07 PM | 10 Ene

MY BUEBERRY NIGHTS

Con un reparto de lujo, ‘My Blueberry Nights’ (2007) se centra en el personaje de Elizabeth (Norah Jones), una mujer que tras una ruptura sentimental, decide viajar por los Estados Unidos, trabajando como camarera, encontrándose en el camino con otras historias de amor, tan tristes o más que la suya.

 

 

Teniendo en cuenta la carrera del señor Wong Kar-Wai, y tras ver el trailer de la película, nadie puede (o nadie debería) sorprenderse de lo que ocurre en estas noches de (tarta de) arándanos. El cineasta ha rodado en Estados Unidos lo que ya había rodado en su tierra. Un bellísimo y triste drama romántico. Lo que ha hecho siempre. Lo que le interesa.

‘My Blueberry Nights’ es, de este modo, muy similar a ‘Days of Being Wild’ o ‘Deseando Amar’ o ‘2046’ o ese corto que hizo Kar-Wai para BMW, tan recomendable como cualquier película suya; la más atípica es ‘Ashes of Time’ (curiosamente, la única inédita en DVD en nuestro país), pero sólo por incluir algo de arte marciales. Básicamente, y para entendernos, nos encontramos, otra vez, con una delicia para los sentidos, una historia cuya profundidad la ponen los hermosos encuadres, los maravillosos temas musicales y las cuidadas poses de los actores, puestos ahí para componer una obra de tanta belleza como escasa trama.

 

Aquí no hay sitio para diálogos complejos ni giros argumentales sorprendentes; no en vano, el director ha revelado alguna vez que rueda sin guión (no al menos uno cerrado). Las palabras apenas tienen importancia, acompañan las imágenes, interesando más la forma que el contenido de las mismas; las trata como canciones que no es necesario entender. Y en cuanto a las historias, en cuanto empiezan ya sabemos cómo acabará todo. La idea es disfrutar contemplando una obra de arte sobre cómo las personas adoramos sufrir y hacernos daños jugando con el amor. No es de extrañar que en el festival de Cannes etiquetaran la película más o menos como de caramelo vacío. El discurso de Kar-Wai está acabado ya para la gran mayoría, es más que comprensible.

Por tanto, la principal novedad de esta obra, casi la única, junto a la (de nuevo en un film suyo) majestuosa banda sonora, que cambia los boleros por el jazz, es que el reparto está integrado por rostros occidentales. Así, nos encontramos con un reparto muy llamativo encabezado por Jude Law, Natalie Portman, Rachel Weisz, David Strathairn y la cantante Norah Jones, cuyo personaje sirve de nexo de unión de las cinco historias de amor (o desamor, más bien) que integran la película.

De ellas, la más floja es la que rodea al personaje de Portman, que encarna a una poco creíble jugadora de póker con problemas para relacionarse con su padre; además, el personaje de Jones está puesto ahí con calzador, gracias a un intercambio poco verosímil. La historia más lograda, por el contrario, es la que protagonizan Strathairn y Weisz; el actor está magnífico, especialmente en un par de momentos muy emotivos, y la actriz nunca ha estado tan impresionante como aquí, en todos los sentidos. En cuanto a Law y Jones, correctos, en su sitio; el primero parece que imita a Takeshi Kaneshiro en ‘Chungking Express’, y la segunda, en su debut en el cine, cumple sin problemas en los pocos momentos en los que tiene que actuar.

Podría decirse, por consiguiente, que ‘My Blueberry Nights’ es una preciosa repetición de la misma película que lleva rodando Wong Kar-Wai durante todos estos años. De esta forma, es una oferta ineludible para los que disfrutaron plenamente de las anteriores obras del cineasta (o para los que aún no vieron ninguna, que algunos habrá) y, posiblemente, una aburrida forma de pasar el tiempo para el resto.

Por supuesto, un servidor lo pasó en grande con esta película, y está escuchando la banda sonora por enésima vez, en este mismo momento. Wong Kar-Wai no realiza cine convencional, sino un cine que es como una droga, de imágenes tan poderosas que, si te atrapa, no abandonará tu cabeza durante mucho tiempo.

 

 

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05 PM | 26 Dic

PARTIENDO DE LA BASE DE QUE TODO ES MENTIRA

 

 

  En estas fiestas, después de una comida familiar Irene se empeñó en contestar los mensajes que me iban llegando. Después de dar vueltas a algunos textos elegimos uno de Javier Salvago que utilicé hace unos años para contestar un informe que me pedían con urgencia. El poema completo es el siguiente, ya que en el teléfono no cabía el mensaje de texto entero. Aquí lo reproduzco:

 PARTIENDO  de la base

 De que todo es mentira,

De que el mundo y sus pompas son un fraude

y una trampa la vida.

 

Partiendo de la base de que todo

Es mucho más mezquino y más pequeño

De lo que calculamos

a través de a lupa de los sueños…

 

Me abrazo a lo que hay,

Otro día, y procuro

Seguir viviendo. Como si no viera

Que cada vez se extiende más el humo.

  

 

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08 PM | 20 Dic

MEAR FUERA DEL TARRO

 

Vemos que Leo Bassi ha inaugurado en Tabacalera un Belén inspirado en la Palestina de 2010, no me imagino algo tan creativo en mi pueblo, aquí seguimos con los mismos esquemas, a mi me cansa, pero reconozco que hay gente en Madrid que me pregunta. Sigo pensando que hay otras alternativas.

  Me encanta que en la crítica de Film socialisme, Javier Ocaña utilice una cita de Godard que he aprovechado  con reiteración estos días, y también me encanta que El País venda éste domingo el documental: “El Abogado del Terror”. Lo  pusimos en la sala Juan Negrín hace más de un año. Me quito de encima la losa de ser “minoritario”

  En El Escorial inauguran un nuevo monumento a “La Virgen”,estaban casi todos, desde los dos alcaldes hasta los representantes de las cofradías y muchos vecinos. He mantenido sobre este tema algunos debates manteniendo  la postura de que la religión no es algo que entra en el ámbito de lo privado. Releo a Gómez Llorente y me dice lo siguiente: “El laicismo sabe que la libertad religiosa no concierne sólo al ámbito de lo íntimo de la creencia, sino también a la exteriorización, tanto individual como colectiva, lo cual otorga una dimensión pública, una presencia pública al hecho religioso (…) las religiones gozan del mismo derecho que las demás convicciones a un unos usos razonables del espacio público”

   Me cruzo por la calle con un amigo y me pregunta: ¿Félix, que ha pasado, por qué te han echado del partido? Y además me dijo el autor de la hazaña. Me salió una respuesta espontánea: meo fuera del tarro.

 

 

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11 PM | 12 Dic

Análisis de la psicología del fascismo

 

                       DAVILOCHI

En primer lugar hay que empezar por decir que ésta es una obra maestra visual, con un genial fotografía de Vittorio Storaro que usó un gran colorido y un vestuario fiel a los años 30, con un movimiento de cámara muy fluído y ángulos casi imposibles. De hecho el estilo empleado por Bertolucci sintetiza el expresionismo con la estética fascista más clásica. Simplemente hace falta ver los primeros planos en los que Marcello Clerici, el protagonista, aparece en los inmensos espacios (neoclasicismo fascista) de un edificio gubernamental. He aquí un claro ejemplo de la megalomanía del fascismo que trata de imponer al Estado sobre cada uno de los aspectos de la vida de los individuos, de hacer sentir su poder sobre éstos (de hecho son espacios gigantescos y fríos, casi podríamos decir que deshumanizadores): se trata de reducir la voluntad del individuo hasta confundirla con la de la masa dirigida por el Estado. En este sentido la película está muy lograda. De hecho, cuando van a ver al padre al manicomio este, antiguo camisa negra afirma: «Si no toma el Estado la imagen del individuo cómo va a tomar el individuo la imagen del Estado».

Al principio del film, mientras Marcello acuerda su ingreso en la policía secreta, podemos ver a su amigo Italo (su nombre refleja claramente la identificación de su figura con la del pueblo italiano) el cual está dando una locución de radio en la que legitima la alianza germano-italiana. No está de más decir que Italo es ciego, lo cual constituye una alegoría de la ceguera voluntaria o inducida en que se vio sumida la sociedad italiana durante veinte largos años de dictadura fascista. El discurso trata de sustentar el carácter revolucionario del fascismo: antidemocrático y antiparlamentario, sin embargo conforme avance la película este mito irá siendo desmontado.

De hecho, el alto cargo de la policía secreta que habla con Marcello lo deja claro cuando dice que «Sólo unos pocos creen en el fascismo. Unos nos apoyan por miedo y otros por dinero». En primer lugar vemos como la coerción se convierte en el principal medio a través del cual cohesionar la sociedad y, en segundo lugar, la importancia de los apoyos para ascender en la sociedad (dinero, contactos). El dinero sigue siendo el que domina las relaciones sociales al más alto nivel. No menos características son las conversaciones en torno a la religión, cuando Marcello le dice a su futura esposa que «El cura da la absolución a todo el mundo». He aquí un reflejo del proceder del Estado fascista (no es menos significativo que su proceder sea comparado con el de la Iglesia): «El cura da la absolución a todo el mundo», lo importante es someterse a su autoridad.

La madre de Marcello es una muestra de las clases altas italianas que se rindieron al fascismo italiano para conservar su posición social privilegiada frente a la «amenaza» de socialismo y el comunismo: su despiadada conciencia utilitaria («¿Porqué no se muere tu padre de una vez? Nos cuesta tanto el hospital»), el escaso beneficio que reportaban a la sociedad (en este caso ella es morfinómana), su visión social («Las chicas de clase media se casan con miembros de las clases altas». He aquí una interesante alegoría del matrimonio de conveniencia que se produjo entre la burguesía y la aristocracia en Italia para hacer frente a la amenaza de las clases bajas, ellos fueron los verdaderos soportes del fascismo. En este momento había mucha preocupación en Italia ante una posible vuelta del fascismo dada la gran extensión que estaba experimentando la clase media a causa de la bonanza económica de los 50 y 60. Los movimientos del 68 llamaron la atención respecto a esto).

Es interesante el flashback que nos lleva a la juventud de Marcello, porque su resentimiento frente al mundo procede en cierto modo del momento en que se vio acosado por el chófer Lino. Aquí aparece la contradicción que dominará la vida del protagonista: sus valores y deseos frente al intento desesperado por llevar una vida «normal». Es decir, en primer lugar Marcello se declara un profundo admirador del profesor Quadri, a quien se le ha encargado asesinar, y que vendría a ser en cierto sentido un sustitutivo de la figura paterna (aquel que le inculca valores, un credo que seguir, un modo de entender la vida); sin embargo, ante el exilio voluntario de éste a la llegada del fascismo Marcello se siente abandonado y se echa en brazos del fascismo. Abandona sus valores y su más que posible homosexualidad (en principio no parecía que fuera a rechazar a Lino) en aras de una vida «normal». De hecho, cuando se confiesa ante el cura éste parece más escandalizado por la homosexualidad en sí que por un crimen de sangre y éste le dice: «Lo normal es casarse y tener hijos». He aquí la Iglesia como institución legitimadora del orden establecido. «Valdrá para la cocina y la cama»: machismo, orden patriarcal, ambos son valores unidos al fascismo y a la Iglesia.

Dejando muchos detalles interesantes querría destacar dos momentos que enlazan y que suponen un homenaje al Mito de la Caverna de Platón. El primero en su reencuentro con Quadri. Cuando éste abre la ventana Marcello ve como su sombra se esfuma (al fin y al cabo él no ha sido sino una sombra de sí mismo todo ese tiempo) ante la luz que entra, es la luz de los que han elegido la libertad. Al final de la película vuelve a ocurrirle cuando se sienta junto al fuego, pero decide mirar atrás y allí está Lino, allí está la realidad que había estado intentando negar durante todo ese tiempo.

   FILMAFFINITY
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