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Fomento de la cultura y profundización de los valores democráticos y del medio ambiente

11 AM | 25 Dic

«El espejo (Zerkalo)», de Andrei Tarkovski: el cine como memoria universal

«El espejo (Zerkalo)», de Andrei Tarkovski: el cine como memoria universal

Pedro A. Cruz Sánchez

 

 

 

 

 

Realizado en 1974, tras el ambicioso y costoso proyecto de Solaris (Solaris; 1972), El espejo (Zerkalo), supuso el mayor fracaso comercial de la carrera de Tarkovski, quien, a raíz del desengaño que constituyó este gran revés, estuvo rondando durante algún tiempo la posibilidad de abandonar definitivamente la dirección cinematográfica. La calificación de «elitista» y «poco comprensible» que recibió por parte de las autoridades culturales soviéticas conllevó el que el film apenas si encontrara distribución y que, por tanto, permita ser clasificado como una realización maldita y marginada.

Pese a tal y decisiva circunstancia, difícilmente se podrá hallar, en la corta filmografía de Tarkovski, una obra tan directa, compleja y estremecedora como ésta. En ella, el tema -tan caro al director ruso- del «retorno a sí mismo» encuentra una concreción definitiva y pletórica en excepcionales hallazgos, a los que no cabe considerar sino como aportaciones determinantes para la iluminación de su complejo y, en ocasiones, mal estudiado ideario. De hecho, si con alguna idea nos tuviéramos que quedar ya desde un principio es que, en este su cuarto largometraje, Tarkovski nos muestra el largo y tortuoso camino que ha de recorrer el individuo para llegar a ese sutil y, al mismo tiempo, grandioso punto en el que «todo él se recobra como unidad».

Diríase, por este motivo, que Alexei, el protagonista y alter ego del director en el film, se hace eco en todo momento de aquella esclarecedora afirmación de Tarkovski según la cual «el autoconocimiento ético-moral sigue siendo la experiencia clave de cada persona, una experiencia que tiene que hacer siempre de nuevo él solo»1. El beneficio que, mediante su fructuosa realización, aspira a obtener este complicado personaje de tal «autoconocimiento» no es otro que la «representación diáfana de sí mismo», o, lo que es lo mismo, la «objetivación de su ser en tanto que entidad descifrada». Recuérdese, en este sentido, la opinión de Kierkegaard de que «en cada hombre hay algo que en algún grado le impide hacerse totalmente transparente a sí mismo… Pero quien no puede revelarse, no puede amar, y quien no puede amar, es el más infeliz de todos»2. Es, en virtud de tal presupuesto, que en «El espejo interiorizar es sinónimo de transparentar»; y «transparentar» para, con la nueva claridad conseguida, descubrir una serie de «leyes universales» cuyo discernimiento es arrastrado por ese «movimiento de retorno» sobre el que se centra la narración.

 

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12 AM | 20 Dic

Antonioni x 3: La trilogía de la incomunicación

Antonioni x 3: La trilogía de la incomunicación

Antonioni-x-3La así llamada “trilogía de la incomunicación”, que bien podría haber sido “de la infidelidad”, “del desencanto” o “de los amores complicados”, puso a Antonioni en el mapa del cine mundial a pesar de no ser ya ningún novato del Séptimo Arte y, en cierta manera, dio pie a su relación de amor/odio con crítica y público. Nunca hubo medias tintas con Michelangelo: se le ama o se le detesta. Sin ir más lejos, la película que abría este tríptico, “La Aventura”, recibió una sonora pitada tras su proyección en Cannes para ser galardonada más tarde con el premio especial del jurado de marras.

Muchos nunca han perdonado las formas pretenciosas del de Ferrara, su vocación por anteponer siempre y en todo momento lo estético a lo narrativo, la forma al fondo. La pausa es imprescindible en el universo de Antonioni; el encuadre perfecto bien merece ser contemplado, ser acariciado aun a riesgo de sacrificar tramas y desarrollos argumentales o prescindir de clímax alguno. “Blowup” fue paradigma de todo ello, tanto de los manierismos de su autor como de la tácita división entre detractores y acólitos. Pero no avancemos tanto en el tiempo. Aún tenía Antonioni que tropezarse con Monica Vitti, que su cámara se enamorase de ella en estas tres películas con las que se plantó en la década de los 60.

_l’avventura (1960)

En “L’avventura” nos entregamos a las pasiones prohibidas, o incorrectas cuanto menos. Anna (Lea Massari) una chica bien enamorada de un hombre (Gabriele Ferzetti) del que no es capaz de obtener toda la entrega que espera, desaparece repentinamente durante un crucero de placer, lo que dará pie a la relación tempestuosa y cargada de culpa de su mejor amiga (la Vitti) y su amante.

Antonioni invoca toneladas de sensualidad, para desgracia de los aficionados a lo explícito y goce de aquellos que saben ver en la espalda desnuda de Vitti o en sus piernas omnipresentes el súmmum del erotismo. Porque lo del idilio entre el objetivo de Michaelangelo y Mónica no era simple retórica: en “La aventura” el suyo comienza siendo un personaje colateral, hasta acabar eclipsando a todos y a todas, e incluso a la historia en sí cuando su director no duda en detener la narración una y otra vez para ensimismarse en los encantos de la que iba a ser su actriz fetiche durante media década.

Y si la sensualidad, la sexualidad implícita tiene peso específico en “La Aventura”, no menos importante es la ambigüedad moral de sus protagonistas, eje central, de hecho, de todo el relato. Traicionar la memoria de la amiga que, tal vez, ni siquiera está muerta, se antoja escasa penitencia ante los impulsos amatorios, y por ello esta Claudia sufre en silencio (o a voz en grito), aunque sin retroceder un milímetro, las embestidas carnales de ese hombre que acosa y derriba, cuyos “te quiero” suenan a treta de conquistador barato. Sin embargo, de acuerdo a lo expuesto en “La aventura” la mujer siempre perdonará, o siempre “comprenderá”. Ellas pueden renunciar a todo por amor. Ellos pueden asaetear el amor de su vida por un raquítico roce furtivo con la buscona del lugar.

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12 AM | 15 Dic

Poeta de la visión. Apuntes a la película «El Eclipse»

Félix Alonso

“Como en poesía, episodios y encuadres se suceden por analogías expresivas más que por concatenaciones dramáticas” Cavallaro

 

Toda la secuencia de la apertura es como si fuera un Adagio. En un estudio del filósofo Enzo Paci (importante autor del existencialismo) llamaba “cosales” al vagabundeo de Vittoria por la habitación en los primeros planos. Se mueve lentamente por la habitación cambiando objetos de un sitio a otro. Abre una cortina para mostrar el amanecer del barrio donde está la casa de Ricardo, un barrio moderno en el sur de Roma, donde estuvo instalada La exposición Universal de Roma. EUR. Lentamente se nos muestra el tedio de la pareja, mostrándose el aburrimiento de forma clara, en un análisis visual preciso de la condición humana que lleva a la desesperanza. Cuando ella, después de los cosales, le anuncia la decisión de dejarlo, el finge no comprender. Yo quería hacerte feliz, dice Ricardo. Se siente prisionera en el apartamento, en el momento que decide retomar su libertad. La separación al amanecer es de una belleza que solo Antonioni puede crear.

La madre de Vittoria tiene una gran pasión: jugar a la bolsa, y allí acude ella a buscarla para contarle la ruptura con Ricardo. Entra en el templo de la contratación (y la degradación). Un reloj indica que son las 12,30 del 10 de julio. Rostros hipertensos, bocas gritando órdenes, brazos que se agitan, y de pronto un minuto de silencio (como para los futbolistas) por un fallecido del circo bolsístico. Y es ahora cuando se produce  uno de los momentos más brillantes de la película. Un gran pilar separa a Vittoria de Piero. Según Pierre Gay se crea el más perturbador de los suspenses metafísicos. Dice Gay: “jamás evocación mas mordiente nos ha sido ofrecida de la nada, de la inmovilidad, en el corazón mismo de la vida mas caótica. Ese vacío que viene a formarse en la vorágine es la presencia misma de la muerte”

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11 AM | 06 Dic

UN POETA DE LA VISIÓN. APUNTES PARA LA AVENTURA

FÉLIX ALONSO

 

Después de visionar ayer LA AVENTURA, me he puesto los diez minutos que Enrico Chezzi y Mancini rodaron, para dar gusto a Antonioni en el 83: me gustaría volver a hacer La aventura en color. Consiguen un documental sobre un paisaje fabuloso, con una primera secuencia extraordinaria: mientras la cámara, colocada sobre una embarcación, se aproxima lentamente se oyen las voces de los personajes de la peli: “hubo un tiempo en que las islas Eolias eran volcanes”. La belleza de las imágenes tomadas en la isla me sirve, sobre todo, para demostrar, de una vez por todas, la superioridad del blanco y negro, sobre este tipo de historias y no me imagino La Aventura en color.

Antonioni en el libro de Aldo Tasone dice: “examinando a los hombres y a las mujeres a mi alrededor he constatado la inestabilidad y la fragilidad de las relaciones” Quería captar con imágenes el modo en que yerran los sentimientos. Estamos en 1960.

Resalto lo que más me ha gustado de la película:

-El genial corte desde el plano cercano del coche, que corre por la campiña romana, al campo larguísimo del barco, arribado ya a su destino, tras una noche de navegación.

– Todo lo que sucede en la isla, que es además lo que mas recordamos de la película si la hemos visto con antelación.

-Aunque improvisada, la larga escena de amor en la carretera de Noto. Impresiona la “suite” que monta Antonioni con los primeros planos de alegría de Claudia, que contrastan con la oscura desesperación de Ana en casa de Sandro, al comienzo de la película. Me encanta el sugestivo marco ambiental, la profunda calma de una colina desnuda que desciende hacia el mar y ese tren de fábula que atraviesa el valle. El tiempo se detiene.

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10 AM | 30 Nov

La aventura

La aventura

Por José Francisco Montero

No parece haber muchas dudas de que La aventura (L`avventura, 1960) es una película ineludible en el relato de la historia del cine. Es decir, más allá de sus muchos valores intrínsecos, uno de los más trascendentales es el de sugerir algunas de las rutas transitadas por el cine de las últimas décadas.
Una facultad narrativa que, sin embargo, convive con el hecho de que, como todo el mundo sabe,La aventuraestá realizada bajo el signo de la evaporación. Invadida la película de Antonioni por la ausencia, por un fantasma, no serán pocas las películas posteriores recorridas por la presencia fantasmal de esta obra. Pero fue ella misma la que estuvo, tanto durante su accidentado rodaje como en su estrepitoso primer pase público en el Festival de Cannes, continuamente al borde de la evaporación, al borde de la ausencia o el olvido, de manera similar a cómo su trama está muy marcada por la noción de fracaso: el de la relación entre Anna y Sandro, el de la búsqueda de Anna, el de Sandro como arquitecto, el de la relación entre este y Claudia… el que parecen sentir todos los personajes, en realidad.

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