12 AM | 22 Oct

CURSO SOBRE ROUSSEAU

Gilles Dedeleuzeleuze
Curso sobre Rousseau
La moral sensitiva o el materialismo del sabio

ISBN: 978-987-3831-14-0
1ª edición, octubre 2016
80.; 13×18 cm.
Traducción y notas: Pablo Ires
Prólogo: Diego Sztulwark  

Aunque casi siempre de un modo latente, la figura de Rousseau fue unapresencia constante en la obra de Deleuze. No habiéndole dedicado un gran libro, como a otros filósofos de su talla, este curso de 1960, cuyo resumen mecanografiado publicamos por primera vez en castellano, se convierte en un documento de inmenso valor. Constituye, junto con un brillante fragmento de veinte años después, que lo acompaña en esta edición, la lectura que este nos dejó del pensador del Contrato social.
Sin embargo, justamente estalectura excede con mucho al Rousseau que habitualmente se nos presenta, el de una filosofía política desnuda, en su aspecto formal y comparativo con el resto de las teorías jurídico-políticas. Más bien se alumbra -y es siempre un alumbramiento cuando Deleuze lee- una ética rousseauniana, donde se descubre tal vez a espaldas del pensador un tono spinozista, algo así como un sonido que hay que saber oír o tocar.
Y entonces el Rousseau que emerge se completa con lecturas muy precisas de fragmentos del Emilio, las Confesiones y La nueva Eloísa, también de cartas y pequeños manifiestos. Y lo que emerge de esta lectura es un pensamiento de la situación concreta, allí donde la moral da paso a una ética. Contra el dualismo del interés y la virtud, su confluencia materialista: instaurar situaciones donde ya no tengamos interés en ser malvados (lo contrario de una sociedad).
Así el paseante solitario que es Rousseau, entre la bondad original del estado de naturaleza y la ensoñación del puro pasaje del tiempo, nos presenta lo que quizás sea su aporte más radical, el materialismo del sabio, que da título al libro que siempre quiso escribir. Cuando no se puede estar solo, porque ya no somos ingenuos o todavía no lo suficientemente inocentes, una acción selectiva sobre las situaciones concretas vinculada a los modos de existencia que habilita.

Compártelo:
05 PM | 15 Oct

CENIZAS Y DIAMANTES

Ahora que acaba de morir a los 90 años el cineasta polaco por excelencia, Andrzej Wajdadescarga-1, no puedo resistirme a la memoria.

Cenizas y diamantes, recuerdo hasta el cine madrileño donde la vi, el Rosales, y aunque creo que repetí otra hará treinta años o más, tengo el recuerdo vívido de la primera vez. Sería hacia 1966. Fraga y las gentes de su equipo se inventaron unos procedimientos harto singulares para que “las minorías de las minorías” madrileñas –en Barcelona debía ocurrir otro tanto– pudiésemos acceder a un cine que estaba prohibido para el público común. Eran sesiones extrañas y proyectaban, por ejemplo, todo lo mejor del cine soviético en unas versiones espantosas; pero es lo que había.

Nos convocaban tarde-noche en el entonces teatro Beatriz –luego restaurante de moda, que no pisé jamás– y allí proyectaban a Eisenstein, Pudovkin, Dovzenko… Creo que en un filme de Pudovkin, si la memoria no me traiciona, contemplé la escena del único desnudo en décadas. La tierra (1930), se titulaba, y era de ver la conmoción que sentí cuando una campesina, al enterarse de la muerte de su hijo, se abría la ropa de un golpe quedando en carne viva. Eran sesiones que también tenían su gracia, porque siempre solíamos ser los mismos, no más de veinte, y la proporción entre policías de paisano y espectadores debía de estar a la par. ¡Y pensar que ninguno de aquellos maderos cinéfilos hizo carrera que no fuera en el campo de la tortura y la extorsión!

Recuerdo Cenizas y diamantes, un filme de Wajda de 1958, al que concedieron el premio de la Crítica en el Festival de Venecia. El guión está basado en una novela escrita por Jerzy Andrzejewski, que recomiendo vivamente. Un joven de la resistencia antinazi se desliza en antisoviético, tras la ocupación que siguió a la Segunda Guerra Mundial. Todo su mundo está trastocado y sabe que no tendrá otro final que la muerte.

Aquí aparecen las cenizas y los diamantes. Como si fuera un elaborado juego cultural, tanto Andrzejewski, como posteriormente Andrzej Wajda, aprovechan unos versos tan hermosos, que quien los compuso hubiera podido retirarse habiendo dejado a la humanidad un poso de sentimiento y cultura que ya vale por una vida. En una secuencia del filme, el joven emboscado que se ha propuesto matar al dirigente comunista que recorre los pueblos enseña a su novia, una camarera circunstancial que se ha encontrado en el hotel, una lápida que él barre con su mano, retirando barro, moho, musgo, y lee estos versos impresionantes, que dan sentido a todo el filme.

Al arder no sabes si serás libre,

Si sólo quedarán cenizas y confusión

O se hallará en las profundidades

Un diamante que brille entre la ceniza.

Si son conmovedores hasta el llanto en traducción castellana, ¡qué no serán en polaco! Los escribió Cyprian Kamil Norwid, que nació en Polonia y murió en París (1821-1883), contar su desgraciada y errante vida me llevaría el artículo entero y me faltarían páginas. Pero ese poema dio vida a una novela y un filme, como mínimo, que yo conozca.

La belleza de Cenizas y diamantes, el filme, su tristeza agobiante, heredera del romanticismo, tiene secuencias inolvidables, algunas de las cuales serían luego repetidas por otros directores de fuste. Las manchas de sangre que tiznan las sábanas puestas a secar en una casa de pobres. Bastaría con esa, que, pasados más de 50 años, aún me persigue.

Antes Wadja había rodado Kanal. Un filme sórdido como la propia historia que cuenta. El levantamiento de Varsovia frente a los nazis en 1944, donde todo transcurre en los alcantarillados; nada que ver con El tercer hombre. Aquí todo es pura bestialidad, convivencia entre héroes y ratas. No la recomiendo a gente sensible.

Salto sobre la rica filmografía de Wajda para llegar a El hombre de mármol (1977). Nadie entiende cómo pudo rodarse bajo el régimen comunista, por muy descompuesto que estuviera. Les costó el cargo a un puñado de funcionarios. La historia de un obrero “estajanovista”, el albañil que más ladrillos ponía en una hora, y en dos, y en las que fueran…, modelo del socialismo hasta llegar a su final, despreciado y odiado por su propia clase, y por sus dirigentes que le habían ensalzado, su familia, su propia conciencia de clase por los suelos.

Hay muchos filmes de Wajda que merecerían un comentario. Danton, por ejemplo, con un Gérard Depardieu desmelenado, pero confieso que me dejó frío; no logré entrar en la película. Más que la Revolución Francesa aquello parecía un debate en la Sorbona en las vísperas del 68. No era su mundo. Las grandes películas de Wajda, lo dijo él, siempre estuvieron vinculadas a Polonia y se hicieron uni­versales.

Y así llegamos al drama vital y cinematográfico de Katyn. Un filme difícil, casi póstumo y sobre todo biográfico. En 1940 los soviéticos cometen uno de los crímenes más siniestros del periodo estalinista. La liquidación rigurosa de la oficialidad polaca, en la que veían un enemigo inmediato y, sobre todo, un ejército formado en la tradición de que Rusia siempre había sido su adversario, probado durante muchos años, casi siglos.

Wajda va a abordar un doble trabajo. Reconstruir su infancia, su familia, sus seres queridos, sus costumbres, sobre un fondo criminal que va llegando hasta su liquidación. No creo que sea un filme definitivo, ni siquiera brillante, pero es una página imprescindible en su cinematografía. Emociona, conmueve, no hay trampa ni cartón, es un relato, casi un documental del crimen. Durante muchos años los soviéticos, tras el descubrimiento de las inmensas fosas de oficiales polacos, echaron la culpa a los nazis, que las habían descubierto. Pero no hay duda de que fue una masacre que dejó al Estado polaco sin ejército y al pairo de lo que pudieran hacer nazis primero y soviéticos después.

El ritmo del relato conmueve, como si fuera una historia ajena al cronista. Pero el padre de Andrzej Wajda estaba allí, fue uno de los oficiales asesinados, impunemente, con todos aquellos engaños y falacias a las que era tan dado el estalinismo. Beria dirigía. Fueron miles. 23.000, cien por arriba o cien por abajo. Es algo que cuesta imaginar porque exige un operativo militar y represor que sólo los nazis habrán de conseguir años más tarde.

Y lo cuenta Andrzej Wajda, en la vejez, cuando ya está despidiéndose de ese mundo espectacular del cine y lo refleja con una dignidad y una sobriedad que sería difícil conseguir en una víctima a quien mataron a su padre,
en la flor de la edad, y que dejaba una familia desvencijada y a la espera de acontecimientos que no podían controlar. La matanza de la oficialidad polaca en Katyn por el ejército soviético constituye una de las miserias y vergüenzas de una guerra mundial donde los vencedores siempre saben cómo cubrir sus víctimas con una sábana, como si fueran muertos sin nombre y verdugos que se amparan en el anonimato. De poco sirve decir que hay historias de los aliados, no soviéticos, que llegaron tan lejos o más. Un muerto es un muerto, y un crimen es un crimen. No creo que haya un elemento tan vivo para conocer lo que fue el estalinismo de masas, la criminalización del sospechoso, como lo que fue Katyn en 1940. Y Andrzej Wajda llegó a tiempo antes de morirse para dejar señal inequívoca del crimen.

En el fondo, reconozcámoslo como seres humanos, qué importa si se trata de un filme, de una obra maestra o de un documental magistral. Ha quedado para la historia y debemos inclinarnos hacia este director polaco que fue fiel a su época y tuvo el valor de reflejarla.

Gregorio Morán en La Vamguardia

Compártelo:
07 PM | 11 Oct

ANDRZEJ WAJDA

El célebre director de cine polaco Andrzej Wajda, autor de El hombre de hierro (1981) y Oscar honorífico en 2000 por toda su carrera, ha fallecido hoy en Varsovia a la edad de 90 años, informó la televisión polaca.

Los medios de comunicación de Polonia se hicieron eco a última hora del domingo de la muerte del director de cine debido a una insuficiencia pulmonar, después de haber permanecido en coma.

Wajda era un gran apasionado de la historia de Polonia y está considerado uno de los cineastas polacos de mayor influencia. Tres de sus películas fueron nominadas al Oscar a la mejor película en habla no inglesa, en 1976 por la Tierra prometida, en 1981 por El hombre de Hierro y en 2008 porKatyn.

Su primer trabajo fue junto a Aleksander Ford, en la película Los cinco de la calle Barska, donde trabajó como ayudante de dirección. Su primer largometraje Generación, lo rodó en 1954, película que reflejaba la sociedad polaca del momento.

Andrzej Wajda simultaneó la dirección de cine con la de teatro. Dirigió teatro por primera vez en 1959 y desde entonces trabajó en Polonia, la URSS, Suiza, EE.UU., incluso España.

Su película El hombre de mármol (1976), obtuvo el Premio de la Crítica Internacional de Cannes en 1978, lo que supuso su consagración cinematográfica.

De 1981 es El hombre de hierro, película que cuenta la historia del sindicato polaco “Solidaridad”, en el que militó, y de su líder Lech Walesa, y por la que ganó la Palma de Oro en el Festival de Cannes en 1981 y fue candidato al Oscar a la mejor película extranjera en 1982.

Se autoexilió durante dos años (1982-1983) a Europa occidental
Se autoexilió durante dos años (1982-1983) a Europa occidental (Czarek Sokolowski / AP)

Su filmografía sigue con títulos como Canal(1957), y Cenizas y Diamantes(1958), que junto a Generación intentan retratar su juventud marcada por la guerra; Lotna (1959,) Ingenuos y perversos y Los brujos inocentes (1960).

En 1973 fue galardonado en el Festival de Cine de San Sebastián y tres años después en el Festival de Valladolid. En 1990 presentó en el Festival de Cine de Barcelona su película Korczak, una producción sobre un médico que trabajó en un orfanato del gueto de Varsovia y que fue galardonado con el I premio de la Muestra de Cinematografía del Atlántico en Cádiz.

Ganó el Arturo 1995, a la figura más destacada del cine polaco, por el Museo Nacional de la Cinematografía, el Oso de Plata honorífico 1996, en el Festival de Berlín, e ingresó en la Academia de Bellas Artes de Francia en 1997.

Se autoexilió durante dos años (1982-1983) a Europa occidental, donde trabajó en obras teatrales. Del Hamlet, de Shakespeare realizó cuatro versiones, con la cuarta la estrenó en el Festival de Teatro de Madrid de 1990.

Andrzej Wajda recibió un Oscar honorífico en el año 2'000
Andrzej Wajda recibió un Oscar honorífico en el año 2’000 (Reuters File Photo / Reuters)

En 1989 se apartó del cine para dedicarse a la política. Fue elegido senador de “Solidaridad” por su región natal en las primeras elecciones democráticas de Polonia tras la caída del comunismo.

La última película que Andrzej Wajda rodó ha sido Powidoki sobre Wladyslaw Strzeminski, pintor y teórico del constructivismo, que se presentó el pasado mes de septiembre en el Festival de Toronto y que aún no ha llegado a las pantallas.

Descrito con frecuencia como uno de los líderes de la llamada “escuela de cine polaca”, fundada en la década de los 50, Wajda había nacido el 6 de marzo en la ciudad polaca de Suwalki.

Se había casado tres veces. La segunda con la popular actriz Beata Tyszkiewicz con la que tiene una hija, y desde 1975 estaba casado con la actriz y diseñadora de vestuario Krystyna Zachwatowicz.

noticia de LA VANGUARDIA

Compártelo:
06 PM | 10 Oct

GENERACION


Generación
fue el primer largometraje de Andrej Wajda, figura paradigmática del cine polaco de posguerra que se erigió como el más representativo de una serie de cineastas surgidos de la Nueva Escuela de Cine que revolucionarían el hasta entonces deteriorado panorama cinematográfico nacional. Wajda fue el primero en conseguir gran renombre internacional haciendo de Polonia un país a tener en cuenta para los más prestigiosos festivales de cine europeos. Esta serie de cineastas se destacarían con unas películas que gozaban de personalidad propia y que convirtieron su país en el referente cinematográfico más importante de la Europa del Este en una tensa época caracterizada por la Guerra Fría y el stalinismo.

Esta obra sería la que abriría la que suele ser conocida como la Trilogía de la Guerra de Wajda, que se completa con las soberbias Canal (1957) y Cenizas y diamantes (1958). En estos films, se retrata la dura situación por la que pasó Polonia en los años 40 durante la ocupación alemana y las actividades de algunos grupos de resistencia que intentaban enfrentarse al enemigo con los pocos medios con los que contaban. No son films heroicos ni enaltecedores, sino más bien crudamente realistas y que reivindicaban el papel de estos combatientes sin caer nunca en la idealización.

En el caso que nos ocupa, Generación es un film ambientado en la Varsovia de 1942 que narra la historia del joven Stach, un chico que proviene de un suburbio miserable y que decide unirse a la resistencia comunista emprendiendo una serie de acciones contra los nazis ocupantes juntos a unos amigos suyos.
Wajda en general huye de las convenciones de este tipo de películas y apuesta desde el principio por enmarcar toda la acción desde un punto de vista crudamente realista. La primera escena del film nos muestra con una extensa panorámica el suburbio miserable de barracas donde vive el protagonista y a continuación nos lo presenta jugando con dos amigos lanzando un cuchillo. Acto seguido pasa un camión con carbón para el ejército alemán, así que deciden subir a tirar su contenido. Aunque es una acción patriótica, se nota que la hacen sobre todo por pura diversión, casi como si fuera una travesura. Dos de ellos se suben a un vagón para empezar a arrojar la mercancía, pero rápidamente uno de ellos es abatido por un vigilante alemán y muere al instante. Todo esto sucede apenas han pasado cinco minutos de película, en que se nos ha dejado claro el tono frío y descarnado por el que va a optar Wajda.

Resulta obvio que pese a que el título del film hace referencia a esa joven generación que se comprometió a luchar por su país en un contexto tan terrible, el principal punto de interés de Wajda es la evolución del protagonista, un Stach confuso y desorientado que madurará forzadamente tras enfrentarse con todo lo sucedido a lo largo del metraje. Después de este accidente inicial, decidirá dejar de ser un vago y buscarse un trabajo de aprendiz en un taller, su primer contacto con el mundo adulto. Seguidamente, se verá atraído por un grupo de resistencia, pero no se nos esconde que el motivo de esa atracción no es solo la idea de luchar contra los ocupantes, sino también la joven y bella líder del grupo, Dorota.
Los motivos que llevan al resto de sus amigos a unirse al grupo tampoco son especialmente nobles. Uno de ellos, Jacek, es bastante reticente a unirse a la lucha porque ha de mantener a su padre, pero cuando es acusado de cobarde se envalentona enseguida y asesina a un oficial nazi a tiros. Seguidamente no dejará de fanfarronear  y recrear hasta la extenuación la valiente acción que ha llevado a cabo – que de valiente tiene poco, puesto que le atacó pillándole desprevenidamente. También se hará patente entonces la fascinación que siente por las armas, provocando su enfado cuando le arrebatan la que robó al oficial nazi. No parece importarle tanto el hecho de contribuir a la lucha armada como el poder disparar como un pistolero al enemigo, aunque al mismo tiempo parece atormentado por su asesinato.
Los otros amigos de Stach tampoco parecerán especialmente conscientes sobre lo que están haciendo, y al verles en acción por la forma de comportarse no notamos mucha diferencia entre estos actos y los que llevaban a cabo al inicio del film de forma despreocupada, como si estuvieran haciendo una gamberrada más.

Wajda apuesta por dotar al film de una visión realista y salvo en una escena de persecución (excelentemente llevada a cabo, por cierto) la película no tira en ningún momento hacia el suspense o la acción. El cineasta nos muestra una visión desoladora de la Polonia de la guerra en que aparecen imágenes caóticas de incendios, cadáveres y edificios en ruinas, donde por otro lado los protagonistas viven como si estuvieran habituados. Es de destacar las imágenes del barrio de barracas donde vive Jacek, poblado por gente humilde pero a la que Wajda no puede evitar enaltecer en una escena en que todos los vecinos acuden a ayudar a Jacek y su madre cuando éstos se ven amenazados por dos colaboracionistas que buscan un arma que éste había robado..
Así mismo, pese a esta voluntad realista, la dirección de Wajda muestra una gran preocupación formal por la composición de los encuadres que, en gran parte gracias a la excelente fotografía en blanco y negro, contribuyen a que el film esté lleno de momentos bastante cuidados visualmente (por ejemplo, todas las escenas situadas en sitios oscuros como los canales subterráneos que enCanal adquirirían renovado protagonismo).

Sin embargo, aunque las motivaciones de los protagonistas son confusas, Wajda no esconde su admiración hacia ellos y hacia su innegable valentía. Cuando al final del film un desolado Stach se encuentra con el que será su próximo grupo de combate el director opta por cerrar el film con un plano de esos jóvenes que serán los próximos héroes. Un final abierto, puesto que el destino de ellos y de Stach es altamente incierto, pero que refuerza la idea tras el título de enaltecer a esa generación de jóvenes que tuvo que luchar contra algo mucho mayor que ellos.

El éxito de esta película y las siguientes de la Trilogía de la Guerra consagraron a un Andrej Wajda que acababa de debutar y que se vio incluido entre los grandes autores de las nuevas tendencias cinematográficas que invadían Europa. Gracias a su éxito, otros cineastas polacos pudieron darse a conocer siguiendo el camino que éste había marcado, entre los que quizás el que más renombre internacional adquirió fue Roman Polanski, el cual casualmente aparece en el film interpretando a uno de los amigos de Stach. Esta mera coincidencia hace que sea inevitable referirse a Polanski como a uno de los hijos de esta primera generación de directores polacos (Wajda, Kawalerowicz, W. J. Has…), los cuales allanaron el camino a futuros directores dando a conocer al mundo la obra cinematográfica de un país que, tras una dura posguerra y sin una sólida tradición en el séptimo arte, necesitaba un empujón para adquirir fuerza y darse a conocer internacionalmente.

Del Blog Gabinete del Doctor Mabuse

Compártelo:
07 PM | 09 Oct

la semana triste del socialismo español

tezanosbis031016

La semana del 25 de septiembre al 1 de octubre ha sido una de las semanas más tristes y bochornosas de la larga historia de un partido como el PSOE, que en su trayectoria ha conocido confrontaciones internas de una gran dureza y dificultad.

Sin embargo, lo que ahora se ha vivido produce, sobre todo, un enorme bochorno y posiblemente va a tener consecuencias negativas en la trayectoria de esta organización a corto y medio plazo. Y lo peor de todo es que lo que ha ocurrido se podría haber evitado si un sector importante del partido hubiera pensado bien lo que pretendía hacer y, sobre todo, si lo hubiera hecho ateniéndose a los cauces democráticos establecidos en la normativa interna del PSOE.

Desde luego, no se debe dejar de reconocer que la situación política actual en España es de una enorme complejidad –y dificultades de gobernabilidad− y que el PSOE, al igual que otros partidos socialdemócratas de nuestro entorno, está atravesando una etapa de desgastes y retrocesos electorales que conducen a nuevos escenarios y posibilidades (a la baja). Por eso, se entiende que en las filas socialistas hayan surgido diferentes enfoques sobre cómo encarar, e intentar superar, las dificultades existentes, contribuyendo a que los problemas no se pudran.

Evidentemente, tal como estaban las cosas, resultaba inevitable dilucidar en un Congreso o votación quién lidera el PSOE en estos momentos. Es difícil que un líder pueda trabajar eficazmente si varios otros líderes salen continuamente a poner en cuestión sus posturas y opiniones. Así no hay quien gane elecciones, porque nadie puede saber quién lidera dicho partido ni cuáles son sus posturas. En esta necesidad había bastante consenso, pero no en el método seguido para afrontarlo.

A su vez, hay que tener en cuenta que, durante los últimos años, en la organización y funcionamiento cotidiano del PSOE se han desarrollado vicios –o costumbres, como prefieren decir algunos− que implican comportamientos propios de un “aparatismo” abusivo: se blindan lealtades y clientelismos, se fuerzan dimisiones (a veces por cansancio y desesperación), se disuelven organizaciones para buscar nuevos equilibrios internos de fuerza y, en definitiva, se implanta un modelo de comportamiento jerarquizante y clientelar, que en el fondo y la forma está en las antípodas de la cultura democrática propia de los partidos socialistas. Es evidente que si no se quiere asfixiar y ver languidecer una organización política, es necesario erradicar estos comportamientos y no elevarlos a categoría central. Entre otras razones porque tales prácticas, en lo que tienen de prescindir de la voluntad y el criterio de los afiliados, tienden a desanimarles, a provocar su inhibición o incluso a alejarlos de la organización. Todo lo cual puede apuntar a un declive del clásico modelo de los partidos socialdemócratas y a una inflexión hacia procedimientos más propios de los partidos de cuadros y de notables.

Estos asuntos justificaban un debate a fondo suficientemente clarificador y ordenado como para que la opinión pública y los propios afiliados y cuadros del PSOE lo entendieran y lo asumieran sin mayores problemas y desgarros.

Sin embargo, todo se ha hecho tan mal y con tantas tensiones y desgarros que al final ha resultado inevitable causar la sensación de que se estaba ante un golpe palaciego, con ciertos componentes de esperpento. Esa es, precisamente, la imagen que ha llegado a la opinión pública y a los afiliados y votantes del PSOE. Imagen que plausiblemente irá en aumento a medida que se desvelen y se conozcan más detalles de lo que sucedió en la borrascosa sesión del Comité Federal del 1 de octubre. Algo que ha llevado a reputados miembros del PSOE a hacer pública su conclusión de que “este ya no es mi partido”. Lo cual es sumamente grave.

Lo menor que puede decirse del grupo que organizó la conspiración contra Pedro Sánchez y que llevó a cabo las acciones de la semana triste es que son –o parecen− un tanto chapuceros e impulsivos en su manera de proceder. Como advirtió un prestigioso ex candidato del PSOE, elegido también por las urnas y defenestrado con movimientos irregulares –también con el concurso activo de ciertos grupos mediáticos−, si eso ha sido “un Golpe de Estado”, ha sido un Golpe urdido y planificado por un “sargento chusquero”. Y que nos perdonen los muy dignos sargentos chusqueros.

Si los adversarios –casi a muerte− de Pedro Sánchez que querían su defenestración y eran miembros y cuadros importantes del PSOE hubieran respetado los procedimientos y la legalidad democrática interna del partido, habrían obtenido el mismo resultado en casi todo, sin causar los enormes desgarros que han causado y sin llevarnos a un espectáculo tan bochornoso. Es decir, una vez que se había convocado un Comité Federal ordinario, hubieran podido presentar un voto de censura al Secretario General, que si obtenía el respaldo mayoritario hubiera dado lugar a su cese y a la convocatoria de un Congreso que hubiera elegido un nuevo Secretario General y una nueva Comisión Ejecutiva, de manera clara, legítima y democrática. En ese caso, es muy probable que algunos sectores y medios de comunicación social hubieran criticado al PSOE por sus divisiones internas –otra vez− y por introducir elementos de cambio e inestabilidad en un panorama tan complejo como el de la España actual que, sin duda, requiere esfuerzos y cesiones mutuas para formar un gobierno. Cuanto antes mejor.

Pero esto no se ha hecho así, no se ha querido hacer así, lo cual nos obliga a preguntarnos, ¿por qué? Una de las respuestas más fáciles e inmediatas a esta pregunta es la que ya hemos señalado: porque algunos de los “directores” de la operación son demasiado chapuceros, o están demasiado creídos de sí mismos como para pensar que nadie podía atreverse a ponerse delante y no hincar su rodilla ante ellos.

Sin embargo, esta es una interpretación que desconoce, o no valora lo suficiente, algunos de los elementos que han estado concernidos en la conspiración. Y que parece que afecta a cuestiones bastante más de fondo.

En el argumentario de los conspiradores contra Pedro Sánchez, los dos principales tópicos que se han venido utilizando contra él desde el primer momento han sido que es un líder que “no gana elecciones”, frente al que se pretende oponer la imagen de otros líderes que “ganan elecciones” (es decir, ellos/as). El segundo tópico es que Pedro Sánchez y los suyos estaban dispuestos a alianzas de Gobierno que podrían ser especialmente peligrosas. Algo a lo que era necesario oponerse con todos los medios y todas las armas. Hay que suponer que lo de “todas las armas” ha sido un mero recurso retórico.

Pues bien, de estos dos argumentos el primero es una falacia que no resiste el más mínimo contraste con los datos. Ya que lo cierto es que el PSOE desde hace años está perdiendo votos en todos los lugares. Al igual que les ocurre a otros partidos socialdemócratas europeos. Lo cual se debe a múltiples causas, como la mala imagen de los políticos (incluidos los socialdemócratas), las dificultades para diferenciar bien las posiciones de los partidos socialdemócratas respecto a las de los conservadores y, sobre todo, a la emergencia de nuevos partidos que están logrando atraer los votos de los sectores de izquierdas y más indignados y deteriorados socialmente, que antes votaban a partidos como el PSOE. El caso de España es evidente. Ahí tenemos a Podemos, en todas las Comunidades Autónomas.

Por solo referirnos al caso de Susana Díaz, desde los comicios de 2008, que ganó aún Manuel Chaves, ya algo desgastado, con un 45% de los votos, los sucesivos candidatos del PSOE han perdido en las elecciones autonómicas 770.000 votos; y solo en las últimas, ya con Podemos en escena, Susana Díaz ha perdido un 7,8% de los votos anteriores (118.800). Lo cual ha conducido a que el otrora todopoderoso PSOE andaluz, que alcanzaba proporciones de más del 50% de los votos, últimamente se haya tenido que conformar con un modesto 35% de los votos, menos aún en las elecciones generales (31,2% en las últimas), de forma que el efecto de “voto compensatorio” del PSOE en Andalucía, como su bastión nuclear, ya no opera de la misma manera y con la misma fuerza que en Galicia lo hace a favor del PP.

Y lo mismo se podría decir de todos los demás territorios en los que el PSOE gobierna gracias al apoyo de otros partidos políticos que compensan la debilidad actual del PSOE. Sobre todo, gracias al apoyo de Podemos, y en Andalucía, hoy por hoy, de Ciudadanos. ¿Y quién ha dimitido en todos estos lugares? ¿Por qué, pues, tendría Pedro Sánchez que dimitir automáticamente debido al mismo patrón descendente, que es anterior a su período de gestión? ¿De qué se nos está hablando, pues? ¿Acaso piensan algunos que los demás somos tontos?

Y si esta no es la razón, ¿a qué obedecen conspiraciones tan desmedidas y desgarradoras, y en las que tantos han echado sus cuartos de espadas desde el primer momento? ¿Cómo se explica la enorme proyección y agresividad desplegada, de manera aparentemente bien coordinada por Felipe González, el Grupo PRISA y otras plataformas mediáticas? Desde luego, el contraste con la discreción pública de otros líderes históricos del PSOE ha sido muy reseñable.

Tal como han sucedido las cosas, es inevitable pensar que alguien dio la señal de “a por él y a degüello”, y a partir de ahí se desencadenó una operación sistemática y despiadada de descalificación y caza del hombre. El hecho de que en un editorial de El País se llegara a calificar a Pedro Sánchez como un “insensato sin escrúpulos”, al tiempo que la información sobre el asunto se llevara a extremos de intoxicación e inveracidad propios de culturas autocráticas y de procedimientos de “caza del hombre”, no solo es un baldón para este grupo mediático –aunque no el primero ni único−, sino que ha forzado a muchos de sus profesionales a tragar con un papelón penoso.

La “atípica” dimisión en masa de 17 miembros de la Comisión Ejecutiva orientada a desestabilizar a la dirección del PSOE, la pintoresca lideresa andaluza, presentándose en la sede de Ferraz poco menos que a ocupar la casa bajo la pretensión de ser “la única autoridad legítima”, y competente, por supuesto, las maniobras obstruccionistas en la reunión del Comité Federal del 1 de octubre, la negativa a aceptar cualquier solución de compromiso, las voces destempladas que se escucharon fuera y dentro de Ferraz (ambas criticables) y el final “propio de película de Berlanga” –como se decía antes− de varios Presidentes Autonómicos y muchos cuadros de la Administración local y regional suspendiendo una votación con urna y papeletas que ya estaba en curso, con bastantes votos depositados, al grito de “¡pucherazo, pucherazo!”, componen un rosario de despropósitos difíciles de digerir por personas mínimamente razonables y templadas. ¿Cómo se puede calificar de “pucherazo” a una votación legítima con urna y con papeletas para decidir un asunto importante? ¿Qué implican procederes tan extremistas? Algunos sostienen que la razón era bastante obvia, como se vio después con la votación pública. Es decir, evitar que algunos miembros del Comité Federal se dejaran llevar por el corazón o por sus propios razonamientos y criterios en el voto, optando por lo que les pareciera mejor, o más adecuado a la lógica democrática establecida en el PSOE, y no por las “órdenes” e “indicaciones” que les habían dado sus superiores en las Alcaldías, las Consejerías y Direcciones Generales de los respectivos gobiernos autonómicos. Lo cual nos remite a un fenómeno de clientelismo político, que algunos vieron en peligro en el Comité Federal del 1 de octubre, cuando la votación secreta, con urnas y papeletas, ya estaba en curso. Y, desde luego, alguna razón tenían para esta suspicacia. Al tiempo que en ese momento lograron que algunos miembros indignados del Comité Federal abandonaran la reunión. Todo lo cual contribuyó a la derrota de Pedro Sánchez, por un estrecho margen de diferencia que bien hubiera merecido parar el reloj, volver atrás y consensuar una salida sensata y razonable a la situación.

Lo peor de todo es que, siguiendo las normas establecidas, los críticos a Pedro Sánchez, si tan seguros estaban de tener mayoría, podían haber procedido de manera ordenada y clara, obteniendo resultados similares, sin hacernos pasar por tal bochorno, ni realizar presiones tan desmedidas sobre diversos miembros del Comité Federal. ¿Por qué se han asumido tantos costes?

Algunos suspicaces piensan que todo ha sido deliberado y que lo que se ha producido –y logrado− es controlar la dirección de un partido sin tener que pasar previamente por los “trámites” de unas elecciones primarias y de un Congreso que tiene muchos requerimientos democráticos difíciles de “controlar”. Los que así piensan se recelan que las elecciones primarias pasarán a la historia y que, a partir de ahora, unos pocos tomarán las decisiones por muchos, sean estas aceptadas o no aceptadas por los afiliados y por los votantes del PSOE, y que tendremos que acostumbrarnos a que un órgano excepcional gobierne el PSOE durante bastante tiempo, mientras intenta la pacificación interna. Habrá que ver cómo se entiende este propósito pacificador interno.

Mientras esto ocurre y se retorna a la normalidad democrática interna en el PSOE –esperemos que sin mutilaciones, ni retrocesos−, la Gestora, a la que algunos querían calificar como Comité Político, tendrá que tomar decisiones trascendentales y muy sensibles, que podrían implicar desafecciones internas y costes electorales y de imagen muy notables. Ahora, tal como han acabado las cosas, a ver quién se atreve a poner al PSOE en la tesitura de tener que concurrir a nuevas elecciones generales en Diciembre. ¿Cuántos votos y escaños tendrían ahora los que tanto presumían de que ellos eran los que “ganaban” elecciones?

El malestar entre los afiliados y los votantes del PSOE es muy grande, existiendo una sensación bastante extendida –e inevitable− de que se nos ha quitado el derecho a votar y a codecidir, y que se nos ha metido deliberadamente en una situación de excepcionalidad que hubiera sido perfectamente evitable. Y que se han tensionado los debates y las posturas hasta extremos impropios de una cultura democrática. Por eso, ahora, uno de los mayores peligros para el PSOE es que se produzcan movimientos de decepción, frustración e incluso de abandono, por muy comprensibles que sean. De ahí que habrá que ver quiénes son los que realmente tienen la capacidad y la credibilidad política y personal necesaria para coser las heridas y los desgarros creados.

JOSE FELIX TEZANOS

Compártelo: