12 AM | 21 Nov

El siglo de las luces, las conquistas y los colmillos

crítica de Historia de mi muerte | Història de la meva mort, de Albert Serra, 2013

Complicado es generar filmes que constituyan una evasión absoluta de la realidad, esa clase de obras generadas con el germen auténtico de la fantasía; crisoles ficcionales que nos alejen del entorno y los problemas palpables para sumergirnos en otros mundos, sean mitológicos, mágicos, remotos o paralelos. En nuestras fronteras, uno de los máximos referentes ha sido el cineasta catalán Albert Serra, que con su tercer largometraje titulado Història de la meva mort se ha consagrado en el panorama nacional como uno de los pocos directores que apuestan por un cine de autor de estas características fantásticas. Su singular propuesta no conoce la erosión del tiempo, y en ella hallamos referencias y deconstrucciones del pasado mítico, dosis de espiritualidad y apariciones y aventuras de emblemáticos personajes como, en sus anterioresHonor de Cavallería o Cants dels Ocells unos improvisados Quijote y Sancho o el viaje espiritual de los Reyes Magos de Oriente. El cine de Serra se fundamenta en la imagen, el claroscuro, la elegancia, en una especie de revolución estética que busca extraer de la mitología y de la atmósfera fantástica un cine comprensible para todas las culturas, un arte universal de moralejas, humor y misterio.
Así pues, Història de la meva mort nos transporta una época determinante entre el siglo XVIII y el XIX, un momento histórico donde el siglo de las luces, de la Ilustración y del racionalismo impactan con el romanticismo y la violencia. Y para trasladarnos a este universo evasivo inventa una particular narración cinematográfica basada en el sorprendente encuentro de dos personajes: El conde Drácula y Casanova, fusionando por lo tanto el plano de la ficción, de la mano de la vampírica creación literaria de Bram Stoker, con el pasado histórico verdadero del mujeriego y cultivado marqués. Empleando a Casanova como eje central que articula la narración, acompañado por su simpático sirviente de las tierras del norte, el film nos transporta al ambiente artístico, bohemio y sensual de la antigua Francia, a un pueblo agrícola pequeño y tranquilo. Allí, el marqués Casanova aumenta la cota de sus frecuentes conquistas sexuales, estudia con ahínco a filósofos y pensadores humanistas, desarrolla su firme crítica al cristianismo y disfruta de los placeres mundanos. Pero la llegada del Conde Drácula perturba la tranquilidad de las muchachas del pueblo, y el oscurantismo, la depravación y los peligros comienzan a ocultarse tras la aparente cotidianidad.

Historia de mi muerte, de Albert Serra

 

Història de la meva mort es, en efecto, una película ambiciosa, de lograda estética y recreación, con claroscuros, juegos de luces, colores violentos y hermosos paisajes remitentes al Romanticismo. Sin embargo, su línea argumental adolece de falta de peso y carisma en los diálogos, de pesadez en muchas secuencias intermedias y de terror, sensualidad o humor en otras. El sabor que deja en los labios se parece a algo inacabado, como si Serra no terminase de explotar el espectro emocional que podría haber abarcado la historia, cuyo resultado final peca de pretencioso y desangelado. Lo mejor, es la construcción del personaje de Casanova y sus diatribas morales y ácida comicidad a lo largo del metraje. Las dos horas y medias de duración se antojan excesivas para la narración dispuesta en la obra. La primera parte de la misma acusa lentitud en la trama y ciertas escenas que no añaden ni aportan nada a la recreación de unos personajes memorables cuyo fantástico encuentro no constituye un acierto de su autor. Reconociendo el mérito y la valentía de Serra de arriesgarse con un cine de autor tan poco extendido en nuestro país, y de explorar en términos universales la mitología literaria y cultural en sus películas, —aparte de lograr una imagen de marcado sello personal—, esta cinta, ganadora del Premio Cineuropa de la presente edición —además del prestigioso Leopardo de Oro del Festival de Locarno—, hastía más que llena de emoción y constata que la traslación fantasía-Historia es sólo un envoltorio que esconde las carencias narrativas de un relato con mucho potencial. Història de la meva mort tiene en su germen algo brillante que no llega, ni de lejos, a ser explotado y transmitido al espectador con acierto. ★★★★★
Andrea Núñez-Torrón Stock
redacción Galicia | enviada especial al Festival Cineuropa de Santiago de Compostela.
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05 PM | 17 Nov

De «Timbuktu» au Bataclán, un scénario effroyable et similaire

bataclanQui a vu Timbuktu, le film d’Abderrahmane Sissako sorti en 2014, se souvient de la scène hallucinante où les jeunes gens d’un village malien tombé aux mains d’un groupe islamiste jouent au football sans ballon, parce que les fanatiques ont interdit les jeux et traquent les ballons.

Se souvient aussi de l’arrestation et de la punition de femmes et d’hommes surpris en train de faire de la musique chez eux – parce que la musique est aussi strictement interdite. Et se souvient encore de la proscription de l’alcool, des fêtes et de toute forme de réjouissances imposée par les intégristes.

Ces trois supposés « péchés » sont ceux que les assassins du 13 novembre ont châtiés par le massacre. Ils s’en sont pris au football et, par là même, à toute forme de jeu, quand trois d’entre eux ont attaqué le Stade de France. D’autres ont exécuté des femmes et des hommes parce qu’ils étaient aux terrasses des bars et dans les salles des restaurants d’un des quartiers les plus cosmopolites de Paris. D’autres enfin ont commis le carnage du Bataclan, durant un concert : « Des centaines d’idolâtres dans une fête de la perversité », dans la langue de Daech, qui a du moins le mérite de la clarté. A la logique de l’organisation matérielle des attentats répond leur cohérence si l’on peut dire intellectuelle : haine des plaisirs, haine des sens et donc, naturellement, haine des arts.

Ce programme n’est pas neuf. Entre les intégristes actuels de l’islam qui se réclament d’une lecture rudimentaire du Coran et les intégristes qui, jadis et encore aujourd’hui de temps en temps, se réclament d’une lecture rudimentaire de la Bible, il y a peu de différence. Au début du XVIIe siècle, en Grande-Bretagne puis en Nouvelle-Angleterre, les puritains ne supportaient aucune forme de plaisir charnel, s’habillaient en noir, haïssaient poésie et théâtre et rejetaient toute forme de « gaieté » – c’était leur mot pour sacrilège. Ils étaient aussi iconoclastes, comme l’étaient les premiers protestants au siècle précédent et comme le sont les destructeurs de Nimroud et de Palmyre.

Il appartient aux historiens et aux anthropologues d’analyser ces nihilismes qui se réclament des monothéismes. Il a appartenu à un réalisateur, Sissako, qui est né en Mauritanie, a vécu au Mali et en France et a signé un film contre le colonialisme – Bamako, en 2006 –, d’inscrire ce nihilisme dans ce que ce dernier déteste le plus, une forme artistique inoubliable. On se souvient aussi de la fin de Timbuktu : des villageois assassinés à la kalachnikov par les islamistes et une petite fille qui court pour échapper à leurs balles.

Philippe Dagen

 

 

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11 AM | 14 Nov

“Timbuktu”(microcrítica)

“Timbuktu”(microcrítica)

[8/10]   Datos de interés: “Timbuktu”, Abderrahmane Sissako, 2014, Francia, Mauritania; drama; 97 min. Intérpretes: Ibrahim Ahmed, Toulou Kiki, Abel Jafri, Fatoumata Diawara, Hichem Yacoubi, Kettly Noël.

De qué trata: En los alrededores de Tombuctú (Mali), los musulmanes nativos sufren la invasión y acoso de los yihadistas, con unos prohibiciones y atropellos que imponen de manera arbitraria. Kidane y su familia serán víctimas de ese fundamentalismo que ha terminado atacando su dignidad y perturbado su paz.

Lo que la película esconde: La religiosidad y la racionalidad van de la mano cuando la persona se mueve con buen corazón y siguiendo su conciencia.

Timbuktu 1

Lo mejor: Las poéticas y sencillas imágenes que transmiten humanidad y verdad, extraídas sin artificio de la misma vida; y la valentía -de los protagonistas y del director musulmán- para hacer frente a la violencia y a la intolerancia. La escena del partido de fútbol.

Lo peor: Que lo mostrado suceda en nuestros días.

Público: Interesados en el cine que refleja la realidad y en el actual fenómeno yihadista.

DEL BLOG LA MIRADA DE ULISES

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04 PM | 12 Nov

BODEGON

EXTREMADURAVuelvo de Extremadura, la región más desconocida por los españoles y a la vez una de las más hermosas. El veranillo de San Martín, este año un auténtico verano, me ha permitido volver a comprobar lo dicho. En el campo de Trujillo la paleta de colores era tan espectacular que rozaba casi lo fabuloso y los aromas de las granadas, de los membrillos, de los madroños, de los majuetos y los endrinos silvestres, de las higueras ya despojadas de higos, al sol después de las últimas lluvias y vigilados de cerca por millones de pájaros e insectos, llenaba el aire de sensaciones haciéndolo casi carnal. Difícil no emocionarse ante la gama de verdes de las colinas (del verde oscuro de las encinas al verde plata de los olivos y al esmeralda de las hierbas nuevas, las que han brotado con el temporal de otoño) y con las pinceladas de amarillo y sangre de los árboles de ribera y de los huertos y los jardines de las casas de campo y los lagares, éstos con su cenefa de vides rojas y ocres entremezcladas ya de amarillo a punto de caer sus hojas, que salpican el verde general. Si la felicidad existe está en esos escenarios y en esos momentos únicos en los que la belleza del mundo se conjuga y nos da la mano para detenernos ante su consagración.

Mientras las radios y las televisiones desgranaban las noticias de estos días, todas tan graves como para ensombrecer el ánimo pero tan pasajeras como sus protagonistas (basta que pasen unos pocos años), en un pequeño lugar del mundo el otoño hacía explotar su belleza, que es la misma belleza de hace siglos y milenios y la que seguirá explotando cuando ninguno de aquéllos esté ya aquí para poder verla y las noticias hablen de otras personas, que también pasarán después de creerse dioses. Porque el paisaje sobrevive al hombre. Y porque, contra lo que muchos piensan, lo verdaderamente duradero no es nuestra vida ni nuestras obras, sino ese color fugaz que el sol pinta al atardecer sobre una colina, ese mugido animal en la lejanía ya en sombra al anochecer, ese aroma a vino nuevo, a hierba húmeda, a humo de encina seca en la chimenea, que el viento lleva hacia el horizonte, ese bodegón frutal (granadas, membrillos, madroños rojos como la sangre, limones, todos dispuestos sobre la mesa humilde de la cocina) que es el mismo que han pintado a lo largo de la historia todos los grandes pintores y que seguirán pintando los que los sucedan. Las noticias, en cambio, hoy tan graves y sombrías, tan duraderas y tan solemnizadas, se habrán perdido en el tiempo, como sus protagonistas.

 

JULIO LLAMAZARES.

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