EXPOSICION DEL 13 DE FEBRERO AL 14 DE MARZO. CASA DE CULTURA SAN LORENZO DE EL ESCORIAL
El humor gráfico político se ha convertido en un firme referente de la crítica periodística a la vida social, económica y política a la vez que un estímulo dirigido a los lectores en forma de provocación que les dirija a la participación en el debate público.
La sociedad civil, cada vez más, presta mayor atención a la vida política a través de estos recursos, junto a las redes sociales, y menos a las formas más tradicionales de participación política como militancia e incluso al ejercicio del voto.
El trabajo de Eneko es, como bien define el periodista Pep Sánchez, ‘humor subversivo en tiempos de crisis’. Eneko no oculta ni su ideología, ni su opinión, ni aún menos su compromiso político, y sus viñetas son retratos incisivos y mordaces de la realidad de los últimos años. En esta reducida muestra, temas como la violencia de género, la conciencia de clase, la corrupción política de los poderes económicos, la memoria democrática, y muchos más, se convierten en verdaderos editoriales gráficos en cada uno de sus dibujos.
Eneko las Heras
Nace en Caracas, Venezuela, en 1963.
Publica sus ilustraciones en diarios y revistas venezolanas tales como El Nacional, El Diario de Caracas, Nueva sociedad y posteriormente, en España, ilustra en El País, Cinco Días y Clave
entre otras. Empieza a trabajar como humorista gráfico en el diario Egin. A partir de ahí publica sus viñetas en Economía Hoy y El especulador precoz, ambos de Venezuela y en Deia, 20 minutos, Interviú, La política.com, El Salto, CTXT, El Jueves y Público, todas ellos medios españoles.
Es miembro, junto a Olaf, Mutis, César Fernández Arias, Pepe Medina y Jacques Le Biscuit del colectivo El cártel, una especie de periódico mural que se pega en las calles de Madrid.
Ha alternado su actividad periodística con exposiciones de pintura y dibujo y ha publicado los libros Dicho a mano, editorial 20 minutos; Mentiras, medias verdades, cuartos de verdad,
editorial Sinsentido; ¡Fuego!, editorial 360 grados; La libertad dibujada por Eneko, editorial Siglo XXI, y ha participado en los libros colectivos De buena tinta, editorial Círculo de lectores y
Sólo el humor salva de la editorial Correo del Orinoco.
Nos encontramos ante el retrato lúcido y desencantado de una familia italiana a lo largo de cuarenta años de historia de ese país. Más concretamente de la familia Carati, que está representada por los hermanos Nicola (Luigi Lo Cascio) y Matteo (Alessio Boni). A ambos les unen los mismos sueños de juventud, hasta el día en que, decepcionados por el resultado de una experiencia personal que no vamos a desvelar, cada uno busca su propio camino. Mientras que el primero entra a formar parte de los florecientes movimientos juveniles, el segundo, un hombre culto pero necesitado de una cierta disciplina, decide ingresar en el cuerpo de policía. A partir de ese momento, sus respectivas vidas se van enriqueciendo al conocer a diversos personajes. Cada uno de ellos forma parte del amplio escenario social que en mueve en ese telón de fondo llamado Italia, en el que ciertas canciones marcaron esa época, y los triunfos conseguidos por la selección italiana de fútbol tuvieron tanta importancia para los habitantes necesitados de alegrías.
No creo que el Director de la peli The Florida Project, Sean Parker, que vimos ayer del Colectivo Rousseau, como centro de su relato, pretenda comparar la vida y la moral individual de la madre soltera con la de otras madres o personas que la acompañan en los alrededores del Parque Disney World en Florida, para sacar la consecuencia que hay madres «buenas» y madres «malas» en la educación de sus hijos ante la adversidad y la situación social y personal en la que se encuentran los inquilinos pobres de ese Motel de negocio rentista. Y, sin embargo, creo que esta es la conclusión a la que una mirada reduccionista de la marginación y la pobreza invita a pensar a mucha gente. ¿Porqué esto es así, en muchos casos, porqué ante una situación social deplorable con causas sociales evitables políticamente, se comparan respuestas individuales y se juzga a la madre soltera, en este caso, que malvive de pequeñas trapicheos para pagar el lquiler y, eventualmente, de la prostitución, frente a otras que en la peli no recurren a estas «anomalías» de respuesta al desorden social existente en el sistema en general y en los alrededores del parque de Disney?. ¿Porqué se exige, que una madre soltera, como la protagonista, sin posibilidad de acceder a recursos de servicios sociales o de alguna renta mínima garantizada en un Estado ultraliberal, donde rigen las leyes del mercado mas drásticas, que generan injusticias y desigualdad, además de traumas e insalud individual, tiene que ser heroína y perfecta en la educación de su hija, en este caso, garantizando un orden disciplinadamente, que reproduzca el desorden existente en la zona y en otros muchos lugares de ese país, el más rico de la Tierra?. ¿Nos garantiza eso una buena conciencia de todo lo que no debiera ocurrir y ocurre, por nuestra negligencia o inhibición social y política?
En mi opinión, el autor de la peli, muestra esa realidad social que se esconde en las periferias o cercanías de las ciudades y zonas emblemáticas de la riqueza, y las trata desde un punto de vista humano, con consecuencias políticas no explícitas en la película, en la aptitud de otras convecinas e incluso la paciencia y comprensión con los niños del gerente del Motel de apartamentos que las cobija, mostrando el lado bueno de la gente, su solidaridad y empatía, en muchos casos.
Con ‘Anora’, ganadora de la última Palma de Oro en Cannes, el director estrena su quinto largometraje protagonizado por trabajadores del sexo. “Si ser ‘indie’ significa que posees todo el control de tu obra, seré siempre ‘indie”, anuncia
Retrato promocional del director Sean Baker.UNIVERSAL
A Sean Baker le da miedo la figura de Eloy de la Iglesia. Que un director maldito de la Transición —el hombre que retrató la ola de destrucción y malditismo que la heroína provocó en las alcantarillas de la cacareada Movida— asuste al último ganador de la Palma de Oro de Cannes, un cineasta indie de alma neoyorquina, es una señal de las sombras que esconde Baker. “En la Universidad de Nueva York no nos llegaba ese cine español. Lo he descubierto hace unos cinco años y me siento más alineado con él que con Fellini”, cuenta. “Su personalidad me recuerda a la de Pasolini, y me han contado que su adicción a las drogas se originó a partir de su interacción con los actores. Eso me da miedo porque yo estuve enganchado. Tuve problemas con las drogas, fui adicto a la heroína a finales de los noventa, cuando yo era un veinteañero. A veces me asusto cuando me doy cuenta de que me acerco demasiado de nuevo a esos mundos. En una película tuve a una persona chutándose a mi lado. Uf”. Para ser un cineasta que no disfruta de las entrevistas, la confesión ha salido a borbotones.
El jueves 31 de octubre se estrena Anora, la quinta película en la que Baker (Nueva York, 53 años) cuenta con personajes relacionados con la prostitución o con el negocio del sexo. Y desde luego, no muy cercanos a la prostituta de Julia Roberts en Pretty Woman. “Creo que el público puede identificarse con personajes que no podrían soportar en la vida real. Y en mi caso, me gusta retratar personajes que persiguen el sueño americano y poner el foco sobre situaciones que Hollywood es incapaz de retratar bien”, apunta al sentarse en un sofá.
Ayer vimos Cenizas y diamantes, un filme de Wajda de 1958, al que concedieron el premio de la Crítica en el Festival de Venecia. El guión está basado en una novela escrita por Jerzy Andrzejewski, que recomiendo vivamente. Un joven de la resistencia antinazi se desliza en antisoviético, tras la ocupación que siguió a la Segunda Guerra Mundial. Todo su mundo está trastocado y sabe que no tendrá otro final que la muerte.
Aquí aparecen las cenizas y los diamantes. Como si fuera un elaborado juego cultural, tanto Andrzejewski, como posteriormente Andrzej Wajda, aprovechan unos versos tan hermosos, que quien los compuso hubiera podido retirarse habiendo dejado a la humanidad un poso de sentimiento y cultura que ya vale por una vida. En una secuencia del filme, el joven emboscado que se ha propuesto matar al dirigente comunista que recorre los pueblos enseña a su novia, una camarera circunstancial que se ha encontrado en el hotel, una lápida que él barre con su mano, retirando barro, moho, musgo, y lee estos versos impresionantes, que dan sentido a todo el filme.
Al arder no sabes si serás libre,
Si sólo quedarán cenizas y confusión
O se hallará en las profundidades
Un diamante que brille entre la ceniza.
Si son conmovedores hasta el llanto en traducción castellana, ¡qué no serán en polaco! Los escribió Cyprian Kamil Norwid, que nació en Polonia y murió en París (1821-1883). Ese poema dio vida a una novela y un filme, como mínimo, que yo conozca.
La belleza de Cenizas y diamantes, el filme, su tristeza agobiante, heredera del romanticismo, tiene secuencias inolvidables, algunas de las cuales serían luego repetidas por otros directores de fuste. Las manchas de sangre que tiznan las sábanas puestas a secar en una casa de pobres. Bastaría con esa, son imágenes que nos persiguen , a lo largo de nuestra vida cinéfila.