ANATOMÍA DE UN GOLPE DE ESTADO
Anatomía de un golpe de Estado
Alessandro Peregalli
Fue un golpe de Estado. Es verdad que Morales forzó la Constitución al presentarse por cuarta vez. Es verdad que en el país había un malestar difuso que se expresó en el referéndum sobre la pertinencia de esa cuarta participación. Pero fue un golpe de estado, protagonizado por las derechas racistas más rancias, la policía y el ejército.
Bolivia se sumió en una crisis devastadora el 20 de octubre, fecha de las elecciones presidenciales y legislativas. El período de mayor estabilidad política en toda su historia como estado independiente ha llegado así a su fin; las movilizaciones y protestas en todo el país muestran un escenario aún abierto y que condujo, el 10 de noviembre, a la dimisión y exilio del presidente Evo Morales y del vicepresidente Álvaro García Linera, ambos en México. Inmediatamente se establecieron dos narrativas opuestas para leer los hechos, tanto en Bolivia como a nivel internacional: Por un lado, la izquierda, vinculada al “primer presidente indio” Morales, o rastreable hasta sus aliados internacionales (de izquierda o no, desde México hasta el in pectore presidente argentino Alberto Fernández, desde China hasta Rusia), afirmaba que se trataba de un clásico golpe de Estado, que acabó con un presidente legítimo y legalmente reelegido, golpe que fue orquestado por el Departamento de Estado norteamericano, la CIA y la oligarquía boliviana. Por otro lado, la derecha, tanto nacional como internacional (de Trump a Bolsonaro, y con la complicidad de los “demócratas sinceros” de la Unión Europea y del Partido Demócrata Americano, con la excepción de Bernie Sanders), ha argumentado que fue la legítima destitución de un “dictador” que distorsionó las últimas elecciones para ser reelegido.
Leer más…



