Análisis de Películas
BELLE, EL PRÓXIMO DÍA 8
La mejor película de Mamoru Hosoda
‘Belle’ es para mí la mejor película de Mamoru Hosoda. Y no es solo por ser la mejor adaptación de ‘La Bella y la Bestia’ que he visto hasta ahora, mucho mejor que cualquiera que haya hecho Disney y eso que aquí se copia algún que otro plano. La sitúo por encima de otras obras de Hosoda como ‘Mirai’ o ‘La chica que saltaba a través del tiempo’ porque consigue ser una obra de gran actualidad, moderna, tecnológica y enriquecedora. Y además es una película que agrega más perspectiva con tramas añadidas y un giro final demoledor.
Por establecer una comparativa con cine actual… Si, esta es una nueva interpretación de ‘La Bella y la Bestia’ pero donde el castillo es digital y la turba enfurecida no se manifiesta con antorchas y hoces, sino con publicaciones hirientes. Entramos en un juego en el que nos vemos representados por un avatar, como en ‘Ready Player One’, pero ese “otro yo” es tan feo o tan bien agraciado como lo sea nuestra personalidad. Las similitudes con ‘Matrix’ son también fáciles de establecer. En ese mundo o red social de realidad virtual llamada “U” interactúan los personajes y se desarrolla la mayoría de la trama de ‘Belle’. Ahí es donde se expone un discurso que nos hace pensar sobre el tema de la superficialidad, la sinceridad con uno mismo, los influencers, los trolls, las ideas preconcebidas…
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Cuento(s) de invierno, de Shakespeare a Éric Rohmer
Cuento de otoño
Magali (Béatrice Romand), aquella jovencita de La rodilla de Clara (Le genou de Claire,1970), es una mujer solitaria que vive en el campo ocupándose de sus viñedos, vive en una soledad impuesta por la muerte de su marido y porque sus hijos ya se han hecho mayores y han hecho sus propias vidas. Su mejor amiga desde la infancia, Isabelle (Marie Rivière) la visita a menudo y mantiene una estrecha relación con la novia de su hijo, Rosine, (Alexia Portal), estas dos mujeres serán las “conspiradoras” de los planes para emparejar a Magali. El filme gira en torno a todas estas maniobras de sus amigas que van dando lugar a situaciones en las que los personajes de Rohmer irán profundizando en su propio interior, en sus sentimientos, con magníficos diálogos en los que muestran todas sus contradicciones, deseos, anhelos, imperfecciones.
Isabelle pone un anuncio en un periódico local y se hará pasar por su amiga en un principio ante Gérald, un estupendo Alain Libolt, que también es viudo y después de viajar bastante ha decidido regresar al campo y le gustaría encontrar una mujer para compartir su vida, se siente atraído por Isabelle pero creyendo que su vida es la de Magali y aunque por un momento sentirá que Isabelle se ha burlado de él cuando le confiesa la verdad enseguida y haciendo gala de la generosidad y serenidad que caracterizan a su personaje aceptará los planes de Isabelle de que acuda a la boda de su hija y conozca a Magali “por casualidad”.
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Cuentos de las cuatro estaciones de Éric Rohmer
Profundidad livianaEl realizador francés Éric Rohmer perteneció a una generación anterior a la mayoría de sus compañeros de la Nouvelle Vague (como Rivette, Godard, Chabrol o Truffaut). Ello le otorgóuna autoridad y prestigio intelectual dentro del movimiento que conservó, al menos hasta 1963. En realidad, actuó como puente generacional entre André Bazin y los jóvenes turcos. Rohmer, ya desde finales de la década de los cuarenta del pasado siglo, comienza a publicar numerosos artículos sobre el séptimo arte. Sería el inicio de lo que llegaría a convertirse en una profunda reflexión teórica sobre este. Si bien sus primeras inquietudes intelectuales se inclinaban hacia las letras, el teatro clásico o las humanidades, el devenir de la existencia le llevaría a desarrollar una importante labor como crítico cinematográfico (llegó a convertirse enredactor jefe de la revista Cahiers du cinéma entre los años 1959 y 1963). A ello hay que sumar, por supuesto, toda su actividad creadora como autor cinematográfico. Esta última se inició en 1959, tras unos cortos iniciales, con el largometraje Le Signe du lion. Durante el resto de su carrera hasta su último filme, El romance de Astrea y Celadón (Les Amours d’Astrée et Céladon, 2007), fue depurando su estilo con rigor y coherencia intelectual.
Éric Rohmer siempre entendió el cine como un fenómeno cultural inseparable del resto de las artes. Y para el autor, si la esencia de la literatura reside en su capacidad de “describir” la realidad y la de la pintura de “representarla”, la del cine hay que buscarla en su capacidad de “mostrar”, de reproducir esa realidad exactamente como es. Así, su obra se transformó en la indagación del “estilo de la transparencia”, esto es, una lucha por atrapar con la mayor veracidad posible aquello que se coloca delante de la cámara. Conlleva el respeto al lugar del rodaje, a la naturaleza de lo filmado, al espacio y al tiempo. Estamos ante unas señas de identidad de toda su filmografía que a primera vista puede parecer que se transforma en una ligereza en el resultado, en un arte que se visualiza liviano. Nada más contrario a la autenticidad que se respira en las obras del autor francés. El cine de Rohmer se fundamenta, precisamente, en un método de trabajo de construcción sólida. Y siempre con un objetivo final: trascender lo aparente para intentar alcanzar lo esencial.
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