Crítica Cinematográfica

12 AM | 03 Abr

olive kitteridge

Los primeros minutos de ‘Olive Kitteridge’ no dejan muy claro cuál es el argumento de la miniserie. Su esqueleto narrativo está formado por situaciones cotidianas y diálogos repletos de costumbrismo. Sin embargo, a medida que transcurre el primer episodio, te das cuenta de que estás ante una pieza que contiene uno de los mejores exponentes televisivos de la psicología de personajes. En ‘Olive Kitteridge’ no pasa nada y pasa de todo.

Basada en una novela homónima de Elizabeth Strout (con la que ganó el premio Pulitzer), la serie cuenta la vida de la familia Kitteridge, compuesta por Olive (Frances McDormand), Henry (Richard Jenkins, el patriarca de ‘A Dos Metros Bajo Tierra’) y su hijo Christopher (John Gallagher, el entrañable Jim de ‘The Newsroom’). En un pequeño pueblo costero de Maine se van desarrollando diferentes situaciones que te envuelven de lleno en una serie que no te dejará indiferente.

El personaje de Olive es detestable y adorable a partes iguales, pero desde luego es un personaje magnético y más que capaz de llevar todo el peso de la serie sobre sus hombros. A través de sus ojos, y en la mayoría de las secuencias bajo su punto de vista, conocemos al resto de personajes: el hijo que se rebela contra la madre, el marido más bueno que un santo que fantasea con jovencitas aunque sea incapaz de ser infiel a su esposa, la nuera malvada, el amante que no pudo ser… Un conjunto de personajes excelentemente diseñados componen el irresistible mosaico de ‘Olive Kitteridge’.

Otro de los elementos fundamentales, más allá del costumbrismo y de la vida apacible en un pequeño pueblo perdido de Maine, es la presencia de enfermedades psiquiátricas que rodean a los personajes: suicidio, alucinaciones, bipolaridad, depresión, complejos de Edipo sin superar… Están tan bien incluidos en la historia que la miniserie debería ser un manual en psicología de personajes. No queda un solo arquetipo sin explorar.

Sobra decir que ‘Olive Kitteridge’ estará multi nominada en los próximos premios Emmy y que es más que probable que Frances McDormand sea la ganadora en actriz de la categoría de miniserie. Pero más allá de los muchos premios que merece, se trata de una de las joyas televisivas del año, de esas que hay que ver sí o sí.

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10 AM | 18 Mar

El árbol de los zuecos

El-arbol-de-los-zuecos-12461-CFicha técnica.- Título original: “L`albero degli zoccoli”. Año. 1972. Duración: 175 minutos. Guión: Ermanno Olmi. Fotografía: Ermanno Olmi. Música: J. S. Bach. Dirección: Ermanno Olmi. Intérpretes: Luigi Ornaghi (Batisti), Francesca Moriggi (Batistina), Omar Brignoli (Minec), Antonio Ferrari (Tuni), Teresa Brescian (viuda Runk), Carlo Rota (Peppino), Giuseppe Brignoli (Anselmo).

Argumento.- Historia sobre los campesinos de Lombardía (Italia) que llevan una vida sacrificada y dura.

Comentario.- Aunque estrenada en 1975, puede considerarse una muestra del neorrealismo italiano, en ese año ya desaparecido y es un magnifico retrato de las vidas de los sectores más pobres y humildes de la Lombardía italiana, con utilización como actores de campesinos locales. Una obra maestra que obtuvo 14 premios internacionales entre ellos la Palma de Oro en el festival de Cine de Cannes y el Premio Cesar a la mejor película extranjera. Ermando Olmi consigue un gran realismo utilizando escenas de distintas costumbres de los campesinos, entre ellas: la matanza real de animales, la evisceración de un cerdo vivo, fiestas, bodas, nacimientos y la siembra y recogida de las cosechas, con la limpieza y separación del grano de la paja, según la época del año, aprovechando una maravillosa fotografía del propio Olmi en la que destaca el cambio de las distintas estaciones del año y en la que nos ofrece secuencias de una oscuridad casi total en contraste con los paisajes nevados. Con una gran economía de medios vemos la vida de unos campesinos pobres que viven en las tierras de un potentado al que deben entregar los dos tercios de su cosecha y nos regala secuencias emocionantes: El descubrimiento de una moneda de oro, los aldeanos mirando como desaparece el vagón solitario en la oscuridad, la fabricación de unos zuecos durante la noche, la alegría por el nacimiento de un niño, la oración por una vaca enferma, las dudas de entregar dos niñas a un orfanato para que la familia pueda salir de la miseria, el abuelo que enseña a su nieta como cultivar tomates tempraneros para mejorar la economía familiar, la viuda que lava de sol a sol para sacar adelante a su familia, y un amo que permanece impasible ante los problemas de los campesinos. Todo se completa con una insólita banda sonora con varias composiciones de Juan Sebastián Bach y la sonata para piano núm. 11 de Wólfram Amadeus Mozart, en la que además escuchamos canciones a coro de los campesinos, con mención especial para el silencio lleno de sonidos que acompañan a los trabajadores cuando caminan solos por los descampados. Inolvidable la secuencia en la que la comunidad abandona durante la noche sus viviendas para acudir al patio, donde extasiados, escuchan el sonido de las gaitas que el viento trae desde la casa del amo. Magníficos los intérpretes no profesionales, la emoción está siempre presente en esta obra de arte que puede considerarse como un cine en estado puro, dirigido al alma del ser humano.

l'arbre aux sabots l'albero degli zoccoli 1978 rŽal : Ermano Olmi Lucia Pezzoli Franco Pilenga Collection Christophel

Anecdotario.- En 1995 el Vaticano incluyó esta película en una selección de “largometrajes decentes”. Ermanno Olmi comentó sobre ella: “Las historias que forman el film nacen de los recuerdos del mundo campesino que conocí en mi infancia cuando iba de vacaciones a casa de mis abuelos. Son narraciones que escuché a los viejos durante las tardes en el establo o bajo el pórtico, cuando se esperaba que los niños durmiesen y se acababan los últimos trabajos del día”. Olmi nació en el seno de una familia campesina profundamente católica por lo que su cine se caracteriza por una inspiración cristiana y entre sus películas más destacadas están “Il posto”, de 1961, ganadora del Premio de la Critica en el Festival de Cine de Venecia, y “La leyenda del santo bebedor”, de 1988, que ganó el León de Oro del Festival de Venecia y en el año 2008 el mismo Festival le galardonó con el León de Oro de Honor.

Mario Delgado Barrio

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09 PM | 10 Mar

Capitán Conan

No es lo mismo un soldado que un guerrero. Nos lo explicará el Capitán Conan.

 

No debe ser fácil hacer comprender a un señor que antes de la guerra regentaba una mercería, después de que su desempeño bélico lo haya convertido en un guerrero feroz y sanguinario, y por ello el mando lo haya condecorado reconociendo su valor y su entrega a la victoria, hacerle comprender que ahora ya es suficiente, que la guerra terminó, que toca parar. Este será uno de los pilares en el que se asiente el film de Tavernier.

Pero no es el único soporte de un relato bélico rodado con un realismo estremecedor. También aborda un hecho histórico poco conocido de la Gran Guerra: el papel del numerosísimo contingente armado francés que continuó en estado de guerra durante un año más en los Balcanes, una vez firmado el armisticio en 1918, enfrentándose a un enemigo difuso y cambiante.

Con esta extraordinaria película cerraremos el ciclo El Cine de la Gran Guerra. Un siglo reflejando el horror organizado por el Colectivo Rousseau con la colaboración de Casa de Cultura.

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02 PM | 03 Mar

LA HORA DEL LOBO

Artista, a falta de un nombre mejor

Si sólo pudiésemos citar una obra del magnífico cineasta sueco Er

nst Ingmar Bergman, es probable, seguro que jamás elegiríamos L

a hora del lobo (Vargtimenn, 1968) por encima de cintas como la atrevida Un verano con Mónica (Sommaren med Monika, 1953), su clásico El séptimo sello (Det sjunde inseglet, 1956), l

a madura Fresas salvajes (Smultronstället, 1957), la fascinante Como en un espejo (Sasom i en spegel, 1961) o, desde luego, la espectacular e innovadora Persona (ídem, 1966).

Sin embargo, mucho, demasiado, casi todo se ha dicho de estas indiscutibles grandes obras del cine de todos los tiempos e injustamente poco, o quizá no tanto como mereciera, de esta película impecable, en cuanto a factura se refiere, y sobrecogedora, desde el punto de vista argumental y estético; con ella Bergman explora el arte y ensayo después de haber cultivado todas las formas

de clasicismo (dirección lógica y necesaria, por más que muchos, en variados terrenos del arte, se empeñen en recorrer el camino en sentido inverso).

Desde el mismo instante que asistimos a la silenciosa (por otra parte la cinta entera se haya atravesada por un silencio que es elemento crucial del sonido y la narración) y espectral llegada en barca a la pequeña isla que sirve de escenario natural a la película del pintor Borg y su mujer Alma, sabemos que algo terrible sucederá, debe suceder necesariamente, como un macabro juego del destino del artista; y no sólo por las palabras iniciales a modo de introducción y confesión de Liv Ullmann, que con su rostro y su media sonrisa indescifrable es capaz de helar cualquier sangre (prueba de esto es su perfecta interpretación en la ya citada Persona).

La inocent

e intención del personaje interpretado por Max von Sydow de buscar retiro e inspiración para su pintura en esta extraña isla se verá truncada por sucesivas y misteriosas apariciones de personajes rayanos en la excentricidad y la locura, el canibalismo y la dipsomanía, el sadomasoquismo y una crueldad psicológica ex

asperante. Dentro de este amplio abanico de espectros, pues aunque su presencia física puede dejar cierto lugar a dudas lo cierto es que todos y cada uno de esos terroríficos personajes no dejan de ser recuerdos del pasado y sus morbosas proyecciones en el presente de la mente trastornada del pintor, las dos escenas más inquietantes son la lucha a muerte con el niño del acantilado

, en la que Bergman pone lo mejor de sí, que en este caso es lo peor, lo más dañino; y la representación en el enigmático castillo de un fragmento musical de La flauta mágica (obra de referencia para el director sueco y que posteriormente versionaría) a cargo de unos títeres monstruosos por reales.

El paroxismo final se alcanza con el frustrado encuentro sexual entre el pintor Borg y su anterior esposa, que tiene tintes, para echar aún más leña al fuego, de necrofilia; pues las últimas escenas de La hora del lobo no dejan de ser un resumen que cierra y cuadra el círculo vicioso de paranoia, obsesión enfermiza, incomunicación, homosexualidad reprimida, tragedia, fracaso, angustia, crisis a todos los niveles y muerte que transita por toda la película. A fin de cuentas, en palabras del propio Bergman, la hora del lobo es “el momento entre la noche y la aurora cuando la mayoría de la gente muere, cuando el sueño es más profundo, cuando las pesadillas son más reales, cuando los insomnes se ven acosados por sus mayores temores, cuando los fantasmas y los demonios son más poderosos.”

Que este texto conmemorativo de una década de andadura sirva también de homenaje póstumo al recientemente fallecido (en concreto el día 25 de febrero de este año 2012) Erland Josephson, junto con el siempre sobresaliente Max von Sydow, uno de los actores fetiche de Bergman, reconocido director fetichista de actrices.

FERNANDO GARCIA MAROTO

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