Artículos de Opinión

09 PM | 05 Dic

Las amargas lágrimas de Petra von Kant

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Las amargas lágrimas de Petra von Kant es una modélica pieza de Kammerspiel rodada con minuciosa precisión. Se desarrolla por completo en la vivienda-estudio de la diseñadora de modas Petra von Kant: recientemente separada de su marido, vive con Marlene, su secretaria-esclava que exhibe una simbólica mudez. Cuando su amiga y confidente Sidonie le presenta a Karin, una joven de origen humilde, Petra se enamora locamente de ella y le promete que va a convertirla en una famosa modelo. Sin embargo, la bella aspirante decide abandonarla poco tiempo después para reunirse con su marido, que se encontraba en otro país y ahora vuelve a Frankfurt. Petra cae entonces en una profunda depresión que la hace estallar de rabia delante de su hija, su madre y Sidonie. Cuando finalmente reconoce que solo ha intentado poseer a Karin en lugar de amarla, ofrece entonces a Marlene unas nuevas relaciones que no están basadas en el servilismo y la dominación, pero la secretaria hace su maleta y se marcha.

 

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12 AM | 22 Nov

PHOENIX

Después de la última guerra, en Alemania no se produjeron ficciones que tuvieran como protagonistas a los que volvieron de los campos de concentración, a las personas que sobrevivieron ese infierno. La razón es nítida: se trataba de un tema sobre el que los alemanes no querían hablar, al que le daban claramente la espalda, porque, por omisión o complicidad, se sentían culpables de lo que había ocurrido. Christian Petzold, el realizador más destacado de la llamada Escuela de Berlín, había manifestado hace ya varios años su preferencia por abordar en el cine este asunto y buscaba darle concreción fílmica. Y se decidió a hacerlo cuando su maestro, colega y coguionista de varias de sus películas, Harun Farocki, le alcanzó la novela francesa Le retour de cendres y tuvo tiempo de ayudarlo a elaborar el guión antes de fallecer.

Petzold es un director que se formó admirando a la industria de Hollywood, de la que sacó suficiente enseñanza técnica y temática para abordar sus películas, aunque siempre en un envase inconfundiblemente alemán y con su inconfundible sello personal. Ave Fénix, cuyo nombre copia el de un cabaret de la Alemania inmediatamente posterior a la guerra, es un largometraje que mezcla el melodrama con el film noir, con dosis adecuadamente equilibradas y siempre utilizadas con sabiduría. Hay dos obras del cine norteamericano que Petzold toma como referencia: la francesa Los ojos sin rostro (de G. Franju, 1960) y Vértigo, de Alfred Hitchcock, aunque  como alusiones circunstanciales a la génesis del guion, que por lo demás adapta libremente la novela de Hubert Monteilhet que le sirve de base.

La historia comienza cuando dos mujeres se desplazan en automóvil en dirección a Berlín y son interceptadas por un control militar de los norteamericanos. Allí viajan Nelly Lenz, una mujer que sobrevivió a los campos de concentración pero al precio de ser desfigurada por un balazo en el rostro, y su amiga, que la ha ido a buscar y desea ayudarla a rehacer su vida. Nelly busca al amor de su vida, su esposo Johnny, cuyo recuerdo, según dice, le ha ayudado a sobrevivir. La amiga le dice que él es una mala persona, que la delató y traicionó. Y que ahora solo buscar quedarse con su fortuna. Nelly llega a Berlín y se somete a una cirugía plástica en el rostro y luego comienza a buscar a su ex marido. Y lo encuentra. Allí comenzará su odisea para averiguar si lo que le dijo su amiga es verdad o mentira.

La protagonista de la película es la estupenda actriz Nina Hoss, artista fetiche de Petzold y figura central de su película anterior, Barbara, que encabezó con Ronald Zehrfeld, quien la acompaña también acá. Ambos descuellan, pero también habrá que destacar la labor de Nina Kunzendorf como la amiga. El cineasta alemán había filmado ya Seguridad interior (2000), Triángulo (2008) y la mencionada Barbara (2012). Este nuevo producto, el más logrado según todos los críticos, es una buena oportunidad de acercarse a su producción, no solo por lo que vale en lo estético y narrativo (tiene composiciones además de Cole Porter y Kurt Weill), sino por la valentía con que aborda un espinoso tópico que la sociedad alemana es reacia a tocar.

El director cuenta en un reportaje que hay un libro no tan conocido de Bertolt Brecht, ABC de la guerra, donde evoca a quienes volvieron de ambas guerras mundiales con heridas en el rostro. De hecho la cirugía plástica tuvo un gran desarrollo después de la primera y segunda guerra mundial. No solo en el caso de las víctimas sino de los victimarios que modificaron sus facciones para no ser reconocidos. Otra manera, como se ve, de falsificar la memoria.

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02 PM | 12 Nov

EL VIAJE A LA FELICIDAD DE MAMA KUSTER

El cine de Rainer Werner Fassbinder tiene la extraordinaria virtud de no dejarme nunca indiferente: o me aburre o me encandila, paradoja que considero una fantástica cualidad. Mi sensación es que gran parte de la culpa de esta irregularidad en mis gustos cinematográficos se debe al draconiano ritmo de trabajo que empleaba el cineasta alemán, produciendo un mínimo de dos películas por año. Máximo exponente del llamado nuevo cine alemán de los setenta, su carácter indomable se plasmó en todas las películas que completan su extensa filmografía concentrada en el corto período de trece años. Uno de los aspectos que me conquistan del bávaro es su insobornable independencia -si bien fue miembro integrante de la izquierda alemana-, hecho éste que le acarreó  numerosos problemas con diversos sectores de la comunidad germana, tanto de un lado como del otro del espectro ideológico, y que confieren a su cine una personalidad inquebrantable en continua lucha por reflejar los avatares de los perdedores del sistema.

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11 AM | 25 Oct

Blog de Félix

 Ayer vimos la película más más prestigiosa del británico Michael Powell (1905-1990) y del húngaro Emeric Pressburger (1902-1988).  De este último, menos conocido, le recordamos por “el fotógrafo del pánico”. Hay que destacar también, diálogos adicionales en el guion de Keith Winter, que se inspira libremente en un cuento de Hans Christian Andersen. El libro de Powwel, que ayer no recordaba, es “Juego de espera”, que esta prologado por Javier Marías, lo cual ya es una garantía.

Una de las cuestiones más importantes de la película es que se rodó en escenarios reales de Londres (Royal Opera House, The Mercury Theatre), Paris (Opera National de Paris, estación ferrocarril de Lyon), Gers (Villa Leopolda, Francia) y Mónaco (Hotel de Paris, estación ferroviaria de Montecarlo)

No se les puede negar es un dominio de la técnica e iluminación absolutamente magistral, que pudimos ver con el nuevo equipo de proyección.

El próximo martes día 29 nos acompañará a las 18,30 el profesor Villacañas con una conferencia que lleva por título “Max weber en contexto”. Estamos pensando en proyectar alguna película que trate el protestantismo,  de Dreyer o Bergman. Atentos.

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11 AM | 13 Oct

La palabra, la música y el aire. ANTONIO HERRANZ

La palabra, igual que la música, necesita del aire para llegar a todas partes, para hacerse oír. Me acuerdo de esa famosa canción «Blowin’ in the Wind»(Volando en el viento)
de Bob Dylan, cuyo estribillo decía «La respuesta, amigo mío, vuela en el viento. /La respuesta la trae el viento». Bien es verdad que hay una diferencia entre aire y viento, pero para el caso es lo mismo. Las respuestas están llenas de palabras, igual que las preguntas. Música y poesía están en el aire y las propaga el viento -sí, ya sé, pura nostalgia. La motivación de esta reflexión, sin embargo, viene provocada por la visualización de una película «Todas las mañanas del mundo» de Alan Corneau, donde se cuenta la coincidencia en la vida de dos músicos: El Señor de Saint-Colombe, hombre maduro, desolado por la temprana muerte de su esposa, y el joven Marin Marais. El primero, un virtuoso de la viola de gamba, también compositor, para su propio goze: el arte por el arte, como diría Nuccio Ordini : «La utilidad de lo inútil»; el segundo, un aprendiz que quiere ser iniciado en los secretos de ese instrumento para dominarlo y así alcanzar honor, gloria y riqueza. Dos caminos opuestos. A Saint-Colombe, el mundo junto con sus veleidades y sus afanes cada vez le importa menos. Se construye una cabaña (una caja de resonancia para su propio deleite) bajo una morera y allí se pasa el tiempo perfeccionando su destreza en el manejo del instrumento y buscando la inspiración para componer su música, lo que le acerca a un estado de mística y ensueño cercano a un delirio que le permite ver y hablar con su esposa, a la que no puede tocar porque se desvaneceria, igual que su música: es el paso del tiempo y la descomposición que provoca (puro barroco). Marin Marais,»desenmascarado» en sus intenciones por el austero y misógino músico, lo desprecia y lo expulsa de su lado. Pero Marais vuelve, no solo para ver y refocilarse con la hija mayor de Saint-Colombe, sino para escuchar al maestro, escondiéndose bajo la cabaña. Las notas se escapan entre las rendijas que dejan entre sí las maderas, el aire las propaga, llegan a sus oídos: es la única manera que tiene para aprender de él. Cada vez más alejados ambos músicos, hay, sin embargo, una poética que los reconcilia: ambos se han inspirado en el amor para hacer música. Desde la decepción y la vanalidad de los logros sociales y materiales, Marin Marais reconoce que se ha equivocado. Saint-Colombe, ya desde el otro
lado del espejo, le invita a tocar una obra que Marais había dedicado a Madeleine, la hija de Saint-Colombe: «La soñadora», mientras llora amargamente.

Antonio Herranz
Octubre 2024

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