemente a Chabrol por la crítica a la burguesía, su tedio y su abulia, pero en este caso la vemos más de cerca por las imágenes realistas de la Gran Vía, los coches, la vestimenta y hasta la música. Lástima que la voz sea doblada, lo que a nuestro juicio pierde belleza en la historia simple, pero al mismo tiempo creíble. La hija de un abogado con dinero se enamora de un perdedor especializado en hacer cosas que no sirven para nada.
Destaco del conjunto de la película la secuencia en la que se van a bañar a la poza de un rio ( recuerdo a Miguel Ríos con su famosa canción y la novela de Ferlosio «El Jarama») y el amigo dice descubrir detrás de la belleza de Catherine Spaak el bienestar y la felicidad de los que desde el principio de los tiempos han perseguido a los poetas perdidos, momento en que a la solicitud de un poeta el amigo se pone a recitar: Yo quiero ver aquí a los hombres…Lorca, Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres…Dámaso Alonso, Como el toro, he nacido para el luto y el dolor…Hernández, Espronceda y sus cañones por barba, pero el momento cumbre es cuando le pide que recite un poema de Claudio Rodríguez y ambos intercalando los versos dicen: “Largo se hace el día a quien no ama y él lo sabe, y el oye ese tañido corto y duro del cuerpo, su cascada canción, siempre sonando en la lejanía.” Y terminan: “Día largo y aún más larga la noche. Mentirá al sacar la llave. Entrará. Y nunca habitará su casa” Podeis ver el poema completo en la seccion Poesía de esta página.
FELAS

El mismo día que hemos visto la película de Shomei Imamura: “La balada de Narayama”, el actual ministro de finanzas de Japón Taro Aso declaraba que el sistema médico debe cambiar “para que los viejos se mueran pronto”. No sé si estas afirmaciones son fruto de secuelas del folclore y los relatos populares de Japón, pero desde luego tienen que ver con la cultura de la muerte en ese país. Ya nos sorprendió Marker en su película “Level Five” sobre lo ocurrido en los suicidios de la Batalla de Okinawa, aunque estamos seguros que a pesar de lo que dice el ministro, el proceso de industrialización y concentración de la población en áreas urbanas ha tenido que secularizar las creencias, sin embargo, el shintoismo debe estar aún presente en su cultura. La película hace contra planos con el mundo animal, como si quisiera demostrarnos que los personajes del drama rural también pertenecen a ese mundo. A primera vista nos puede parecer muy duro la aplicación de la ley, pero si analizamos determinamos tendencias modernas de lo que se ha venido en llamar derecho penal del enemigo, constataremos que hoy también se “entierra” a los malos.
FELAS
Lo primero que sabemos de Andrei Zvyaginstev es que en su cine hay una relación espiritual en que las emociones no deben someterse a las palabras, y si somos capaces de encontrar analogías entre el cuerpo tumbado del padre cuando llega a su casa después de doce años de ausencia y el Cristo de Mantegna, la película nos muestra inmediatamente su dimensión “tarkoskiana” sobre la naturaleza humana, donde la admiración,el recelo,la valentía, la dignidad, el deseo y la desconfianza se ponen en primer plano, fotografiando paisajes gélidos y desérticos en tonos frios,conseguidos por el director de fotografía Mikhail Kritchman,quien nos cuenta en una entrevista al recibir el premio en Venecia que aprendió los secretos de la misma leyendo el American Cinematographer,la revista de la sociedad americana de directores de fotografía. Pero,a nuestro juicio no sólo eso, pues es indudable que el director de nombre impronunciable ha tomado como referencia,» La Infancia de Iván», en el momento que los niños encuentran un pez en un barreño del barco,» El Espejo» en las imágenes del bosque al finalizar la película, y la isla como la zona de» Stalker», la presencia constante del agua…Sin embargo,y a pesar de algunas críticas no veo a Sokurov por ningún lado.
El potente guión está realizado por los mismos de la película «Quemados por el So»l, y el ritmo dramático es conseguido a la perfección, con una interpretación excelente de los niños a los que se les nota su paso por una escuela de Teatro. La ausencia del padre en la vida de los hijos tiene, en la inmensa mayoría de los casos, repercusiones negativas que se manifiestan en diferentes planos del ajuste adaptativo de los niños, no sería ese el único planteamiento de la película, pero está claro que el tema de la ausencia mantiene una presencia constante, hasta en la caja encontrada que simbolizaría lo oculto, lo que no está
MIQUEL

Notable realización de Claude Chabrol, que se estrena el 22-I-1969 (Francia). Corresponde a su tercera época, la que para muchos es la mejor del cineasta. Desarrolla un agudo análisis psicológico de los personajes principales y de su evolución en el marco de un relato de intriga y tensión que los coloca en situaciones límite. Compone un soberbio fresco en el que se ponen de manifiesto las características que singularizan la burguesía francesa de la segunda mitad de los años sesenta. La visión actual del film se beneficia del valor de testimonio de una época y de unos personajes del pasado que en su momento eran tan reales como la vida misma.
La narración se desgrana con parsimonia, atención al detalle y el apoyo de elementos que aportan indicaciones y sugerencias basadas en analogías, simbolismos y paralelismos, como el problema que plantea al chico y a la familia la resolución del rompecabezas de cartón. El gusto por el sobrentendido, la elipsis y la sugerencia, alcanza su máxima expresión en una escena magistral, en la que Chabrol no explica lo que está ocurriendo, sólo lo da a entender mediante silencios, gestos contenidos, miradas desde la distancia y sobrentendidos que ha de componer el espectador en unos pocos instantes. En nuestra opinión, ésta es la secuencia culminante de la obra y una de las mejores escenas creadas por el realizador.
La acción transcurre en escenarios exteriores de Paris, Neuilly y Versalles, y en escenarios interiores. Los primeros inundan la escena de luz, color, monumentos, jardines, fenómenos atmosféricos (tormentas, lluvia …) y espacios abiertos, por los que siente predilección. Los segundos se presentan construidos con abundancia de elementos que reflejan o glosan el estilo de vida, los valores y las aspiraciones de la burguesía francesa de los años 60. Los temas ampulosos, eróticos, mitológicos y barrocos de las cuadros de la residencia de Versalles hablan de la artificiosidad, vanidad y convencionalismos de los personajes que lo ocupan. De igual modo, la acotación de la figura de la Libertad, de Delacroix, que preside la estancia principal del apartamento de Neuilly-sur-Seine habla de ruptura de lo convencional, de emergencia de nuevos valores para una nueva época, de superación de antiguos y caducos prejuicios.
Chabrol aprovecha la ocasión para dejar constancia de su afición a la música clásica, su gusto por la música moderna instrumental (jazz), su apego a la buena mesa, su preferencia por la combinación en la mesa de vino tinto y vino blanco, sus conocimientos de cocina (crepes flambeados) y de su cinefilia. Aconseja al espectador la película “Doctor Zhivago” (1965), de David Lean, y le recuerda que todavía puede gozar de su último trabajo, “Las ciervas” (The Bitches). No faltan los trazos irónicos y mordaces con los que mira la moda de la minifalda de Brigitte. Retoma el tono jocoso y burlesco siempre que se refiere a la mentira y al embrollo.
El film capta la atención del público y la mantiene sobre ascuas a lo largo de un desarrollo complejo, pero asequible y convincente, en el que lo más importante es la transformación que se opera en el interior de los personajes. Por lo demás, la obra constituye un buen ejemplo del valor que para Chabrol tienen las figuras de estilo y las formas de contar las cosas.