Opinión

09 PM | 24 Jul

HEMOS VIVIDO UN SUEÑO

Hace poco más de un decenio, el llamado milagro español nos exaltaba y provocaba la admiración del mundo entero. Nuestro presidente del Gobierno, el héroe de la reconquista del islote de Perejil y miembro del famoso trío de las Azores que emprendió la noble y fructuosa (¡cifras cantan!) cruzada de liberación de Irak y la neutralización de sus armas mortíferas, aseguraba a quien quisiera oírle que España se había zafado de la funesta influencia francesa y había recuperado la grandeza perdida desde la época del emperador Carlos V. Los hechos o, por mejor decir, la información de los hechos, le daban la razón. España era la octava potencia mundial en términos económicos, los mercados alentaban nuestro imparable crecimiento y la marca España no era solo, como hoy, la de Nadal, el Real y el Barça, sino la de todo un país que caminaba con paso firme y resuelto por la recta vía del progreso y de la prosperidad.

 Eran los tiempos del ladrillo y del crédito fácil, de la feliz llegada del euro, de la culminación gloriosa de una transición democrática que servía de modelo urbi et orbi, de proyectos y obras faraónicas y de dinero derramado a espuertas.

Pero los milagros —con excepción de los científicamente demostrables por cámaras ultrasensibles en Lourdes y Fátima, según su Santidad Benedicto— no existen y en 2008, tras la quiebra de Lehman Brothers, inesperada para los accionistas crédulos, pero no para sus directores ni para las hoy célebres agencias de notación, aquellos apresuraron a privatizar los beneficios de la venta de sus activos tóxicos en favor de los responsables de la bancarrota y a “socializar” las ingentes pérdidas a costa de los estafados. Después de una sarta de noticias funestas a los largo de 2009 y 2010, abrimos finalmente los ojos y, como dicen en Cuba, “caímos del altarito”. El sueño se había desvanecido y el despertar fue amargo.

 

Lo de un país rico pero pueblo pobre es una constante de nuestra historia. En la época imperial evocada por José María Aznar, el oro de las Indias recalaba en España. No obstante, lo que no era invertido en la construcción de palacios e iglesias y en gastos suntuarios pasaba directamente a manos de los negociantes y banqueros de Génova y Ámsterdam. A diferencia del pragmatismo luterano, calvinista o anglicano forjador del moderno capitalismo según señaló Werner Sombart, el catolicismo hispano acumulaba sin medida fincas rústicas y heredades inmobiliarias y rechazaba por razones de hidalguía el comercio y la fabricación de bienes útiles. España, pese a los esfuerzos de los ilustrados y regeneracionistas y las actividades productivas de los llamados indianos, se descolgó del progreso europeo y quedó rezagada en su furgón de cola. A fines de los cincuenta y comienzos de los sesenta del pasado siglo, la conjunción de la salida masiva de emigrantes a una Europa a la que política y económicamente aun no pertenecíamos, con la entrada igualmente masiva de turistas procedentes del todo el Viejo Continente, y la llegada al Gobierno de los ministros tecnócratas del Opus Dei, cambiaron las cosas. Estos últimos fueron nuestros calvinistas: desculpabilizaron al catolicismo de sus siempre ambiguas relaciones con el sistema de producción y espíritu de empresa del capitalismo, y asumieron el lema de “por el dinero hacia Dios”. Como previmos algunos en fecha tan temprana como 1964, el régimen franquista se desplomaría a la muerte del Caudillo no por la acción de una izquierda aferrada al recuerdo de su lucha heroica durante la Guerra civil, sino por la transformación de una sociedad que nada tenía que ver con la que se había alzado a poder por la fuerza de las armas 25 antes.

Estamos al cabo de un ciclo histórico y una crisis de civilización. Habrá que exigir responsabilidades

Los logros de la transición que acabó con el ciclo de revoluciones, guerras civiles y dictaduras de espadones están a la vista de todos y recibieron el aplauso unánime de una Unión Europea que no tardaría en acogernos con los brazos abiertos y favorecernos con sus fondos de ayuda para el desarrollo. Pero sus limitaciones no tardarían en manifestarse mientras los sueños de grandeza se nos subían a la cabeza. Hubo una transición política de “borrón y cuento nuevo”, pero no educativa ni cultural. Los hábitos mentales creados por la rutina y el temor a las ideas frescas pero desestabilizadoras de las verdades consagradas se perpetuaron. Los sucesivos gobiernos de las tres últimas décadas no tuvieron unos la voluntad y otros el valor de denunciar el Concordato, de abolir las exorbitantes partidas presupuestarias y privilegios fiscales eclesiásticos y de crear un Estado verdaderamente laico, liberándose así de las recurrentes presiones y chantajes de una jerarquía ideológicamente retrógrada. Convertidos ya en nuevos ricos, nuevos libres y nuevos europeos, nuestra clase política, surgida al socaire de la bonanza económica y de un optimismo sin mácula, fundó sus criterios de la gestión pública en el clientelismo con el aplauso de unos ciudadanos que, confortados por el acceso a un crédito fácil, asumieron que este era un pozo sin fondo. El paso de una pobreza real a una riqueza ficticia no se produjo gradualmente sino con una brusquedad que no permitió la creación de una cultura amortiguadora de tan vertiginosa mutación. De ser un país de emigrantes en busca del pan que no ganaban en casa nos convertimos en otro que acogía a millones de fugitivos de la pobreza oriundos de Iberoamérica, Magreb y África subsahariana.

El ejemplo más extremo pero sintomático de lo que ocurría en nuestras “enladrilladas” costas mediterráneas, lo hallé en El Ejido. El país misérrimo que visité hace poco más de medio siglo saltó de un brinco a ser uno de los municipios más ricos de Europa. En medio del mar refulgente del plástico de los invernaderos bajo el que se apiñaban en condiciones indignas millares de magrebíes y subsaharianos, la ciudad improvisada sin planificación alguna albergaba según un informe del Foro Cívico Europeo que cito de memoria, una cuarentena de agencias bancarias, ciento y pico prostíbulos y una librería a todas luces superflua a ojos de una comunidad para la que la educación era algo inútil de cara al logro y al manejo del dinero. ¿Quién iba a decir en 1997 que esta sociedad derrochadora y caciquil, fruto de la megalomanía de especuladores de toda laya a cargo de las Autonomías y Diputaciones —verdaderos reinos de Taifa— iba a convertirse de pronto en el nuevo “hombre enfermo de Europa”, como lo fue hace un siglo el imperio otomano?

Los ciudadanos no distinguen ya entre el partido que originó la ruina y el que la tapó

Al despilfarro y delirio de grandeza de la época de Aznar —el de la boda principesca en El Escorial, con un yernísimo que a diferencia del esposo de la infanta Cristina ha dejado misteriosamente de ser noticia— sucedió para alivio de muchos la llegada al poder de un joven y prometedor José Luis Rodríguez Zapatero. ¿Sabía este en marzo 2004 la envenenada herencia que recibía en manos? Quienes creíamos que no, dado su tenaz optimismo y negación obstinada de la crisis que se nos venía encima después de la quiebra fatídica de Lehman Brothers, nos equivocamos de medio a medio. Un reciente artículo de Francesc de Carreras (La razón moral del indignado, La Vanguardia, 29-5-2012) me puso sobre la pista del libro de Mariano Guindal, El declive de los dioses, cuya lectura aconsejo vivamente, en la que su autor entrevista a quien pronto sería ministro de Industria de Zapatero en vísperas de las elecciones de 2004, y en la que Miguel Sebastián declara: “Menos mal que no vamos a ganar porque la que viene sobre España es gorda […]Tenemos una burbuja inmobiliaria y es inevitable que estalle y cuando esto ocurra se lo va a llevar todo por delante incluyendo los bancos”. Si, como admite el entrevistado, Zapatero y su equipo no estaban preparados para empuñar el timón en la tempestad que se avecinaba, cabía esperar al menos que dieran a conocer la “tremenda” situación que heredaban. La culpa no era suya, y lo razonable hubiera sido coger el toro por los cuernos y afrontar con urgencia la previsible catástrofe.

Por desgracia no lo hicieron y al desmadre especulativo y saqueo del erario público sucedió su incomprensible ocultación. Todo iba bien, seguíamos en el mejor de los mundos, hasta el momento (abril 2011) en el que ya resultó imposible negar la vorágine en la que nos anegábamos y, con dicho reconocimiento tardío, Zapatero cavó su propia tumba.

Hoy, en el vertiginoso salto atrás a la pobreza, paro y ladronería bancaria, cuando los españoles vuelven a emigrar a Inglaterra, Norteamérica, Suiza o Alemania y másters en mano se ven obligados a asirse al empleo que sea en medio del naufragio; cuando liberados de la influencia francesa (¡ah, el sublime Aznar!) dependemos enteramente de la Dama de acero alemana y de las voraces agencias de notación; cuando los mineros de Asturias en huelga marchan a pie hasta Madrid y sacuden con sus justas reclamaciones los fundamentos éticos de un Estado presuntamente democrático, ¿que hacen Rajoy y su flamante Gobierno? Negar ya no la crisis sino el rescate hasta el último momento y presentar luego la capitulación como una victoria; aclarar que “donde digo digo, digo Diego”; sostener que si accedió a agarrarse al salvavidas fue cediendo a las súplicas de quienes se lo arrojaban; imponer los recortes brutales a la educación y asistencia sanitaria y dejar impunes a los causantes de la ruina y a quienes se aprovecharon desvergonzadamente de ella.

El rechazo casi general a la clase política e instituciones estatales, incluido el Poder judicial encarnado por el Dívar de los fines de semana marbellenses —por cierto, ¿por qué y por quién fue nombrado a tan alto cargo en tiempos de Zapatero?— traduce la perplejidad de unos ciudadanos que, desbordados por la magnitud de los problemas que les acucian, no distinguen ya entre los dos partidos políticos, el que originó la ruina y el que la tapó y, a falta de expresar su cólera a gritos, se refugian en la fatalista resignación. Estamos al cabo de un ciclo histórico y una crisis de civilización, y habrá que exigir responsabilidades como claman los indignados. Como se pregunta Josep Ramoneda en un reciente artículo en estas mismas páginas (Poco pan y peor circo, EL PAÍS, 14-6-12), “¿hasta cuando aguantarán los ciudadanos que nadie defienda sus intereses?”

Juan Goytisolo es escritor.

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08 PM | 28 Abr

VIGENCIA EN ROUSSEAU

                                                    

                                             Félix Alonso                                                 

 Un amigo del PSUC me regaló en Barcelona “Las confesiones” y desde entonces (demasiados años) ha sido uno de mis libros de cabecera. “Quiero mostrar a mis semejantes un hombre en toda la verdad de la naturaleza…” decía a los inicios delo libro, no he conocido a nadie capaz de hacer del  lector juez de los hechos de una vida. Ahora se está celebrando el trescientos aniversario de su nacimiento en diversas universidades y haciendo estudios sobre el peculiar ginebrino. El pasado día 10 invité a los amigos del colectivo a la conferencia que Rafael Fraguas impartía en el Ateneo de Madrid, que se ha sumado a las conmemoraciones, con el título sugerente de: “vigencia del pensamiento de Rousseau”.

  Además de ser uno de los personajes apasionantes que han modificado la historia del pensamiento y ha influido en pensadores tan importantes como Marx y Kant, me sorprendió Rafael, muy secundado por Juan Carlos Monedero, por situarle como precursor intelectual del conocido movimiento 15-M, y lo hizo poniendo en valor actual el concepto de “voluntad general” que utilizó Rousseau en su libro “el contrato social”, que fue decisivo para el fundamento de la idea de democracia. Cuando los jóvenes decían que los políticos no les representan (yo creo como Savater que nos representan demasiado) estaban reivindicando, quizás sin saberlo, ese concepto, que se resumiría en dar todo a favor de la comunidad y por consiguiente no perder la capacidad crítica de ser libres.

 El “colectivo Rousseau”, fue creado (hace quince años) con la pretensión de profundizar en la democracia y en los valores medioambientales, pensábamos que era necesaria una segunda Ilustración  cuando empezábamos a ver numerosos nubarrones neoliberales. Sabíamos del discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres, y el discurso sobre las artes que ganó el concurso en Dijon, y en eso nos hemos esforzado, manteniendo siempre propuestas culturales al margen de los mass-media y tratando de influir en la vida política cercana. Hemos tenido en este tiempo un éxito relativo, siempre confortable cuando algunos que nos critican utilizan el mismo lenguaje que el fundador de La Falange en el teatro de la Comedia presentó los puntos fundamentales de su doctrina: “Cuando en marzo de 1.792, un nombre nefasto, que se llamaba Juan Jacobo Rousseau, publicó el contrato social…” No hay nada mejor que el aullido para corroborar que hemos sacado buenas notas.

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06 PM | 23 Abr

Repsol: En petróleo, nadie es inocente.

 

Alejandro Brocato Cardoso

 

 

Así son las cosas en la vida. Los mismos que se prometían negocios eternos, hoy se persiguen a escopetazos y solicitan nuestra solidaridad  cual si se tratase de un divorcio o un partido de futbol de  selecciones de dos pueblos enfrentados por odios históricos y ocultos. Pues bien, tal vez la sabiduría es no participar en elegir uno de los dos bandos que hasta ayer manejaban con secreto y sigilo sus relaciones basados en una ecuación que pasa por tomar para provecho privado lo que debería haber permanecido como propiedad estatal.

Porque para entender un poco lo que esta ocurriendo con este petróleo sucio, hay que ir a lo foto del comienzo. En el año 1999, cuando Repsol compró el 97,5% de las acciones de la firma YPF, la Argentina se encontraba a dos años de la suspensión de pagos y el corralito. Siguiendo una política económica de recortes y constante renovación de una deuda que era a todas luces imposible de pagar. En esa marcha frenética  para seguir sosteniendo un tipo de cambio basado en la iniciativa privada, recordemos que la cantidad de moneda en esa economía era consecuencia de las entradas de inversiones y créditos del resto del mundo, había que ir firmando y vendiendo todo lo posible. Y entonces en un pais con petróleo, con una tradición de tener una empresa estatal dominante en ese sector, se pasa a que esa empresa  sea una empresa privada, pero que depende de las concesiones de terreno público para hacer sus extracciones de petróleo. Cuando Repsol compra ese marco de negocio, con el apoyo entusiasta de la actual presidenta de Argentina, en ese momento senadora, debería haber considerado que excepto Estados Unidos e Inglaterra, el resto de países productores de petroleo  tenían a las empresas estatales al frente de esa actividad. De hecho en Kuwait, después de una guerra se había vuelto a entronar una empresa al 100% estatal para esa actividad, y en la posterior guerra de Irak, también se acabo constituyendo una empresa 100% estatal.

 

¿Cómo expropiamos en España? Con todo el peso del derecho administrativo , y con la guardia civil. En los dos últimos dos años, se ha visto en la televisión como se expropiaba a un barrio de pescadores de Canarias, sus viviendas, para derribarlas . Viviendas hechas hace más de 60 años, en terreno público, viviendas humildes que la aplicación de la Ley de Costas definió  como prioritario echar a suelo. También hemos expropiado de esta forma para nuevas carreteras de la Comunidad de Valencia. Autopistas de peaje que hoy vemos que no podemos continuar, ni terminar ni pagar y que pasaran a engrosar el déficit público. En la España de la burbuja inmobiliaria se pago a precio de catastro al pequeño propietario, o sea dejando a esa gente quebradas económicamente y sin poder comprar algo similar a lo que habían perdido.

 

 

¿Fue un buen negocio para Repsol la compra de YPF?  En mi opinión lo fue y lo seguirá siendo. Por un lado porque aquel negocio permitió la diversificación actual y la continuidad de esta empresa. No sería hoy multinacional, si no hubiese pasado por ese paso. Si bien queda abierta la cuestión de si para España no hubiese sido mejor que esa empresa estatal, española, no hubiese seguido siendo estatal. Vamos a algunos números gruesos. La compra de YPF supuso en 1999 un desembolso de 15.169 millones de dólares (con un precio barril cercano a los 12 dólares, hoy el barril de Brent a 118 dólares). En grandes números por beneficios cobro unos 9.000 millones de dólares (descontado lo del grupo Petersen-Ezquenazi, que se comentará más adelante), unas ventas en bolsa, incluidas las recientes ventas del mes de febrero, por lo que se cobraron unos 6.500 millones, más un valor libros a fines de 2011 de unos 4.500 millones de dólares, que es el piso para recibir el 51% de ese valor, o sea unos 2.500 millones, más el valor del 5% o más que le quede del paquete accionario. Una cuestión de base, es totalmente legitimo, en empresas privadas,  el tener beneficios y estos expresan el grado en que se satisfacen las decisiones de compra en una sociedad.

 Si el Gobierno argentino hace lo correcto frente a un más que probable juicio  en CIADI del Banco Mundial (el único lugar de controversia legal posible) debería no discriminar en contra del accionariado de Repsol en la expropiación. Con lo cual, para no discriminar entre accionistas debería hacer una quita igual sobre las acciones del grupo Esquenazi. En este contexto, Repsol mantendría alrededor de un 30% del capital accionario.

 

¿ Se puede explicar el tema del  grupo Petersen-Esquenazi? Es la parte surrealista de los últimos años, y que justifica el título de este artículo. Me explico. Según estatutos de la compañía, que Repsol incluyo como salvaguarda contra participaciones hostiles, el que pasase de un 15% del paquete accionario, debería hacer una opción de compra por el 100% de la compañía. De común acuerdo .gobierno argentino-Repsol se le dio entrada en el capital al grupo argentino Petersen-Eskenazi.. En diciembre de 2007 ese grupocompró el 14,9%  y se aceptó que comprase otro 10% , sin dinero, a resultas de los beneficios distribuidos de los próximos años, de ese mismo 10%. Si, ha leído bien, una multinacional del petróleo permite que un tercero tenga el 10%, con un pago a futuro de los rendimientos de esa misma participación. Creo que a cualquiera de nosotros nos hubiera gustado llamarnos Peterson-Eskenazi. Repsol no debería haber permitido este acuerdo. ¿Es inconfesable el porque de dicho trato de favor, que muy probablemente suponga cierta colisión con los códigos de comercio, independientemente del contrato que le de sustento? En la práctica si hubo una contraprestación, que cada año se pudo distribuir totalmente el beneficio y en todos los casos se dispuso de las divisas necesarias para sus transferencias a España. ¿A quien le debe Petersen-Eskenazi ese favor por el 10% de la compañía?

 

¿Existe algún elemento objetivo de mala gestión de Repsol en este entuerto? En principio hay dos cuestiones técnicas a destacar, más una cuestión de política pura. La primera es muy simple, Repsol ha perforado menos que la otrora empresa del Estado. El promedio de esta, antes de la conversión en sociedad anónima en 1992 y entrada parcial del capital privado, se perforaban 101 pozos en total (incluyendo a otras empresas, no solo YPF, por año). Durante 1992 y 1999 el estado tenía participación y acción de oro, fue un total de  86 pozos por año. Los pozos, más tarde o más temprano se van secando, la solución es perforar en otros lugares, encontrar otra bolsa, y seguir extrayendo, en esto consiste el negocio de la extracción. Pues bien, el promedio de todos las compañías desde 1999  ha sido de unos 40, con el último año, de 2010, 18  pozos.

 El segundo elemento es de carácter financiero. De una empresa que tenía cero de deuda, se ha pasado una empresa que debe unos 9.000 millones de dólares. ¿Qué es un poco menos o un poco más? Tanto da. Veamos el razonamiento, que es lo que importa. Esta empresa ha tenido distribución de beneficios, si necesitaba activos financieros, léase dinero, para realizar sus operaciones, debería haber utilizado antes sus propio excedente.La política empresaria de distribución de dividendos también debe ser razonable con la imagen de capitalización de la propia empresa. Veamos ahora la posible defensa al endeudamiento y pago de intereses Hay dos respuestas, la primera es que puede ser que el marco de tipo de tributos, impuesto, permita deducir los intereses y gastos financieros, con lo cual el gasto queda en cero o cercano a este valor. Pero esa situación fiscal supone un estado tonto que privatiza con una serie de objetivos, entre el que se encuentra una mejor y mayor captación de impuestos y acto seguido permite que eso se escape por los artículos del código fiscal. La otra razón es del siguiente tipo, Repsol puede obtener resultados mayores en la inversión de su dinero que lo que le cuesta obtener financiamiento para YPF. Para seguir la explicación construyamos un  ejemplo hipotetico: se van a necesitar 500 millones para seguir con la actividad el próximo año. Y los beneficios a distribuir este cierre de año son de 750 millones. Una solución es capitalizar la empresa en 500 millones y solo distribuir entre todos los socios, de acuerdo a su participación, 250 millones. Pero Repsol ha hecho un descubrimiento en otro país, que se informa que por las características físicas del yacimiento, dará un rendimiento del 15% por dólar invertido. Dada la solvencia de YPF-Repsol obtiene un crédito en dólares al 5% sobre la plaza de Argentina. Con lo cual se distribuyen los 750 millones a los socios. Los teoremas financieros dirían que la situación patrimonial es la misma. Pero no es lo mismo deberle  a un tercero, que nos puede ejecutar, que a los propios socios como retribución por el capital social, que frente a una contingencia adversa, tendrán que aceptar beneficios menores, inclusive pérdidas por algún tiempo. Es su compromiso de largo plazo lo que expresa su capitalización cuando las  circunstancias lo demandan. Y se ve que no han respondido a este compromiso por la existencia de esta cantidad de  deuda. Alguien podría decir, “pero a efectos del pago por la expropiación es lo mismo, sobre los activos, descontamos   los pasivos y eso es lo que tiene derecho Repsol a cobrar ahora. Pero lo que es claro es que el próximo año habrá que hacer frente a un pago de intereses en una situación distinta que la actual. La de hoy la conocemos, ¿la del próximo año?  Que una cosa se pueda hacer legalmente no significa que esta bien hecho desde el punto de vista de la confianza recíproca y la opinión pública.

El aspecto de política es que el año pasado, año de elecciones en Argentina, Repsol produjo tanto menos, un 35%, y que en consecuencia se tuvo que incurrir en importaciones masivas y se alcanzó un resultado en la balanza energética, déficit, de unos menos 3.300 millones de dólares, que claramente redujo el superávit comercial. Esto fue dicho por la Presidenta Fernández en su discurso del día lunes 16, y no es un elemento menor para poder explicar la forma en que ha actuado el gobierno argentino, en cierta forma vengativa.

 

¿Existe algún elemento  objetivo de mala gestión por parte del Estado argentino en este entuerto? Destacan dos  sobre todos, uno de carácter técnico y otro de carácter también financiero. El de carácter técnico es el cambio vertiginoso en la relación entre el regulador y el regulado. Entre el Estado argentino y Repsol-YPF. A este cambio se le une la incongruencia de que el Estado argentino sigue confiando en cargos políticos que han fracasado en su gestión, como ejemplo máximo el Ministro de  Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios, Julio de Vido. ¿Qué  sentido tiene añadir a sus funciones la de nombrarlo como interventor a esta persona al frente de YPF?  Ante su mala gestión se lo premia con más cargos. ¿Para cuando un Estado basado en los méritos en Argentina?

El de carácter financiero es que todo el mundo incorpora un mayor riesgo en las operaciones con Argentina, y esto llevará a un encarecimiento en el crédito posible para ese país en todos los sectores. El posible beneficio, habrá que verlo,  de contar con más petróleo habrá que contrarrestarlo con el precio presente de la dificultad creciente para todos los sectores que exportan desde Argentina. Y no es un precio menor, con el tiempo iremos viendo su cantidad.

 

¿Y el papel de los medios de comunicación? Han sido negativos. Han ido calentando el ambiente de una forma irresponsable, ya que la noticia cuanto peor, más vende. Repsol es un gran anunciante y a los clientes se los protege. Queda por ver si esta defensa no acabará trayendo también perjuicios para las empresas de medios de España.

 

¿Los estados valen ahora más o menos? Antes de esta crisis grave entre Argentina y España cada uno de los estados y ellos mismos en conjunto tenían un valor en el mundo. Para cuestiones de política, economía, nuevas tecnologías, educación, etc. Esta pelea pública los debilita a cada uno y ,gane quien gane, ya han perdido. Y en este caso las formas son importantes, tanto  rechazo o  aceptación puede generar una larga presentación de una Presidenta o las palabras de algún Ministro español frente a las cámaras de televisión. Cuando lo hacen público, para transformarlo en política de bajo nivel, ambos estados están devaluándose frente al resto de estados en el mundo internacional.

 

¿Estos son los conatos de la vuelta del nacionalismo como forma política principal? El mundo lleva casi 5 años de crisis, grave en los casos de Argentina y España. En el primer caso, una inflación del 20% anual advierte de penurias y de un modelo que se esta saliendo de control. En el caso de España, una deuda y unas cifras de desempleo aterradoras. Nunca esta demás citar la frase del Doctor Johnson, que el patriotismo es el último refugio de los canallas. Cuando no sabemos que hacer en política, como mejorar la situación de los ciudadanos, para los mediocres siempre viene bien un poco de música militar y una soflama incendiaria. Esto fue lo que ocurrió en la crisis de los años 30, hubo una discusión sobre que hacer, hubo mayor gasto público, Keynes público su obra magna en 1936, en contrario sensu hubo una vuelta al control del gasto, hubo una recaída y finalmente se salió de la depresión por el incremento del gasto militar y la consiguiente guerra.

Por último, un comentario sobre nacionalismo y negocios. En el primer gobierno del General Perón se nacionalizaron (1948)  los ferrocarriles que eran una concesión principalmente a empresas inglesas. Se tuvo que pagar una cuantiosa indemnización. Un proceso gradual de reversión hubiera sido menos oneroso. desde el punto de vista económico. Una forma fácil de hacer dinero es llegar a juicios contra el Estado. Que se sepa, Perón murió rico. Esperemos que el conflicto con Repsol no suponga una re-edición de lo citado precedentemente.

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