La caída de los Dioses (1969) es una película dirigida por Luchino Visconti y que se centra en uno de los episodios más oscuros de la Alemania del siglo XX, la subida del poder de los nazis y la destrucción definitiva de la República de Weimar. La película es uno de los grandes clásicos del director italiano y a día de hoy sigue impactando por su inteligencia y provocación a partes iguales.
Crítica de ‘La caída de los Dioses’
Título: La caída de los dioses
Título original: La caduta degli Dei
Reparto: Dirk Bogarde (Friedrich Bruckmann) Ingrid Thulin (Baronesa Sophie Von Essenbeck) Helmut Griem (Aschenbach) Helmut Berger (Martin Von Essenbeck) Renaud Verley (Günther Von Essenbeck) Umberto Orsini (Herbert Thallman) Reinhard Kolldehoff (Barón Konstantin Von Essenbeck) Albrecht Schönhals (Baron Joachim Von Essenbeck) Florinda Bolkan (Olga) Nora Ricci (Institutriz) Charlotte Rampling (Elisabeth Thallman) Irina Vanka (Lisa Keller) Karin Mittendorf (Thilde Thallman) Valentina Ricci (Erika Thalman)
Año 1860. En Italia se respiran vientos de cambio. A la lucha del país por conseguir su unificación se une el movimiento de lucha social liderado por Garibaldi. La bandera de la República Italiana se encuentra perfilándose. Con este paisaje de fondo, el Antiguo Régimen observa cómo un poder ejercido durante siglos se viene abajo. Esta nueva era no supone solamente el fin de su soberanía, sino que además simboliza la caída de unos valores, de una cultura… en fin, de un modo de ver las cosas. Una etapa se cierra ante otra nueva que todavía está conformándose.
Giuseppe Tomasi di Lampedusa, hijo de príncipes italianos, escribió la que sería su única novela entre 1954 y 1957. El autor llevó una vida como noble (tenía los títulos de ‘príncipe de Lampedusa’ y ‘duque de Palma di Montechiaro’) que debió inspirarle a la hora de describir a los personajes protagonistas de su obra. Lampedusa se reconocía como hombre solitario, más acostumbrado a vivir entre las cosas que entre las personas. Su reclusión le llevó a la lectura y al estudio, cultivando su pasión por la literatura. ‘El gatopardo’ vió la luz póstumamente, en 1958. Llegó a manos de Giorgio Basanni, quien la publicó en la editorial Feltrinelli. Un año después recibió elPremio Strega, máximo galardón de la literatura italiana, llegando a publicarse hasta cincuenta ediciones y convirtiéndose en un auténtico best-seller.
Giuseppe Tomasi di Lampedusa
‘Visconti compartía con Lampedusa sus orígenes nobles y su bagaje cultural. Además, se había formado en el teatro, y esto le ayudó en gran parte a concebir las puestas en escena tan grandilocuentes de sus films más conocidos’
En su última película, Luchino Visconti no se reprime en la representación gráfica y simbólica de la que fuera una de las constantes en su trayectoria como cineasta, la paulatina decadencia de la aristocracia y la definitiva desaparición del antiguo orden social al que él mismo pertenecía. A partir de una novela de Gabriele D’Annunzio, Visconti se introduce por última vez en ese fastuoso universo de oropeles, riquezas y rígidas normas sociales, y también de hipocresías, traiciones y fracasos, de grandes teatros, de lujosos palacios, de bailes de gala y suntuosas cenas de etiqueta desde la lúcida, escéptica y desesperada perspectiva de quien es consciente de que se trata de un mundo en descomposición, de una muerte anunciada. En ese estertor de clase, lo común es, sin embargo, mirar hacia otro lado, negar la evidencia, revolverse, sobreactuar, agarrarse con uñas y dientes a una concepción mental y moral de la vida que hace aguas por todas partes, que se diluye en la nada del tiempo perdido, y, así, los personajes luchan, sufren, estallan, agonizan, mueren, y en no pocas ocasiones arrastran consigo el cadáver (social o literal) de más de un inocente. Tullio Hermil (Giancarlo Giannini) disfruta espléndida y libremente de los privilegios de clase de ese universo fabricado a la medida de hombres como él: sobradamente mantenido por sus rentas, sus negocios y la herencia de la familia, se entrega sin límite a sus tres pasiones, la lectura, la esgrima y el cuerpo de su hermosa amante, Teresa Raffo (Jennifer O’Neill). Al igual que Tullio, Teresa Raffo se zambulle a diario en las prebendas de clase, aunque, dado su estado permanente de coqueteo y devaneos amorosos, incluso con hombres casados de su entorno, realmente no sea tenida como una dama «de clase» por sus semejantes. La pagana de esta situación es Giuliana (Laura Antonelli), la esposa de Tullio, prisionera de un matrimonio sin amor a cuya infelicidad va unido el escarnio público debido al conocimiento por todos de las relaciones entre Tullio y Teresa. Es eso, la publicidad, lo que le hace sufrir, puesto que el acuerdo privado que mantiene con Tullio les da carta blanca a ambos para hacer vidas personales y, sobre todo, sentimentales, por separado, más allá de las debidas apariencias sociales, en el caso de Tullio, ampliamente contestadas. Sin embargo, la libertad de Tullio y la cárcel de Giuliana son estados pasajeros; no tardan en acontecer hechos que invierten esta situación, de manera que Tullio se ve cada vez más atrapado en la red de dependencias, mentiras, obligaciones y servidumbres que a su vez le impone su clase, mientras que Giuliana encuentra en el escritor Filippo D’Arborio (Marc Porel) la vía para acogerse a la vida libre y satisfactoria que Tullio ha llevado durante años a sus expensas.
Intérpretes: Alain Delon (Rocco Parondi), Renato Salvatori (Simone Parondi), Annie Girardot (Nadia), Katina Paxinou (Rosaria Parondi), Max Cartier (Ciro Parondi), Alessandra Panaro (Prometida de Ciro), Spiros Focas (Vincenzo Parondi), Rocco Vidolazzi (Luca Parondi), Claudia Cardinale (Ginetta), Corrado Pani (Ivo), Roger Hanin (Morini), Paolo Stoppa (Cerri).
Rosaria Parondi llega con cuatro de sus hijos, Rocco, Simone, Ciro y Luca a Milán desde su Lucania natal, cargados con todas sus pertenencias, ya de noche, extrañándose de que no esté allí para esperarlos Vincenzo, el hijo mayor.
Cargados con todo, suben al autobús, mirando maravillados la ciudad, y llamando especialmente su atención la luminosidad de los escaparates.
VIncenzo
En el momento de la llegada de su familia a Milán, él está celebrando la fiesta de compromiso con Ginetta, su novia, en casa de los Llanelli, los padres de esta, afirmando Vincenzo que no tiene ningún deseo de volver a su tierra y que quiere formar su familia allí con Ginetta, la cual afirma que se las arreglarán ellos solos sin la ayuda de la familia.
Y mientras brindan por la relación, los Parondi llaman a la puerta, siendo recibidos con gran alegría por todos, y especialmente por Ginetta, feliz de conocer a la familia de su novio, aunque Rosaria se da cuenta de inmediato de que su hijo no lleva ya el luto por su padre, excusándose él porque están de fiesta por su próxima boda, estando feliz de que llegara su madre a tiempo para darles su bendición, aunque lo que se encuentra es el reproche de esta que le pregunta si es ya tan rico como para poder casarse cuando tiene a toda su familia a sus espaldas.
Tenía ganas de compartir con mis compañeros del club de cine “Confidencias” de Luchino Visconti, una de mis películas más queridas. Desde que la vi por vez primera me ha acompañado –han pasado casi cuatro décadas, y ha llovido, ya lo creo que ha llovido, doy fe de que me han caído unos cuantos chaparrones-. Siempre que vuelvo a contemplarla me sorprende tanto como aquella primera vez y me refrenda en las bases de muchas de mis creencias sociales, y ratifica mi amor enorme por Visconti con quien no me relacioné en persona -como es natural- pero sí tuve el lujo de conocerle por su obra imperecedera.
No sabía cómo iba a funcionar el film, porque el paso del tiempo podría haberle afectado alejándolo del espectador, pero la respuesta fue brillantísima, sentí un orgullo enorme por cada una de las frases con las que me sorprendieron mis nuevos compañeros y la delicadeza y cuidado con que supieron acoger la película, sazonándola incluso y enriqueciéndola con aportaciones técnicas, nuevos enfoques y miradas que añadieron más luz a la luz.
“Confidencias” es una película especial que vino envuelta en la turbulencia del tiempo en el que fue filmada y se salió de la pantalla para trascenderse por todo lo que acontecía en Italia en ese momento, y por lo que le estaba ocurriendo a su vez al propio Visconti.
El largometraje se estrenó en 1974, Italia vivía sobresaltada por los terribles atentados terroristas infligidos en su mapa. El terrorismo no tiene signo, es terrorismo puro y duro sin más, pero para que se entienda mejor os diré que en teoría los crímenes provinieron de ambos extremos: por un lado de Ordine Nuovo, una organización neofascista, -también se habló en aquel tiempo de la implicación de la liga anticomunista-, y por otro de las Brigadas Rojas. En 1970 ya hubo un intento de golpe de estado, Junio Valerio Borghese, oficial de marina condecorado, fundó la organización de extrema derecha Fronte Nazionale y tras la fallida tentativa se refugió en España.