La película formalmente sin reproche, invita a reflexiones filosóficas y psicológicas por un lado; y a sociales y políticas por otro, sobre las razones y causas sociales del fascismo y sobre sus efectos en la pisocología individual. Y aquí, se abre un debate sobre las condiciones estructurales de injusticia social para que emerja, que algún alumno estableció como un requisito, entre otros, para la autocracia en la película; y, por otro, si las masas lo desean en un momento de la historia, en un escenario espacial y temporal concreto, en relación biunívoca entre las 2 hipótesis.
Ayer viernes la tertulia sobre la inquietante peli que vimos, tuvo varias derivadas, por un lado los que no vieron que el experimento podía dar como consecuencia el “fascismo”, y luego los análisis del concepto de masas y psicoanalíticos. Recupero algunos apuntes que tomé de la obra que se representó con el mismo título en el Valle Inclán, en los tiempos en que podíamos ir con toda tranquilidad al teatro.
Cuando alguien se sienta ante un televisor de pantalla plana propio del siglo XXI, y contempla las películas de Leni Riefentstahl sobre el Nazismo (por ejemplo, los documentales “El triunfo de la voluntad” y “Olympia“); la pregunta que suele asaltar la mente del tecnológico espectador suele ser: ¿cómo es posible que miles de personas estuvieran tan alienadas por las palabras y acciones de Hitler?
Hasta esta semana, en materia de cine, yo no conocía más hermanos que los Cohen, los Taviani y, por supuesto, los Hermanos Marx. Gracias a Félix, ahora también conozco a unos belgas, los Dardenne, de los que lamento no haber tenido noticia antes. Félix, no sé cómo te las arreglas pero siempre tengo algo que agradecerte.
El debate semanal del Colectivo puso sobre el tapete, a instancias de las siempre estimulantes palabras de Eugenio, la inquietante duda de si la película, tras de una fachada crítica, o conmiserativa, no escondería un verdadero mensaje conservador, amparado en la carencia de propuestas alternativas éticamente aceptables.