Fue leyendo Marienbad eléctrico de Enrique Vila-Matas como descubrí un libro de Alain Robbe-Grillet, Por qué me gusta Barthes. Un libro que Vila-Matas adora por su rareza, esa rareza que consiste en explicar por qué se admira a otro: frente a los que prefieren increpar o despreciar las obras de sus colegas. En el prefacio Olivier Corpet cuenta que Robbe-Grillet distinguía entre relaciones <<turbias, sospechosas>> y <<relaciones de novelista a novelista>> o <<relaciones amorosas>>. Imagino que esa relación entre Robbe-Grillet y Barthes que tanto adora Vila-Matas la habrá asociado con su relación con Dominique Gonzalez-Foerster.
Esta película es la primera del cine sonoro francés. René Clair fue capaz de tender un puente bastante sólido al cine hablado en Francia no sólo con Bajo los techos de París, sino también con las dos películas que la continuaron y que conforman con ella una trilogía musical: El millón (Le Million, 1931) y Viva la libertad (À nous la liberté, 1931).
La sencilla trama de Bajo del techos de París combina géneros tan populares como el melodrama, el romance, la comedia de situación y el policíaco, mezcla que convirtió a Bajo los techos de París en uno de los hitos del cine francés y consiguió un gran éxito de taquilla.
En los años 30, bajo los tejados del París, en las buhardillas, viven los bohemios, los pobres, los artistas y los extranjeros. Entre ellos está Albert, un cantante callejero que se ha enamorado de Pola, una inmigrante polaca a la que también persigue Fred, jefe de una banda de gángsters. Albert y Pola viven juntos hasta que a Albert lo encarcelan por un robo que no ha cometido. Louis, su mejor amigo, se hará cargo entonces de la chica.