03 PM | 05 Jul

EL SABOR DE LAS CEREZAS

El sabor de las cerezas es la película que consolidó la reputación como cineasta del director iraníAbbas Kiarostami. Obtuvo la Palma de Oro del Festival de Cannes en 1997. Es una película incómoda, lenta y difíel saboar de las cerezascil. Casi puede leerse como una extensa alegoría: el viaje interior de un extraño personaje que ha decidido suicidarse y busca a alguien que le ayude a ser enterrado dignamente, para evitar ser devorado por perros y aves carroñeras. El paisaje general que Kiarostami elige para reflejar el alma del protagonista es la periferia de una gran ciudad, a mitad de camino entre una mina abandonada y un vertedero.

Ahora, imagina lo siguiente: un extraño te pide que lo entierres tras su suicidio a cambio de una buena cantidad de dinero. ¿Cuál sería tu respuesta?

¿Ves ese agujero? Ese agujero que hay ahí. Ahora escucha con atención. A las seis de la mañana, ven aquí y llámame dos veces: “¡Señor Badí, Señor Badí!” Si contesto, coge mi mano y ayúdame a salir de ahí. Hay 200.000 tomans en el coche. Cógelos y vete. Si no te contesto, echa 20 palas de tierra sobre mí. Entonces coges el dinero y te vas. (…)

Al soldado adolescente a quien se dirige en primer lugar sólo se le ocurre echar a correr. Resulta interesante la paradoja de que el muchacho a quien están entrenando para matar en la guerra huya aterrorizado ante una misión bastante más sencilla.

Otro de los interlocutores del solitario suicida es un seminarista. Naturalmente, sus prejuicios religiosos le impiden cumplir los deseos del protagonista. Éste, por el contrario, argumenta que si Dios es bueno y no quiere ver sufrir al hombre habrá puesto en sus manos una solución para que pueda abandonar este mundo. El suicidio es un don divino, la puerta de atrás que garantiza la bondad de Dios. En cualquier caso, la conclusión es que los sermones y discursos religiosos son inútiles para ayudar al hombre que experimenta verdaderamente el dolor y la tragedia de la vida.

– He decidido librarme de esta vida. ¿Por qué? No le ayudaría saberlo y no quiero hablar de ello. Si se lo contara no lo entendería. Bueno, no es que no pueda entenderlo, pero no puede sentir lo que yo siento. Puede simpatizar, entender, mostrar compasión. ¿Pero sentir mi dolor? No. Comprende mi dolor, pero no puede sentirlo.Por eso le pedí que fuera un verdadero musulmán y me ayudara. ¿Podrá?.

– Sí, le entiendo. Pero el suicidio es una opción equivocada. Desde que los Hadiths, nuestros doce imanes y el Corán hablan del suicidio afirman que el hombre no debe matarse a si mismo. Dios confía al hombre su cuerpo pero el hombre no debe atormentar ese cuerpo. Le entiendo, pero el suicidio, visto desde todos los ángulos…

– Estoy de acuerdo, pero te dije que no necesitaba una lección.  Si la necesitara habría acudido a alguien con más experiencia, con sus estudios terminados. Estoy pidiendo únicamente un poco de ayuda.

– Mi mano imparte la justicia de Dios. Lo que usted quiere no sería justo.

– Sé que el suicidio es un pecado mortal. Pero ser infeliz es también un gran pecado. Cuando no eres feliz dañas a otras personas.  ¿No es eso también un pecado? Cuando haces daño al prójimo, ¿no es eso un pecado?. Haciendo daño a tu familia, tus amigos… a tí mismo.(…)

– Tiene razón, hacer daño a la gente cercana a ti es también un gran pecado.

– Yo creo que Dios es misericordioso y tan grande, que no quiere ver a sus criaturas sufrir. Tan grande, que posiblemente no quiere forzarnos a vivir. Por ello concedió al hombre esta solución. ¿Nunca había pensado en el sentido de todo esto?.

– He pensado en ello, pero no de la misma forma que usted.

– De todas formas,esta conversación no nos llevará a ningún lado. No es éste el momento ni el lugar.

Por fin, el protagonista encuentra a un viejo sabio capaz de ayudarle. Pero antes de prometerle su ayuda le cuenta su historia. Él también quiso suicidarse un día y fue al campo con una cuerda para ahorcarse. Tuvo que subir al árbol para atarla con fuerza y mientras estaba arriba probó una cereza y luego otra y otra… Y llegaron unos niños que le pideron que moviese el árbol para que cayesen más cerezas. Y lo hizo. Y volvió a casa con un cesto de cerezas y, a pesar de sus problemas, entre él y su mujer se las comieron todas. La vida, le dice, es demasiado corta como para renunciar a un amanecer… Salió en la noche para ahorcarse y volvió hecho otro hombre gracias a una cereza. Todos tenemos problemas, le dice. Pero el suicidio no es el remedio. La solución está en un cambio interior, en recuperar la capacidad para poder ver la maravilla de cada efímero instante de vida. Sin embargo, a pesar de su intenso amor a la vida, o quizás precisamente por eso,  el viejo sabio le promete que le ayudará a ser enterrado dignamente.

– Le contaré algo que me ocurrió a mí. Fue justo después de casarme. Teníamos todo tipo de problemas. Estaba tan harto que decidí acabar con todo. Una mañana, antes del amanecer, guardé una cuerda en mi coche. Lo tenía decidido, quería matarme. Salí hacia Mianeh. Fue en 1960. Llegué a las plantaciones de cerezos. Paré allí, estaba aún oscuro. Tiré la cuerda alrededor de un arbol, pero no encontré el lado opuesto.  Lo intenté una y otra vez, pero no hubo manera. Así que subí al arbol y até la cuerda con fuerza. Entonces sentí algo suave bajo mis manos. Cerezas, cerezas deliciosamente dulces. Me comí una, luego una segunda y una tercera. De repente, me di cuenta que el sol estaba saliendo sobre la cima de la montaña. ¡Menudo sol, menudo paisaje, todo verde! En ese mismo instante, escuché a los niños saliendo hacia la escuela. Se paraban a mirarme. Me pidieron que agitara el árbol,  las cerezas caían y se las comían. Me sentí feliz. Recogí algunas cerezas para llevarlas a casa. Mi mujer seguía durmiendo, cuando se despertó, también comió cerezas, y las disfrutó. Había decidido matarme y volvía a casa con cerezas. Las cerezas me salvaron la vida, una cereza me salvó la vida.

– Comió cerezas,  y su mujer también, ¿y todo se arregló?.

– No, no fué así, pero yo cambié. Después de aquello, me fue mejor, pero yo había cambiado mi forma de pensar. Me sentía mejor. Todos los hombres de la tierra tienen problemas en su vida. Es así. Hay mucha gente en la tierra. No existe una familia  sin problemas. No conozco tu problema, si lo supiera podría explicarme mejor. Cuando vas a ver a un médico, le dices donde te duele. Perdóname, no eres turco ¿verdad?, ¿lo eres? Voy a contarte un chiste. No te ofendas. Un turco va a ver a un médico. Y le dice: “Cuando me toco el cuerpo con este dedo, me duele. Cuando me toco mi cabeza, me duele, toco mis piernas, me duelen. Me duele la mano, la barriga”. El doctor le examina y le dice: “Tu cuerpo está bien, pero tu dedo está roto!” Mi estimado amigo, tu mente está enferma pero no hay nada malo contigo. Cambia tu perspectiva. El mundo no es de la forma en que lo ves. Tienes que cambiar tu perspectiva y cambiar el mundo.

¿Qué te parece el razonamiento del viejo sabio?  ¿Cómo crees que termina la película? ¿Se suicida el protagonista? ¿Cumple el viejo taxidermista la promesa de enterrarlo?

 

Espero tus comentarios.

 

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02 PM | 02 Jul

RUEGO A LOS DIOSES QUE HABITAN EL BOSQUE SAGRADO

las vacaciones

Ayer Félix decidió hacernos reír. Con Les vacances de M. Hulot, Jacques Tati, 1953. Siendo como es un tipo muy dado a tomarse las cosas a la tremenda, imagino que no servirá de precedente y habrá que esperar otro año hasta que ponga de nuevo una de risa. En todo caso el ojo certero del programador quedó una vez más acreditado. Se propuso que riéramos y reímos.

Por la película de Tati desfila un plantel de personajes estrafalarios, de algún modo fuera de época, en el que parece adivinarse como el germen de la CECA (Comunidad Económica del Carbón y el Acero). Británico, alemanes, franceses, y otros de origen incalificable conviven en un hotel de playa en una armonía desternillante donde los naipes propios pueden hacer jugada en la partida del vecino; o se organizan pic-nics, bajo espíritu y maniobra rigurosamente marciales. (Esos cuatro coches avanzando como en misión de reconocimiento, con el comandante en el vehículo de vanguardia, prismáticos al pecho y mapa en la mano). Y Tati. Un larguirucho voluntarioso y cortés, con una capacidad ilimitada para lleva el desparrame allá por donde pasa. ¡Qué facilidad tiene este hombre para meterse en el propio centro del embrollo sin proponérselo! De ese modo acaba recibiendo el pésame, como un familiar más, en un entierro desconocido; o en un refugio de montaña por la simple casualidad de haber intentado ayudar a cargar una mochila sobre los hombros de una señorita desconocida. Y más. Y todo ello con una parquedad de gestos, con un comedimiento facial que se diría de cartón. De hecho, a mi entender, solo actúa de cintura para abajo: con el modo de caminar. Bueno, también logra que actúen por él su pipa y su sombrero. Y además está el despliegue de efectos especiales. Como cuando se mueve el bote de pintura al compás de las olas para que esté, o no esté, al alcance del pincel de nuestro hombre, según convenga a la carcajada del respetable.

Y los gags. ¡Qué decir de la cabeza del niño asomando por entre los radios del volante del autobús!

Félix, haznos reír con más frecuencia, que fuera de la sala Negrín ya hay mal rollo para aburrir. De todos modos, y mientras te decides, que los dioses habitantes del Bosque Sagrado (ya sabes, Hollywood: bosque sagrado) bendigan tu herejía cinematográfica.

ALFONSO PELAEZ

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12 PM | 01 Jul

Queridísimo amigo Teo

teo

Petros Márkaris

 

«El escritor griego evoca los acertados presagios del cineasta Teo Angelopoulos, fallecido hace cuatro años, sobre la crisis de los refugiados.»

Han pasado cuatro años desde tu fallecimiento y esta es la primera vez que siento la necesidad de escribirte. Estoy seguro de que tú entenderás mejor que nadie lo que tengo que decirte.

A lo largo de los últimos meses, mientras sigo el drama de los refugiados, mi pensamiento vuelve una y otra vez a tu película El paso suspendido de la cigüeña. Recuerdo lo que me dijiste cuando hablábamos del guion: que la emigración sería el gran problema de nuestra época. Tu pronóstico resultó acertado.

Antes de escribirte esta carta volví a ver El paso suspendido. Mientras avanzaba la película recordaba su estreno y cómo mirábamos atónitos el drama de los migrantes. Tu augurio fue acertado aunque la odisea de las personas que relata la película parece una caricia si lo comparamos con la tragedia que viven los refugiados de ahora.

Volví a escuchar al protagonista de la película preguntarse a sí mismo: “¿Cuántas fronteras tenemos que cruzar hasta llegar a casa?”. Y volví a ver al periodista quedarse con el pie suspendido sobre la línea fronteriza y decir que, si lo apoyaba en el suelo, se encontraría en otro país.

Teo, ninguna de las dos cosas pueden pasar con los migrantes de ahora. A tu protagonista le sobraría la pregunta “¿cuántas fronteras tenemos que cruzar?” porque todas las fronteras están cerradas desde Macedonia hasta Austria. Y el periodista se quedaría con el pie suspendido en Idomeni, en la frontera con Macedonia.

Tu protagonista, además, debería desprenderse de la esperanza de llegar alguna vez a casa. Con excepción de Alemania y de Suecia, ningún país de Europa central y del norte quiere ofrecer a los migrantes no ya una casa, sino siquiera una tienda de campaña.

En esta tragedia, la imagen que produce el mayor sobrecogimiento, en el sentido aristotélico del término, son los niños. Los niños que fueron separados de sus padres o que los perdieron y ahora vagan solos por los campamentos improvisados.

A estos niños no los encontramos en El paso suspendido de la cigüeña, sino en aquella otra película tuya: La eternidad y un día. Son “los niños de las fronteras”, a los que el espectador ve trepar por las alambradas en uno de los planos de la película. Vallas… Alambradas… Muros… Cercamos nuestras fronteras con los mismos materiales que antaño utilizábamos para vallar nuestros jardines.

Por lo demás, por supuesto, existe el espacio Schengen, el orgullo de la Unión Europea, que permite a todos los europeos circular libremente en la fantasía de una supuesta confederación. Solo que desde hace algunos meses el espacio Schengen está cerrado en muchos puntos. Los únicos que protestan son los empresarios. Afirman que el cierre de Schengen aumentará los costes de transporte. Su argumento es el único que convence, porque en esta Europa cuentan los costes y el dinero. Las personas no cuentan, especialmente si son migrantes.

No es que no haya en todos los países ciudadanos europeos que se preocupan por los migrantes, pero son una minoría, una especie de guardia de honor de los valores europeos.

Europa ha conocido muchas etapas en su historia: la época del Renacimiento, la era de la Revolución Industrial, la Revolución Francesa, la Ilustración. Nuestra época pasará a los anales de la historia como “la era de la hipocresía”.

Amigo Teo, te echo mucho de menos. Al mismo tiempo, sin embargo, me consuela pensar que no vives este periodo ruin. Sé cuánto te haría sufrir.

Tu amigo, Petros.

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02 PM | 22 Jun

¿cainismo censurable?

Lorenzaccio”, la famosa obra de Alfred de Musset, que tuve ocasión de ver recientemente interpretada por el Teatro Nacional de Burdeos, y que  refleja el mundo fracturado de la Florencia del siglo XVI, siempre me ha parecido una reflexión dolorosa sobre la vacuidad de la acción política, una tragedia sobre el desencanto de los ideales defraudados y de la manipulación. Un póster de la representación que vi en el barrio de Gracia por el Lliure me acompañó como frontispicio en todos los despachos en los que he tenido ocasión de trabajar, y es que el personaje de Lorenzaccio es un romántico apasionado, una persona que da la vida por las ideas por las que cree o por las personas que ama.

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Quise hablar de Lorenzo de Medicis al tiempo que proyectaba unas imágenes de la película “Tres instantes, un grito”, en la charla-diálogo del pasado lunes 20 de junio en la Casa de Cultura, para intentar transmitir que el desencanto y la indignación no son producto de un 15-M recordado con admiración, ya que en el ámbito de las publicaciones del entorno socialista -como son “Letra internacional”, “Leviatán”, “Sistema”, “Cuadernos de Alzate” y otras- el problema se venía analizando con profundidad y ya se teorizó mucho sobre el declive de lo que se venía en llamar democracia constitucional. Y si hasta hacía unos años pocos dudaban del  valor moral de la democracia y su alcance político, su funcionamiento empezaba a ser cuestionado precisamente por el comportamiento de algunas instituciones fundamentales del Estado de Derecho; “crisis de observancia”, se decía. Frente a la crisis de la democracia, MÁS DEMOCRACIA era la receta socialista.

A mi juicio, el desencadenante del declive del Estado del Bienestar ha propiciado una frase feliz de Vargas Machuca que sintetiza muy bien un estado de ánimo en  las democracias: “YA NO DAN TRIGO”. Son los jóvenes los que han sufrido la herida de la crisis con mayor profundidad, los que miran a otros referentes ante la caída de la confianza social que nos proporcionó la democracia conocida.

Por seguir en Florencia, Maquiavelo nos recuerda que a veces los demócratas practicantes utilizaron una de sus famosas máximas: “Los actos acusan, pero los resultados excusan”. Efectivamente, en ocasiones los resultados dispensaban y compensaban una ejecutoria deficiente de nuestra participación política. ¿Acaso el mal funcionamiento institucional de nuestro Ayuntamiento se ha descubierto después de las mareas? ¿Se ha inventado el año pasado la transparencia o la participación ciudadana?

tresinstantesungrito

Las imágenes de la película de Cecilia Barriga que proyectamos en el acto “La democracia cuestionada” nos dejaron un sabor extraño, y sorprendente, al ver cómo se debatía en una asamblea la posibilidad o no de poner un toldo. En un  artículo de Miguel Candel, “Querer no es poder ni viceversa”, señala tres razones equivocadas para el 15-M en unas reflexiones pos festum. Destacamos una de ellas: “La noción de clase brilla por su ausencia”. No pude debatir con Unidos Podemos, pero me hubiera gustado poner de manifiesto que lo que inclina la desconfianza hacia ellos de los que nos consideramos herederos del espíritu del 45 (Loach) es la tendencia de los “nuevos” a condenar sin más “lo viejo”, a suplantar la socialdemocracia (también la nueva) por la vieja, como si no supiéramos desde hace tiempo, como dice Candel, que lo de “borrón y cuenta nueva” suele saldarse con una acumulación de borrones sobre los que acaba resultando imposible escribir. Por muy tonto que sea Abel y muy listo Caín, el cainismo siempre será censurable.

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