03 PM | 07 Ago

ANDREA CAMILLERI, 100 LIBROS

El novelista italianOAndrea Camilleri ha publicado hasta hoy 100 libros y, a sus 90 años, posee una media de 4,17 libros por año. Su personaje insignia, Salvo Montalbano, es conocido por todo el mundo.

El también escritor Antonio Manzini y discípulo de Camilleri escribe para EL MUNDO sobre la personalidad de su maestro.

  • ANTONIO MANZINI

Andrea Camilleri ha llegado al libro número 100. Parecería un resultado excelente si estuviésemos calculando los libros leídos por una persona de edad madura. Pero no, él los ha escrito. Y cada uno de estos 100 libros se ha sedimentado en el corazón de sus miles de lectores esparcidos por todo el mundo. Hasta ahora, nada que no se haya dicho. ¿Podríamos tan sólo añadir que Andrea Camilleri no empezó a escribir de manera continuada hasta 1992, y que, por tanto, esos 100 libros los ha escrito en 24 años? Son cifras que le darían dolor de cabeza a cualquier escritor vivo, y no digamos ya a uno como yo, que tengo la desdicha de haber sido alumno suyo y de haber acabado luego en su misma editorial. Es como si, de adolescente, uno se mudase de bloque y se esforzase todo lo posible por ir bien en los estudios, para, más tarde, descubrir que el muchacho que vive enfrente se llama Albert Einstein.

¿Comprenden mi frustración? Tú luchando por el aprobado, partiéndote los cuernos con la tercera declinación o con El infinito de Leopardi, mientras él hace una valoración cuantitativa del movimiento brown-iano formulando al mismo tiempo la hipótesis de su aleatoriedad. En la naturaleza, la justicia no existe, eso ya se sabe. Dios reparte cerebro y belleza al azar. Y así acaba uno encontrándose con Camilleri. Primero es tu profesor en la Academia Nacional de Arte Dramático y resulta que ha publicado cuatro libros, pero nunca habla de ellos. Con él trabajas en el teatro y participas en montajes fabulosos; eres un joven actor y tienes la sensación de estar en un teleférico que te lleva hacia arriba, hacia arriba, sin saber por qué estás subiendo por encima de los picos nevados. ¿Adónde vas? El teleférico se detiene entonces y se abren las puertas: ¡tienes ante ti el espectáculo de las cumbres de los Alpes! Y quien te ha llevado hasta ahí arriba ha sido ese hombre que habla poco, fuma mucho y con el que básicamente uno se ríe.

Llega después el día en que estás intentando tener la oportunidad de hacer un texto para que lo dirija Andrea. Y él te suelta un montón de folios en la mano y te dice: «¿Te importaría leer esto que he escrito?». Eres joven, inculto, y le preguntas: «No sé, Andrea, ¿no sería mejor que lo leyera alguien con más…?» «Mis amigos están todos muertos», te interrumpe. Total: que te sientas y te pones a leer. Es un libro sobre un policía que se llama como un gran escritor de Barcelona. «Se lo he puesto en su honor -te explica Andrea-. Siempre me ha gustado Montalbán«. Lees como loco, el manuscrito es maravilloso, se llama La forma del agua, el título ya de por sí es un viaje lisérgico, y el protagonista, un irónico comisario siciliano, es espléndido. Tras dos horas que se han pasado volando, le devuelves los folios y le dices: «¡Es buenísimo, Andrea! Pero eso ya lo sabías, ¿no? ¡Ni una sola corrección en todo el manuscrito! ¡Es la copia buena!» «¡No! -te responde, sencillo como él sólo-. Es la primera versión».

Entonces se te plantea la duda: o Andrea Camilleri es un genio puro y duro, o ese hombre que tienes ante ti con un cigarro en la boca y la cerveza en la mesita de noche está poseído por el espíritu de Balzac o algo parecido.

Ahora ha llegado al libro 100 y no piensa parar. He investigado largo y tendido sobre el tema y me he dado cuenta de que Andrea Camilleri no está poseído por ningún escritor de una época anterior. Tampoco practica misas negras en la Piazza Mazzini. No es miembro de ninguna logia perversa, no tiene un ejército de escritores trabajando para él (en su época sólo contaba con una Olivetti Lettera 22), ni tampoco pertenece al Mossad o a la Stasi ni está imbuido de santidad. Conclusión: es un genio. Y punto. ¡Honremos a este talento puro de la narrativa con un aplauso de 100 libros de largo!

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08 PM | 26 Jul

Dies Irae (Alfonso)

Yo no conDIES IRAEocía a Dreyer más que de referencias. Creo recordar una película española titulada El ciclo Dreyer que evocaba aquellas sesiones en los colegios mayores y ciertos daños colaterales en forma de romances sublimados. Nada  más, pues, que algunos planos del danés dentro de otra película. La del viernes pasado, Dies irae (1943),  me impresionó tanto como para ponerme a escribir esta nota.

Al parecer fue su primera película sonora, catorce años después de la aparición del invento. Durante este tiempo debió realizar documentales, pero ningún film de ficción, a caso tras algún tropiezo en taquilla. La película, nada más empezar deja sentado el aluvión de talento que nos va a suministrar mediante un plano secuencia de varios minutos, resuelto magistralmente con un giro de cámara a derecha, más un traveling de retroceso que convierten a una pequeña estancia en tres decorados diferentes para subrayar los tres momentos sucesivos de la secuencia sin necesidad de cortes. Al terminarlo, debió pensar para sí, ahí queda eso.

También me llamó la atención, por encima de la solvencia sostenida de todo el desarrollo, la economía de recursos para contarnos el vendaval: una imagen, un árbol agitado; un sonido de fondo, los bramidos del viento; y una frase de un personaje, “Dios guarde a los navegantes” Esos tres simples elementos le bastan para trasmitirnos toda la violencia de la tempestad.

De la fotografía también podíamos hablar, pero ese terreno le correspondería más a Iñaki, que ese día nos fallo. Igual que Huete; a quien los dilemas éticos de la historia le hubieran interesado sobre manera.

Pero lo mejor de todo –por eso es cine del bueno- es que su cuidada factura técnica, no es en absoluto un alarde gratuito de virtuosismo, sino que solo está al servicio narrativo de la terrible historia que nos cuenta, o para enfatizar la severidad sobrecogedora de los personajes.

Esta misma mañana, casualmente, he estado hablando de Dreyer con un amigo del que yo no conocía ese lado oscuro de su cinefilia y me ha alegrado comprobar que por ahí hay más gente de la que podría pensarse con un paladar cinematográfico bien trabajado, capaz de apreciar la genialidad de ciertos directores, casi siempre  europeos o americanos, amigo Felix.

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07 PM | 23 Jul

Honores y deshonores

Conversando con Rafael Simancas y Enrique Barón en los cursos de verano, éste último me recordó las vicisitudes del PSOE de la época para que tanto el edificio como los propios cursos arrancaran, hasta llegar a estos casi 30 años. Conozco bien esas gestiones, vividas de cerca con el concejal de Cultura del grupo municipal socialista Jesús Osuna. La pregunta que nos hacíamos era muy simple: ¿Cómo no se reconoce positivamente en el tiempo una gestión que dio resultados beneficiosos para nuestro pueblo? La respuesta puede ser variada, desde el discurso que caló en la época -elaborado por Ansón, director del ABC- de “paro, despilfarro y corrupción”, que se llevó todo por delante, a la propia incapacidad local de ir generando un discurso ganador a lo largo de los años. Me asalta la duda de si hoy se conoce a Osuna o a Manuel Rodríguez Casanova, pero por la concesión de honores de cara al pleno del patrón me temo que no.

penderecki

Las gentes (no sé si ésta palabra tiene derechos de autor) de nuestro pueblo consideran a San Lorenzo referente de la cultura, y no les falta razón. Este mes, en los conciertos del patio de coches del Monasterio hemos tenido el privilegio de ver dirigir al máximo representante de la música contemporánea, Krystof Penderecki. Yo no daba crédito. Pensaba escuchar una obra suya, pero no imaginé que él estuviera en persona. El compositor de la película “El resplandor”, de Kubrick, el creador del emocionanteréquiem polaco que compuso con ocasión de la inauguración de la estatua conmemorativa de los muertos en Gdansk en el año 70 por el gobierno. Emocionante. Hacerle entrega de un recuerdo por su visita, reconociendo su inmensa labor musical, me hubiera parecido lo más lógico del mundo, pero ¡oh decepción! Ausencia total del equipo de Gobierno.

el toro bravo

Nuevamente en las redes el debate cansino sobre la ausencia de corrida de toros el día de San Lorenzo. La película “El brau blau”, de Daniel V. Millamediana, me dio la oportunidad de comentarla enfilmaffinity, el día de su estreno, de la siguiente manera: “La película nos recuerda inmediatamente el estilo de Lisardo Alonso y Albert Serra, o sea que estamos hablando de un director a tener en cuenta. Pero lo que me interesa destacar es el concepto de toreo interior, y ponerlo en analogía con la escuela más sobria de vida, al modo en que lo hace Víctor Gómez Pin, catedrático de Filosofía de la Universidad de Barcelona y defensor de la tauromaquia. La pregunta que nos hacemos es lo que pasaría si justamente en el momento en que el protagonista está toreando de salón en el coso que previamente se ha construido, y que es igual de redondo que la plaza Monumental de Barcelona, de pronto aparece un toro de verdad, un animal de 500 kilos haciendo “el avión”. ¿Sería capaz de seguir embelesándose nuestro admirador de José Tomás acometiendo las embestidas? Ahí está la esencia. En la exposición de la vida de un hombre a exponerse a voluntariamente a morir residiría el concepto fundamental de la tauromaquia, y no en el maltrato como algunos piensan”. Hoy en día sigo pensando lo mismo.

Tuve la osadía de presentar un proyecto en  “Imagina Escorial” en el que se veía la plaza llena de filósofos en lugar de público. Allí estaban desde Marx a Nietzsche, pasando por Rousseau, y una avioneta que portaba una pancarta en favor de Peter Singer, el gran teórico de los animalistas. Me reservo los comentarios que pude escuchar en la lejanía. A la gente (con perdón) que nos gusta la cultura sentimos la ausencia de tauromaquia en nuestra localidad… Y la calle Juan de Toledo con baches.

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08 PM | 19 Jul

Metarrealismo en Angelopoulos

teoUn artículo reciente de Petros Márkaris recordando a Theo Angelopoulos y la realidad actual de los refugiados nos ha llevado a visionar nuevamente: “El paso suspendido de la cigüeña”, una profunda, a mi juicio, meditación sobre la historia contemporánea. ¿Cuántos helicópteros buscando polizones en el mediterráneo desde que Angelopoulos rodó su película allá por el 1.991? Nos duelen las imágenes y es inevitable la emoción, con la música de Eleni Karaindrou y el saxo de Gargaref.

El periodista, antes de iniciar el reportaje nos recuerda a Dante: “no olvides que otra vez, ha llegado el momento de viajar. El viento arrastra muy lejos tus ojos”. No se puede forzar mejor el límite de lo real cuando un joven recluta al pasar revista el coronel dice  “Sólo me asusta el sonido del ruido por la noche” ¿algún militar de frontera diría esas palabras al paso de un superior jerárquico?

Si doy un paso más… y el coronel acompaña al periodista a unos arbustos, al lado del rio, de donde parte una música lejana, una balsa cruza una cinta de casete con los sonidos de una vieja canción: “el amor es una luna llena, trato mi cuerpo con locura, y sueño contigo”

La “sala de espera” llena de kurdos, albaneses, polacos, iraníes…, se amontonan en espera de un mundo mejor a “otro lugar”. Hay una escena memorable, en una película que he visto recientemente de Eugene Green que a la pregunta a un refugiado  ¿Cuándo has salido de Irak? Éste le responde: “soy caldeo cristiano y me fui de Irak hace 1.300 años”. No hace tantos años que  se fueron los personajes que, a modo de fotografías de Walter Evans, nos muestra Angelopoulos  en una larga toma de los compartimentos de un tren a ninguna parte, mostrando familias de refugiados con sus trajes típicos y sus miradas silenciosas.

“La desesperación en el fin de siglo” es el título del libro del político que huye del parlamento y que juega un papel significativo y desconcertante en la película. El periodista, después de una relación amorosa  rodada en silencio y con miradas de más de 70 segundos pero que parecen una eternidad, lee el final: “¿Cuáles son las palabras clave que podríamos utilizar para que un nuevo sueño colectivo se hiciera realidad? Sueño y realidad, con el único sonido del agua del rio, es la boda a distancia con una toma de cámara y secuencias sólo al alcance de los grandes. Iñaqui me sugería que el final de la película podía haber sido el final de la boda cuando todos los invitados se suben a un camión, que va desapareciendo lentamente  por un camino  y el padre (Mastroniani) abraza a su hija tiernamente. No le puede faltar razón, pues el libro “Imagen y Contemplación” de Andrew Horton dedicado al cine de Angelopoulos, tiene en la portada una fotografía de ese plano. A mí me parece más potente la iconografía bizantina del final, con esa conexión con la crucifixión, ese sacrificio que hacen esos hombre voluntarios de amarillo (iconos de Theo) que subidos a un poste como estilitas, llenan de comunicación a los hombres simbólicamente por medio de la colocación del teléfono. Si la película hubiera terminado cuando el reportero estaba sólo junto al rio o como el final “Iñaqui”, evocaría las escenas de la boda a la orilla del rio, pero habría excluido los otros grandes temas que transitan por la película. Al ver a los hombres de amarillo subidos a los postes, tanto el periodista como nosotros, somos trasportados más allá de nosotros mismos, de él mismo. Esa imagen final, leo a Horton, tiene fuerza como contacto, comunicación extendida, que nos hace recordar los cuerpos ahogados de los refugiados. El “mito” de cruzar la frontera es fundamental en la película, de ahí la importancia del plano final, concienzudamente elaborado por Angelopoulos, en el que nos muestra al periodista acercándose al rio mientras la cámara lo cruza. En una toma inversa, nosotros pasamos al otro lado de la frontera, casi como si nos estuvieran invitando, a ir más allá.

FÉLIX ALONSO

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03 PM | 17 Jul

EL 18 DE JULIO DEL 36

juan negrínDurante la dictadura del general Franco, entre 1936 y 1975, el 18 de julio era “Fiesta Nacional” conmemorativa de la “Iniciación del Glorioso Alzamiento Nacional”. No en vano, ese día se extendió por toda España la sublevación militar comenzada el 17 en las guarniciones del Protectorado de Marruecos, que sólo triunfaría parcialmente en la mitad del país, abriendo la vía a la conversión del golpe militar en una guerra civil.

Como resultado de esa división de España surgieron dos bandos combatientes que librarían una contienda de casi tres años de duración, hasta abril de 1939. Por un lado, una España republicana donde el acosado gobierno reformista del Frente Popular lograría aplastar inicialmente a los insurrectos con el recurso a fuerzas armadas leales y la ayuda de fuerzas milicianas revolucionarias. Por otro, una España insurgente de perfil reaccionario y contrarrevolucionario donde los militares sublevados afirmarían su poder omnímodo como paso previo al asalto del territorio enemigo.

La guerra de 1936-1939 fue una cruel contienda fratricida que constituye el hito transcendental de la historia contemporánea española y está en el origen de nuestro tiempo presente. De hecho, fue un cataclismo colectivo que abrió un cisma de extrema violencia en la convivencia de una sociedad atravesada por múltiples líneas de fractura interna (tensiones entre clases sociales, entre sentimientos nacionales, entre mentalidades culturales…) y grandes reservas de odio y miedo conjugados.

La contienda española fue así una forma de “guerra salvaje” precisamente por librarse entre vecinos y familiares conocidos, bastante iguales y siempre cercanos (no por ser todos desconocidos, diferentes y ajenos). Y por eso produjo en el país, ante todo, una cosecha brutal de sangre: sangre de amigos, de vecinos, de hombres, de mujeres, de culpables y de inocentes. Sencillamente porque en una guerra civil el frente de combate es una trágica línea imprecisa que atraviesa familias, casas, ciudades y regiones, llevando a su paso un deplorable catálogo de atrocidades homicidas, ignominias morales y a veces también de actos heroicos y conductas filantrópicas.

La guerra civil abrió las puertas al abismo en España. No trajo la Paz sino la Victoria y una larga dictadura

El triste corolario de una contienda de esta naturaleza fue apuntado por el general De Gaulle: “Todas las guerras son malas, porque simbolizan el fracaso de toda política. Pero las guerras civiles, en las que en ambas trincheras hay hermanos, son imperdonables, porque la paz no nace cuando la guerra termina”.

En efecto, al término de la brutal contienda civil de 1936-1939 no habría de llegar a España la Paz sino la Victoria y una larga dictadura. Y entonces pudo comprobarse que, cualesquiera que hubieran sido los graves problemas imperantes en el verano de 1936, el recurso a las armas había sido una mala “solución” política y una pésima opción humanitaria. Simplemente porque había ocasionado sufrimientos inenarrables a la población afectada, devastaciones inmensas en todos los órdenes de la vida socio-económica, daños profundos en la fibra moral que sostiene unida toda colectividad cívica y un legado de penurias y heridas, materiales y espirituales, que tardarían generaciones en ser reparadas.

El balance de pérdidas humanas es terrorífico, puesto que registró las siguientes víctimas mortales: 1º) Entre 150.000 y 200.000 muertos en acciones de guerra (combates, operaciones bélicas, bombardeos). 2º) Alrededor de 155.000 muertos en acciones de represión en retaguardia: cien mil en zona franquista y el resto en zona republicana. Y 3º) En torno a 350.000 muertos por sobre-mortalidad durante el trienio bélico, derivada de enfermedades, hambrunas y privaciones.

Por si fuera poco, a esa abultada cifra de víctimas habría que añadir otras dos categorías de pérdidas cruciales para el devenir socio-económico del país: 1º) El desplome de las tasas de natalidad generado por la guerra, que provocó una reducción del número de nacimientos que se ha situado en unos 500.000 niños “no nacidos”. 2º) El incremento espectacular en el número de exiliados que abandonaron el país, ya de manera temporal (quizá hasta 734.000 personas) o ya de forma definitiva (300.000: el exilio republicano español de 1939).

Recordar hoy aquel 18 de julio de hace 80 años que abrió las puertas al abismo en España no sólo quiere dar a conocer mejor lo que fue una inmensa carnicería que traumatizó a una sociedad. También supone ejercitar una obligación de profilaxis cívica apuntada dos milenios atrás por Cicerón, que padeció en primera persona las guerras civiles que acabaron con la República en Roma: “Cualquier género de paz entre los ciudadanos me parecería preferible a una guerra civil”. Con su corolario: “Nunca más la guerra civil”.

ENRIQUE MORADIELLOS, catedrático

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