HONOR DE CAVALLERIA
“La vida es un
camino de tristezas”, dice el Quijote a Sancho.
Adaptación libre de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes,Honor de Cavalleria (Albert Serra, 2006) propone el quietismo y la contemplación como fundamento de un viaje fílmico. El director Albert Serra llega al cine desde el territorio de las letras, y aborda el texto dejando de lado preconceptos narrativos. Por eso es mejor no esperar una estructura clásica en esta construcción de un Quijote y un Sancho en ocupado vagabundeo por la naturaleza. Serra utiliza para las interpretaciones a Lluís Carbó y Lluís Serrat, actores no profesionales con los que rescata y homenajea la tradición de Pasolini y Bresson.
Los diálogos son casi monólogos del Quijote, que atienden temas de caballería, espirituales o prácticos. No se muestran las aventuras, sino la reflexión sobre ellas, y aunque de tanto en tanto, y sin mayor explicación se cruzan en el camino con otros jinetes, sustancialmente asistimos a una expedición de dos compañeros solitarios. El viaje es interior, los silencios y las meditaciones forman la esencia del discurrir de los protagonistas. Un caballero cansino pero idealista. Un escudero retraído que acompaña al Quijote con fidelidad. Tal vez comparte con el Sancho de Franz Kafka ese sentido de cierta responsabilidad que lo llevó a seguir a su incontenible demonio -al que después dio el nombre de Don Quijote- en sus andanzas. Entre ambos, el interrogante, explicitado por un viajero que se encuentra con ellos: ¿Qué sería de Sancho sin el Quijote? ¿Podría, quizá, como le sugiere alguien, abandonar al Quijote para construirse una casa y llevar otra vida? No hay respuesta, tal vez porque sería imposible la existencia de uno sin el otro. Poseedores de un vínculo indisociable, se saben vencedores vencidos (“Hemos triunfado, Sancho, pero igual me siento triste”); caballeros condenados al camino errático y al recogimiento. Como escribe Walter Benjamin: “ser hombre o caballo, eso ya no importa, lo importante es deshacerse de la carga depositada sobre la espalda” (1998, p. 161).
Una adaptación libre tal vez sea eso, mantener un principio o un valor que no es transferible en la traducción. Si una -toda- traducción es una traición, acaso un Quijote trasladado a imágenes sea imposible, y de ello dan cuenta los numerosos intentos. Desde el Orson Welles inconcluso, al Terry Gilliam perdido en La Mancha. Pero Albert Serra se aparata de la novela para conservar una identidad inmanente a la obra. Así cómo en el libro de Cervantes la melancolía era hacia el mundo disoluto de la caballería medieval, el andar del film deja la sensación nostálgica de algo perdido: la inconmensurable unidad del hombre con la Naturaleza. No es casual que todo el rodaje se concrete en escenarios naturales y que en las imágenes no aparezca ninguna construcción humana. El viejo tonto serio y su asistente incapaz refrescan sus cuerpos en un lago, duermen tendidos en el pasto, y deambulan por el campo, peligrosamente inofensivos.
Sin Dulcinea ni molinos de viento, en la película resalta la ausencia de criterio comercial. En contraposición, su libertad creativa la coloca en las márgenes, condenada a vagar por festivales y por las mentes quijotescas que la sigan en su aventura.
Las uvas de la ira
amar los dragones
La celebración de Sant Jordi, y un mensaje que he visto en la red con el siguiente contenido: “Felicidades Jordi, perdón Jorge, esta España ya no es la que era”, me hace reflexionar sobre Cataluña, una vez más (ya lo hice en la conferencia “El Dret a Decidir”, cuyos apuntes se pueden encontrar en esta página ww
dentro de los debates filosóficos y políticos)
La cuestión es fácil de describir: una parte importante de la sociedad catalana siente a España no como su nación, sino simplemente como el Estado en que por injustos azares de la historia le ha tocado vivir. Su nación es Cataluña, y quieren convertir ésta en un nuevo Estado distinto de España. No lo logran, porque quienes lo desean no han conseguido formar en esa sociedad una masa crítica suficiente como para decantar la balanza política en contra de la enorme inercia centrípeta que ha creado una larguísima convivencia dentro de España. Pero la cuestión es ésa, un problema, y dura ya siglos (José María Ruiz Soroa).
Se me ocurren dos pequeñas iniciativas o mociones (como ahora están de moda en los plenos…) para encuentros en positivo. La celebración del Día del Libro, por coincidir con la fecha en que fallecían Cervantes, Shekespeare y Garcilaso de la Vega, pero también porque murieron o nacieron en esa fecha escritores como Maurice Druom, Haldor Laxness (premio Nobel en el 55), Nabokov o Josep Pla, entre otros, se celebra en nuestro pueblo, San Lorenzo de El Escorial, gracias a iniciativas particulares, este año entre la librería Azorín y Manolo Míguez, pero, a mi juicio, se debería poner en valor por la cultura y educación de las políticas municipales, el hecho de que el origen del día del libro se remonta a 1926, en una idea que partió de Cataluña de la mano del valenciano Vicente Clavel Andrés, quien lo propuso a la Cámara Oficial del Libro de Barcelona en 1923 y aprobada por el rey Alfonso XIII de España en 1926. El 7 de Octubre de 1926 fue el primer Día del Libro; poco después, en 1930, se instaura definitivamente la fecha del 23 de abril como Día del Libro, y además con la aprobación de la UNESCO. Barcelona como referente, así de sencillo.
Este día coincide con San Jorge, patrón (dicen) de Alemania, Aragón, Bulgaria, Etiopía, Georgia, Grecia, Inglaterra, Líbano, Lituania, Países Bajos, Portugal, Eslovenia y México. Pero donde toma cuerpo importante es en Cataluña, que con el nombre de Sant Jordi adquiere una significación muy especial y de la que nos deberíamos sentirnos todos orgullosos. La unión de Sant Jordi con el Día del Libro es inolvidable para los que hemos tenido la suerte de vivir unos años en Barcelona. Intercambiar un libro con una rosa siempre es emocionante en un lugar tan peculiar como las Ramblas, y si estás enamorado ni te cuento.
La leyenda de la lucha con el dragón la recogió el costumbrista catalán Joan Amades, que situó el evento en las murallas del pueblo Montblanc. Este año, coincidiendo con el 125 aniversario de su nacimiento, la asociación cultural que lleva su nombre impulsó una actividad para el día de Sant Jordi consistente en lectura abierta de textos tradicionales que la asociación seleccionaba, a modo de ejemplo: “M’ han dit que tu has dit un dit que jo no he dit, i el dit que tu has dit, jo no l’ he dit perquè si jo hagués dit que tu l’ has dit, fóra ben dit per haver-lo dit jo.” La traducción es fácil, un pequeño trabalenguas que hace que el idioma se perfeccione. Fer país, que diría Pujol.

Nosotros en Castilla tenemos también nuestros dragones, pero sucede que nuestros niños (y algunos mayores) no los conocen. El Poema de Fernán González, poema épico del mester de clerecía cuyo contenido es el de un cantar de gesta que narra diferentes hechos históricos de la vida de este personaje, relevante para la historia de España y de Castilla, está custodiado en nuestro Monasterio. En una edición de mi profesor de literatura medieval, Juan Victorio, se relata (estrofas 467-486) que la noche antes de que comenzara la batalla de Hacina , legendaria lucha que duraría tres días, algo espantoso les ocurrió a las tropas del conde castellano Fernán González: un monstruoso dragón se apareció en el cielo. Estaba completamente ensangrentado y daba unos enormes y estruendosos alaridos mientras que echaba fuego por las fauces iluminando a los atemorizados ejércitos: “Vieron aquella noche una muy fiera cosa. Venia por el aire una sierpe rabiosa, dando muy fuertes gritos…”.
Imaginemos un intercambio de dragones: unos niños catalanes ven el de Fernán González y les ponemos a leer las estrofas del poema en castellano antiguo, y encima se lo enseñamos en el Monasterio, y a los del Antoniorrobles (es un decir) les llevamos a Montblac a ver su dragón, y a que oigan hablar en otro idioma español. ¿No sería eso mejor que lo que estamos viviendo hoy? A los independentistas, o si preferís separatistas, no hay que oponerles separadores. Hagamos un esfuerzo y amemos ambos dragones.
OCHO HECHOS EN DISPUTA
Ahora me cuesta entender tus razonamientos desde tu propia perspectiva, porque los acoplas a tu visión esencialista de las cosas y la sola aplicación de la razón causal, mecánica, no quita ese carácter, como pareces creer, simplemente hace que tu razón sea esencialista, además de tu fe no racional. Descartes es esencialista o metafísico a pesar que trajo un cambio muy importante en el proceso de la razón. Como veo un árbol existe el árbol, y determina todo, independiente de que lo nombre o no. Pues NO. Si no lo nombras no existe para los demás, ni para ti siquiera.Pasas de la fe teológica en “aprioris” morales o espirituales a la fe en la razón objetiva y en las causas mecánicas y científicas, sin pestañear.
Leer más…
