01 PM | 14 Oct

Aki Kaurismäki

Innovador de profundas raíces clásicas, Aki Kaurismaki ha puesto en el mapa al cine finlandés con películas como Un hombre sin pasado o El Havre, en las que ha desarrollado un universo original del que él mismo parece formar parte, tal como estudia la profesora de la Universidad Carlos III de Madrid, Pilar Carrera, en un libro monográfico que edita Cátedra.

Recurriendo a lo que decía Walter Benjamin de que «no hay que creerse todo lo que dicen los autores sobre su obra», Carrera se enfrenta a un director de cine cuya realidad como hombre es sumamente escurridiza y cuyas declaraciones hay que poner siempre en cuarentena.

«Lo que hace, dice, sus apariciones públicas… Está todo orquestado. Sus historias continúan en las ruedas de prensa que ofrece en los festivales. Se ha creado un personaje y actúa en consecuencia. Es muy dado a la boutade (broma), podría formar parte de sus propias películas», asegura la autora de este monográfico.

Haciendo un repaso a títulos tan conocidos como Un hombre sin pasado, Nubes pasajeras y La chica de la fábrica de cerillas; o pequeñas joyas ocultas como Total Balalaika Show o Leningrad Cowboys Meet Moses, Carrera alumbra un escrupuloso método de trabajo que no tiene nada que ver con la dispersión, pues según la profesora, el cineasta finlandés «tiene una precisión narrativa impresionante y es un escenógrafo excepcional».

Kaurismaki es el único cineasta capaz de explotar «todo el potencial melancólico de esos objetos industriales decrépitos», declara la autora, y añade que para él «son ruinas cotidianas». En cuanto a sus personajes, «aunque no los ves inmutarse, enseguida sabes qué sienten. Es una emoción mucho más fría, más pura. No despliegan los sentimientos, no te ríes a carcajadas. Es una risa para dentro», añade.

En un cine lleno de sabiduría referencial, desde Buster Keaton a Robert Bresson pasando por Douglas Sirk, Kuarismaki utiliza las citas «para economizar narrativamente» y consigue sobreponerse al dejá vu para crear ese universo propio por el que han paseado Kati Outinen, Jean-Pierre Léaud o la perra Laika, proveniente de una familia de hasta seis generaciones de actores caninos. Lo que ha hecho Kaurismaki, según resume Carrera, ha sido aunar dos formas narrativas que existen desde hace mucho: «la palimpséstica posmoderna y la narración más lineal, más clásica, a la hora de contar».

En esa precisión, poco parece combinar su afición al vino y al tabaco, su vida rodeado de perros en una caravana en las inmediaciones de Oporto. O, en cualquier caso, poco importa. «Él no se entrega nunca del todo, por lo que no he buscado el desenmascaramiento. He intentado bucear en sus películas y ver qué rasgos narrativos caracterizan su cine», manifiesta Carrera. Pese a ese universo propio, Kaurismaki también ha hecho peculiares paradas en el planeta de Dostoieski en su película Crimen y castigo o en la galaxia shakespeariana en Hamlet vuelve a los negocios; además de haber rodado no solo en Finlandia, país con el que tiene una relación de amor-odio, sino también en Francia.

Según Carrera, el corpus creativo del cineasta es voluntariamente diverso, pero su autenticidad es indiscutible. Kaurismaki consigue crear de esta manera un estilo claramente reconocible, una mezcla que le caracteriza: «Está empeñado en unificar sus temas bipolares: el obrero, no es un obrero gregario como el que se ve en el cine de Ken Loach, es mezcla de obrero y cowboy. Un bohemio y un outsider de la sociedad capitalista», ejemplifica Carrera. Aki Kaurismaki crea, a partir de estas ideas, un cine realmente complejo, complicado y al mismo tiempo de aparente simplicidad total. «Su cine lo protagonizan astros sin atmósfera. No tienen pasado, el futuro es incierto. No tienen sombra», concluye la escritora.

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01 PM | 14 Oct

EL BARDO KERIB (FELAS)

Decía Godard que: “En el templo del cine hay imágenes, luz y realidad. Paradjanov es el principal guardián de éste templo”.La película sobre el bardo Kerib es un deleite para los sentidos, un encuentro con el pasado y la memoria. Busca los ritos con un desfile de objetos sacros y profanos, ambientados en la cultura zaherí, con un acompañamiento prodigioso del saz o kopuz instrumento musical cordófono.
Kerib, pobre pero de buen corazón, está enamorado de Magul-Megeri, la hermosa hija de un hombre rico local. El sentimiento es mutuo (El TE QUIERO,ME QUIERE, debajo de un paraguas con unas palomas blancas detrás nos pone en la pista sobre el conjunto de alegorías que veremos después), pero el padre de Magul-Megeri preferiría que se casara con Kurshudbek, un hombre grosero pero rico. Ashik Kerib hace un trato: él va a viajar por el mundo durante siete años y ganar suficiente riqueza como para ser digno de la mano de Magul-Megeri. Todo termina con un final feliz como no podía ser de otra manera en un cuento de hadas .Cuento adaptado por Lermotov antes de publicar “Un héroe de nuestro tiempo”.
La película está concebida casi toda ella con una disposición frontal, borrando la profundidad, buscando el efecto de la pintura iconológica de las miniaturas islámicas, y mostrando los personajes como si fueran máscaras de un teatro de marionetas, muchas de las cuales se pueden ver en el museo dedicado a Parajanov en Yerevan, República de Armenia, donde también tienen todas sus películas, y se le conoce como «La sombra de los antepasados olvidados».
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06 PM | 11 Oct

POR LOS DE ABAJO

  

  En los últimos días nos han dejado para siempre dos intelectuales de izquierda a los que personalmente tenía mucha estima, Paco Fernández Buey, y Luis Gómez Llorente. Al primero  tuvimos ocasión de conocer en la Universidad de Verano en un curso sobre Gramsci (luego publicó Leyendo a Gramsci) y disfruté como nunca con ocasión de un debate sobre laicismo en una mesa en la Casa de Asturias en la que con Llorente estaban Bustelo, Santesmases, y Salazar que acaba de publicar: “Desigualdades Internacionales”.

  Si Fernández Buey nos ponía sobre la pista de los herederos de Marx en el primer “Topo”, Llorente nos dejaba en la editorial Cuadernos para el Diálogo “Aproximación a la Historia del socialismo Español”, y si Paco Fernández nos deja Marx (sin ismos), Gómez Llorente profundiza en la Escuela Pública en otro libro genial de la Fundación Pablo Iglesias.

 Hace un par de años, y a propósito de un aniversario de Manuel Sacristán, pedimos al Concejal de Cultura de San Lorenzo una sala para analizar su obra, y teníamos prácticamente comprometida la presencia de Fernández Buey, que era el que mejor conocía su obra y al personaje. Pero claro, en San Lorenzo sólo se permite el salón de actos a la Asociación de Abantos.

 Cuenta  José Martínez Cobos, que una tarde del 14 de agosto del 61, cuando el PSOE celebraba su octavo congreso en el exilio, Llorente defendió una ponencia de la Agrupación Socialista de Madrid, en contra de las tesis de Indalecio Prieto, era la primera vez que un delegado se atrevía a contradecir a la Dirección en un congreso. Y nos cuenta Salvador López Arnal, que a Paco por su actividad en el Sindicato Democrático (Universidad de Barcelona) le tocó hacer la mili en El Aiún, y que en los tiempos de la revolución posible era capaz de mostrar la viva imagen de la sensatez. De una sensatez de entonces, distinta a la que se puede encontrar hoy, cuando se pensaba que tumbar la dictadura era instaurar algo parecido al socialismo.

Tenían en común no ser sectarios, respetaban las diferencias y eran conscientes que sólo con la unidad de acción con los sindicatos podría avanzarse hacía una transformación social de la sociedad. Conocieron personas y compañeros  ligados a su época que fueron ministros, subsecretarios, directores generales, pero ellos no pudieron aguantar las puñaladas cainitas de los partidos políticos, y se fueron cada uno desde su ámbito ideológico sin ruido, sin protestas, casi disimuladamente. Pero eso sí, fueron siempre honrados y lucharon cada uno por los de abajo. Ahora que se habla de desafección está claro que ni a Luis ni a Paco se les puede achacar esta cuestión .Si hubiera habido más como ellos  otro gallo nos hubiera cantado.

 

 

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08 PM | 10 Oct

EL PLANETA AMANTE

EL PLANETA AMANTE («Melancolía» de Lars von Trier)

A lo largo de su filmografía, Lars von Trier ha buscado redefinirse continuamente como director, persiguiendo la originalidad como un fin en sí mismo. Pero estas ansias revolucionarias y provocadoras le han llevado también a una senda de artificiosidad de la que le ha sido difícil librarse (Anticristo, 2009). Esta preocupación por tratar de renovar el lenguaje cinematográfico y de imprimir la marca “von Trier” en cada nuevo filme, ha afectado creativamente a sus últimos trabajos, en los que además, su morbosa necesidad de maltratar a sus heroínas -la marca de la casa-, no le ha dado siempre sus mejores resultados. Por ello, una de las cosas que más sorprenden de Melancolía es el sosiego que respira, como si el director finalmente creyese finalmente en una historia y quisiera contarla junto a su heroína, no contra ella, como viene haciendo desde Breaking the Waves (1996), donde comenzó a utilizar la fórmula de tener como protagonista a una mujer que, ya sea inocente o culpable, suele acabar siendo agredida o asesinada. Sin embargo, en Melacholia, aunque también acabe con la muerte de la heroína, surge una extraña sensación de calma y al mismo tiempo de madurez artística.

 

La película de von Trier, de forma similar a Terence Malick en El árbol de la vida (2011), con quien coincidió en Sección Oficial del Festival de Cannes de este año y ahora en cartelera, introduce dentro de la narración un elemento cósmico que afecta directamente a la vida de sus personajes. Los dos trabajos, algo inhabitual en el cine de autor de los últimos años, ponen directamente en relación el universo y lo humano, aunque cada uno de forma total y agresivamente opuesta. El director de Europa (1991) parte de una historia en la que la chica protagonista (Kirsten Dunst) durante la celebración de su boda, se ve afectada por el influjo de un planeta que amenaza con hacer estallar la tierra. Un astro (humanizado) que está danzando alrededor de la tierra con pensamientos amorosos -hacia la protagonista- y apocalípticos al mismo tiempo. Malick, sin embargo, con su visión idílica y benigna del universo, totalmente fusionada a la idea kantiana de lo sublime, y también de lo trascendente, se opone radicalmente a la visión erótica y destructora de von Trier, más primitiva que la de Malick, bajo cuya idea del universo subyace la idea de armonía, expansión, belleza; en definitiva, de Orden. En Melancolía, el cosmos es amenazante, intrusivo, demasiado cercano, humano en cierto modo, como los dioses precristianos. La más bella de las criaturas, una mujer, atraerá el deseo de un planeta y para buscar la consumación,  éste danzará como un animal en celo a su alrededor hasta finalmente alcanzar su objetivo. Von Trier logra verdaderamente algo extraordinario, que es fusionar lo más animal, como ese instinto que hace que los mamíferos se pavoneen, bailen, salten o muestren sus atributos, con lo cósmico. Lo instintivo mezclado con lo eterno. Un planeta convertido en un amante. Sin duda una de las más cautivadoras imágenes que se han visto hace tiempo. No hay idea de Dios, de trascendencia, de orden, de sentido. En Melancolía todo es deseo irracional, frente a la racionalidad y la lógica del universo malickiano. En von Trier, la pasión, y con ella la muerte, terminan siendo más poderosas que la vida.

Otro de los elementos más interesantes del último filme de von Trier es como la película evoluciona y rompe con las expectativas del espectador. Tras una obertura de cuadros que juegan con una estética pictórica surrealista y romántica, de imágenes alegóricas, estampas que nos anuncian lo que ha de suceder, nos hallamos con una película que tarda en encontrar su lugar. En cierto modo, comienza aparentemente de la peor de las maneras, con una estética que recuerda al movimiento Dogma, cine que él inauguró y clausuró con Los Idiotas (1998). Justine, la protagonista, acaba de casarse pero comienza a comportarse de forma extraña, rompiendo con los protocolos sociales, con lo que se espera de ella. La boda poco a poco se convertirá en un total fracaso, y ella, dejándose llevar por algo que no puede controlar, llegará a tener relaciones sexuales con un invitado en medio del jardín, bajo la mirada del planeta. Tras este primer acto en el que filme no difiere temática y estética de muchos otros, la película nos introduce brillantemente en otro “género” de cine, el apocalíptico. Comprendemos que ella se ha convertido en una “lunática”, en este caso en “melancólica”, por el influjo de la cercanía del planeta. Sus reacciones, aparentemente incomprensibles en un principio, cada vez se irán haciendo más lógicas, hasta que al final de la película será el único personaje cuerdo, capaz de afrontar con valentía su propia muerte y la de la humanidad. Los hombres (curiosa utilización por parte del von Trier del actor Kiefer Sutherland de la serie 24, icono de los valores tradicionales de la masculinidad: fuerza, decisión, valentía,) son los representantes de la cobardía. Se escabullen, se escapan o se suicidan, dejando solas a las mujeres. Justine se convertirá así en la auténtica heroína, capaz de mantener ese sosiego, esa calma que se producirá antes de la catástrofe.

Antes del fin, en una de las mejores escenas de la película, ella, Justine, atraída por el planeta, se desnudará en medio del campo exhibiendo su cuerpo y excitando la danza del amante, que culminará con la consumación del acto: la apocalipsis. Probablemente Melancolía sea la película que ha llevado más lejos el sentido último del verbo consumar, en su definición de llevar a cabo totalmente algo. Aquí se trata de la consumación total, de un romanticismo exacerbado que lleva a la extinción por el poder de la atracción. Dos cuerpos, uno celeste y otro humano, se funden y al mismo tiempo se destruyen.

Con Melancolía, von Trier ha creado una película extraña y poderosamente romántica. Un filme que nos lleva hacia una gran imagen final, casi de éxtasis, en la que cuerpo y materia estallan al unísono.

Daniel V. Villamediana

(Publicado originalmente en el Culturas de La Vanguardia)

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