02 PM | 22 Jun

¿cainismo censurable?

Lorenzaccio”, la famosa obra de Alfred de Musset, que tuve ocasión de ver recientemente interpretada por el Teatro Nacional de Burdeos, y que  refleja el mundo fracturado de la Florencia del siglo XVI, siempre me ha parecido una reflexión dolorosa sobre la vacuidad de la acción política, una tragedia sobre el desencanto de los ideales defraudados y de la manipulación. Un póster de la representación que vi en el barrio de Gracia por el Lliure me acompañó como frontispicio en todos los despachos en los que he tenido ocasión de trabajar, y es que el personaje de Lorenzaccio es un romántico apasionado, una persona que da la vida por las ideas por las que cree o por las personas que ama.

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Quise hablar de Lorenzo de Medicis al tiempo que proyectaba unas imágenes de la película “Tres instantes, un grito”, en la charla-diálogo del pasado lunes 20 de junio en la Casa de Cultura, para intentar transmitir que el desencanto y la indignación no son producto de un 15-M recordado con admiración, ya que en el ámbito de las publicaciones del entorno socialista -como son “Letra internacional”, “Leviatán”, “Sistema”, “Cuadernos de Alzate” y otras- el problema se venía analizando con profundidad y ya se teorizó mucho sobre el declive de lo que se venía en llamar democracia constitucional. Y si hasta hacía unos años pocos dudaban del  valor moral de la democracia y su alcance político, su funcionamiento empezaba a ser cuestionado precisamente por el comportamiento de algunas instituciones fundamentales del Estado de Derecho; “crisis de observancia”, se decía. Frente a la crisis de la democracia, MÁS DEMOCRACIA era la receta socialista.

A mi juicio, el desencadenante del declive del Estado del Bienestar ha propiciado una frase feliz de Vargas Machuca que sintetiza muy bien un estado de ánimo en  las democracias: “YA NO DAN TRIGO”. Son los jóvenes los que han sufrido la herida de la crisis con mayor profundidad, los que miran a otros referentes ante la caída de la confianza social que nos proporcionó la democracia conocida.

Por seguir en Florencia, Maquiavelo nos recuerda que a veces los demócratas practicantes utilizaron una de sus famosas máximas: “Los actos acusan, pero los resultados excusan”. Efectivamente, en ocasiones los resultados dispensaban y compensaban una ejecutoria deficiente de nuestra participación política. ¿Acaso el mal funcionamiento institucional de nuestro Ayuntamiento se ha descubierto después de las mareas? ¿Se ha inventado el año pasado la transparencia o la participación ciudadana?

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Las imágenes de la película de Cecilia Barriga que proyectamos en el acto “La democracia cuestionada” nos dejaron un sabor extraño, y sorprendente, al ver cómo se debatía en una asamblea la posibilidad o no de poner un toldo. En un  artículo de Miguel Candel, “Querer no es poder ni viceversa”, señala tres razones equivocadas para el 15-M en unas reflexiones pos festum. Destacamos una de ellas: “La noción de clase brilla por su ausencia”. No pude debatir con Unidos Podemos, pero me hubiera gustado poner de manifiesto que lo que inclina la desconfianza hacia ellos de los que nos consideramos herederos del espíritu del 45 (Loach) es la tendencia de los “nuevos” a condenar sin más “lo viejo”, a suplantar la socialdemocracia (también la nueva) por la vieja, como si no supiéramos desde hace tiempo, como dice Candel, que lo de “borrón y cuenta nueva” suele saldarse con una acumulación de borrones sobre los que acaba resultando imposible escribir. Por muy tonto que sea Abel y muy listo Caín, el cainismo siempre será censurable.

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02 PM | 10 Jun

Entrevista Roy Anderson

ROY ANDERSONA estas alturas, Roy Andersson (Gotemburgo, 1943) ya no puede escapar del sobrenombre que le adjudicó la publicación Village Voice: “El Bergman delslapstick”. Y es verdad que la metafísica del alma y el sinsentido cómico forman una extraña alianza en sus filmes. Si unos extraterrestres sabios y jocosos observaran a la raza humana, quizá lo harían con los ojos de este sueco que combate el frío escandinavo desde el humor. Filma sus gestos y patetismos con el virtuosismo del absurdo que recorren los estáticos planos secuencia, a modo de viñetas, que se ofrecen como santo y seña de su trabajo. Atentos al título de su última creación porque no lo vamos a repetir:Una paloma se posó en una rama a reflexionar sobre la existencia.

Al teléfono, Andersson ofrece algunas pistas para interpretar la película: “En el cuadro Cazadores en la nieve, de Bruegel, los pájaros parecen estar preguntándose: ‘¿Qué hacen los humanos ahí abajo? ¿Por qué están tan ocupados?’ Una paloma… es como la vista panorámica de los pájaros, que no solo reflexionan sobre la condición humana, sino que se preocupan por ella. Como yo”.

-¿Es cierto que su mayor inspiración como cineasta procede de la pintura?
-Completamente cierto. Y Goya es el pintor que más me ha influido. Su energía es sobrehumana. Me atrae mucho su desconfianza en el ser humano. Sus Desastres de la Guerra son extraordinarios, pero me parecen más interesantes Los caprichos. En mi próximo proyecto habrá referencias muy claras a ellos.

No es que lo necesitara para asegurarse un lugar en la historia del cine escandinavo, pero la película de la paloma le arrebató el León de Oro a otra propuesta de título pajarero, la del mexicano Alejandro González Iñárritu,en la pasada edición del Festival de Venecia. El galardón se antoja como la coronación no solo de una trilogía sobre “ser un ser humano” esculpida en quince años –Canciones del segundo piso (2000) y La comedia de la vida(2007)-, sino de una carrera de apenas cinco películas en 45 años. Tras el éxito de su debut con Una historia de amor sueca (1970), nadie podía prever una filmografía tan morosa.

La muerte y el paraíso

Una paloma se posó en una rama a reflexionar sobre la existencia

-¿Tenía previsto hacer una trilogía cuando empezó?
-Creo que hasta que no hice la segunda película no me lo planteé. La palabra trilogía tiene un sentido épico, incluso respetable…

-Adquiere sentido que la última pieza arranque con tres escenas de muerte. ¿Cree que es su película más preocupada con el fin de la existencia?
-Estas escenas son para mí una forma de provocación. La gente está asustada con la muerte, especialmente cuando nos hacemos viejos. Pero yo siento la necesidad de hablar de ella de forma irrespetuosa. Esas escenas son como bromas. Me gusta hacer humor a partir de temas muy serios. Y la muerte es en nuestra sociedad un tema muy serio. Además, no soy creyente. Sé que en España tienen más respeto al cristianismo que aquí en Suecia, pero para mí es imposible creer en la noción del Paraíso.

-En uno de los sketchs retrata a un grupo de esclavos africanos forzados a entrar en un cilindro gigante. Parece difícil extraer humor de ahí…
-Eso es un paréntesis en la película. Igual que la investigación científica con el mono. El cilindro es una metáfora sobre cómo el mundo occidental ha explotado a otros países a lo largo de la historia. Es una profunda vergüenza. ¿Cómo podemos redimirnos de nuestro pasado? ¿Es posible? Nací en plena II Guerra Mundial, fui arrojado a un mundo terrible, y siento vergüenza por todo lo que hemos hecho, aunque yo no haya participado de ello.

-¿Cree que es posible esa redención? En su cine hay desde luego espacio para el optimismo respecto al destino del hombre.
Soy optimista. Creo que es posible redimirse. Era muy escéptico, pero leí a un filósofo extraordinario, Martin Buber, que escribió un breve ensayo sobre las formas de negociar con la culpa, de cómo reparar la conciencia histórica, y me convenció.

-¿Hasta qué punto es importante para usted el sentido moral del cine?
Mi convicción es que todo arte está al servicio del humanismo. Se puede argumentar que no es necesariamente así, como el caso de Leni Riefensthal, pero creo que hasta su actitud era la de una cineasta escéptica. Cuando vemosLos desastres de la guerra de Goya entendemos que están hechos desde la conciencia de la denuncia. A eso me refiero con el arte al servicio del humanismo.

Tratándose de Andersson, la publicidad también puede adquirir el rango de arte. Ha rodado alrededor de 300 spots publicitarios, con los que autofinancia sus películas. Es, de hecho, uno de los realizadores publicitarios de mayor prestigio internacional, de los contados que ha logrado establecer un corpus fílmico con sus creaciones. Búsquenlas en YouTube. Comprobarán que la gramática del plano general fijo, a modo de cuadros vivos, se aplica tanto para el universo publicitario como para el cinematográfico.

-¿Entiende la realización de publicidad como su personal laboratorio?
-Sin duda. He desarrollado mi estilo filmando anuncios. He hecho muchos spotspara una empresa de seguros. En todos pongo en escena un accidente, que siempre es el resultado de la fuerza de la gravedad. Reconstruí situaciones en las que lo incontrolable provoca el accidente, y me di cuenta de que si utilizas planos cortos, rompes el efecto de causalidad y además resulta más trágico. El tono que yo busco, tanto en los anuncios como en mis películas, solo puede entenderse desde el plano largo. Creo que está relacionado con el “efecto distanciamiento” de Brecht. No hay que sentir demasiada compasión ni melancolía. La distancia es muchas veces la mejor forma de ver las cosas.

-Chaplin decía que el primer plano es drama y el plano general es comedia. ¿Usted también lo siente así?
-Es una buena formulación. El plano general permite ver la condición y el valor del ser humano, le muestra en su entorno. Un primer plano no está conectado al mundo, no es nada, es abstracto. El espacio que rodea a un ser humano dice más sobre él que su rostro. Buñuel sabía mucho de esto.

Cervantes, steinbeck…

Una paloma se posó en una rama a reflexionar sobre la existencia

-Sam y Jonathan, los protagonistas de Una paloma…, son como un trasunto de Didi y Gogo de Esperando a Godot.
-Sí, de hecho Beckett admiraba mucho a Laurel y Hardy, como yo. Creo que mis personajes tienen más que ver con ellos porque tratan de subir en el escalafón social. Cervantes también fue una gran inspiración. Mis vendedores de baratijas encarnan al visionario Don Quijote y al escéptico Sancho Panza. También se trata de parejas masculinas, como en De ratones y hombres de Steinbeck. Todas estas referencias estaban en mi cabeza.

-¿Qué directores han tenido efecto en su trabajo?
Tengo a tres directores de cabecera, y se los diré por orden de preferencia.El primero es Vittorio de Sica; el segundo, Luis Buñuel, y el tercero es Alain Resnais. El primero hizo la película más política, Ladrón de bicicletas; el segundo la más inteligente, Viridiana, y el tercero la más poética, Hiroshima, mon amour. Eso son los tres pilares que busco con mi cine.

REVIRIEGO

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10 AM | 10 Jun

Vive el espíritu del 45?

                                                                                        Ken Loach, que a menudo se muestra más radical, y casi siempre más emotivo, en El espíritu del 45 factura una pieza documentespíritu del 45al muy medida y, salvo testimonios puntuales de algunos ancianos, bastante aséptica y moderada, lo que afortunadamente la dota de mucho más poder demostrativo.

Me pareció especialmente agudo el razonamiento de partida: al parecer, en 1945, la mayoría de los británicos descubrieron que si el gobierno había sabido organizarlos para ganar la guerra, cualquier gobierno con voluntad para ello sabría organizarlos para sacarlos de la miseria generalizada que habían padecido en la década precedente. Un argumento impecable, que yo no puedo contradecir porque carezco de datos. Luego, puede que fuera así.

Pero claro, Loach siempre invita a sacar conclusiones y, en consecuencia, a toda la ola de nacionalizaciones de los servicios básicos (carbón, ferrocarriles, electricidad, agua, salud pública, vivienda, etc.) desarrollada en los diez años siguientes, opone el desmontaje acelerado que puso en marcha y casi llevó a término, ella solita, Mrs Thatcher. El tono expositivo del documental, que por un lado le otorga una enorme credibilidad, sin embargo le hurta el análisis y nos priva del factor, tal vez, más determinante a la hora de comprender las causas del resultado final del proceso. Para mi ese factor no es otro que la pérdida de conciencia de clase de una gran masa de gente que al terminar la guerra se sentían proletarios, asumían sus interesa sociales y políticos en tanto que tales y aspiraban a una cultura y a una forma de vivir solidaria y reivindicativa, mientras que al final de la década de los sesenta con la llegada de un cierto grado de riqueza familiar y de bienestar, quebrados en buena medida los fundamentos de aquella conciencia, mucha de esa gente deserta de su verdadera naturaleza social de desposeídos. Ahora, porque deben un coche a plazos y pueden emborracharse durante una semana en alguna playa española, ya solo quieren ser llamados clase media. Con esa mentalidad compran, encantados, el ataque furibundo a los sindicatos, y a los servicios públicos y se convencen a sí mismos de que todo fracaso es de índole estrictamente personal por no haber sabido hacer las cosas como es debido, o por no haberse esforzado lo suficiente. Y triunfan los manuales de autoayuda y el coaching… Y llegamos a donde estamos hoy. Cuando cabe preguntarse: ¿queda algo, en algún sitio, del espíritu del 45?

Un saludo.
Alfonso Peláez
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11 PM | 01 Jun

CONSCIENCIA Y MEMORIA

a presentación en la Casa de Cultura de la novela “Antaño en Paramollano”, de Alfonso Peláez, y el encuentro casual en las librerías de la reedición “Donde la vieja Castilla se acaba: Soria”, de Avelino Hernández, un admirado personaje por muchos de los amigos de El Escorial, me suscitan dos reflexiones que me sirven como aliento espiritual para afrontar este mes.

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En la novela de Alfonso, el personaje fascinante del alemán tiene relación en Barcelona con la Unión de Hermanos Proletarios, una idea originaria del socialista Amador Fernández. Esa referencia me llevó inmediatamente a mi abuela Jacinta, que durante los largos años no paraba de contar que UHP se llevaba la gasolina del surtidor que tenían en lo que hoy se conoce como “los canapés”, a cambio de unos vales que serían abonados en metálico terminada la contienda. Provocada la ruina, la gasolinera se adjudicó a un vencedor muy parecido a los que pululaban por Paramollano y que son descritos a la perfección en la novela que recomiendo desde esta pequeña tribuna.

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La bolsa con los vales fue pasando por todos los domicilios de mi infancia, hasta que un día, y con la gracia que le caracterizaba y cansado de tanto trajín, mi padre hizo desaparecer la misma con el argumento de que la había canjeado por una tumba en el panteón de Infantes. Siempre me sorprendió que no hubiera en mi familia el más mínimo rencor, la más mínima crítica a nada. El silencio y el miedo eran los acompañantes a los cocidos diarios. ¡Hijo no te metas en líos! Por eso, el sábado no pude reprimir la lectura de un párrafo de la novela que presentábamos en un salón prácticamente lleno de amigos: “Después, andando la vida, recapacitas y te preguntas con frecuencia si entonces todo el país -toda la patria, como te decían- no era una cárcel infinita, en la que culpables e inocentes cumplían la misma condena por un único y difuso delito: el de haber nacido donde y cuando lo hicimos”

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Como era una novedad, por ser una reedición prologada por Julio Llamazares, el libro de Avelino Hernández estaba en la sección de novedades. Al verlo le comenté a librero que un grupo de amigos con los que compartimos cine todos los viernes le conocía y me habían hablado mucho de él. Compartimos tertulia. Avelino Hernández, un Sagrado Corazón del Escorial, se entregó al compromiso de los desfavorecidos, al activismo social y a la creación de organizaciones proscritas de la España pre-democrática. Al conocer su biografía surgieron los comentarios en torno a la política actual y los partidos emergentes. El librero que  había participado activamente en la llegada de la actual democracia, era muy molesto con la descalificación de éste periodo como Régimen, y le encantó compartir la emoción que me albergó al descubrir el libro de Avelino.

Cuando hablemos de memoria en los plenos tenemos que reivindicar a los personajes anónimos. Me viene a la memoria el nombre de Antonio Adanero, de la Agrupación Socialista, que a pesar de irse a vivir a Cudillero, mensualmente remitía las cuotas para cubrir su carnet con sellos; o de Merino, que se llevó el cuadro de Pablo Iglesias que presidia la sede por un enfado. Seguramente están ya muertos, sin homenajes. Está bien, muy bien diría yo, que a Carrizo se le den honores, pero hubiera sido de agradecer que la propuesta llegase promovida por los concejales que en estos momentos representan al PSOE.

Aproveché para comprar el libro del mejicano refundador del PRI Agustín Basave “La cuarta democracia”, y leer el prólogo de Ludolfo Paramio, director de Zona Abierta -y en su día de la Fundación Pablo Iglesias- y que ha servido de inspiración a Podemos en el Círculo de Empresarios de Cataluña. El año pasado, al no ser invitado, Pablo Manuel Iglesias dijo: “A nosotros no nos van a llevar a la reunión esta de Sitges a darnos caviar y vinos muy caros para hablar con nosotros”. Lo dicho, consciencia y memoria.

Félix Alonso

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01 AM | 30 May

Para el debate

EL COMUNISMO “AUTÉNTICO” DE JULIO ANGUITA Y SUS DISCÍPULOS Y LA “AMBIGÜEDAD” CALCULADA DE LOS TRANSVERSALES

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En mi artículo de la penúltima semana en Sistema Digital subrayaba que, según los datos de la última encuesta del CIS (abril), de todos los que votaron por Podemos el 20 de diciembre, el 9,5% se consideran socialdemócratas, un 12,1% socialistas, un 13,8% liberales, un 2,6% conservadores o demócrata-cristianos, etc., mientras solamente un 6,6% se consideran comunistas. Es decir, se trata de un electorado sumamente heterogéneo y no muy radical, hasta el punto de que la mayor parte se autoidentifican personalmente en espacios de izquierda moderada e incluso de centro y centro-derecha, mientras sitúan al partido por el que votaron en diciembre (Podemos) en una izquierda muy radical. ¿Cómo se explican tantas inconsistencias?

Los expertos en Sociología electoral nos dicen que estamos ante el típico electorado de aluvión, cuyas motivaciones de voto son (fueron) eminentemente coyunturales y no ideológicas. Es decir, han votado por Podemos porque están indignados, o porque quieren dar un escarmiento a otros partidos, o porque desean manifestar su protesta ante la mala situación laboral o social en la que se encuentran, y no porque sean comunistas, o extremistas, o populistas, o porque quieran que en España se apliquen políticas similares a las que han llevado a Grecia al desastre. De ahí la alta volatilidad de este tipo de electorado, que ha dado lugar a que en pocos meses Podemos haya caído espectacularmente en los índices de lealtad de voto, perdiendo el apoyo explícito (según las encuestas) de más de un tercio de los que les apoyaron el 20 de diciembre pasado.

¿En qué medida los nuevos pasos, comportamientos y alianzas establecidas por Podemos podrían salvar a esta fuerza política –ya claramente frentista- del descalabro que les auguran las encuestas más rigurosas?

Teniendo en cuenta el alto grado de volatilidad del electorado español, es difícil saber por anticipado qué va a pasar realmente el 26 de junio, por lo que hoy por hoy solo es posible realizar conjeturas.

De momento, parece que la línea predominante en Podemos (que ya ha cambiado no se sabe cuántas veces en su corta historia) consiste en reafirmar su definición comunista. No se trata solo de su alianza con la facción de IU más afecta al Partido Comunista Español, encabezada actualmente por Alberto Garzón, sino del rescate de figuras históricas del comunismo español, como Julio Anguita, del que los dirigentes del núcleo duro de Podemos se declaran discípulos y fieles seguidores, empezando por Iglesias Turrión, y del que los “enterados” siempre habían sospechado que era el inspirador principal de Podemos.

Ahora las dudas se han despejado, y todos hemos visto a Julio Anguita volviendo a primer plano, enardeciendo a las gentes de Podemos y hasta haciendo llorar de emoción al propio Iglesias Turrión. El problema es que con Julio Anguita retorna a primer plano el comunismo más rancio y más hostil a la socialdemocracia, en una forma que recuerda tiempos que no condujeron a nada positivo.

Antes de reaparecer públicamente, incluso considerando la posibilidad de incorporarse a las listas electorales de Podemos, Julio Anguita había hecho unas declaraciones –por cierto, al diario El Mundo, en recuerdo sin duda a los años de la estrategia de las dos orillas y de la famosa pinza al PSOE-, en la que sostenía que “Pablo Iglesias había conseguido lo que él quería, crecer a costa del PSOE”. Y ya en febrero de 2016 afirmaba contundentemente que Podemos jamás gobernaría con los social-traidores del PSOE. “Olvídese –le decía al periodista-. Jamás van a gobernar juntos”. Y añadía que Pablo Iglesias era un “auténtico rojo”, un “verdadero leninista”, como él mismo, apuntando una próxima convergencia con su otro discípulo predilecto, Alberto Garzón (Vid. El Mundo, 21 de febrero de 2016).

Y en eso, precisamente, es en lo que estamos en estos momentos. Ante una explicitación de intenciones e identificaciones que no se había producido en los comicios de diciembre. Lo que permite que el 26 de junio los electores puedan decidir su voto con mayor conocimiento de causa, y con una visión más realista, que permitirá saber de antemano a qué atenerse después.

A Julio Anguita se le podrán criticar muchas cosas, pero desde luego no la de no ser claro y decir las cosas como las piensa. Para él ser rojo y un comunista auténtico es una cosa bien concreta que no tiene por qué coincidir con lo que han pensado y hecho otros comunistas oficiales en España en tiempos recientes. Por ejemplo, Santiago Carrillo y muchos otros miembros del PCE, que desde hace años han estado abiertos a grandes pactos (Constitución, Pactos de la Moncloa, pactos municipales, etc.) y cuyo propósito –casi su obsesión- no ha sido, hoy por hoy, intentar acabar con el PSOE y con el sistema establecido, como sea.

Después del colapso absoluto de la URSS –junto a las aberraciones estalinistas- y de otras experiencias afines, a algunos nos cuesta trabajo entender cómo hoy en día personas inteligentes pueden defender todavía determinados modelos y enfoques políticos y económicos. Y me consta que a algunos miembros del viejo PCE también les cuesta entender determinados comportamientos, por parte de quienes están dispuestos a jugárselo todo a una carta –casi a la ruleta rusa- y que no entienden que en los procesos políticos concretos hay que saber aprovechar las circunstancias favorables para intentar añadir al curso social componentes progresistas –es decir, avances- apoyando las propuestas programáticas realmente viables. Algunos lo llaman a esto “posibilismo”, en sentido peyorativo; pero, ¿qué es realmente la política sino el arte de lo posible?

A los que se salen de esa senda y se apartan de la realidad y del sentido común ya se ha visto históricamente lo que les sucedió, y lo que aún les está sucediendo en Grecia, en Venezuela y en otros lugares.

De eso es de lo que habría que debatir con veracidad y transparencia en la próxima campaña electoral, sin asustarse a priori por las etiquetas que cada cual quiera ponerse encima. Por eso, los periodistas y comentaristas que se rasgan las vestiduras cuando algunos líderes se cuestionan –creo yo que con toda legitimidad- la validez y pertinencia actual de determinados enfoques comunistas, solo demuestran que están cayendo en el papanatismo más simplón. Argumentar de tal manera y cuestionar tales posturas supone dar la vuelta a la realidad, pretendiendo tapar la boca a opiniones y argumentos diferentes y, desde luego, que nada tienen que ver con los viejos tics propagandísticos del franquismo. Lo que algunos líderes y candidatos hacen es hablar con claridad de las cuestiones políticas actuales.

En realidad, la etiqueta de comunistas o de “anguitistas” no se la están sacando de la manga los líderes que critican tales posturas, o discrepan de ellas, sino aquellos que últimamente se han empezado a reclamar abiertamente como tales, empezando por el propio Julio Anguita, que nunca pretendió disimular, ni dar gato por liebre.

El problema no está, pues, en las etiquetas –allá cada cual con las que quiera emplear-, sino con el sesgo específico que se da a determinadas estrategias políticas y electorales. Santiago Carrillo, y tantos otros, también eran comunistas, pero rechazaron las prácticas estalinistas y frentistas, dejaron de considerar a los socialdemócratas –al PSOE en este caso- como sus “enemigos principales”, se manifestaron dispuestos a los entendimientos, en aras del bien común y de los intereses de los trabajadores y de otros sectores infraposicionados socialmente, intentando encontrar una nueva orientación o lectura del comunismo adaptada a los tiempos actuales. Lo que algunos calificaron en su día como “eurocomunismo”.

Pero otra cosa muy distinta son las fantasías alejadas de la realidad, las demagogias sin trasfondo programático real y los infantilismos izquierdistas que pueden generar mucho ruido, mucha protesta, mucha emoción y mucha contestación, pero muy pocos avances concretos, evaluables en términos de medidas específicas y buenas políticas aplicables. A no ser, claro está, que se pretenda convencernos de que la política de Txipras en Grecia supone un avance positivo. ¿Como no sea un avance hacia el precipicio? Habrá que ver, pues, si el ínclito Iglesias Turrión en la próxima campaña sigue defendiendo con la misma pasión a sus camaradas griegos, con gritos tales como el famoso “¡Espera, Alexis, que ya llegamos nosotros y vamos a ser más fuertes!” (13 de julio de 2015). ¿Para qué quieren –y prometen- ser más fuertes?

En cualquier caso, ahora con el “anguitismo” explicitado las cosas van a estar mucho más claras.

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