04 PM | 10 Nov

LA SOCIEDAD DEL CANSANCIO

Byung-Chul Han, una de las voces filosóficas más innovadoras que ha surgido en Alemania recientemente, afirma en este inesperado best seller, cuya primera tirada se agotó en unas semanas, que la sociedad occidental está sufriendo un silencioso cambio de paradigma: el exceso de positividad está conduciendo a una sociedad del cansancio. Así como la sociedad disciplinaria foucaultiana producía criminales y locos, la sociedad que ha acuñado el eslogan Yes We Can produce individuos agotados, fracasados y depresivos.

Según el autor, la resistencia solo es posible en relación con la coacción externa. La explotación a la que uno mismo se somete es mucho peor que la externa, ya que se ayuda del sentimiento de libertad. Esta forma de explotación resulta, asimismo, mucho más eficiente y productiva debido a que el individuo decide voluntariamente explotarse a sí mismo hasta la extenuación. Hoy en día carecemos de un tirano o de un rey al que oponernos diciendo No. En este sentido, obras como Indignaos, de Stéphane Hessel, no son de gran ayuda, ya que el propio sistema hace desaparecer aquello a lo que uno podría enfrentarse. Resulta muy difícil rebelarse cuando víctima y verdugo, explotador y explotado, son la misma persona.

Han señala que la filosofía debería relajarse y convertirse en un juego productivo, lo que daría lugar a resultados completamente nuevos, que los occidentales deberíamos abandonar conceptos como originalidad, genialidad y creación de la nada y buscar una mayor flexibilidad en el pensamiento: “todos nosotros deberíamos jugar más y trabajar menos, entonces produciríamos más”. ¿O es acaso una coincidencia que los chinos, para quienesoriginalidad y genialidad son conceptos desconocidos, sean los responsables de casi toda invención –desde la pasta hasta los fuegos artificiales- que ha dejado huella en Occidente? Sin embargo, esto no deja de ser para el autor una utopía inalcanzable para una sociedad en la que todos, incluso el ejecutivo mejor pagado, trabajamos como esclavos aplazando indefinidamente el ocio.

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12 PM | 10 Nov

CAMINANDO

Hemos venido de andar por el camino unos días, y he tenido ocasión de compartir unos kilómetros con una catalana independentista dialogando muchas horas, también sobre Cataluña, aunque desde luego no fue el grueso de nuestras conversaciones. Hablamos de poesía catalana y cuando ella me ponía a Martí i Pol yo sacaba Joan Vinyoli, cuando lo hacíamos sobre Felipe V, yo le manifestaba que si Carlos hubiera ganado la guerra de sucesión se hubiera convertido en Rey de España, cuando salía el tema del derecho a decidir yo ponía encima del diálogo la pregunta de si los catalanes del Rosellón tenía ese derecho y si creía que Francia era más descentralizada que España. Le conté problema que había tenido Javier Cercas con el diario El Punt y no conocía la página de humor  dolca Catalunya. Le expuse, casi sin darme cuenta, las tesis de Anselmo Carretero, y llegamos a la conclusión de que se necesita mucho diálogo y pedagogía.

 

La pelí The act ok Killling que se puso el pasado viernes no fue del agrado de una mayoría, necesito recapacitar los motivos y los voy a colgar cuando pueda en la sección crítica cinematográfica.

Al llegar a Santiago y pedir el certificado de realización dije lo de «devociones causa» para que el mismo me lo dieran en latín.No estoy seguro de no haber traicionado mis convicciones laicistas. Pensado fríamente creo que no es para tanto, tendré que leer con atención el artículo que me recomendó Ignacio de Proust.

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08 PM | 03 Nov

TREN DE NOCHE A LISBOA

Tren nocturno a Lisboa, viaje a la vida
Por Michel Croz

«Cuando dejamos un lugar, dejamos en el mismo tiempo, una parte de nosotros mismos. Esta parte se queda aunque ya no estemos allí. Hay cosas que sólo se puede encontrar si volvemos a un lugar.» Pascal Mercier

“Tren Nocturno a Lisboa” (Night Train to Lisbon) es una producción alemana del año 2013. Es una película basada en la novela filosófica del mismo nombre del escritor suizo Pascal Mercier. Pascal Mercier es el seudónimo de Peter Bieri, investigador orientado a la filosofía de la mente, la epistemología y la ética. Fue profesor de Historia de la Filosofía en la Universidad de Marburgo y a partir de 1993 enseñó Filosofía en la Universidad Libre de Berlín.

En un principio, la novela fue publicada en alemán con el título “Nachtzug nach Lissabon” en 2004, y la versión inglesa se publicó en 2008. El libro es un best sellers internacional con más de 2 millones de copias vendidas sólo en Europa. 
La versión al cine lleva la marca, el sello, del director alemán (y discípulo del gran maestro Ingmar Bergman) Bille August.

Bille August, es un director de cine además de guionista y director de fotografía. Tiene en su haber dos premios “Palma de Oro” en el festival de Cannes, por “Pelle el conquistador” y “Las mejores intenciones”, esta última escrita por Ingmar Bergman; August además realizó “La casa de los espíritus”, basada en la novela de la chilena Isabel Allende e interpretada también por Irons junto a Meryl Streep y por la reciente ciudadana honoraria de Montevideo, Glenn Close.

Un placer la actuación de Jeremy Irons (profesor de literatura, de vida gris y rutinaria, que después de un encuentro radical con una mujer descompensada, un libro y un pasaje de tren a Lisboa se ve envuelto en una trama extra-ordinaria y detectivesca)

Irons está impecable, el resto del elenco no se destaca, y está bien, (seguro que por orientación de la dirección) Irons se mantiene en una caracterización del personaje donde se destaca su maravillosa economía interpretativa.

La memoria, la revolución, la represión del servicio secreto donde reinaba el “carnicero de Lisboa” asesino y megalómano, la ética médica, la intolerancia en tiempos intolerantes, los colegios católicos con su infausto sistema de adoctrinamiento (des educador y formador de ateos y nihilistas), el amor, o mejor, el enamoramiento apasionado y por lo tanto irracional, nacido por entre las brechas de la muralla dictatorial del estado-tren nocturno del sombrío Salazar.

El desencanto, el encanto, todo eso, claramente integrado al escenario de una Lisboa de ruas, ruelas, becos e botecos, donde la cámara se detiene por momentos (poeticos) en su sinuosa y exigente topografía. Lisboa patrimonio histórico y cultural de la humanidad. Paño de fondo histórico y geopolítico, desde donde se da cuenta de la dinámica amorosa de los personajes de Amadeo (médico) y Estefanía (maestra), dentro del período histórico portugués donde Antonio de Oliveira Salazar instauró un modelo político autoritario que se mantuvo por 36 años y que se denominó “Estado Novo” (cualquier semejanza con el “Estado Novo” de Getulio Vargas en Brasil no es mera coincidencia).

El régimen era una dictadura personal de partido único (la Unión Nacional), basada en el corporativismo (por influencia del fascismo italiano), en el confesionalismo católico (contó con el apoyo de la Iglesia) y en la represión sistemática de opositores y disidentes a través de la policía secreta, la PIDE que en el film cobra destacado lugar en el argumento del largometraje.

En una cuidada producción de arte de la época, con un guión efectivo (aunque por momento efectista, como en la escena donde algunos “tiras” de la policía secreta le quiebran los dedos a un pianista subversivo). El largometraje tiene momentos en donde avanza hacia la poesía y hacia la filosofía existencialista, sin por ello ser denso. Hay fluidez en el tratamiento narrativo del “Tren Nocturno a Lisboa”, gracias a la técnica clásica de los “flashback” o “salto atrás”, retroceso en el tiempo.

Hay belleza. Hay emoción. Hay una posición política y existencial (sin ser dogmática). También hay adecuados planos y encuadres de las escenas, buena fotografía, banda sonora y musical que suma, vestuarios y objetos e iluminación adecuada. Y un montaje (edición) ralentizada por veces (los silencios, los rostros, la gestualidad del cuerpo) y con cierto vértigo dependiendo de lo que mande la escena o el director.

Una película para ver y disfrutar, pensar y sentir. Las buenas películas hay que verlas con asombro y extrañamiento, como si fueran asistidas por una única vez, siempre única, por lo tanto no es nada insensato pensar que vale la pena asistirla más de una vez…bueno…en realidad, en este caso, vale la gracia, la pena rara vez vale.

Decía entonces, que tal vez valga la gracia verla no uno sino varias veces, y saborear los parlamentos de los personajes (que por la rapidez de los subtítulos se pierden de la zona de atención visual) Vale la gracia, también, intentar cambiar la mirada (cine no es tv, cine como teatro no permite zapping) como espectadores expectantes preparados (aunque no mucho) para asistir como si fuera la única, la última vez, de todas la veces que se desee.

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