Enérgicos métodos para elevar la moral de la tropa
Senderos de Gloria(1957) de Stanley Kubrick,es, quizá la película que define el canon cuando se habla del cine antibelicista de la Primera Guerra Mundial.
El guion está basado en la novela del mismo título, escrita por Humphrey Cobb en 1935. Kubrick la había leído en su adolescencia.
Rodada de modo magistral, tal vez sea menos pacifista de lo que aparenta. Lo que sí es, desde luego, es implacable con la ineptitud y el cinismo del alto mando militar asentado en los suntuosos palacios donde instalan los Estados Mayores de sus Divisiones. En el caso del que se ocupa la película, el mando francés.
Desde esos salones, desde esas alturas, es tan fácil montar elegantes bailes con valses y champán, como consejos de guerra sumarísimos, que, en realidad, no son otra cosa sino farsas patéticas en las que las sentencias están prefijadas. Frente a tanta prepotencia de nada pueden servir los inteligentes esfuerzos de un Coronel Dax, jefe del Regimiento, que pide ejercer como abogado defensor de los pobres soldados comparecientes.Esto es lo que nos cuenta Kubrick a base secuencias y planos de un virtuosismo técnico inigualable.
Casi con seguridad Senderos de Gloria será la película más conocida del ciclo. Aun así pocos títulos nos pueden hacer comprender, prescindiendo de rasgos anecdóticos, los niveles de crueldad, sinsentido y barbarie que se llegaron a alcanzar en los campos de batalla de la Gran Guerra. Por esos estoy seguro que valdrá la pena verla una vez más.
Escribo finalizando el mes de febrero y todavía sigue en nuestras calles el ya tradicional Belén ideado por nuestro artista local Pardito. Creo que va siendo hora de que utilicemos el rimbombante Reglamento de Participación Ciudadana y preguntar a los vecinos lo siguiente (ya sabemos que todos los referéndum llevan pregunta trampa): “¿Quiere usted que el Belén monumental ocupe nuestras calles durante cinco meses?”.
Restos del Belén monumental, acumulados en la plaza de Jacinto Benavente
Habría, como es lógico, la correspondiente campaña y ya me imagino quiénes serían los partidarios del ‘Sí’. Para los del ‘No’, les propongo como alternativas para esas fechas de fiestas algunas propuestas que me salen como si estuviera en una tormenta de ideas: un festival de juguetería tradicional; una instalación sonora por todas las plazas con fragmentos del Mesías de Haendel, con los recitativos y coros más significativos, para terminar luego con un gran concierto en el Auditorio con una orquesta de prestigio; o un concurso de titiriteros, con el idioma cooficial de nuestras nacionalidades, para que cuando los niños sean mayores se les quite la tontería de que el castellano es el único y exclusivo idioma de España. El federalismo no les debería sonar raro.
Todo esto y algunas ocurrencias más que seguro saldrían de cualquier tertulia que se precie; podría estar completado con una exposición dedicada a Juanelo Turriano, el relojero de Carlos V, genio del Renacimiento. Estoy seguro de que los relojes del Monasterio sacados para una iniciativa de este tipo harían las delicias de los niños.
También estoy segurísimo de que traer las pinturas y grabados de Rosario Weiss es algo que llenaría nuestro pueblo de visitantes. Esta pintora estuvo en Burdeos con Goya, y en San Lorenzo de El Escorial en 1841, dedicada al estudio y copia de los mejores cuadros de Rubens y de Velázquez que están colgados en el Monasterio.
En fin, una consulta, y que el equipo de Gobierno tenga la libertad de elegir lo que más le guste. Lo que no me valdría es eso de decir: ¡Cualquiera se atreve a quitar el Belén!
¿Por qué el internacionalismo obrero no pudo evitar la guerra?
El 31 de julio de 1914 caía asesinado de tres disparos, en un café parisino, Jean Jaurès. Una semana antes había lanzado su célebre discurso de Lyon
, llamando a los socialistas de todos los países para evitar la guerra. La primera declaración de hostilidades se produjo el 28 de julio. ¿Por qué, entonces, el llamamiento de Jaurès cayó en saco roto?
Jean Renoir, con La gran ilusión(1937) parece querer retomar las tesis de internacionalismo pacifista; no para entender el pasado, sino para evitar un futuro que caiga en los mismos horrores. Recurre, en la película, a las odiseas de un grupo de soldados franceses de procedencia diversa, cautivos en manos de un jefe de prisión militar, prusiano y aristócrata (Erich von Stroheim). Este, se identifica y hace amistad con uno de los presos, capitán de aviación francés, prisionero y noble como él.
En realidad, ¿qué es lo que nos plantea Renoir sobre el trasfondo bélico? Que las fronteras nacionales separan a los hombres menos que la división horizontal de clase. Un oficial noble alemán siempre estará más cerca de un oficial noble francés, de lo que ambos están de sus propios soldados.
Para profundizar en los condicionantes históricos del planteamiento de Renoir contaremos con Iñaki Acarregui, gran conocedor de las políticas de alianzas interclasistas de la década de los treinta.
Eso es lo que piensa Paul Renard, veterano francés de las trincheras del 14, p
rotagonista de Remordimiento (1932), la única película de Ernest Lubitsch que no se trata de una comedia.
La cinta que veremos
en la tercera cita del ciclo El cine de La Gran Guerra. Cien años reflejando el horror no es un film estrictamente bélico, aunque aparezcan soldados y trincheras. Es más bien la historia de una honesta impostura. La que emprende un soldado francés que, al año de finalizar la guerra, va a visitar la familia de otro soldado alemán muerto en combate. Paul y sus tortuosas reflexiones emprenden un doloroso camino de redención que le ayude a comprender, y a asumir, por qué que si matas a un hombre en la guerra no eres un asesino, sino que por el contrario te condecoran. El viaje le hará comprender muchas más cosas.
Lo que no falta en la película es el “toque Lubitsch”. Desde el principio, la cámara y sus encuadres, aparentemente absurdos, nos hacen presente la genialidad de este director. Mención especial merece Lionel Barrymore interpretando al padre del soldado alemán.
Un film no muy conocido, y desde luego, muy difícil de encontrar en los canales habituales de exhibición. ¡Para no perdérsela!