El deseo de amar
Alfonso Peláez
Según la película de ayer no basta el deseo de amar para amar. Con una idea tan simple un fulano ha sido capaz de ganar la Palma de Oro en Cannes. Por mí está bien. Ya hemos visto cosas peores.
El caso es que al director (¿cómo se llama? Tal vez yo debería poner más cuidado con esos detalles), pues eso, que al director le sobra pericia para haber narrado una historia bastante más armada, con más accidentes, más como la vida misma. Contaba, además, con un excelente director de fotografía que bordó el trabajo. Sabía dónde poner la cámara y como moverla. De hecho, lo hace con un admirable virtuosismo. Y seleccionó un compositor musical que también conoce bien su oficio. Pero sin que, a mí al menos, se me alcance la razón decidió convertir el tiempo en una olla de melaza donde se amalgaman las situaciones, privándolas de cualquier atisbo de prelación. ¿No nos había dicho Tarkovsky que hacer cine era esculpir el tiempo? Y no vengan con eso tan prestigioso intelectualmente del “tiempo circular”.
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El coordinador sugiere que plasme el punto que el pasado viernes 2/02/21, con ocasión del comentario sobre la cinta del “El joven Karl Marx” se quedó sin explicitar, que está en relación al principio de “la lucha de clases”.
A lo largo de la cinta se ve que la aspiración del (socialismo-comunismo) es la consecución de la igualdad (entiendo, que para todos los seres humanos = universal); y se cierra explícitamente con el principio de “la lucha de clases” como motor de la historia (se decía al menos antes).
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Zamora 1918. La mal llamada gripe española está diezmando la ciudad. El teniente del ejército francés, Henri Volpatte, al que la amputación de una pierna en acto de servicio ha truncado una prometedora carrera militar, visita la ciudad para conocer de primera mano las joyas del románico local.
Con un lenguaje sobrio, conciso y directo, Alfonso Peláez disecciona una sociedad convulsionada por una pandemia para la que la ciencia no encuentra un tratamiento adecuado. A la tensa narración de la desesperada lucha por la supervivencia se une la inquietante intriga de una trama en la que el teniente se ve involuntariamente envuelto y que llega a poner en serio peligro su propia vida.
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Dicebant mihi sodales, si sepulchrum amicae visitarem,
curas meas aliquantulum fore levatas.
-Ebn Zaiat
La desdicha es diversa. La desgracia cunde multiforme sobre la tierra. Desplegada sobre el ancho horizonte como el arco iris, sus colores son tan variados como los de éste y también tan distintos y tan íntimamente unidos. ¡Desplegada sobre el ancho horizonte como el arco iris! ¿Cómo es que de la belleza he derivado un tipo de fealdad; de la alianza y la paz, un símil del dolor? Pero así como en la ética el mal es una consecuencia del bien, así, en realidad, de la alegría nace la pena. O la memoria de la pasada beatitud es la angustia de hoy, o las agonías que son se originan en los éxtasis que pudieron haber sido.
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Faces de Cassavetes
Para animar el ambiente de cara al Zoom del viernes de Halloween quiero rescatar una mención oportunísima de Mercedes, a propósito de la película de Valeria. Me refiero al “Malestar en la Cultura”, título de una obra de Freud que alude a la dialéctica entre las pulsiones individuales y la represión de la cultura, a fin de que esta garantice una cierta estabilidad y progreso social. El otro día, el acuerdo general venía a ser que la película checa relataba de forma simbólica, a través de vampiros y núbiles hermosas, la sublimación de tal dialéctica.
Si mi interpretación es incorrecta ruego a cualquiera que viviera el debate me corrija de inmediato.
Pues bien, he visto Faces, de Cassavetes, y aquí sí que encuentro, sin ningún género de duda, a un grupo de personajes, que con su desorientación propia y particular, nos muestran a las claras, y con desgarro, el malestar que les corroe, como un dolor de muelas pertinaz, y les lleva de estupidez en despropósito hacia una nada, que de ningún modo podrán curar sus clubes nocturno ni sus ligues apresurados.
Ahora, en Cassavetes, la trama se articula dentro de un marco geográfico concreto y un momento histórico con fecha de calendario: nada de tiempos circulares ubicados en el hipotálamo. En mi humilde opinión, aquí sí que encontramos un verdadero psicoanálisis a la sociedad contemporánea. Pero con elementos plenamente reconocibles por el espectador: sea quien sea: tú, yo, el de más allá…
Magistral la escena última en la escalera. Representación brillantísima del “…¿y ahora qué?” demoledor, frente al que alguno se ha visto, una o varias veces en la vida.
Seguimos hablando el próximo viernes.