Artículos de Opinión

12 AM | 30 May

la novia (entrevista con Paula Ortiz)

Tras su paso triunfal por varios festivales españoles (San Sebastián, Sitges) y con el beneplácito de crítica y público, La novia se estrena por fin comercialmente en nuestro país para que pueda ser disfrutada por todos aquellos qla novia 2ue quieran descubrir una adaptación diferente y moderna de una obra clásica de la literatura española.

La película de Paula Ortiz es una versión libre de Bodas de sangre de Federico García Lorca, clásico que ya había sido llevado con anterioridad a la gran pantalla por el marroquí Souhel Ben Barka, en 1976, y por Carlos Saura, en 1981, dentro de su trilogía sobre el flamenco. El filme de Ortiz convierte la tragedia de Lorca en una experiencia sensorial y tiene en Inma Cuesta una de sus mejores bazas (su nombre suena ya para el premio a la mejor actriz en los próximos Goya). La directora aragonesa nos descubre todas las claves de La novia en esta generosa entrevista.

La novia ha conectado especialmente con una audiencia joven y eso que parte de un texto clásico. ¿Cuál cree que es la razón de esa conexión?

La novia puede parecer destinada a un público más adulto por el texto del que parte, los referentes que maneja no son de la generación que tiene veinte o treinta años. Ahora bien, lo que hemos intentado es reconstruir el texto clásico con todas las herramientas que permite el texto cinematográfico, y es verdad que curiosamente a nivel de crítica y teórica está gustando más a la gente joven que a los mayores. A Lorca se le adscribe una vocación realista, social, rural, muy apegada a lo real, que en realidad no tiene. Esa es una de sus interpretaciones pero tiene muchas más. Hay otras mucho más fantásticas, barrocas; era un surrealista. Hay lecturas mucho más abiertas y en ese aspecto hemos sido muy libres. Para la gente que no conoce a Lorca y que no se había metido en su universo porque pensaba que era algo farragoso, duro y clásico, nuestra película les ha sorprendido. Quizás, por eso ha llegado más a la gente joven.

Algunas secuencias de La novia recuerdan a las de Romeo y Julieta de de Baz Luhrmann. De hecho, también comparte con ella esas ganas de redescubrir textos clásicos. ¿Era Luhrmann un referente que tenía en la cabeza al rodar la película?

A Baz Luhrmann no lo tenía en mente, pero sí que revisé el Jane Eyre de Cary Joji Fukunaga. Un clásico victoriano en el que Fukunaga, uno de mis directores favoritos, imprimía su perspectiva, y hacía algo parecido a lo de Luhrmann. Espero que La novia sirva para abrir el mundo apabullante que tiene Lorca. Hay una generación que conoce su personaje, pero no tanto sus obras.

Una de las cosas que más sorprende de su adaptación de la tragedia de Lorca son los elementos fantastique del relato: la ambientación gótica, la historia de fantasmas…

Esto era una voluntad desde el principio. Bodas de sangre de Lorca es una obra muy difícil de llevar a cabo de forma verosímil en el teatro. Tiene varios personajes, en concreto tres: la muerte, la mendiga y la luna, que nosotros en la película los cristalizamos en uno. Son tres personajes que forman parte de la iconografía del mundo fantástico, de lo romántico y lo gótico, y que ya estaban presentes en la obra original. El propio texto de Lorca evoca imágenes fantásticas, por ejemplo la escena de la novia escupiendo cristales de sangre. EnYerma también hay un episodio con un fauno y una celebración dionisíaca que es puro fantastique.

La novia a ratos también funciona como un western telúrico…

Es algo que también está en el texto. Lorca hace referencia de forma constante a la tierra donde viven los personajes. Habla de una tierra dura, donde no crecen los árboles y donde las mujeres se ahogan, donde el sino te empuja… El verso más potente de la obra es: «Yo no tengo la culpa, la culpa es de la tierra». El valor de ese paisaje del desierto, y de esa horizontalidad, esa frontera, creo que está en Bodas de sangre.

Otro aspecto acertado de su adaptación es el carácter atemporal y casiapátrida en el que sitúa el relato.

La intención era abrirlo en el tiempo y en el espacio, un siglo XX ancho que no se supiese exactamente el momento, podrían ser los años treinta, los sesenta o los setenta. Espacialmente, lo que queríamos era abrir a una especie de ruralidad desértica mediterránea. Podía pasar en Turquía, Grecia, Italia, España, Portugal… Es una sensibilidad, una manera de sentir, un tipo de identidad más allá de lo andaluz. Ya lo decía Lorca, lo andaluz, es un sentir.

 

Las mujeres tienen un peso específico en su filme. El casting de actrices secundarias es extraordinario, con Luisa Gavasa y Ana Fernández a la cabeza. ¿Cómo fue su trabajo con ellas?

Las mujeres son esa fuerza de la tierra y son fuerzas telúricas, son personajes tremendos, que tienen un impulso de vida, de creación, de amor y de muerte. Hacían falta actrices con esa presencia, esa expresión y esa cara vivida. Parece que ahora huimos de los rostros que han vivido, rostros que lo cuentan todo con esa presencia en el plano. En este caso, a algunas de ellas las conocía, a Luisa y Ana por ejemplo. Gracias a Carlos Álvarez-Novoa, descubrí a Consuelo Trujillo, con María Alfonsa Rosso también había trabajado ya. Ha sido un absoluto lujo trabajar con ellas porque se dejan, confían y a la vez conocen tanto los textos clásicos que no tienen miedo a tratar con la palabra poética.

¿Hasta qué punto fue difícil para Inma Cuesta ponerse tras la piel del personaje de la novia? La verdad es que realiza un tour de forceinterpretativo.

Fue duro y fuerte para ella. No era fácil el camino que había que recorrer con el personaje, y no era fácil la propuesta porque era extrema. Había una exigencia muy fuerte hacia ella; es el centro de la película y es la que lleva el río de la tragedia, la que llega hasta el precipicio. Ella es lorquiana, ella en sí misma tiene alma lorquina, esa viveza, esa belleza, es esa mujer de tierra, tiene ese toque poético y, a la vez, muy anclado en la realidad.

Su película apuesta por el barroquismo en la puesta en escena y por utilizar todos los recursos del cine en su máxima expresión (fotografía, banda sonora, localizaciones, la textura de las imágenes). Una suerte de cine totalque busca convertir la película en una experiencia. ¿Fue algo meditado?

La propuesta estética y ética de la película era provocar un viaje emocional a través de los sentidos, una experiencia sensorial. De la luz, del espacio, de las texturas, de las arideces, de los paisajes, del propio lenguaje, de romper la distancias del texto teatral y romper también con las convenciones sonoras. Jugar con el sonido a un nivel genérico e igual con la música, porque la propia obra es muy musical. En el fondo es una tragedia, y la tragedia es un río pasional que te lleva hasta la catarsis, hasta el abismo; para intentar tener esa experiencia hay que jugar con todo.

¿Tiene pensado seguir con estas adaptaciones modernas de clásicos de la literatura española?

Me gustaría hacer otras cosas, pero también me encantaría coger más textos clásicos. Reivindico el imaginario de nuestro patrimonio literario. Así como la literatura anglosajona ha reconstruido y revisitado mil veces todo su imaginario céltico, sus versiones shakespirianas, su literatura romántica y victoriana, nosotros también tenemos una literatura medieval apabullante, un teatro del siglo de oro muy fuerte, una novela muy interesante. Parece que da miedo adaptarlos al cine, los tenemos sacralizados. No entiendo por ejemplo como todas las leyendas de Bécquer no tienen una película cada una, Maese Pérez, el organistasería una gran película.

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10 PM | 09 Mar

lo importante es amar

lo importante es amar

Uff, película desaforada, extrema, barroca, bordeando el melodrama surrealista donde sus personajes sufren sin que la mayoría de las veces entendamos muy bien el porqué. Todos al borde del abismo y el sufrimiento en los ambientes más sórdidos con escenas de un realismo sucio y exagerado rozando el ridículo todo envuelto en los hermosos y desoladores ojos de Romy Schneider y con una banda sonora trágica y hermosa de Georges Delerue. Por eso quizá es una película que se sale de lo habitual y me sorprende que en su estreno fuera todo un éxito de público y crítica. Lo importante es amar es tan delirante, afectada y exagerada, con tanto acierto y desacierto, que se convierte en espectáculo especial y complejo.

No sabemos el pasado de los personajes protagonistas ni intuimos el futuro. Vivimos con ellos su presente desgarrado y su caída continúa al fondo del abismo. A todos ellos les rodean personajes extremos (como ese Klaus Kinski totalmente disparado y extremo) y situaciones extremas. Lo sórdido lo inunda todo cuando sólo quiere contar una historia de amor, un triángulo de dos hombres y una mujer que se destruyen y sufren en cada fotograma. Ante la caída por un tobogán sin fondo, lo importante es amar. Pero a qué precio.

Lo importante es amar no me parece una película fácil. Cuando empecé a verla, empecé a detestarla pero decidí seguir delante de la pantalla y de pronto me vi imbuida en el delirio del director polaco Zulawski y ante tanta sordidez encontrar cierta belleza en la desmesura. Ha sido una extraña experiencia. A veces quería reírme de lo exagerado de las escenas, de esos diálogos barrocos, de esas interpretaciones histriónicas y desgarradas y de pronto sentía pena y angustia ante la tristeza y el dolor de una mujer llamada Nadine, ante el sufrimiento siempre cubierto con una sonrisa de un Jacques Dutronc que no entendemos muy bien —aunque en un momento se intuya su impotencia— su desgracia y huída y asistimos perplejos ante ese fotógrafo (un Fabio Testi cercano a la masculinidad que exudaba ya en El jardín de los Finzi Contini) que se ve atrapado por la mirada de una mujer hasta tal punto de perder totalmente las riendas de su vida ya de por si bastante deprimente.

El fotógrafo que trabaja para una especie de anciano mafioso que organiza sesiones fotográficas de orgías, sadomasoquismo y todo lo más oscuro que se pueda imaginar…, el marido que continuamente coleccione antiguas fotografías de artistas de cine, la actriz hundida y deprimida que trabaja en ínfimas películas de terror y del porno para sobrevivir…, el choque y encuentro entre estos tres personajes y aquellos seres desesperados que les acompañan construyen una historia y una atmósfera de dolor y desgarro sin importar extremos y ridículos.

Una atmósfera agobiante y desgarradora donde hay sangre, peleas, muertes, sexo, suicidio… y cadáveres. Pero donde también cabe el rodaje de una película de bajo presupuesto, los ensayos de una obra de teatro, la representación de unRicardo III abocado al fracaso, una sesión fotográfica de un rostro y cuerpo de mujer, un estudio de revelado que es también un hogar…, y finalmente una historia de amor, dolor y desgarro que ni los mismo personajes entienden.

¿Me ha gustado? Me he sentido finalmente hundida en el delirio de sus imágenes…

 

del blog de Hyldy Jhonson

 

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12 AM | 27 Feb

TRONO DE SANGRE

Al trasladar la historia de Shakespeare al japón feudal, Kurosawa no sólo crea una adaptación de una obra literaria en imágenes, sino que consigue una intertextualidad hasta la fecha no vista. Como ya demostrara con Rashomon (1950), el director se adelantaba a su tiempo.
TRONO DE SANGRE
“Trono de sangre” es sin duda, la mejor adaptación cinematográfica de cuantas se han hecho de Macbeth (y una de las mejores adaptaciones literarias de la historia del séptimo arte) y al mismo tiempo, es la versión más alejada de los estrictamente escrito por W. Shakespeare. El director nipón, mutila parte del texto y cambia ciertos pasajes para construir un Macbeth cuya fuerza radica en la imagen y el plano escogido (al contrario que Welles, en “Trono de sangre” abundan los planos generales, suavizando así la tragedia; pero hay también, unos primeros planos que hielan la sangre -como cuando Washizu (el Macbeth de Shakespeare) y Miki (Banquo en la obra de teatro) adquieren los honores profecitados por la bruja o cuando Lady Washizu (L. Macbeth) convence a su marido para matar al rey-). Kurosawa realiza un meticuloso trabajo de cámara y una maravillosa puesta en escena. Es puro cine conseguido por un lenguaje cinematográfico apoteósico.En “Trono de sangre” podemos apreciar a la Lady Macbeth (Lady Asaji Washizu interpretada por Isuzu Yamada) más pavorosa y fría. Kurosawa usa el plano fijo cada vez que Asaji confabula con su marido Taketori Washizu (Toshirô Mifune). Los movimientos suaves, casi gravitatorios de Asaji y un maquillaje fantasmal ayudan a crear a la mejor L. Macbeth de cuantas hayan sido adaptadas. Su suerte no despertará pena alguna en el espectador.

Al desprenderse más del texto, gana en universalidad (el director se queda con la naturaleza ambiciosa y manipulable del hombre para extrapolarlo a un mundo completamente ajeno al medievo europeo de primeros del milenio donde Shakespeare basó su obra) ,y la película se mueve más por el camino psicológico. Todo queda menos expuesto. La universalidad y atemporalidad de Shakespeare hacen que sus obras sean, en cierto sentido, fácilmente adaptables. Pero son pocas las que consiguen ir más allá de lo que dejó escrito el dramaturgo. Escasas son, las adaptaciones cinematográficas que intentan (y triunfan) al llevar a la pantalla no sólo la palabra (los diálogos y la naturaleza humana que Shakespeare radiografió) sino la esencia de la obra en imágenes imperecederas.

El brillante final, traidor al texto de Shakespeare, termina por destapar la importancia de esta obra. Kurosawa se desprende definitivamente del mejor dramaturgo de la historia, y lo hace sin arrugarse, saliendo airoso y cambiando de un plumazo la tragedia clásica por la épica.

No son pocos, lo momentos puramente cinematográficos que podemos encontrar en esta obra, pero reseñaré sólo el que considero el mejor, que no es otro que el regicidio. El asesinato no se ve en pantalla, sino que Kurosawa mantiene el plano en su mujer (verdadera culpable de los acontecimientos). En esta versión, el asesinato no se comente envenenado al rey (como en la obra de Welles), sino que Washizu usa una lanza. Cuando Washizu vuelve al plano, la lanza está manchada de sangre. Asaji rápidamente recoge la lanza y la coloca en el pobre infeliz del centinela (que previamente Asaji emborrachó). La sangre del Señor mancha de esta manera las manos de los dos. Sangre que permanecerá en escena y recobrará su importancia en los desenlaces finales del film.
A final de la película, un coro (el mismo que nos da la bienvenida) canta el epílogo de esta magnífica obra:
“Contemplad las ruinas del castillo de las ilusiones. Ahora embrujadas por los espíritus de aquellos que perecieron. Lugar de una matanza nacida de un deseo ardiente”.
 de la crónica de «Chagolate con churros»
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