Seguramente muchos cinéfilos conocen el cine de otra Iosseliani de oídas o mejor de leídas, puesto que en informaciones de revistas sabían de la obra de este cineasta casi siempre presente en los festivales. Pero en nuestro país nada se había estrenado. Hace un tiempo se pudo ver en un pase-sorpresa por La 2 un filme suyo, Los favoritos de la luna. También en algunos de nuestros pequeños festivales se exhibió alguno que otro de sus filmes. Parece ser que en la próxima edición de San Sebastián se le va a realizar un retrospectiva de toda su obra.
En esta película francesa firmada por este cineasta nacido en Tbilisi-Georgia (la misma ciudad donde Stalin fue seminarista) de fuertes ideas marxistas, pero después desencantado, exiliado adoptado galo, se presenta una vez más un tema muy querido por el cine de nuestro país vecino: el fustigamiento de la familia burguesa y el elogio de la vida natural, de la vida de la gente corriente de la calle y la exaltación (¿anarquista?) de los “clochards” de los mendigos profesionales. Es una película de interpretación coral, de múltiples personajes, con un sentido del humor muy francés, que a veces se escapa al espectador y que incide sobre todo en la vida de los adolescentes y los jóvenes. El título ¡Adiós, tierra firme! (expresión tomada de la conversación común de los marineros que se sienten felices al abandonar el puerto y luego echan de menos las comodidades y los placerse de la tierra firme) se refiere a esos deseos de ruptura de los adolescentes hacia la vida fácil que le ofrece su familia protectora, pero cuyas amarras nunca llegan del todo a romper y que a la postre se convierten en seguro salvavidas cuando las cosas se ponen feas o cuando el cansancio de la novedad les hacen regresar al vilipendiado pero calentito hogar paterno.
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El domingo 17 de diciembre de 2024 falleció a los 89 años el director de cine Otar Davidovich Iosseliani, creador de más dieciocho obras, tanto en la pantalla grande como para la televisión. Reconocido por su discurso inconformista.
Nacido en Tbilsi, capital de Georgia, el 2 de febrero de 1934, a los 16 años da sus primeros pasos en el séptimo arte, desde la escuela VGIK de Moscú. A sus 24 años presenta el cortometraje (de diez minutos de duración) titulado Acuarela. Allí cuenta el escape de un hombre pobre de su hogar y como accidentalmente termina visitando una exposición de arte, y allí descubre su casa, pintada en un cuadro. “…como las sociedades en crisis convierten lo indigno en un trabajo de misericordia. El arte su pretensión como herramienta apaciguadora de un mundo desequilibrado” (Film Affinity, 16/12).
Al año siguiente presenta el cortometraje El Canto de la Flor Imposible de Encontrar donde narra con bella música e imágenes (y muy pocos diálogos) la transcurrencia de un viejo paisajista, realizador de coronas florales. La aparición de flores exóticas en su poblado y como el asfalto las aplasta, para dar paso a una nueva ruta. Poco tiempo después la carpeta negra y gris se resquebraja y reaparece la hierba. El hombre es el único animal que puede transformar la naturaleza para su beneficio, pero en su lugar, con la llegada del capitalismo y el imperialismo, la fue destruyendo y depredando. Pero la naturaleza resiste. Como dijera más adelante el Che Guevara “podrán cortar las flores, pero nunca podrán con la primavera”.
Abril (1961). Aquí nuevamente la idea de invasión aparece en la obra de Otar (presente en gran parte de su carrera, como forma de relatar su propia existencia). En media hora describe la intimidad de una pareja de Tbilisi, interrumpidos por personas que los instruyen en los usos y costumbres de la vida privada. Una visión grotesca y caricaturesca del concepto de la propiedad privada, bastión del capitalismo.
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EXPOSICION DEL 13 DE FEBRERO AL 14 DE MARZO. CASA DE CULTURA SAN LORENZO DE EL ESCORIAL
El humor gráfico político se ha convertido en un firme referente de la crítica periodística a la vida social, económica y política a la vez que un estímulo dirigido a los lectores en forma de provocación que les dirija a la participación en el debate público.
La sociedad civil, cada vez más, presta mayor atención a la vida política a través de estos recursos, junto a las redes sociales, y menos a las formas más tradicionales de participación política como militancia e incluso al ejercicio del voto.
El trabajo de Eneko es, como bien define el periodista Pep Sánchez, ‘humor subversivo en tiempos de crisis’. Eneko no oculta ni su ideología, ni su opinión, ni aún menos su compromiso político, y sus viñetas son retratos incisivos y mordaces de la realidad de los últimos años. En esta reducida muestra, temas como la violencia de género, la conciencia de clase, la corrupción política de los poderes económicos, la memoria democrática, y muchos más, se convierten en verdaderos editoriales gráficos en cada uno de sus dibujos.
Eneko las Heras
Nace en Caracas, Venezuela, en 1963.
Publica sus ilustraciones en diarios y revistas venezolanas tales como El Nacional, El Diario de Caracas, Nueva sociedad y posteriormente, en España, ilustra en El País, Cinco Días y Clave
entre otras. Empieza a trabajar como humorista gráfico en el diario Egin. A partir de ahí publica sus viñetas en Economía Hoy y El especulador precoz, ambos de Venezuela y en Deia, 20 minutos, Interviú, La política.com, El Salto, CTXT, El Jueves y Público, todas ellos medios españoles.
Es miembro, junto a Olaf, Mutis, César Fernández Arias, Pepe Medina y Jacques Le Biscuit del colectivo El cártel, una especie de periódico mural que se pega en las calles de Madrid.
Ha alternado su actividad periodística con exposiciones de pintura y dibujo y ha publicado los libros Dicho a mano, editorial 20 minutos; Mentiras, medias verdades, cuartos de verdad,
editorial Sinsentido; ¡Fuego!, editorial 360 grados; La libertad dibujada por Eneko, editorial Siglo XXI, y ha participado en los libros colectivos De buena tinta, editorial Círculo de lectores y
Sólo el humor salva de la editorial Correo del Orinoco.
Nos encontramos ante el retrato lúcido y desencantado de una familia italiana a lo largo de cuarenta años de historia de ese país. Más concretamente de la familia Carati, que está representada por los hermanos Nicola (Luigi Lo Cascio) y Matteo (Alessio Boni). A ambos les unen los mismos sueños de juventud, hasta el día en que, decepcionados por el resultado de una experiencia personal que no vamos a desvelar, cada uno busca su propio camino. Mientras que el primero entra a formar parte de los florecientes movimientos juveniles, el segundo, un hombre culto pero necesitado de una cierta disciplina, decide ingresar en el cuerpo de policía. A partir de ese momento, sus respectivas vidas se van enriqueciendo al conocer a diversos personajes. Cada uno de ellos forma parte del amplio escenario social que en mueve en ese telón de fondo llamado Italia, en el que ciertas canciones marcaron esa época, y los triunfos conseguidos por la selección italiana de fútbol tuvieron tanta importancia para los habitantes necesitados de alegrías.