“Salvador Allende”
100
minutos (2004)
SINOPSIS
Este homenaje que rinde Guzmán al ex presidente de Chile nos recuerda el sueño radiante que vivió su generación (donde política y utopía eran sinónimos). La obra es directa. No tiene informaciones explicativas ni demostrativas sino que ofrece un espacio de reflexión humana y personal a la vez que histórica. El resultado es un película generosa. «Salvador Allende» hizo 120.000 entradas en Francia con 34 copias durante 5 meses (de septiembre a enero de 2005). Fue estrenada en salas de: Bélgica, España, Suiza, Grecia, México, Austria, Italia, Canadá, Argentina, Uruguay y Chile (50.000 espectadores).
PREMIOS
SELECCIÓN OFICIAL FESTIVAL DE CANNES 2004.
MEJOR DOCUMENTAL DE CREACION EUROPEA, Annency 2004.
GRAND PRIX, Lima 2004.
PREMIO DEL PUBLICO, Salzburg 2005.
PREMIO «ALTAZOR», Chile, 2006.
FICHA TECNICA REDUCIDA:
Guión y realización: Patricio Guzmán
Asistido por: Andrea Guzmán
Montaje: Claudio Martínez
Imagen: Julia Muñoz y Patricio Guzmán
Sonido: Alvaro Silva Wuth
Música original: Jorge Arriagada
Consejera artística: Renate Sachse
Productor delegado: Jacques Bidou
Casa de Producción: JBA Productions
Soporte de rodaje: DVCam
Soporte definitivo: 35 MM (1.85), DVD y Beta Pal.
SELECCIÓN DE CRITICAS:
«Salvador Allende» no es una simple biografía. Es sobre todo un poema que sale del alma del cineasta para rendirle homenaje al presidente chileno».
LE MONDE DIPLOMATIQUE, José Maldavsky, París, sept. 2004
«Con Salvador Allende, la materia de Patricio Guzmán es triple. El teje las imágenes de archivo, los encuentros con los personajes y la materia íntima de sus propios recuerdos y de su vida (…) Todo retrato es también un autorretrato (…) Junto con Raymond Depardon, el brasileño Walter Salles o Michael Moore, la apertura al cine documental empezada hace tres años por la Selección Oficial del Festival de Cannes confirma toda la vitalidad de esta forma cinematográfica frente a la ficción».
L’HUMANITE, París, 14 de mayo 2004
«Había la memoria de la pesadilla… ahora existe la memoria del sueño (…) Patricio Guzmán muestra «aquel sueño radiante» del cineasta joven que era entonces y de todo un pueblo que instaló en el poder a Salvador Allende en 1970 (…) Guzmán encuentra la materia principal de su película en planos de archivo de sus propios fondos de cineasta más algunos planos del holandés Joris Ivens (…) El sueño queda intacto».
LIBERATION, París, 13 de mayo 2004
«Documental inspirado y conmovedor sobre el presidente Allende. Una elegía sobre el destino del pueblo chileno que no puede dejar indiferente a nadie».
LES INROCKUPTIBLES, Jean-Baptiste Morain, París, 8 de sept. 2004
«Un documental nítido y riguroso. Una ocasión de instruirse o de acordarse cuando el proceso contra Pinochet se abre de nuevo».
LE CANARD ENCHAINÉ, Jean-Paul Grousset, París, 8 de septiembre 2004
«El último viaje de Patricio Guzmán a través del espacio de la amnesia que es la historia de Chile es sin duda uno de los viajes mas apasionantes de este documentalista, con muchas secuencias rigurosas y emocionantes (…) Un filme cautivante (…). La originalidad del filme reposa en una sensible evolución de Guzmán con su propio arte (…). La película sin ser sensacionalista pone en escena la utopía y privilegia el mito».
CAHIER DU CINEMA, Thierry Méranger, París, septiembre 2004
«¡Qué bueno dejarse llevar por las imágenes de Patricio Guzmán!»
LE COURIER, Emmilie Valentin, París, 2 de octubre 2004
«Con Salvador Allende, Patricio Guzmán exhuma ese sueño radiante de igualdad y justicia que encarna para toda una generación de chilenos, ese sueño revolucionario y pacifista (…). Guzmán sacude nuestra amnesia».
PARIS-OBS-SUPLEMENTO, Richard Cannavo, París, 9-15 sept. 2004
«El filme es conmovedor, elegante, poderoso. Deja ver detrás de su cadencia de montaje la mano de un maestro en esta tarea del cine embarcado en su hermosa batalla contra el olvido (…) Se trata de un documento de extraordinaria fuerza evocadora, un insólito ejercicio de cine documental introspectivo, en el que Guzmán conmemora desde rincones de su memoria íntima los momentos de gloria del presidente Allende y lo que su figura tuvo de punto de encuentro con la soñada esperanza de una fusión entre socialismo pleno y plena democracia».
EL PAIS, Angel Fernández-Santos, Madrid, 14 de mayo 2004
«Como Salvador Allende, Patricio Guzmán ha dedicado su vida a Chile, su país. Parece entonces enteramente normal que consagre un documental a su héroe político, mártir del 11 de septiembre de 1973. Más que un simple retrato, es un filme inspirado en el cual Guzmán logra tomar una distancia considerable en relación al tema. A partir de imágenes de archivo, de testimonios de sobrevivientes y un análisis político inédito, muestra el entusiasmo que ha representado para todo un pueblo la victoria de Allende en 1970, sin eludir los errores de juicio y sobre todo mostrar la tenaza política y económica en la cual Allende se encontraba aprisionado. Un filme muy rico, a veces muy emotivo, que rompe el tabú del silencio sobre una personalidad faro del siglo XX».
ZURBAN, París, 13 de mayo 2004
«Un país sin documental es como una familia sin fotos», dice Patricio Guzmán, cineasta chileno consagrado después de 30 años a contar la historia de su país para completar su memoria. Después de El caso Pinochet (2001) él muestra ahora el retrato antagonista de Salvador Allende. Es oponer la luz a las tinieblas, la civilización y la legalidad a «la brutalidad de la dictadura» en una antítesis al estilo de Víctor Hugo (…) Ofrece una biografía muy hagiográfica desde el punto de vista de los simpatizantes del presidente (los opositores, especialmente los norteamericanos, son claramente los villanos) lo que no le impide ser cautivante y matizado al interior del campo revolucionario.
LE FIGARO, París, 13 de mayo 2004
Manuel Sa
cristán realizó en esta Antología una selección de los más destacados e importantes textos que conforman el corpus gramsciano desde los primeros años formativos de Antonio Gramsci hasta su propia muerte en 1937. Para la construcción de esta obra, Sacristán, posiblemente el más destacado intelectual español de izquierdas de la segunda mitad del siglo XX, sigue dos reglas: primera, no separar completamente los textos «personales» de Gramsci de los textos públicos, sino considerar que la cronología es más fuerte razón de homogeneidad que el género literario; y segunda, acentuar la temática en la que se realiza la unidad de la «obra», que no es otra que la literatura política.
Figura imprescindible del pensamiento marxista occidental, Antonio Gramsci influyó de manera determinante en la práctica totalidad del pensamiento crítico del siglo XX e de inicios del XXI. En Gramsci confluyen el filósofo y el periodista, el historiador y el político, el crítico literario y el crítico de cultura; con los criterios seguidos en esta antología se aspira a mostrar la fusión del pensamiento filosófico-político y la práctica política y cultural; la riqueza y la tensión con que Gramsci configuró un tipo nuevo de intelectual.
Josep Miró i Ardèvol
Jean-Luc Mélenchon, el líder del Front de Gauche, acaba de publicar un pequeño libro que partidarios y detractores describen como panfleto. El arenque de Bismarck, se llama, y es una embestida crítica y brutal contra Alemania y su política. Como sucede con toda exageración, se mezclan multitud de tópicos y demagogias con aciertos, siempre con un lenguaje agresivo, que le ha proporcionado ser un éxito de ventas, a pesar del escaso predicamento político de su autor, que encabeza una formación minoritaria, un 12% de votos en las ultimas presidenciales. Pero ya se sabe que hoy, para bien y para mal, la agresividad y el denuesto venden.
Pero, el libro contiene un acierto que deseo subrayar: la clave demográfica explica en buena medida la política alemana, obsesionada por el ahorro, hasta acentuar los daños de la crisis y su defensa acérrima de los intereses de los bancos ante la deuda griega. También su escasa inversión pública y la ruptura con su matriz de éxito, la economía social de mercado, al generar una desigualdad social nunca vista desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.
La clave está en el envejecimiento galopante de la población a causa de su baja natalidad. Alemania, como Japón, son los precursores de lo que sucederá en la mayor parte de Europa, con la excepción francesa, sea dicho de paso. España, Italia y Polonia son los siguientes en la lista, y de hecho nosotros estamos a pocos años de iniciar la fase álgida, con la jubilación de la generación del baby boom, la que ha hecho posible todo nuestro desarrollo.
Cuando se habla de envejecimiento y de pérdida demográfica solo se toman en cuenta algunos efectos, importantes pero no únicos. Es el caso de las pensiones, del gasto en dependencia y en salud, pero en realidad los efectos son mucho mayores, revolucionarios. Es entrar en una estadio en el que nunca hemos vivido.
Sabemos que, desde el punto de vista económico, las poblaciones como conjunto no se comportan igual en función de la edad. La productividad empieza a decrecer a partir de los 35 años, con excepciones según sectores y experiencia, el learning by doing acumulado. Las funciones de consumo y ahorro se ven alteradas y resulta más fácil que surja una economía de tendencia deflacionaria. La inversión se torna mas prudente y es menos propensa a la economía productiva, ya no digamos a los sectores punta, y se aboca más a los grandes fondos financieros, que ofrecen seguridad, no siempre real, pero si aparentemente sólida. Todos estos signos están presentes entre nosotros en mayor o menor medida.
Es, por tanto, una economía desequilibrada la que se plantea, al ralentí, temerosa, y da lugar a un tipo de política que el Gobierno alemán encarna. Es bueno ahorrar, reducir el déficit público, limitar la intervención estatal, pero todo esto no puede convertirse en la única política posible.
La enfermedad de Europa no es sin embargo el creciente número de ancianos, este es un don de nuestra civilización, el mal de Europa es el miedo a que nazcan hijos, el egoísmo de lo inmediato, la desaparición del vínculo más fuerte, el que une a padres e hijos. Si no conseguimos superar esta enfermedad de una civilización narcisa y hedonista que depende cada vez más de los médicos y las residencia asistidas, Europa como la conocemos está acabada, con España a la cabeza.
Lo dramático del caso es que esta cuestión no forma parte de ninguna agenda política, ninguna.

Terminadas las fiestas locales se desataron en facebbok los aplausos, y hasta Pedro Cabrera, animador en las redes, y ahora denunciado (no se bien los motivos) hizo una gran alabanza. Al conocer el programa y al considerar que eran continuistas hice la siguiente pregunta: ¿Dónde está la diferencia? Por las respuestas recibidas interpreté que a todos les pareció bien que el pregonero de un equipo del gobierno de cambio fuera “de la Romería”.
Las fiestas fueron como las de muchos otros pueblos, pero si queremos que San Lorenzo tenga unas señas de identidad propias, habría que volar unos pies más alto. He publicado en algún sitio la idea de hacer un festival en el que participaran cantantes de las cuatro lenguas que se hablan en los territorios de España, a mí me parece que escuchar en vasco a Benito Lerxundi, o a Xabier Ribalta en catalán, por poner un ejemplo, y precisamente en nuestro pueblo, es más importante que las declaraciones políticas para entender la España plurinacional.
Para estar en el top ten de las fiestas, habría que traer algo del festival Quartier d’Etè, por ejemplo un concierto de Natalie Dessay, algo del festival Fringe, una Antígona protagonizada por Juliette Binoche, de la Biennale Veneciana, que la dirige el catalán Alex Rígola, algunas muestras de los principales nombres del teatro europeo, como por ejemplo la revisión de El matrimonio de María Braum (que hemos puesto en la Juan Negrín) de Thomas Osterneider, si nos vamos al Grec, que está ahí al lado, Ivo Van Hove y su voz humana, de Grecia algo del festival de Epidauro y en fín, no quiero poner pedante, lo que quiero decir es que hay vida más allá de montar una discoteca móvil con garrafón, como única alternativa para los jóvenes.
Vi a muchos dubitativos para enfrentar dialécticamente la moción antitaurina de Esteban Tettamantti, a éste, para quitarle de la cabeza que los toros son un invento franquista, le recomiendo la lectura “ Letters from Spain” de José María Blanco White, y a los otros, los que no comprenden que la tauromaquia es un arte, decirles que el arte ha constituido siempre una manera de sentir el universo mediante un lenguaje determinado, y cualquier lenguaje representa, a su vez, una manera de sentir el universo. El arte es siempre un sentimiento dentro de otro: el sentimiento personal de quien escribe, pinta, torea o canta, con la ayuda de un lenguaje que ya se ha encargado de experimentar el mundo a través de su tradición. El toreo, pues, por arte, es sentimiento, pero el sentimiento por sí mismo no es nada. El sentimiento para ser algo, necesita ser dirigido por la inteligencia. Si se está en la idea de que el toreo es arte, la voluntad política sería negociar con el empresario y ofrecer el mejor espectáculo posible, y que conste que soy de la opinión tajante de que la tortura no es cultura.
Esto no es un artículo ad hominem. Un artículo ad hominem no está escrito para atacar un argumento sino a una persona, y no hay nada más vil que eso. Pero, quizá porque la mala fe podría interpretarlo como un artículo ad hominem, yo he tardado casi tres años en resolverme a escribirlo. Me disculpo: fue un paréntesis pusilánime.
La historia que contaré es doble. Yo sitúo la primera parte hacia la segunda mitad de 1979, todavía durante la Transición. Antes de continuar debo decir que en política casi siempre he sido lo peor que se puede ser, lo más soso y aburrido –un maldito socialdemócrata, un puñetero liberal de izquierdas–, pero por entonces, con 17 años, iba de ácrata, revolucionario y contracultural. Aquella tarde asistí a una conferencia de Xavier Rubert de Ventós en Girona. Aunque a esa edad yo sólo había leído, de sus escritos, El arte ensimismado y artículos sueltos aquí y allá, Rubert ya era para mí una rock-star del pensamiento (ahora recuerdo que, de camino hacia el evento, le vi a través de la puerta del bar Los Claveles, y me quedé un rato allí, al acecho, mirándole comerse unos calamares a la romana).
Rubert vino a decir que la política no debe ser épica ni sentimental sino aburrida y sosa
La conferencia no me decepcionó. El filósofo habló de política y, 35 años después de escucharle, aún puedo reproducir, si no sus palabras, sí el sentido de sus palabras. Rubert vino a decir, con su estilo nervioso, irónico y provocador, que, en democracia, la política no debe ser épica ni sentimental sino aburrida y sosa, que hay que dejar la épica y los sentimientos para el arte y la vida privada, que la política es prosa y no poesía, que la tarea del político no consiste en intentar traer el cielo a la tierra sino sólo en mejorar la tierra –en esa humildad estriba su grandeza–, que el político no debe prometer la felicidad: debe conformarse con facilitar las condiciones para que cada uno la busque por su cuenta.
Cuando Rubert terminó de hablar, se hizo un silencio pétreo en la sala; lo rompió el escritor Antoni Puigvert –entonces, me temo, un muchacho casi tan ingenuo como yo–, quien lamentó, desolado, que Rubert quisiera arrebatarle la emoción a la política, dejarnos a todos sin utopía. “Mira, chaval”, vino a responderle Rubert, “a mí lo que me emociona es ver al alcalde de Barcelona peleándose para que todas las viejecitas de la ciudad puedan usar a un precio ridículo el transporte público. Eso es la política”. La verdad: salí eufórico, despreciando las abstracciones sentimentales y narcisistas y convencido de la sensatez heroica del empeño en mejorar la vida minúscula de gente concreta.
Esa es la primera parte de la historia; la segunda ocurrió hace poco, en septiembre de 2012, justo al inicio del llamado proceso soberanista catalán, cuando un grupo de independentistas organizó frente al palacio de la Generalitat un acto de adhesión a Artur Mas a su vuelta de una reunión fracasada con Rajoy y antes de que convocase las elecciones que debían conducirnos al firmamento de la independencia. Para entonces, tras algunos vaivenes políticos, Rubert era ya el principal teórico del independentismo, un independentismo en teoría laico y práctico, desprovisto de la ganga romántica y sentimental del viejo nacionalismo. Digo en teoría porque, según recogieron muchas televisiones, allí estaba Rubert aquel día, en primera fila, rodeado de cortesanos, con la mano en el corazón, con una sonrisa de emocionada gratitud y casi con lágrimas en los ojos, después de cantar Els segadors, mientras todos aplaudían al líder carismático.
Fue un día tristísimo. Durante años he pensado que lo fue porque estaba viendo a una rock-star de mi adolescencia incurriendo en el mismo error del que él nos había librado cuando era joven y estaba lleno de inteligencia y vitalidad; ahora sé que no es así: ahora sé que estaba triste por mí, por la gente de mi quinta, porque comprendí que ahora nos iba a tocar a nosotros explicarles a los chavales la verdad –que el cielo no existe, que las utopías siempre traen el infierno, que la política es prosa y no poesía, razón y no sentimiento, que lo esencial no son los grandes ideales sino la minúscula gente concreta–, y sobre todo estaba triste porque comprendí que, por mucho que nos esforzásemos, ninguno de nosotros sería capaz de explicarlo mejor de lo que 35 años atrás lo explicaba Rubert.
ARTICULO DE JAVIER CERCAS EN EL PAIS SEMANAL 16-8-20015