07 PM | 20 Ene

LO OCULTO

                                                                                                                                                             FELAS

Lo primero que sabemos de Andrei Zvyaginstev es que en su cine hay una relación espiritual en que las emociones no deben someterse a las palabras, y si somos capaces de encontrar analogías entre el cuerpo tumbado del padre cuando llega a su casa después de doce años de ausencia y el Cristo de Mantegna, la película nos muestra inmediatamente su dimensión “tarkoskiana” sobre la naturaleza humana, donde la admiración,el recelo,la valentía, la dignidad, el deseo y la desconfianza se ponen en primer plano, fotografiando paisajes gélidos y desérticos en tonos frios,conseguidos por el director de fotografía Mikhail Kritchman,quien nos cuenta en una entrevista al recibir el premio en Venecia que aprendió los secretos de la misma leyendo el American Cinematographer,la revista de la sociedad americana de directores de fotografía. Pero,a nuestro juicio no sólo eso, pues es indudable que el director de nombre impronunciable ha tomado como referencia,» La Infancia de Iván», en el momento que los niños encuentran un pez en un barreño del barco,» El Espejo» en las imágenes del bosque al finalizar la película, y la isla como la zona de» Stalker», la presencia constante del agua…Sin embargo,y a pesar de algunas críticas no veo a Sokurov por ningún lado.
El potente guión está realizado por los mismos de la película «Quemados por el So»l, y el ritmo dramático es conseguido a la perfección, con una interpretación excelente de los niños a los que se les nota su paso por una escuela de Teatro. La ausencia del padre en la vida de los hijos tiene, en la inmensa mayoría de los casos, repercusiones negativas que se manifiestan en diferentes planos del ajuste adaptativo de los niños, no sería ese el único planteamiento de la película, pero está claro que el tema de la ausencia mantiene una presencia constante, hasta en la caja encontrada que simbolizaría lo oculto, lo que no está

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11 AM | 17 Ene

FELICIDAD

 

Hoy es el día de San Antón, y como mi abuela Jacinta decía: ”hasta san Antón pascuas son”, pues vaya nuestra felicitación navideña a todos. Se celebró San Félix y como ya es tradicional comimos los Félix de los escoriales, me vendieron papeletas para el gorrino, y como no, también para San Sebastián, éstas con un viaje a Roma que  compré con el compromiso de  que si me tocaba no sería obligatorio ir a visitar al Papa .No les vi muy condescendientes con  la broma, así son los de mi pueblo.

El comienzo de las fiestas lo dediqué a comprobar si a Jordi (hijo mayor) le emocionaría el Cyrano de Bergerac, y allí que nos fuimos, a ver a Pere Arquillé dirigido por Oriol Broggi, salió contento, y yo también.

Y mientras en el Ponpidou francés estaban poniendo las correspondencias entre Mekas y José Luis Guerín  aquí, en nuestra sala Juan Negrín, hacíamos lo propio con un ciclo de cine experimental con otros autores. Jonas  Mekas está ahora mismo en el Serpentine Garelly de Londres y en el Britis Film Institute. Mekas, nos ha mostrado a lo largo de su ya larga trayectoria que sólo hace falta una vieja Bolex para hacernos felices.» sin saber, inconscientemente, cada uno de nosotros llevamos en nuestro interior, en algún lugar profundo, algunas imágenes del paraiso» y Mekas sabía que su paraiso estaba lleno de nieve. Si en algo se obstinó, fue en mostrar que el cine podía consistir únicamente en eso: en la felicidad de estar junto a, con o al lado de nuestros amigos.Y el viernes lo pretendemos en la sala Juan Negrín. Os confieso un secreto, siempre quise tener una Bolex.

 

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04 PM | 16 Ene

SIN FILOSOFIA

                                                                                                         FERNANDO SAVATER

El asturiano José Gaos fue catedrático de Filosofía y socialista. Ocupaba el rectorado de la Universidad de Madrid (el más joven en el puesto, 36 años) cuando tuvo que exilarse a México a causa de la Guerra Civil. En la UNAM ejerció un largo y hondo magisterio, de cuya fecundidad son prueba tantos discípulos ilustres. Murió de un ataque al corazón mientras presidía un tribunal de doctorado, un destino lleno de dignidad académica, pero cuya perspectiva tratamos de evitar quienes nos jubilamos anticipadamente… A mediados del pasado siglo mantuvo un seminario con varios de sus mejores alumnos, ya emancipados en gran parte de su tutela (Ricardo Guerra, Emilio Uranga, Luis Villoro y mi añorado Alejandro Rossi), sobre una cuestión muy orteguiana: la vocación filosófica. ¿Qué es lo que lleva a alguien a dedicarse profesionalmente a la investigación y la docencia de la filosofía?

Los planteamientos iniciales del seminario (Gaos ligaba esa vocación a tendencias individuales como el afán de goce sensual o estético, la soberbia pasión intelectual de dominar, el erotismo del saber), las rebeldes e irónicas respuestas de los discípulos que se atrevían a dejar de serlo, las contrarréplicas cruzadas entre estos y las admoniciones defensivas del contestado maestro a todos ellos constituyen una suerte de psicodrama de alto nivel ahora al alcance de los lectores, ya que Fondo de Cultura Económica acaba de publicar las actas del seminario (Filosofía y vocación). En esas pocas páginas se encierra, para quienes saben leerlas o comparten su inquietud inicial, el insoluble desafío de pensar más allá de lo que conocemos y de tratar de enseñar lo inenseñable. La aventura que nos hace humanos para unos, o simple pérdida de tiempo para los que reclaman que todo sea manejable y brinde netos beneficios.

 

Resulta evidente que el nuevo plan de estudios de Bachillerato va a decantarse por la segunda opción. Montaigne dijo que “la filosofía tiene discursos para la infancia tanto como para la vejez” (la idea proviene de Epicuro), pero el Ministerio prefiere que se queden sin ella tanto unos como otros. La historia de la filosofía desaparece y la filosofía misma queda como una opción diluida entre otras muchas (tampoco la literatura sale mucho mejor parada). Se pretende reforzar las asignaturas instrumentales —lo que está bien—, pero a costa de guillotinar las que sirven para reflexionar sobre los fines que pretendemos alcanzar con tales herramientas. A quien pregunte por ellos se le remitirá a las cotizaciones de la Bolsa o en general a la eficacia, entendida como maña para obedecer a la necesidad. La ausencia o minimización de la filosofía permitirá luego ir prescindiendo del resto de las humanidades, porque sin ella el arte o la historia quedarán como estrategias político-publicitarias que pronto serás sustituidas por mecanismos menos engorrosos. Mientras avance la tecnología, nadie lamentará el retroceso del pensamiento, esa jaculatoria de nostálgicos…

El vacío de sentido dejado por la filosofía lo llenarán a paletadas clericales (aquí “paletadas” viene de paleto, no de pala) las iglesias y los nacionalismos. Su enemigo común es el laicismo, que defiende a los pensantes frente a los creyentes: unos lo verán como guerra a la religión, y otros, como guerra a la identidad cultural. La enseñanza volverá a su cauce teológico e identitario, apoyándose unas veces en unos partidos y otras en los opuestos. Nos forzarán a abjurar de la democracia laica tanto las derechas hechizadas por la Iglesia como la izquierda idiotizada por los nacionalismos. Aunque eso sí, como Dios aprieta pero no ahoga, tanto unos como otros procurarán mantener abierta la vía de acceso al supermercado. A su entrada, con el carrito de la compra, nos pertrecharán de unos cuantos dogmas anestesiantes. ¡Habrá que aprender a resignarse… aunque no podamos tomárnoslo con filosofía, porque eso es precisamente lo que ya no habrá!

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10 PM | 13 Ene

EN BUSCA DEL PADRE AUSENTE

            En busca del padre ausente

                                                                                                                                                                              Julio Rodríguez Chico

  Galardonada con el León de Oro en la pasada Mostra de Venecia y con el Premio del Jurado en el de Gijón, este debut del ruso An-drey Zvyagintsev viene a incidir en la necesidad de conocer al pa-dre, y en su necesaria presencia junto a la madre en la educación de los hijos para el armónico desarrollo de su personalidad. Para ello, Zvyagintsev sigue la estela de Tarkovski y Sokurov, con una estética que busca capturar el tiempo y adentrarse en el alma de sus protagonistas.

  Andrey e Ivan son dos hermanos adolescentes que ven cómo un día re-gresa un padre para ellos conocido sólo por las fotografías. Su reacción es dispar, y mientras que en el prime-ro surge un sentimiento de admira-ción, en el más pequeño nace el rece-lo y la desconfianza. Es una vuelta a casa llena de misterio y enigmas, co-mo lo es su pasado y los motivos que le mueven a llevar a sus hijos de ex-cursión durante varios días. Asistimos a las difíciles relaciones entre un pa-dre autoritario y unos hijos que inician un viaje de maduración, que pasa ne-cesariamente por el conocimiento de quién es su padre o por la su-peración de unos temores y juegos infantiles. Este viaje es una au-téntica odisea de siete días, contada al hilo de un diario, el mismo que llevan los dos hermanos en su excursión de pesca. Presen-ciamos el drama interior de un padre que entiende la educación al estilo militar, que busca hacer madurar a sus hijos con una salida que se convierte en auténtica jornada de supervivencia; tiene buen corazón, pero sus formas son autoritarias y enigmáticas, y arras-tran a la admiración pero no al cariño. El drama de los hijos, espe-cialmente el de Ivan –bajo cuya mirada contemplamos toda la his-toria–, no es menor y se inicia con un juego en el que se pone a prueba la valentía y el orgullo entre los amigos, y que a la postre resultará decisivo. Al desencuentro entre padre e hijos se le puede añadir otra interpretación más política y sociológica, de manera que nos hablaría de las dificultades de una Rusia poscomunista para abrirse camino tras una cultura y formación basada en las ideas de fuerza e imposición desde el poder.

 

  Cine, como el de Tarkovski, que invita a la reflexión, a responder a multitud de preguntas e incógnitas. Son las que Ivan se formula y dirige a su padre, deseoso de conocer sus intenciones y los moti-vos que le mueven en su actuar. Y cine de imágenes llenas de poesía, que penetra en el interior de sus personajes para dejar ver la soledad y la desolación que albergan, captados con maestría por una fotografía que recoge unos paisajes gélidos y desiertos, y por un sonido que resalta el valor de los silencios. A esta calidad formal hay que añadir una estructura narrativa bien construida que sabe mantener los tempos adecuados y una intriga desasosegante, además de unas interpretaciones que trasmiten toda el drama y el misterio que la historia encierra.

  Película sobre el tantas veces trata-do tema de la ausencia del padre, pero a la que el director ruso imprime un aire dramático y lleno de vida que estremece al espectador. No es una película al uso, sino una introspección en lo más interior e intemporal del hombre, al que lleva a pensar y a la vez a gozar de unas existencias tris-tes que buscan conocer su identidad para recorrer con seguridad el camino de la vida. Intencionadamente oscura y críptica en su interpretación, busca la complicidad de la inteligencia del espectador hasta convertirlo en coautor de la historia: nada es nítido porque su director entiende el cine “como una relación espiritual en que las emociones no deben someterse a las palabras”. No es, por tanto, una película de palo-mitas sino de ideas y sentimientos que sobrecogerán al espectador hasta hacerle pensar y sentirse vivo interiormente.

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09 PM | 13 Ene

LA MENTIRA

                                                                                            MIQUEL
 Notable realización de Claude Chabrol, que se estrena el 22-I-1969 (Francia). Corresponde a su tercera época, la que para muchos es la mejor del cineasta. Desarrolla un agudo análisis psicológico de los personajes principales y de su evolución en el marco de un relato de intriga y tensión que los coloca en situaciones límite. Compone un soberbio fresco en el que se ponen de manifiesto las características que singularizan la burguesía francesa de la segunda mitad de los años sesenta. La visión actual del film se beneficia del valor de testimonio de una época y de unos personajes del pasado que en su momento eran tan reales como la vida misma.

La narración se desgrana con parsimonia, atención al detalle y el apoyo de elementos que aportan indicaciones y sugerencias basadas en analogías, simbolismos y paralelismos, como el problema que plantea al chico y a la familia la resolución del rompecabezas de cartón. El gusto por el sobrentendido, la elipsis y la sugerencia, alcanza su máxima expresión en una escena magistral, en la que Chabrol no explica lo que está ocurriendo, sólo lo da a entender mediante silencios, gestos contenidos, miradas desde la distancia y sobrentendidos que ha de componer el espectador en unos pocos instantes. En nuestra opinión, ésta es la secuencia culminante de la obra y una de las mejores escenas creadas por el realizador.

La acción transcurre en escenarios exteriores de Paris, Neuilly y Versalles, y en escenarios interiores. Los primeros inundan la escena de luz, color, monumentos, jardines, fenómenos atmosféricos (tormentas, lluvia …) y espacios abiertos, por los que siente predilección. Los segundos se presentan construidos con abundancia de elementos que reflejan o glosan el estilo de vida, los valores y las aspiraciones de la burguesía francesa de los años 60. Los temas ampulosos, eróticos, mitológicos y barrocos de las cuadros de la residencia de Versalles hablan de la artificiosidad, vanidad y convencionalismos de los personajes que lo ocupan. De igual modo, la acotación de la figura de la Libertad, de Delacroix, que preside la estancia principal del apartamento de Neuilly-sur-Seine habla de ruptura de lo convencional, de emergencia de nuevos valores para una nueva época, de superación de antiguos y caducos prejuicios.
 

Chabrol aprovecha la ocasión para dejar constancia de su afición a la música clásica, su gusto por la música moderna instrumental (jazz), su apego a la buena mesa, su preferencia por la combinación en la mesa de vino tinto y vino blanco, sus conocimientos de cocina (crepes flambeados) y de su cinefilia. Aconseja al espectador la película “Doctor Zhivago” (1965), de David Lean, y le recuerda que todavía puede gozar de su último trabajo, “Las ciervas” (The Bitches). No faltan los trazos irónicos y mordaces con los que mira la moda de la minifalda de Brigitte. Retoma el tono jocoso y burlesco siempre que se refiere a la mentira y al embrollo.

 

El film capta la atención del público y la mantiene sobre ascuas a lo largo de un desarrollo complejo, pero asequible y convincente, en el que lo más importante es la transformación que se opera en el interior de los personajes. Por lo demás, la obra constituye un buen ejemplo del valor que para Chabrol tienen las figuras de estilo y las formas de contar las cosas.

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