Crítica Cinematográfica

05 PM | 14 Nov

LA INTERNACIONAL DE LA BONDAD

 

                                 FELAS

 

Para los roussonianos es una oportunidad para el disfrute temporal .Monumento al arte proscrito, la película fue secuestrada, no pudiéndose estrenar hasta el festival de cine de Berlín del año 1.988, sufriendo el director infinidad de vicisitudes hasta que le llegó la expulsión del partido comunista. La “Comisaria” es por encima de todo una película de amor, que tiene su máximo esplendor cuando Efin, interpretado por Rolan Bikov el bufón de Andrei Rublev, lava los pies a su esposa y la dice: “María te amo”. María tiene miedo, y participa del romance fílmico que nos sirve para reflexionar sobre la maldad de la guerra y la violencia, además de ser un verdadero progromo a los hebreos, las imágenes del linchamiento a la familia, y los niños convertidos en fierecillas, son mejores que diez artículos sobre el holocausto. Manifiesto de humanismo y tolerancia, cargado de emociones, el amor está por encima de la violencia de la guerra.
Imágenes memorables son los caballos trotando con la montura puesta sin jinetes, el paso a cámara lenta de la niña en el columpio, el ejército llegando al pueblo, la cámara siguiendo el dulce dormir de los niños, el parto del que son partícipes todos los espectadores, la búsqueda de una religión para el recién nacido, las manos que bailan a modo de títeres…Una gran interpretación de Nona Mordioukova, en el papel de la comisaría, actriz que fue dirigida por Mikhalkov en Los parientes. La peripecia humana que plantea” La comisaria” está perfectamente integrada en un contexto político e histórico determinado, la guerra civil rusa, transmitiendo una emoción épica y lírica como consecuencia de imágenes que claramente podemos calificar de virtuosas.

 

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08 PM | 08 Nov

JOSEFA EN LES MORTIGUES

 

                                    FELAS

Película precursora del neorrealismo italiano, “TONI” transmite la vida auténtica de los emigrantes  no sólo a través de las imágenes, también con el sonido, el de las canciones populares y el  tren a tiempo real acercándose a la estación de Les Mortigues. Un tren que llega con maletas cargadas de ilusiones al comienzo y que repite su presencia al final, ésta vez con el plano del protagonista sobre las vías.

 Josefa, interpretada por Celia Montalván, de la que no hemos encontrado referencias, habla un francés correcto, y ese sería uno de los puntos flacos de la película, Renoir lo resuelve introduciendo algunas palabras en castellano, pero no es suficiente, hubiera ganado realismo, además de actores no profesionales, un francés propio de quien lleva poco tiempo en Francia.

 Hay una escena omitida por los productores: los dos cargan a Albert  hasta el bosque ocultando en la carreta de la lavandería (recordando la primera escena amorosa) y son acompañados a lo largo del camino por un alegre cortejo fúnebre con los trabajadores cantando. Renoir quería mostrar el irónico contrapunto entre música y drama.

Josefa perturba a Toni y los dos son víctimas tanto de su condición social como de su deseo, y a pesar de algunos defectos, sin duda producto del momento, Renoir siempre nos sorprende. En su libro “Mi vida y mi cine” publicado por Akal dice refiriéndose a “TONI”:

”Rodada con medios escasos, marcó la consumación de mis sueños de realismo intransigente. Veía en ella la perfecta derrota del mosquetero y de los héroes del melodrama. ¡Cómo me equivocaba! Creyendo rodar una lamentable aventura extraída de la vida cotidiana, relataba, casi a pesar mía, una desgarradora y patética historia de amor”.

 

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05 PM | 26 Oct

Las películas de nuestra vida (4)

                                              SERVADAC
El cine se entreteje misteriosamente con los hilos que gobiernan nuestras vidas.

Yo tenía una novia y nuestra relación estaba agonizando. Fuimos a ver una película de José Luis Cuerda: La marrana. Con semejante título la cosa no podía acabar bien. Al salir del cine, dimos por concluida, para siempre, nuestra afinidad. Y cada uno por su lado

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Al cabo de unos meses, me presentaron a la madre de mis hijos. Quedamos para ver Las mejores intenciones, de Bille August, discípulo de Bergman.

Ingmar Bergman no quiso rodar la vida de sus propios padres. Redactó el guión y se hizo a un lado. Con gesto sobrio –la procesión iba por dentro– cedió la dirección a Bille August. El alumno supo merecer la confianza del maestro.

Minicine o microcine o cine infinitesimal. Butacas rojas y sala diminuta. Ahí estábamos los dos mirando la pantalla, mirándonos al bies, como si la proyección se hiciera en varios planos: interno y exterior. Mientras los padres de Ingmar Bergman se daban puñaladas, yo buscaba alguna frase de película que me ayudara a declararme.

– ¿Quieres pasar el resto de tus días a mi lado?
– No.

Después de tanto tiempo, aún seguimos juntos.

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O sea que acabé con La marrana… y comencé con Las mejores intenciones.

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05 PM | 08 Mar

AFRONTAR LA DESGRACIA

 

 

 

La película empieza cuando la cámara entra en una casa y se mueve nerviosa por sus habitaciones y patios. Busca, husmea, con algo animal en el afán; indaga de dónde salen unas voces, quiénes emiten esas voces.
Primero el sonido, luego un reflejo en una ventana, luego ellos: los hermanos gemelos, ese día en que a uno de ellos le da por correr, y al otro por seguirle pegado. Y, de pronto, el que va delante desaparece, a la vuelta de una esquina, en una calleja, como si se hubiera desintegrado.
Desaparecido, esfumado.

No se volverá sobre esa desgracia traumatizante, y cuando unos policías se presenten para comentar sus investigaciones no se les verá. Fuera del cuadro, sólo se oirán sus voces, procedentes de otra habitación.

Los años pasan y en la familia no parecen reaccionar. El dolor se adivina pero tiene contorno impreciso. La sensibilidad oriental late de otra forma, con otro pulso. Permanecen quietos, relativamente impasibles. Es la cámara la que se mueve sin cesar, en todo momento nerviosa.

El hermano superviviente dibuja a su prima, la lleva en bici por el laberinto de calles estrechas entre las casas bajas y los patios ajardinados de la barriada donde viven.
La madre se prepara para el nacimiento de un nuevo hijo. El padre se entrega a la organización de un festival de danza y afirmación vital, una oportunidad para el brillo.

El hermano superviviente vuelve una y otra vez a la esquina de la desaparición, la esquina de las caléndulas. No consigue entender lo ocurrido. Pinta en un lienzo al desaparecido.

Con grandes ideogramas, el padre representa las nociones de ‘Oscuridad’ y ‘Luz’. Cultiva flores en silencio y se esfuerza en aceptar las cosas como son; en continuar embarcado en la vida, que sigue su curso.

Con sensibilidad muy apartada del apasionado desgarro occidental, “Shara” insiste en señalar que cuando llega una desgracia terrible el dolor no se puede evitar, pero el sufrimiento sí.
La íntima dificultad de ese proceso de evitación es lo que relata.

 

 

 

 

 

 

 

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04 PM | 07 Abr

OLGA NEUWIRTH

  

  

  

  

  

  El interés de Olga Neuwirth por el cine puede rastrearse en numerosas piezas de su ya bien utrido catálogo. De hecho la compositora compaginó en San Francisco estudios de música, pintura y teoría cinematográfica cuando, a mediados de los ochenta, no tenía aún demasiado claro el camino que tomaría su creatividad.

Así, desde Sans Soleil. Miroir déformant -dedicada al realizador Chris Marker- o ¡?dialogues suffisants!?-Hommage a Hitchcock, de los noventa ambas, a la más reciente Lost Highway, ópera basada en la película de David Lynch, la autora no ha dejado de manifestar su fascinación por la imagen cinematográfica, por el montaje, técnica a la que recurre constantemente la música de esta amante de los elementos sonoros más heteróclitos, o incluso por el slapstick, cuyo humor absurdo y acción hiperacelerada comparecen en unas obras llenas de sucesos y situaciones sonoras de cierto carácter grotesco. Pero Neuwirth no se ha limitado a utilizar la imagen como simple inspiración de sus trabajos musicales, sino que ha compuesto también lo que podrían llamarse “bandas sonoras” para diversos trabajos audiovisuales, algunos de los cuales ha dirigido ella misma. Este conjunto de obras es el que recoge Music for Films, doble DVD que ayuda a comprender mejor la concepción multidisciplinar de su proyecto artístico y sonoro.
La propuesta más extensa y una de las más interesantes es The Long Rain (2000), con realización videográfica de Michael Kreisl a partir de una idea de Neuwirth. Inspirada en un relato de Bradbury, la acción muestra a una tripulación espacial perdida en un lluvioso planeta, lo que da ocasión al realizador de adoptar un tratamiento casi documental -aún partiendo en tres la pantalla para multiplicar los puntos de vista- y a la compositora de describir obsesivos estados anímicos y un variado catálogo de impresiones sensoriales. Lo consigue mediante precisas sonoridades electrónicas en convivencia con densas, repetitivas y expansivas constelaciones sonoras, en cuyo interior un espléndido Klangforun Wien dirigido por Peter Rudel se mueve con detallado colorido instrumental. La sincronía y el desencuentro entre la imagen y el sonido es también el tema de No More Secrets No More Lies (2005), de Dominique Gonzales-Foerster según una idea de Neuwirth, donde melodías de aire pop con referencias a Die Dreigroschenoper de Kurt Weill se establecen como correlato independiente para la presencia de la cantante Georgette Dee recortada contra un onírico mar.
En Disenchanted Time (2005) Neuwirth se desdobla como realizadora proponiendo un juego de ralentización y aceleración a partir de imágenes cotidianas de París: utilizando fragmentos de Paris qui dort de René Clair y efectos videográficos muy sencillos (bucles, paradas de imagen) la creadora consigue un retrato enigmático de espacios urbanos bien conocidos, una impresión de extrañamiento intensificada por la fuerza de los tratamientos electrónicos y de una serie de obsesivos loops. La reflexión sobre la dimensión temporal está también en el centro de Mirando Multiplo (2007), donde vemos la notación en tiempo real de una partitura, en realidad un cristal tras el que trabaja frenéticamente una mano que evoca en parte el modo de trabajo de El misterio Picasso de Henri-Georges Clouzot. La música se despliega aquí a manera de masas estáticas y flujos en lento desarrollo, al igual que en Durch Luft und Meer (2007), vídeo de carácter hipnótico grabado en el mar Ártico que transcurre en sintonía con unas sonoridades cristalinas como el hielo (elemento que tanto gusta a la compositora como metáfora de la gelidez de algunas relaciones humanas), salidas en parte de su ópera Bählamms Fest.
Habria todavía más piezas para reseñar, como Canon of Funny Phases o The Calligrapher, interesantes trabajos de animación, y en especial Symphonie Diagonale, joya del cine abstracto que filmó en 1924 V.H. Eggeling y a la que Neuwirth ha dotado de lúdica y puntillista banda sonora.

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