08 PM | 02 Ago

JULES Y JIM

Por Javier Moral

Jules y JimUno de los temas más frecuentes en el cine de la Nouvelle Vague fue el amor, pero siempre desde una particular óptica. Así, observamos en estas películas unas relaciones pasionales y poco ortodoxas, en las que la razón juega por momentos con el más absoluto surrealismo. François Truffaut fue uno de los principales exponentes del grupo en lo concerniente a este cine romántico. Algunos de sus primeros y más destacados trabajos bajo este patrón fueron El amor a los veinte años (1962), La piel suave (1964) o Besos robados (1968), todas ellas precedidas por la inmejorable Jules et Jim (1961).

Esta última fue la tercera película del director francés, tras Los cuatrocientos golpes (1959) y Tirad sobre el pianista (1960). Supuso, además, la segunda adaptación literaria de Truffaut, en este caso de la novela homónima de Henri Pierre Roché, con el que volvería a trabajar en la conversión al celuloide de Las dos inglesas y el amor (1971), otro de sus muy valorados dramas románticos.

Jules (Oskar Werner) y Jim (Henri Serre) son dos escritores que comparten una gran amistad. Jim tiene éxito con las mujeres, mientras que Jules no sale de un fracaso sentimental para entrar de lleno en otro. Pero todo parece cambiar cuando Jules conoce a Catherine (Jeanne Moreau), una atractiva mujer, cuya aparición desafiará la fuerte unión que existe entre los dos amigos. Partiendo de este triángulo, conformado por dos actores desconocidos y una actriz consagrada tras el estreno, Truffaut construye una historia en la que el tema principal es el constituido por el conflicto entre la amistad y el amor. Su postura personal acerca de este enfrentamiento sentimental quedará clara en el inquietante desenlace.

El film sitúa en la segunda década del siglo XX un romance extravagante, que gira en torno a una enfermiza obsesión, donde existe un derroche de amor no correspondido, un planteamiento muy repetido en el cine posterior. Con esta base tan sólida, Jules y Jim llega a convertirse en una auténtica reflexión, bella y cruel al tiempo, profunda e inteligente -la película está llena de razonamientos explícitos-¬, que va mucho más lejos de lo perceptible con los sentidos, para apelar a un racionalismo olvidado.

Este juicio truffautiano sobre la convivencia imposible y excluyente entre el amor y la amistad inquebrantable, llevados al límite, al borde del abismo existencial, parece poner de manifiesto una concepción machista de las relaciones humanas. Es ciertamente contradictorio que el director francés, desde su atalaya de independencia y alternatividad en lo que al cine respecta, pudiera caer en un prejuicio que hoy sentenciamos tan caducado. La mujer es presentada como una arpía manipuladora de anhelos turbios, que nunca enfoca con claridad su objetivo. Tan sólo deja fluir el instinto en pos de lograr aquello que más y mejor le satisfaga en cada momento. Por supuesto, este comportamiento visceral tiene consecuencias, en forma de víctimas. Los señores, tan perdidamente enamorados que consienten cualquier perrería de su caprichosa amante, muestran una deportividad inverosímil y un compañerismo tan exageradamente cortés que su íntima amistad se encuentra bien cerca del roce homosexual. Mientras, ella se escuda constantemente en errores que achaca a los dos desgraciados para justificar su venganza, que no es sino la satisfacción transitoria de un efímero y placentero antojo.

Incluso, el análisis del cartel promocional de la cinta más difundido define con precisión los roles de los protagonistas: tan sólo una figura, la de Catherine que, como ella misma asegura a Jules y Jim, ahora es capaz de reírse, siendo antaño una persona dominada por la seriedad. La imagen muestra una de estas carcajadas contenedoras del efecto ilusorio de la repetida mofa de la mujer hacia la pareja de colegas. La pasión domina los actos de éstos y la despreocupación, mucho más fuerte -hasta el punto de apoderarse del tono de la obra- los de aquélla. El corazón se ha sublevado al seso en todos ellos, las hormonas se han disparado. Por ello, las idas y venidas de una Catherine despojada de toda reacción natural humana sugieren el planteamiento de un oportuno debate: ¿cuándo busca sexo y cuándo necesita amor y comprensión?

Jules y Jim también puede acoger una sugestiva lectura ideológica. Como gustaban los autores de la Nouvelle Vague, París vuelve a ser el centro de la acción. La diferente nacionalidad de los protagonistas sirve para acreditar el encaje de otras localizaciones y, de manera no poco forzada, el acontecimiento de la Gran Guerra. La victoria del bando aliado contribuye a un mal disimulado encumbramiento glorificador de Francia con el acompañamiento del himno, desfiles del ejército (combinadas con imágenes documentales de la contienda),… incluso, los dos amigos muestran una instantánea predilección por Catherine: esa mujer generadora de todo tipo de quebraderos de cabeza era la única francesa del trío femenino que les fue presentado. Al lado de esta grandilocuencia de lo galo, sobresale la paradoja de un sutil hermanamiento con los americanos en la lucha, pero no en el cine, puesto que, del negocio industrial impuesto por Hollywood, pretendía desligarse la vanguardia francesa.

Juiles y JimEl cine de Truffaut, pese a su sello original de inconfundible personalidad, porta una serie de rasgos comunes a las películas de los realizadores de su grupo. No es necesario llevar a cabo un examen exhaustivo de Jules y Jim para distinguir algunos de estos «elementos comunes o de influencia generacional». Una de las evidentes analogías la conforma el cúmulo de licencias y estilismos renovadores de la forma que, como se deduce de los ejemplos ofrecidos a continuación, no son más que señales que llaman la atención hacia un enunciado. El rostro de Catherine se congela subrayando, como comentábamos antes, la vivacidad que ha cobrado desde el primer encuentro con el par de pretendientes, con anterioridad sabido mustio y sombrío. Otro recurso de innovación formal común a la Nueva Ola lo constituyen los rótulos, como el impreso que acompaña y recalca la sentencia de Jules acerca de no compartir el amor de Catherine con Jim.

Por supuesto, no faltan las obligatorias referencias artísticas. Las incesantes menciones al teatro o a la literatura predominan en el círculo de bohemia pedantería en el que se mueven los personajes. Truffaut habla en este contexto de ese vacío repentino que ciega la inspiración del artista. Es posible que el amor aliente la imaginación, pero también puede provocar lo contrario, la más absoluta sequedad mental. Los dos escritores experimentan una relación tan intensamente artificial que sienten una increíble envidia sana hacia el otro. Ninguno parece saber con certeza lo que precisa para rellenar sus carencias y, sin embargo y curiosamente, se declaran felices.

Un narrador omnisciente, al estilo de Jean-Luc Godard apuntilla la información del triángulo amoroso para el espectador, como ocurría en Banda aparte. Es fácil hallar otras similitudes entre las dos cintas. Ambas son visualmente muy poderosas, y es que guardan un nexo fotográfico: Raoul Coutard. En cuanto a la trama, la obsesión de los dos novelistas por una mujer les hace generar una conducta irracional (en el pueblo se conoce al grupo como «los tres locos»; esto mismo pasaba en la de Godard, con los dos gángsteres seducidos por aquello que, para cada uno de ellos, representaba la ingenuidad de Odile. Finalmente, las dos películas definen su «filosofía de autor» poniendo en los labios de su fémina protagonista las estrofas de una canción: en Banda aparte, Odile entonaba un canto desesperado sobre la soledad y el conformismo social; en Jules y Jim, es Catherine la que canturrea una alegre composición sobre la infidelidad rodeada por tres de los hombres con los que mantiene relaciones sexuales. Sin embargo, en el film de Truffaut, la música – de Georges Delerue- goza de una fuerza superior, incluso, a la de las imágenes, bañando y transformando, como si de un personaje añadido se tratara, el significado de lo que hubiera supuesto un silencio cortante, por otro lado, también empleado aquí magistralmente con un significado propio.

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11 PM | 01 Ago

NIETZSCHE SE TAMBALEA

Pedro Puig me recomendó (siempre recomienda buenas cosas) la exposición de Carsten Höller en el Centro Botín en Santander. Los martes reservan para utilizar el Psyco tanque, así que allí que me fui; me pusieron un albornoz y en pelota viva me introduje en un tanque lleno de agua saturada de sal de epson, un artilugio al que se accede por una escalera .A los poco minutos el grado de relajación era máximo, conseguía oír los sonidos de mi propio cuerpo, el corazón, los pulmones…, pero no llevaba ni diez minutos cuando los sonidos del cuerpo se transformaron en voces de una reunión que había tenido el día anterior para “desatascar” el proyecto colectivo que nuestra asociación presentó a los presupuestos participativos, y que pretendía colocar a nuestro pueblo en el centro del pensamiento crítico durante dos meses. Ya lo conocéis se denominaba “Proyecto Nietzsche” un diálogo con la cultura occidental. No entramos con buenos ojos desde el principio, el primer reproche que se hizo en la reunión (que me llegaba estando en el agua) con los más altos responsables municipales, lo podíamos titular:

1.- No puede ser que una asociación que presenta un proyecto tenga representantes en el Grupo Motor (lo de grupo motor lo puede explicar mejor que yo Begoña, y a buen seguro que lo hará)

Me considero mironiano pero sin los recursos literarios de Gabriel Miró. No paso de hacer escritos de “protesta”, así que al oír en boca de responsables políticos el primer palo en la rueda, le mandé a María José, responsable de participación ciudadana el siguiente escrito, allá por el mes de enero:

“Mari Jose, para tu tranquilidad y de Blanca en relación a las dudas sobre si yo puedo ser elegido miembro del grupo motor Y poder presentar proyectos, teniendo en cuenta que firmé como Presidente del Colectivo Rousseau, me complace remitirte estas líneas para poder disipar las mismas al respecto:

Toda asociación es una pluralidad de personas organizada unitariamente para la consecución de un determinado fin permitido por la ley, tal y como precisa el art. 35 del Código civil (C.c.) cuando distingue las que tienen por finalidad repartir las ganancias y que, en consecuencia, persiguen un fin de lucro, y aquéllas en las que no se da el fin de lucro, como el Colectivo Rousseau, asociaciones estas últimas que se encuentran reguladas por el art. 22 de la Constitución (C.E). y por la Ley Orgánica 1/2002 de Asociaciones.Las asociaciones se rigen a sí mismas, formando su propia voluntad, esto es, las asociaciones se regulan por sus propios estatutos y por los acuerdos válidos adoptados por sus órganos rectores que son la Asamblea general, integrada por todos los socios, y la Junta directiva. En efecto, el art. 37 Cc establece que «la capacidad civil de las corporaciones se regulará por las leyes que las hayan creado o reconocido; la de las asociaciones, por sus estatutos;…«. Y lo confirma el art. 7.4 de la Ley 1/2000, de 7 de enero, de Enjuiciamiento Civil que dispone que “por las personas jurídicas comparecerán quienes legalmente las representen«. De estos artículos resulta fácil deducir que las personas jurídicas no pueden actuar por sí mismas en la vida jurídica, pues han de ejercitar sus derechos por medio de personas físicas, las cuales son, a estos efectos, un representante u órgano de la persona jurídica.Por ello, el art. 35.2 (C.c.) dispone de forma rotunda que «Son personas jurídicas…Las asociaciones de interés particular, sean civiles, mercantiles o industriales, a las que la ley conceda personalidad propia, independiente de la de cada uno de los asociados«. En conclusión, la voluntad del Colectivo Rousseau es independiente de la voluntad de cada uno de sus asociados y no puede confundirse, por ejemplo, esa voluntad con la mía propia cuando actúo como Presidente, es decir, como mero representante u órgano de esta asociación.

Espero haberte dado los suficientes argumentos para zanjar el problema, que como era lógico no figura en ningún lugar por escrito, como yo suponía.

Nuestro proyecto, si es elegido lo será, desde luego, porque es bueno, en ningún caso por un capricho personal mío.”

Terminaba la nota invitando a una proyección de Bill Viola, en nuestra sala habitual, que curiosamente es la atracción de éste año en Bilbao.

Otro reproche que me llegó en forma de sonido estando en la psyco tanque, es el de:

     2.-A ti no te ha importado nada la participación ciudadana

Esta sí que es gorda, resulta que hemos entregado al Ayuntamiento (a la Alcaldesa con copia a la concejala) un documento de mejora que encima está colgado en nuestra web www.colectivo-rousseau.org

Pero es que además se da la circunstancia que el reglamento de participación vigente lo presentó, como ya me he referido en un artículo de prensa, Concha García, a la que conozco de cerca, en aquellos años responsable del área en el ayuntamiento por el PSOE.

El último número de SISTEMA, revista del ámbito socialista, se hace una valoración de la participación ciudadana tomando como referencia el informe CLEAR de la Unión Europea, que también remití a los responsables municipales.

Dos reproches que no se sostienen, como tampoco se sostienen los constantes palos en la rueda que no van poniendo.

Casi cuando me iba a bajar me llegaron, unos ruidos en forma de soberbia, pero me tuve que salir ya que recomiendan estar sólo quince minutos. Cuando regrese a la consciencia y me ponga a pensar seguro que me vienen los últimos momentos de la reunión de forma nítida. Pero eso será para otra ocasión.

El proyecto votado se tambalea, no sé si tendremos fuerza en el pueblo las asociaciones para que se cumpla lo comprometido. De momento en el último pleno no oímos nada alentador.

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01 PM | 22 Jul

Los medios del Movimiento Nacional

No estaba entre mis intenciones escribir sobre la situación en Cataluña. Imaginaba que un lector habitual estaría ya saturado y poco se podía añadir a lo ya dicho. Cambié de opinión a partir de varios artículos que me han conmovido y que parecen exigir cierto grado de compromiso. Basta citar los de Màrius Carol, de Xavier Vidal-Folch y el sensible y rotundo de Isabel Coixet. No podemos callar aunque estemos en pleno agobio veraniego y tengamos la sensación de que vivimos entre camellos pero sin ninguna experiencia de beduinos. Los artículos son un llamamiento a la responsabilidad y dejan una agridulce sensación de que estamos en un callejón de difícil salida a la que nos han llevado los talibanes que nos gobiernan y sus jaleadores, ¡que no supimos desenmascarar a tiempo!
Conozco a Màrius Carol desde hace años; fuimos amigos durante algún tiempo y luego dejamos de serlo. Punto. Me es indiferente que sea el director de este periódico, porque a lo que voy es a que su artículo del sábado –“Turbulencias”- me conmovió y al tiempo me lleno de zozobra. “Cuesta entender lo que está pasando, dice…Quedan días y veremos más cosas que no sorprenderán al mundo, pero sí que nos dejarán sin palabras a los catalanes”. No es una amenaza sino un desconsuelo que pretende aliviar una cita del socorrido Gaziel, que acaba en una frase inexorable: “El separatismo es una ilusión morbosa que encubre una absoluta impotencia”.
Escrito todo esto por quien tiene muchas razones para conocer la situación mejor que yo, no deja de inquietar y de obligarnos a postergar otros textos para asumir lo que se nos viene encima. Cuando el tiempo pase, nadie querrá asumir nada, y repetirán, como en antiguas épocas, “ yo era un disidente al que nadie quería hacer caso”. Los “nadies” en Cataluña se cuentan por miles y kilos de desvergüenza. Como en el resto de España, más o menos. Los muchachos de la CUP, más ignorantes que jóvenes, han cometido una patochada que les define. Un cartel de Franco para desprestigiar a quienes rechazan el referéndum. No hay dictador en la historia de España que haya convocado tantos referéndums como Franco y con un avasallador parecido con este en cuanto a las manipulaciones.
Entre el pasado sábado y éste ha ocurrido algo sumamente grave, dentro de las diversas gravedades de un proceso condenado al fracaso. No como dicen los fantasmas llamándolo “choque de trenes” sino a la ruptura brutal de la sociedad civil ¡No seamos petulantes, aquí no se trata de un choque de trenes, sino del enfrentamiento entre un expreso antiguo y apolillado, frente a un tranvía conducido por reclutas del servicio de transportes! Humildad por favor, abandonemos de una maldita vez el pujolismo de los delincuentes de altura y admitamos que somos un tranvía con aspiraciones de tren bala japonés.
Ahora bien, el cese de Albert Batlle como jefe de los mossos d’Esquadra y su sustitución por el delincuente legal, Joaquin Forn, –podría llamarse así a aquel que rompe la legalidad cuando le peta en función de sus intereses
políticos-. Lo hizo en los Juegos Olímpicos del 92; la pitada al Rey; la campaña “Freedom for Catalunya”…Es decir, que a partir de ahora, quien controlará los Mossos d’Esquadra es un tipo dentro de toda sospecha, que no cumplirá la legalidad que no le exijan los ilegales. No quisiera incluir aquí su amplio currículo como talibán de la barretina.
Estamos en manos de un personal que bordea la ley, y que lo hace con el ánimo de no sólo de incumplirla, sino de imponer la suya, que no es otra que ir a la ruptura y provocar un conflicto no sólo cívico sino violento. Necesitan algún muerto que sirva de símbolo a la asonada. En ocasiones pienso que estamos rememorando las guerras carlistas a los que son tan agradecidos gran parte de estos fanáticos del enfrentamiento. “Un muerto salvaría a Cataluña”, es el lema escondido entre los conspiradores de esta farsa.
Baste decir que Artur Mas confiesa a los suyos que llegará el momento oportuno de ocupar los edificios estratégicos de Barcelona. Seamos serios, con un líder de mando único como Joaquín Forn, eso obligaría a situaciones sin salida y de alto riesgo para vidas y haciendas, no sólo para la ciudadanía pastueña que ve el panorama como si no fuera con ellos.
Nunca se hizo tan evidente, desde los tiempos del franquismo, el dilema de estar con el poder o contra el poder. Y aquí entramos los plumillas. Los fondos destinados a diarios como ‘Ara’, ‘Punt Diari’, TV3, que superan Canal Sur de Andalucía o el canal de Madrid, que ya es decir, cantidades de todos modos exorbitantes que pagamos todos los ciudadanos, desde Cádiz a Girona, y donde sobreviven 7 directivos de TV3 con salarios superiores a los 100.000 euros, podrán parecer una nadería frente a las estafas reiteradas del PP, pero describen un paisaje. Cobrando eso, ¡cómo no voy a ser independentista! ¡Qué simples somos cuando decimos que esos medios no los ve ni los lee nadie! Se equivocan y por eso estamos donde estamos. El columnistatertuliano podrá ser despreciado, y lo merece, pero crea opinión. En muchos casos es su única fuente de información. Son los Jiménez Losantos del Movimiento Nacional catalán. ¿Acaso el viejo “Arriba” del franquismo, o ‘Pueblo’, o las agencias gubernamentales las leía alguien? Pero estaban ahí, presentes, supurando la bilis contra el enemigo. Ayer como hoy. Son una especie de diarios virtuales, anónimos, a los que los idiotas echan una ojeada que les basta para saber por dónde va la cosa. Perdónenme que eche mano de la memoria, mi pariente más querida. ¿Se acuerdan del exilio de Joan Manuel Serrat en México durante el franquismo? ¿Qué cosas venenosas no se dijeron y tanto en los medios de Barcelona como en los de toda España? ¿Quieren que les haga un repaso de las cartas al director en la prensa catalana? Por cierto, que entonces esa bazofia se firmaba; ahora los canallas son anónimos.
Mi viejo amigo el nacionalista vasco Iñaki Anasagasti inventó el feliz término de la “Brunete mediática” para designar ese macizo de la raza castizo de la pluma y la palabra, que embiste contra todo lo que ni le gusta ni entiende. Habría que recuperar ahora los Nuevos Medios del Movimiento Nacional catalán. Te crujen por una disidencia, por una opinión que no sea la de las instituciones corruptas de la Generalitat. ¿Se han fijado en el interés reiterativo en las fotos de Pujol hecho un pimpollo, como si apenas hubiera salido del juzgado o de la Generalitat? Un intocable. Casi siciliano, entre Toto Riina y Berlusconi. Se ha iniciado su recuperación. Los edecanes de antaño
reivindican al Padrino. “¡Hizo tanto por nosotros!” Tanto, tanto que se convirtieron en una familia de comisionistas.
Nos vamos al carajo, señoras y caballeros, pero la diferencia entre Patria y Patrimonio se mantendrá intacta. Es lo que suele ocurrir con este tipo de contrarrevoluciones pletóricas de banderas, que siempre están pensando en el mañana. El presente siempre queda para los sicarios y los tontos inútiles

GREGORIO MORAN

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09 PM | 10 Jul

plurinacionalidad

La plurinacionalidad está siendo muy ridiculizada en prensa y redes, de hecho cada día que pasa alguien me reprocha la deriva (dicen) que está tomando el PSOE. La ignorancia de quienes critican así es tan atrevida como irresponsable. La unidad y cohesión del Estado no se logra a base de reforzar la mitificación de la indisoluble unidad de la nación española como única. Tuve la osadía de dar una “conferencia” en la Casa de la Juventud, único local municipal disponible en aquellas fechas, con el sugerente título “El Dret a Decidir”. Poner el título en catalán tenía evidentemente su intención. Por ahí anda colgado para quien lo quiera leer.

Conviene recordar que en el artículo 2 del proyecto constitucional se libró el principal y decisivo combate por la Autonomía de Cataluña, y es legítimo proclamar, como muy bien señala González Casanova, que el PSC rebatió en todo momento el error dogmático de gran parte de la derecha sobre su confusión entre Nación y Estado. Los socialistas defendieron la soberanía de las comunidades autónomas como la parte alícuota de la soberanía estatal, reconocieron de forma implícita el origen histórico del derecho a la autonomía de las regiones y nacionalidades, y se reconoció ese derecho en la misma Constitución (a diferencia de la de 1931).

plurinacionalidad Hoy ya es unánime que el último punto del ya referido artículo 2 pretendió aguar el protagonismo de la palabra “nacionalidades” y su integración solidaria en el Estado mediante el inciso: “La indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles”. La frase (que suena cuartelera) parece ignorar que la palabra “Nación” es sinónima de Estado y que todo Estado, más que tener, es una unidad indisoluble en sí misma mientras no se sustituya por otro tipo de organización política. Por otro lado, si hay una “patria” común de todos los españoles, tiene que dividirse entre ellos para ser patria de cada uno. El referido artículo termina con la afirmación de que “la Constitución se fundamenta en la unidad de España”. El grupo socialista catalán (“Cuarenta años de federalismo socialista catalán”, González Casanova, página 42) presentó una enmienda que invertía el fundamento constitucional y que decía así: “La Constitución fundamenta y garantiza la unidad de España, el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas”. ¿Podría hoy ser ésta una modificación constitucional para luego ser votada?

Cuando se habla de estos temas, es decir el problema catalán, se quiere ignorar que una parte importante de la población, concretamente los socialistas, fieles a su tradición federalista, han teorizado en sus escritos y en su acción política intentos constantes de construir no un Estado propio catalán, sino un Estado español apropiado y apropiable para Cataluña. Nuestro amigo Fernández Tapias nos decía el otro día a los que le seguimos que, desgraciadamente, siglos de centralismo borbónico y décadas del españolismo rancio inculcado durante la dictadura franquista ciegan mentes y bloquean voluntades para abordar la realidad plurinacional de nuestro Estado y lograr una verdadera construcción federal.

alfons tena

Cuando salimos el viernes de ver la película Tony Edrman, que tenía mucho que comentar, desviamos la conversación inevitablemente al tema catalán. Convendría recordar algunas cosas, sobre todo a algunos que no vivieron políticamente aquellos días y abogan por un referéndum, legal dicen ahora, y que lo ponen como ejemplo de democracia.

El 21 de enero de 2006, el presidente Zapatero y Mas, por entonces líder de la oposición, se reúnen en el palacio de la Moncloa para cerrar un acuerdo sobre el Estatut, objetivo primordial de Maragall (primer gobierno de izquierdas que presidía la Generalitat). Hacía tan sólo cuatro meses que el Parlament había aprobado el texto por amplia mayoría, sin contar con el Partido Popular. Dos meses después de la reunión secreta entre Mas y Zapatero, el Congreso de los Diputados aprobaba el texto modificado, y el día 10 lo aprueba el Senado. El siguiente paso era la convocatoria de un referéndum, que se celebró el 18 de junio de 2006. Pidieron el voto en contra la CUP, ERC, Ciudadanos y el PP. El 31 de julio, Federico Trillo presentó recurso de inconstitucionalidad, haciéndose pública la sentencia el 28 de junio de 2010. Al cabo de pocos meses de la aprobación del Estatut se celebraron elecciones autonómicas en Cataluña, el 1 de noviembre de 2006, y a pesar de ser Mas el candidato más votado, el socialista Montilla accedió a la Presidencia en virtud de un pacto con Esquerra Republicana e Iniciativa per Cataluña. “Fets i no paraules”, había sido el lema de la campaña de Montilla. Menos discusión y más gobierno.

En enero de 2007, Vicenç Villataoro, director del diario “AVUI”, director de la Corporación Catalana de Radio y TV, diputado y fundador de Convergencia, publicó un revelador panfleto de urgencia titulado “L’engany” (El engaño), en el que sostenía que aquel nuevo tripartito podía suponer un peligroso punto de inflexión: “Una propuesta que supone la abolición del eje nacional como eje político significativo y la consagración de la confrontación entre derechas e izquierdas como relato central de la política catalana”.

En febrero, Patricia Gabancho daba a conocer un ensayo de notable éxito, “El preu de ser catalans” (El precio de ser catalanes), y cuyo subtítulo dejaba claro de que iba el tema: “Una cultura mil-enaria en vies d’extinció” (Una cultura milenaria en vías de extinción) En abril, Alfons López Tena (que había sido vocal del CGPJ) presentó un trabajo que estuvo en la lista de los más vendidos en Cataluña: “Catalunya sota Espanya. L’opresió nacional en democracia” (Cataluña bajo España. La opresión Nacional en democracia). Ferran Mascorell, emblema del maragallismo cultural en el Ayuntamiento de Barcelona, empezó a publicar artículos culminando en El Pais con “Nous y vells catalanismos” (Nuevos y viejos catalanismos); su tesis era que el catalanismo histórico había quedado obsoleto y que, si no lograba refundarse, “Cataluña seguirá desdibujando su personalidad, perdiendo peso específico en España y muy probablemente también en el mundo. Luego pasaría a ser consejero con Mas.

L'engany

El Dret a decidir por tanto empezó a circular después de la conferencia de Mas, en la legislatura de Montilla (y esto hay que resaltarlo), que ofreció el 20 de noviembre del 2007 con el título “El catalanisme, energia i esperanza per a jun país millor” (El catalanismo, energía y esperanza para un país mejor). Decía entonces:

“Muchos de los que votamos a favor del referéndum del Estatut lo hicimos conscientes de que representaba un salto hacia adelante en el autogobierno, pero de ninguna manera significaba una estación final del trayecto en el largo camino de Cataluña hacia el autogobierno y las libertades nacionales”, fijando a continuación cual era la siguiente estación política para el catalanismo: el derecho a decidir. Seguía: “El derecho a decidir de los catalanes hunde sus raíces en las convicciones y en las creencias más genuinamente democráticas”.

Afirmó aquella noche que “el derecho a decidir de un pueblo es el ejercicio de democracia en estado puro. ¿A que demócrata le da miedo esto? ¿A qué persona con principios democráticos sólidos y bien fundados le puede molestar que la democracia se manifieste con naturalidad? Si Cataluña es una nación, y lo será mientras los catalanes quieran, y no es simplemente un derivado o un subproducto constitucional, tenemos derecho democrático a decidir lo que más nos conviene como pueblo”. Lógica transparente, toda vez que Cataluña se convierte en Nación, la democracia garantiza per se la posibilidad de votar sobre todo lo que afectase.

patricia gabancho

Esto se proclamó en 2007 y la sentencia del Tribunal Constitucional fue el 28 de Junio del 2.010. La sentencia que supuso  un varapalo para Trillo y el Partido Popular, se convirtió en el principal argumento para el sector independentista. Hubo muy pocos artículos declarados inconstitucionales y no se quiso ver que incluso en el fundamento jurídico número 12 se reconocía a Cataluña como una nación dentro del Estado.

El 10 de julio centenares de miles de personas se manifestaron bajo el lema “Som una nació. Nosaltres decidim” (Somos una nación. Nosotros decidimos). Desde entonces, con la colosal agitación de Omnium Cultural y la Asamblea Nacional Catalana, no ha cesado. Recordemos que Montilla fue zarandeado en esa manifestación. No han parado de incrementarse los apoyos, pero hay dos cuestiones que sí me gustaría resaltar: por un lado, que la sentencia fue un varapalo para el PP y se convirtió en el principal argumento ‘indepe’, y que el famoso Derecho a Decidir, fue puesto en funcionamiento antes de que se produjera la famosa sentencia.

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