11 PM | 12 Jul

EL DESPRECIO DE LOS CIUDADANOS

 

 

 Emma Riverola

 

Tengo la sospecha de que estamos peor que ayer, pero infinitamente mejor que mañana. (El presidente) ha empezado a inspirarme ternura (…) sobre todo cuando le veo tan peligrosamente desorientado».

Estas palabras parecen dictadas por la situación actual, pero fueron publicadas el 23 de agosto de 1993 en este mismo diario. El nombre del presidente era Felipe González. El autor del artículo, Manuel Vázquez Montalbán. Y el título, Depresión. En 1993, el PSOE había vuelto a ganar las elecciones, pero había perdido la mayoría absoluta. El país sufría una grave crisis económica. La tasa de paro llegó a encaramarse hasta un dramático 24%. El caso GAL mellaba las entrañas democráticas del Estado y Luis Roldán se revelaba como uno de los mayores sinvergüenzas de la historia de este país.

El Felipe González de entonces tenía poco que ver con el joven entusiasta y brillante que había ganado las elecciones 11 años antes. Tampoco se asemejaba al actual patricio que considera a las democracias de hoy marcadas por la mediocridad y lo mediático. O que lanza frases tan poco favorecedoras al Gobierno como «rectificar es de sabios, y de necios hacerlo a diario». Olvidándose, quizás, de su propia y antigua desorientación.

 

Entonces y ahora, la crisis económica actúa como una demoledora apisonadora de la imagen pública de los políticos. Pero, a pesar de las dramáticas semejanzas entre 1993 y este más difícil 2010, la fractura entre la clase política y los ciudadanos nunca había sido tan profunda como ahora. La crítica a la talla de los líderes se impone, pero resulta interesante continuar revisando las hojas pasadas del calendario y tratar de encontrar más razones para este distanciamiento.

Durante los últimos años, el marketing se ha impuesto en el mundo de la política. Al líder se le ha otorgado el rango de producto. Los ciudadanos nos hemos convertido en codiciados consumidores y nuestros votos, en devaluada moneda de cambio. El debate ideológico ha quedado arrinconado por la verborrea de un agente comercial salpicada de frívolas promesas publicitarias o de pueriles amenazas sobre la llegada del lobo. La política se ha banalizado y las encuestas deciden los cambios en el diseño de las etiquetas. Pero un voto debería tener mayor trascendencia que elegir una lata de tomate en un lineal del supermercado, especialmente si no se desea sufrir el mismo final que la lata cuando el comprador la da por agotada.

En una sociedad marcada por las leyes del consumo y adormilada por años de bienestar, el ciudadano se siente cada vez menos responsable de todo. Su tolerancia al riesgo se ha tornado ínfima y cree poder exigir a papá Estado la solución inmediata de todos sus problemas. Pero el espejismo se hace añicos ante la crisis y la sombra de la estafa planea sobre la clase política. Yo te di mi voto, yo te compré, ¿por qué no arreglas todo esto? Una mala compra, piensa el elector, otro trasto inútil, y busca en vano las condiciones de devolución en la letra pequeña de su voto.

Y cuando las ventas bajan, ya se sabe, entran en juego las ofertas dos por uno y las promociones agresivas. O, lo que es igual, la indefinición en el discurso para tratar de atraer al mayor número de votantes y la guerra sin cuartel a la oposición. Una dura contienda sin remilgos en la que no se duda en traicionar la propia coherencia si eso desgasta al contrario. El mensaje se simplifica. O conmigo, o contra mí. Se huye de los puntos de encuentro y las opiniones discrepantes se consideran un ataque. La tolerancia no cotiza en este mercado de valores y la sociedad oscila peligrosamente hacia la indiferencia o la intransigencia.

El pensamiento crítico se está convirtiendo en una rara avis y los medios de comunicación no siempre son ajenos a la falta de racionalismo. A veces, por la excesiva carga de opinión entreverada con la información. A veces, por convertir su espacio en el escaparate de los productos políticos, erigiéndose en altavoz de las acusaciones, declaraciones o intoxicaciones. Eslóganes más eslóganes. Es incuestionable el valor del periodismo en la denuncia de los abusos del poder. Pero ya es más discutible el papel de juez que algunos medios se han otorgado, condenando sin rubor a los políticos del color contrario a su línea de opinión. Juicio sin derecho a la defensa y cuyo único fallo es la devaluación de la política. El desprecio de los ciudadanos.

La abstención crece a ritmo vertiginoso para vergüenza del espíritu democrático y no se observan en el mercado fórmulas mágicas capaces de invertir la tendencia. Parece urgente establecer nuevos puentes de diálogo entre ciudadanos y políticos, fomentar plataformas de pensamiento, donde las discrepancias sean acogidas como una fuente de enriquecimiento y los esfuerzos se destinen a la construcción de mejores modelos de relación y organización. Espacios alejados del marketing y sustentados en un compromiso mutuo de respeto a la verdad y la honestidad. Suena a utopía. Y eso es lo terrible. Porque si dejamos de creer en nuestra capacidad de transformación y mejora, renunciamos a ejercer el poder. La elección es nuestra: ciudadano o consumidor.

 

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09 PM | 13 Jun

SHURA, Je t’aime

 

 El viernes de la semana pasada descubrimos otra película muy interesante de otro ruso !joder con los rusos! Kalatazov nos pareció fantástico en «cuando pasan las cigueñas»  que luego nos llevó a «Soy cuba», el comentario a la película «la balada de un soldado» me ha salido así:

Los que tuvimos la suerte de viajar en trenes de vapor, conocer chicas con coletas y faldas de cuadros, no tenemos otra alternativa que saltar a la pantalla, como hizo , Woody Allen, y dar un beso a Shura. Imaginemos, nos subimos a un vagón lleno de gente y en un claro, como haciendo abstracción de lo que nos rodea, con el humo de la máquina de vapor dando un tono melancólico, un fundido de arboles con nubes, y así sin más, nos mira nuestra chica, con los pelos hacia la cara movidos por el viento, y se nos brinda el plano de una boca, del mismo color que conseguíamos con las fotos en blanco y negro tratadas con hidroquinona.” Cuando le dije que no tenía a nadie le declaré mi amor”, dice sola en el andén, mientras que Aliocha Skvortsov , está enmarcado, en la ventana del tren que le conduce a su objetivo, recordando sus imágenes más bellas.

Excepto Borau, que hizo una película sin música, normalmente, cuando se quiere resaltar la emoción de una escena, la música adquiere los sonidos más potentes. Pues bien, Grigori Tchoukhrai, nos emociona cuando la madre corriendo entre las espigas de heno va en busca de su hijo con la música de Mikhail Zive, y de pronto ésta se para, sólo se oyen los sollozos y unos pitidos de fondo del camión que tiene prisa en regresar. Uno salta de la silla, si además hay un encuadre en el que el horizonte se pierde por esos caminos que nos recuerdan a Tarkovski. Gran actor el que hace de soldado cojo en el primer recorrido de nuestro héroe, película antibelicista a nuestro juicio.” El timbre no funciona, hay que golpear”, dice el niño que está haciendo burbujas de jabón. Lástima de talentos perdidos por la falta de libertad.

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03 PM | 17 May

Billy Budd

 

Tengo una localidad en las Ventas del tendido 3 bajo a la que accedo habitualmente por la escalera del tendido 3 alto, ya que la misma se encuentra  a escasos metros de esa entrada, pues bien, ayer el portero me hizo dar la vuelta.Sentado en la localidad me reprocharon que estaba ocupando un espacio que no me correspondia.Al llegar a casa, enciendo el ordenador y recibo un correo en el que poco menos que me quieren tirar a la hoguera por llamar díscolos a los que no obedecen… me cambian la llave del cine club. Yo ya no se si llevaré el mismo camino que el marinero Billy Budd de la novela de Herman Melville.

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03 PM | 08 May

«LA TERMITA ADULARIS»

 

 

Las termitas constituyen un gran grupo dentro del orden de los isópteros y están por, prácticamente, todo el mundo. Por desgracia, resulta muy frecuente la noticia de que en tal o cual pueblo hay un ataque de termitas y varias casas antiguas con vigas de madera corren serio peligro de derrumbamiento. Cuando no son casas, pueden ser retablos, imágenes, estatuas o muebles de considerable valor histórico y artístico. Hace ya varias décadas, por ejemplo, el monasterio de nuestro pueblo corrió serio peligro por el ataque de los xilófagos. En las organizaciones vivas con materia gris, es susceptible un  ataque  tanto de carácter biológico (termitas, carcomas, pudriciones, etc.), como de carácter atmosférico (radiaciones solares, lluvias, etc.).Es necesario por ello, protegerse  contra estos agentes, si se quiere conservar sana la organización ,aplicando, en cada caso ,el tratamiento específico que se requiera. La termita más peligrosa es la del tipo “adularis”, ésta puede introducirse con mucha facilidad en aquellos elementos con una materia enfocada al conformismo, la complacencia,  la inacción, y  la incompetencia, y desde allí, alimentados en una simbiosis extraña ,  lanzarse en picado contra “maderos” de prestigio pero denostados por su gran capacidad de aguante. La empresa  FELAX  ofrece en el campo de los tratamientos químicos de la madera, una experiencia avalada por los innumerables trabajos realizados exclusivamente por sus propios equipos técnicos; garantizando, por ello, una eficacia y seguridad total en los resultados, tanto en tratamientos preventivos aplicados a madera sana, como en tratamientos curativos en madera ya atacada, pero debido a la crisis necesita una Unión Temporal de Empresas para acabar con la “termita adularis”.

 

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