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05 PM | 27 Mar

Día mundial del teatro

El Día Mundial del Teatro (World Theatre Day) se celebra todos los años el 27 de Marzo.

El día Mteatroundial del Teatro se creó en 1961 por el Instituto Internacional del Teatro (IIT). Se celebra anualmente el 27 de Marzo por los centros del IIT y la comunidad teatral internacional. Se organizan distintos acontecimientos de teatro nacional e internacional para resaltar esta ocasión. Uno de los más importantes es la distribución del Mensaje Internacional tradicionalmente escrito por una personalidad del Teatro de talla mundial invitada por el Instituto Internacional del Teatro.

 

El autor de este año es el aclamado director y profesor de teatro ruso ANATOLI VASSILIEV.
Su mensaje:
“¿Necesitamos al teatro?
Esa es la pregunta que miles de profesionales decepcionados del teatro y millones de personas que están cansados de él se preguntan.
¿Qué necesitamos del teatro?
En estos años en que la escena es tan insignificante, en comparación con las plazas de las ciudades y los tierras de los países, donde se están jugando las tragedias auténticas de la vida real.
¿Qué pasa con el teatro?
Galerías y palcos chapados en oro en las salas de teatro, sillones de terciopelo, alas sucias en escenarios, bien pulidas voces de los actores, – o viceversa, algo que puede tener un aspecto aparentemente diferente: cajas negras, manchadas de barro y sangre, con un montón de cuerpos desnudos rabiosos en el interior -.
¿Qué es capaz de decirnos?
¡Todo!
El teatro nos lo puede decir todo.

Como los dioses habitan en el cielo, o cómo los presos languidecen en cuevas olvidadas bajo tierra, o cómo la pasión nos pueden elevar, o cómo el amor nos puede arruinar, o cómo nadie necesita una buena persona en este mundo, o como reina el engaño, o cómo la gente vive en apartamentos, mientras los niños se marchitan en campos de refugiados, o las formas en que todos tienen que volver de nuevo al desierto, o cómo día tras día nos vemos obligados a desprendernos de nuestras personas queridas, – el teatro puede decirlo todo.

El teatro siempre ha sido y seguirá siendo siempre.

Y ahora, en estos últimos cincuenta o setenta años, es particularmente necesario. Porque si usted lanza un vistazo a todas las artes públicas, se puede ver de inmediato lo que sólo el teatro nos da, una palabra de boca en boca, una mirada de ojo a ojo, un gesto de mano en mano, o de cuerpo a cuerpo. No se necesita ningún intermediario para trabajar entre los seres humanos, que constituya el lado más transparente de la luz, que no pertenezca a ningún sur o norte o este u oeste, oh no, es la esencia de la propia luz, que brilla en todos los rincones del mundo, inmediatamente reconocible por cualquier persona, ya sea hostil o amigable hacia ella.

Y necesitamos al teatro que permanece siempre diferente, necesitamos teatro de muchos tipos diferentes.

Aún así, creo que entre todas las formas y formas de teatro posibles, sus formas arcaicas ahora resultan ser la mayoría en la demanda.

Teatro de las formas rituales, no hay que oponerse artificialmente a las de las naciones ‘civilizadas’.

La cultura secular está siendo cada vez más castrada, la llamada “información cultural” sustituye gradualmente y empuja a entidades simples, casi como nuestra esperanza de que con el tiempo se acabe el día.

Pero puedo verlo claramente ahora: el teatro está abriendo sus puertas ampliamente. Entrada gratuita para todos y para todo el mundo.

Al diablo con aparatos y equipos – sólo tienen que ir al teatro, ocupar filas enteras en el patio de butacas y en las galerías, escuchar la palabra y mirar las imágenes vivir!

– Es el teatro que está delante de usted, no se descuide y no se pierda la oportunidad de participar en él, tal vez la oportunidad más preciosa que tenemos en nuestras vidas vanas y apresuradas.

Necesitamos cada tipo de teatro.
Sólo hay un teatro que seguramente no es necesitado por nadie, me refiero a un escenario de juegos políticos, un teatro de políticas “ratoneras”, un teatro de políticos, un teatro inútil de la política.

Lo que sin duda no necesitamos es un teatro de terror cotidiano – ya sea individual o colectivo, lo que no necesitamos es el teatro de cadáveres y sangre en las calles y plazas, en las capitales o en las provincias, un teatro falso de los enfrentamientos entre religiones o grupos étnicos…”

 

ANATOLI VASSILIEV
(*) Este año el autor del mensaje del Día mundial del teatro es el aclamado director y profesor de teatro ANATOLI VASSILIEV, considerado el más grande director ruso de su generación,

 

Fundador de la Escuela de Arte Dramático del Teatro de Moscú (1.987), que se convierte en un laboratorio de experimentación sobre la voz y el cuerpo del actor. Vassiliev se dedica a la puesta en escena de textos no teatrales con el fin de interrogar su oralidad y valor literario. Después de haberse educado musicalmente a sí mismo, a menudo retorna a la música en su obra. Luego de estudiar en profundidad las estructuras de la obra a través de la metodología del «Etude» se ve interesado en las formas de la vida interior de una idea, que pueden manifestarse a través del verbo. Estudia la materialidad del sonido, la entonación, buscando poner las palabras en movimiento: “el sonido debe hacerse carne”.

En 2006, tras un conflicto con las autoridades administrativas de Moscú, Vassiliev sale de su cargo en la Escuela de Arte Dramático y se traslada a Europa. Trabaja en París, Lyon y Londres. Tres años más tarde es invitado por el director del Teatro Bolshoi para poner en escena una adaptación de “Don Giovanni”. En 2010 pone en marcha un curso de tres años para la formación de educadores de teatro. El curso, con sede en Venecia, tiene una duración de dos meses cada año y está dirigido principalmente a profesionales italianos, aunque también atrae a educadores, actores y directores de todo el mundo. En 2011, en el Instituto Grotowski en Wroclaw, Polonia, crea un seminario de investigación sobre técnicas de actuación. El seminario duró 2 años y reunió a los graduados del curso de Venecia junto a actores de varios países europeos.

 

Hasta el próximo 30 de abril, dirigida por A. Vassiliev, estará en escena “La Musica Deuxième” deMarguerite Duras, en la Comédie Française en París.

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02 PM | 13 Mar

La indulgencia con el PSOE, ¿toca a su fin?

INDULGENCIASSEBASTÍAN MARTÍN

Sábado 12 de marzo de 2016

Poseer la representación hegemónica del campo de la izquierda cuenta con un significado muy preciso. Implica gozar de un beneficio socialmente reconocido, el de señalar los límites de posibilidad a las políticas de transformación igualitaria. Se da por entendido que el partido alfa de las izquierdas llega, en la senda de las reformas de tono socialista, justo hasta el punto donde se puede llegar, más allá del cual aparecen las discordias, el boicot y la confrontación. Todo lo que queda fuera es descalificado como irrealista, o conjurado por encerrar el peligro de una guerra civil.

Es esa la razón por la cual Syriza volvió a ganar las elecciones griegas tras aceptar de nuevo las imposiciones de la Troika. La mayor parte de la sociedad progresista consideró que había llegado hasta el límite que se podía llegar, justo antes de trasponer el umbral que lleva a la autodestrucción. La escisión que proponía desobedecer los mandatos de Bruselas y salir del euro apenas logró un 3%, porque tras sus propuestas se adivinaba el suicidio. Syriza había conquistado así la posición de predominio representativo que había ocupado el PSOK.

En España esta posición ha pertenecido al PSOE desde su abrumadora victoria de 1982. Antes de este hito, abundaban las voces que advertían de los peligros irremediables que se activarían de tomar los socialistas el poder. Tras la mayoría absoluta que puso fin a la transición demostraron que nada había que temer de sus políticas reformistas, capaces de combinar avances sociales con la adaptación progresiva al mundo liberal. El razonable éxito de esta combinación aquilató aún más su representatividad privilegiada.

Obsérvese que contar con la representación mayoritaria e incontestable en el terreno de la izquierda supone un formidable instrumento de poder. En el terreno de la institucionalidad positiva, su titular capitaliza casi en exclusiva las energías políticas transformadoras, que depositan en él su confianza electoral. Se le permite decir hasta dónde se puede llegar, se le faculta incluso para indicar cuándo, por necesidad, hay que emprender reformas de signo opuesto a las teóricamente postuladas. Por eso no es extraño que los ajustes más duros suelan venir avalados con el sello del centro-izquierda, porque son los únicos que pueden realizarlos previniendo los riesgos más extremos de la contestación social. Saben, tanto ellos como el poder, que existe la tendencia a perdonárselo todo.

Lo hemos vivido en España. En los años noventa ya había quien se oponía frontalmente a Maastricht, quien daba por agotado el Estado autonómico y proponía en su lugar un Estado federal, quien denunciaba la devaluación del trabajo, alertaba de los riesgos de la desindustrialización y rechazaba los cantos de sirena de la desregulación económica. Pero en esos años estas posiciones aparecían como iluminadas, utópicas, fuera de la realidad. Por el contrario, se aceptaban, con mayor o menor resignación, la integración en una Europa mercantilizada, las reformas laborales de cada vez mayor desprotección y la supervivencia chanchullera del mapa regional. Y no era una aceptación arbitraria ni casual. Se fundaba en los beneficiosos resultados reportados por estas políticas, sentidas como mucho más seguras que las proclamadas por la izquierda.

Los efectos razonables de las políticas socialdemócratas y el carácter incierto de las propuestas de la izquierda consolidaron la hegemonía del PSOE en el progresismo español. Pero esa posición comenzó a resquebrajarse en la última legislatura de Zapatero. En ese tramo se percibió un contraste doloroso: la facilidad con que, sin temblor, se metía la mano en los bolsillos de las clases trabajadoras para sufragar la crisis estaba en viva tensión con la incapacidad revelada para hacer lo propio con los portafolios de los poderosos. No hubo prueba más palmaria al respecto que la primera reforma del IRPF de Cristóbal Montoro, capaz de dotar al impuesto de una progresividad (con el 52% como tipo máximo) a la que los socialistas ni siquiera aspiraron. Frente al “bajar impuestos es de izquierdas”, el centroderecha español venía en este punto a rebasar al PSOE en la materia sustancial, la de la igualdad económica.

La irrupción de Podemos continuó erosionando seriamente la posición de predominio representativo del PSOE. Sus propuestas de tono socialdemócrata, nada utópicas, demuestran que se pueden defender desde la izquierda realista posiciones bien diversas respecto a la fiscalidad, el TTIP o la regulación del trabajo. La situación de equipotencia actual, ambos con 5 millones de votos, muestra hasta qué punto su consueta credibilidad se ha visto mermada. Aun así, como por inercia, el PSOE continúa tirando de su tradicional ubicación privilegiada: ha denunciado como acto de arrogancia el que le monten gobiernos desde fuera, sin apreciar un adarme de soberbia en su intención de gobernar en solitario o sin Podemos; se lamenta de que por culpa de los morados no se haya podido desalojar ya a Rajoy, pero disculpa su pacto prioritario con la derecha neoliberal y neocentralista. De esta tendencia se derivan además clamorosas desproporciones: para algunos, diríase que un exabrupto o cuatro tics de prepotencia se hacen mucho más complicados de perdonar que, por ejemplo, secundar la última reforma penal del PP o su planeada y autoritaria Ley de Seguridad Nacional.

¿Le seguirá valiendo al PSOE la indulgencia de que se han beneficiado? En realidad, no se sabe. Las últimas elecciones recogen un retrato fijo de una sociedad en movimiento. Aún no se ha llegado al momento de la cristalización, entre otras cosas porque el desafío de reconstitución de la sociedad sigue abierto. No vale para este momento el marco analítico de la economía liberal: no se sabe qué demanda la población en su mayoría, porque, en realidad, acaso no lo sepa ni ella, pues experimenta un complejo y maleable proceso de reconfiguración política. Por eso la última táctica de Podemos de continuar agudizando las contradicciones del socialismo es arriesgada, pero nada se puede asegurar en rigor de sus resultados. Señalar con energía la distancia que media entre el derechismo del PSOE y su izquierda realista pone a prueba, desde luego, la lealtad de los votos socialistas prestados, pero también va consolidando una imagen del partido socialdemócrata entre los menores de 35 y los que habitan en territorios no andaluz ni extremeño que bien puede condenarle a un derrumbe sostenido.

Es ese, el asunto del territorio y la soberanía, donde se encuentra el último bastión del PSOE como opción de seguridad frente al supuesto aventurerismo de la izquierda. Pactar con Podemos supone abrir un horizonte de reformas serias en sentido confederal. No partir España, como los socialistas interesadamente sostienen con trazo grueso, pero sí poner fin al contencioso nacional dando oportunidad de recurrir al referéndum. Y esto implica reconocer sustantividad preestatal y nacional a determinados pueblos del Estado español. El PSOE, claramente empujado por su federación andaluza, ha optado por la solución centralista. Sabe que en la izquierda aún abundan quienes identifican nacionalismos con posiciones reaccionarias, y que, en general, son muchos los que, frente a las incertidumbres generadas por una puesta en cuestión de toda la organización nacional, prefieren optar por recentralizar el sistema, por más represión que ello comporte.

Deteriorada profundamente su imagen social, el PSOE se agarra con preferencia a su perfil territorial. Por eso lo esgrime como razón central para no pactar con Podemos, cosa que implicaría el apoyo o abstención de los independentistas. Sin embargo, en una sociedad en tránsito, con las poblaciones catalana y vasca cada vez más movilizadas en sentido confederal, nada asegura que este último bastión sobre el que se asienta la representatividad del PSOE continúe resistiendo. Entre otras cosas, porque para defender lo mismo, y sin titubeos, ya se tiene a Ciudadanos y hasta al Partido Popular.

PUBLICADO EN VIENTO SUR

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02 PM | 09 Mar

PODEMOS, ILUSION O ILUSIONISMO

podemosEl inspirador del programa económico de Podemos para una expansión fiscal de 96.000 millones, Nacho Álvarez, ha ofrecido explicaciones complementarias, corteses y que contribuyen al debate público (Las cuentas sí cuadran, EL PAÍS, 23 de febrero). Pero no despejan dudas muy severas (Las cuentas de Podemos no cuadran, EL PAÍS, 18 de febrero). Las agrandan. La factibilidad de ese enorme mayor gasto (e ingreso que lo financie) se fía a un ritmo de crecimiento del PIB “similar al que experimentó nuestra economía entre 2000 y 2008”.

El crecimiento medio de esos nueve ejercicios fue del 3,48%. Y todo el cálculo del plan se infiere de un crecimiento futuro del 5% anual hasta 2019. Veamos.

En su programa electoral y en el documento Un país para la gente, Podemos da por bueno (página 28) el cuadro macroeconómico del Gobierno hasta 2018, con alzas del PIB del 2,9% este año y el 3% en los dos siguientes.

Cifra a la que le añaden dos puntos anuales, por la aceleración que generaría el mayor gasto: “Esta política fiscal puede llevarnos a un incremento acumulado del PIB real del 6% en 2018 comparado con el Programa de Estabilidad (PE)”, según el estudio base de Álvarez/Jorge Uxó Is the end of fiscal austerity feasible in Spain? (UCLM, DT, 2016-2).

Analicemos el primer tramo, del 3%. Mantener ese crecimiento base proyectado por el PP, ¿es el escenario más probable, el más realista, el más optimista?

Esa previsión se plasmó en la actualización del PE aprobada por el Gobierno de Rajoy en abril de 2015, hace casi un año. Ahora algunos de los vientos exteriores de cola que impulsaban (e impulsan) el crecimiento español (petróleo y euro baratos, flexibilidad sobre la reducción del déficit en Bruselas) disminuyen su intensidad y pueden decaer mucho más.

Todo el cálculo del plan se infiere de un crecimiento futuro del 5% anual, hasta 2019

Así lo advierte la Autoridad Fiscal Independiente al enjuiciar el PE: “Estos riesgos se acentúan con el paso del tiempo y hacen que el escenario macroeconómico pueda ser menos expansivo de lo previsto por el Gobierno, particularmente en los años 2017-2018” (www.airef.es).

Y también la Comisión Europea: “Existen riesgos de sobreestimación de estas perspectivas de crecimiento, derivados especialmente del sector exterior (…) por una ralentización más pronunciada de lo previsto en algunas grandes economías emergentes”, Informe sobre España 2016, SWD, (2016) 78 final.

Además, reactivarse al 3% es menos que expandirse al 3,48% del pasado. Algunos estudios referenciales de Álvarez (Has austerity worked in Spain?, Rosnick y Weisbrot, CEPR, 2015) subrayan que aquellos ritmos de PIB y de empleo eran tributarios del efecto positivo del flujo inmigratorio y de la burbuja inmobiliaria. Pinchados ambos, ¿quién los sustituirá como tractor de la economía española? Hay ideas avispadas de este y otros partidos para cambiar el modelo productivo, pero requieren maduración y tiempo.

Un buen marco presupuestario jamás consiste en cuadrar las cuentas desde un abajo prefijado (el beneficio final deseado) hacia un arriba elástico (los ingresos): lo que queremos antes de lo que, paradoja, Podemos.

Con proyecciones superoptimistas —luego incumplibles— de ese género fracasó un plan (de intención inversa) como el primer rescate griego de 2010. Y, ojo al de Chipre de 2013, que presumía crecimientos futuros del 4,5% (como en —solo— los tres mejores ejercicios de la década 2000), cuando la isla no dispone ya de sus viejas ventajas comparativas: ni fiscalidad desleal (impuesto de sociedades al 10%), ni banca avezada a lavar el dinero negro ruso y de Oriente Próximo. Chipre crece por vez primera desde entonces: pero al 1,6% (en 2015)… y se da con un canto en los dientes.

La selección de las referencias más halagüeñas se repite para calcular el segundo tramo, el 2% anual de crecimiento adicional. Álvarez emplea los multiplicadores fiscales (impacto de cada punto de mayor o menor gasto en unidades de PIB) más favorables. Pero Las matemáticas no engañan (Conde-Ruiz y Rubio-Ramírez, EL PAÍS, 25 de febrero), pues esos multiplicadores pueden también provocar decrecimiento.

Algunos trabajos (Martínez/Zubiri, Papeles de economía española, 139) avalarían la hipótesis podémica. Otros (Hernández de Cos/Moral, Documentos de trabajo,1309, Banco de España) alertan de que, a diferencia de lo que ocurre con el alza del gasto en las recesiones (siempre acelera la economía), su efecto en el “incremento del PIB es más bajo o incluso negativo” en fases expansivas. Pero los de Podemos enfatizan los estudios más complacientes y minimizan los más agnósticos. Por eso, más que (sana) ilusión pueden generar (peligroso) ilusionismo.

xavier vidal folch

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