“There is a crack in everything, that’s how the light gets in” (Leonard Cohen)
Para Rita Segato, contra el juicio y la cicuta
Alguien, o algo, dice «es así», y satura la situación.
Lo que hay, lo que existe, se cierra en una especie de cuadrado -o cuadrilátero, de boxeo- donde lo posible está acotado, donde sólo cabe decir sí o no, bajar la cabeza o polarizar desde otro «es así».
Saturar es llenar u ocupar una cosa hasta el límite de su capacidad.
La película de Elem Klimov, el autor de Masacre, sobrecogedor viaje al horror nazi, nos muestra en «Agonía» el personaje de Rasputín sobre el telón de fondo de los últimos años del zarismo, interpretado por Aleksei Petrenko, el general en “El Barbero de Siberia”. El monje loco, que creció de manera salvaje cerca del rio Tura en Siberia, pasó de ladrón de ganado a confidente de la zarina después de pasar por la secta de los Khlysty,a la fe por el dolor y si es a base de orgias mejor. Rasputín llega a la corte, por mediación de un Santón, para salvar la vida del heredero del Zar que es enfermo de hemofilia, si no es salvado el hijo, la especulación sobre el heredero se ponía en marcha, el éxito del “flagelante” por mediación de la hipnosis es palmario para todos y a partir de ese momento la corrupción se instala en la corte de los Romanov. Klimov nos muestra a un personaje tosco, grosero, con una mirada penetrante, en una clara desmitificación del personaje creado a partir de la biografía interesada de su hija María. El Zar es presentado por Klimov como una persona tímida y de carácter poco propicio que esta al albur de las manipulaciones de su mujer. La película que podemos definir de carácter histórico nos muestra a un Zar recuperado del pánico de 1.905 que pretendió perfilarse como autócrata de todas las Rusias. La destrucción de estereotipos es siempre un proceso dramático. Hubo gente que se opuso a la película y otra que la defendió. Inicialmente, vencieron los primeros. Luego la situación ha cambiado», añadía Klimov en una reciente entrevista.
La historia de la caída de los Romanov está superpuesta con imágenes reales de la pobreza del campesinado, de la desigual distribución de la tierra, con escenas vibrantes de una marcha de campesinos, obreros y en general gentes del pueblo, descontentos por sus condiciones de vida. Exigiendo mejoras y el establecimiento de un programa de reformas políticas que al menos suavizara el régimen autocrático.se les ve llegar al Palacio, la familia imperial ausente, permaneciendo en el mando el príncipe Sviatpolsk Mirski, que recibe instrucciones por teléfono con un regimiento de infantería de la guardia y un escuadrón de cosacos de la guardia. Ordena abrir fuego y cargar contra la muchedumbre. Con el triste final de más de un centenar de muertos.
Sorprendentes escenas de los lesionados en la guerra que son repuestos como muñecos con nuevas piernas ortopédicas. Una buena lección de historia con elementos surrealistas, y un misticismo que hace estragos al lado del poder.
De todas formas, qué sería Gran Bretaña sin sus fantasmas, Italia sin sus adoradores del diablo, Alemania sin sus duendes, Estados Unidos sin sus conspiraciones OVNI sus predicadores, España sin sus apariciones marianas, sin sus masones…
Greta Thunberg se ve cercada por las firmas e industrias que causaron los problemas medioambientales que ella denuncia
Por Rafael Fraguas*.- /Diciembre 2019
Millones de personas se han mostrado conmovidas al ver a una preadolescente con trenzas, Greta Thunberg, agitar las conciencias sobre la degradación incesante de las condiciones medioambientales en las que se desenvuelve la vida en el Planeta. Misión admirable, desde luego, sobre la que no cabría objeción alguna. Su actitud de denuncia está presidida por una intencionalidad que llama al compromiso. ¿De quién? De todas y todos. ¿Para qué? Para mitigar el deterioro inducido por los seres humanos contra la Naturaleza, que se manifiesta en la degradación medioambiental y en una mutación climática descontrolada.
Hoy día 4 de diciembre se cumplen diez años del fallecimiento de Jordi Solé Tura. Fue mi profesor de derecho político en la Universidad de Barcelona, y ya tuve ocasión de recordarlo en la desaparecida sala Juan Negrín, cuando un grupo de amigos de izquierdas nos reuníamos cada tarde de los viernes en torno al cine. En aquella ocasión proyectamos el documental “Bucarest, la memoria perdida” realizado por su hijo Albert. Con el título de memorias perdidas realicé un comentario en la página de crítica de cine filmaffinity: “Además de las sugerencias que hace Albert Solé en los extras, al terminar de ver el excelente documental yo he recordado el nombre de dos autores que con ideas complementarias llenarían la memoria de muchos de nuestros amigos que han dado lo mejor de sus vidas para vivir en un mundo mejor. Por un lado, Adam Schaff que en su libro sobre su biografía hace balance de su generación, dando un tratamiento justo y merecido a los comunistas nobles y honrados que entregaron sus vidas a la causa del socialismo. En una declaración, al modo de Rousseau en sus confesiones, nos convence de que su lucha no fue inútil. José Martínez Cobos, en un reciente libro titulado «Recuerdos Fraternales», nos relata con verdadera precisión la España del exilio, vivida en primera persona desde los cinco años cuando en compañía de sus padres tuvo que marcharse a Toulouse. Conocer la vida de los republicanos socialistas, las vicisitudes de la UGT, los congresos del PSOE en la clandestinidad, hasta su esperada alegría en el Hotel Palace el año 82, es lo que nos cuenta José Martínez con una prosa brillante. Dos historias personales que nos deberían de poner en la pista para recuperar muchas memorias perdidas y que tenemos la obligación de recuperar.”