
Ayer estuve en el María Guerrero viendo «Los Macbez» y me asomé, una vez más, a esa pesadilla universal de la codicia y la ambición de poder.Los seres humanos pierden el control cuando se suben a un coche oficial y los amigos no saben si tutearles o llamarles de usted.
De Macbeth siempre me ha fascinado el monólogo de mañana, mañana,mañana (Justo se lo sabia de memoria en inglés) y que termina con éstas palabras en la traducción de Cabestany: «la vida es una sombra andante, un mal actor que se pavonea y luego se asusta sobre el escenario» No se si me hice muy mayor,como dice mi hijo Alex, pero ahora no veo revoluciones posibles. Creo en la reforma de las instituciones, no en la toma de «palacios de invierno».Se me ocurre decirle lo siguiente, leído a un marxista como Fernández Buey : » Razonar la renovada creencia en otra forma de participación política sin que ésta se disuelva en nuevo fundamentalismo. o sea, razonar una forma de participación política concreta tan alejada de la repetición de la ilusión como la mera negación de lo que hay.
En fín, como decía Yourcenar, si no entendemos a Shakespeare, la culpa es nuestra.Nos creemos sanos, pero estamos desnutridos.Ahora me mola Zizek, que aboga por un discurso anticapitalista, desacomplejado, que no basa sus estrategias emacipatorias en reivindicaciones ecológicas, feministas o multiculturales, su representación utópica podría tener como eslogan uno de los leitmotivs de La ópera de cuatro cuartos: ¿que es el robo de un banco comparado con la fundación de un banco? claro que a continuación me surge la siguiente duda ¿se puede llevar ésto en un programa para gobernar? Y una última pregunta ¿se puede ser de izquierdas y que te guste David Bisbal?
La Marquesa de O
El séptimo arte siempre ha sido receptor de otras formas artísticas como la literatura, el teatro, la danza, la música, y por supuesto también la pintura. Diversos pintores han sido homenajeados o retratados en la pantalla grande, sin embargo, sin necesidad de recrear la historia de algún gran pintor, la cinta La marquesa de O, dirigida por Éric Rohmer y estrenada en 1976 es una buena muestra de cómo llevar la pintura al cine.
Basada en la novela del mismo título que escribió Heinrich von Kleist en 1805, este filme transporta al espectador a una época en el norte de Italia, en donde los juicios y prejuicios son el estandarte de las familias y la sociedad sigue sin ver más allá de lo que marca el estatus.
Julieta, la marquesa de O, es una hermosa y joven viuda que vive con sus padres, es la protagonista de este filme. Durante el asedio de su ciudad por las tropas rusas, la Marquesa sufre un intento de violación, pero se salva gracias a la intervención de un caballero ruso, el Conde.
Tiempo después, Julieta, inexplicablemente, está embarazada, algo risorio para quienes la comparan irónicamente con la propia virgen; y algo sorprendente para quienes creen en su palabra de que no ha estado con nadie.
Incapaz de aceptar esta vergüenza, su familia la echa de casa. Sin recordar contacto alguno con ningún hombre y convencida de su inocencia, Julieta desea descubrir, mediante anuncios en los diarios, quien es el padre de su hijo.
Al final, a pesar de que ella misma dijo que aceptaría a cualquier hombre que diera la cara por su bebé, se decepciona al tener en frente a la persona que nunca imaginó.
Esta historia surgida de los llamados cuentos morales de principios del siglo XIX, hace una crítica a la sociedad burguesa de francesa de aquella época.
Escena de La Marquesa de O
Por otro lado, cabe destacar la extraordinaria referencia pictórica, al grado que algunos críticos la han considerado como la mejor película en torno a la pintura.
Los escenarios y toda la filmación se realizó con luz natural, lo que crea un ambiente un tanto gris, pero perfecto para crear un tableau vivant. De esta manera Éric Rohmer refleja su gusto por la pintura sin necesariamente referirse a un artista.
Para conseguir su propósito, Rohmer construye encuadres que hacen referencia a distintas obras pictóricas y al tener poca luz, da la sensación de estar mirando un óleo. Las pinturas a las que hace referencia son del tipo centrípetas y se apoya en algunas figuras triangulares para dichos encuadres.
Las actuaciones son un tanto teatrales, cuestión que a mi parecer, busca más las posturas o para recrear esas pinturas; sobre todo la pintura romántica, el denominado neoclasicismo. La escenografía también es parte fundamental de esta película y complemento para recrear paisaje románticos típicos.
El cuadro “La pesadilla” de Johann Heinrich Füssli
Víctor Sosa plantea que el discurso romántico en la pintura es la aceptación de nuestra parte oscura y de los demonios. La clara muestra de esta extraordinaria visión para llevar la pintura al cine, es la escena donde Julieta está recostada en su cama, alrededor se ven telas colgando, perfecto encuadre para revivir el cuadro “La pesadilla” de Johann Heinrich Füssli, pintor suizo establecido en Gran Bretaña. El pintor hizo varias versiones sobre el tema, siendo la más famosa la de 1781.
En esta escena se alude a la aceptación de los demonios de Julieta, mismos que se aprecian en el cuadro, más no en la pantalla, es decir lo plantea sutilmente.
El resto de la película también hace referencia a la Roma mitológica, y al juego de los espejos, propios de la época, para lo cual hace pocos movimientos de cámara.
Esta cinta revive una época, no la más agradable, pero sí una de las más marcadas por los movimientos artísticos en Europa, sin duda hay que verla, analizarla y tenerla en la videoteca.
Fernando Ruiz Vergara falleció el 12 de octubre de 2011 en la aldea portuguesa de Escalos de Baixo, donde vivió sus últimos años, retirado, exiliado por voluntad propia tras el monumental escándalo provocado por la cinta Rocío, que todavía hoy sigue censurada por orden del Tribunal Supremo, con fecha de 3 de abril de 1984. Retenga, por favor, el año de los hechos: mil-novecientos-ochenta-y-cuatro, cuando la época dura de la Transición parecía haber quedado atrás y Felipe González gobernaba ya con mayoría absoluta.
«Todo lo que sufrió con Rocío lo tenía muy presente. No guardaba rencor, pero nunca dejó de dolerle», explica el realizador José Luis Tirado, que ha analizado en el documental El caso Rocío la polémica que acompaña (aún hoy) la cinta de Ruiz Vergara. «La película acabó de golpe con su carrera profesional. Pero no sólo eso, también le destrozó la vida», expone Tirado, que lo encontró ya débil de salud, ingresado en la Casa de Misericordia de Vila de Rei (Portugal).
El documental Rocío, dirigido por Ruiz Vergara con guión de Ana Vila e interpretado, como recogía el cartel, «por hombres, mujeres y niños del pueblo andaluz», es un intento de explicar la romería desde un punto de vista social, histórico y antropológico, por lo que recurre a las opiniones de expertos, algún sacerdote, miembros relevantes de las hermandades rocieras y vecinos de Almonte, como una mujer que narra en primera persona un milagro de la Virgen: la curación de un sarcoma.
Fernando Ruiz Vergara.
Contiene, claro, imágenes de gran potencia visual, muchas tan osadas que hoy serían imposible grabar, como la cercanía de las camareras con la Virgen («Eres guapísima, eres encantadora, eres la reina almonteña», le susurra una de ellas) o la descripción que el catedrático José Hernández Díaz realiza sobre la mutilación de imágenes sagradas para adaptarlas al culto o al gusto de la feligresía. Fernando Ruiz Vergara ilustró este hecho con el desmontaje en un convento sevillano de una talla muy modificada de la Virgen de la Merced.
Sin embargo, ni una ni otra propuesta provocó el enorme revuelo que acabó con el secuestro de la cinta y su director condenado a dos meses y un día de prisión, 50.000 pesetas de multa y una indemnización de diez millones de pesetas. Lo que motivó el escándalo fue sacar a luz la represión en Almonte tras el golpe militar de 1936, desde sus instigadores al centenar de víctimas, recordadas algunas con nombres y apodos por el actor José Luis Gómez, que puso la voz en off a la película. «Un total de cien personas, noventa y nueve hombres y una mujer», dice.
La trastienda de la matanza
En concreto, en un momento de la película, el realizador incluye las declaraciones de un vecino de Almonte, Pedro Gómez Clavijo, quien cuenta a cámara cómo se urdió la represión. Como sostiene el historiador Francisco Espinosa, «Ruiz Vergara vino a contar la trastienda de la matanza realizada por los fascistas, y puso nombre y rostro al que, según algunos testimonios, aparecía como máximo responsable: el terrateniente y ex alcalde José María Reales Carrasco».
En opinión del realizador de El caso Rocío, José Luis Tirado, «Ruiz Vergara inicialmente no iba buscando nada sobre el tema, pero algunos ancianos se lo contaron y decidió, tras pensarlo mucho, incluirlo en el documental». Finalmente, el documental Rocío es uno de los primeros intentos de arrojar luz a la represión llevada a cabo en el verano de 1936. «Hoy día, en España, con jurisprudencia sobrada sobre el asunto, no es posible silenciar la historia de la represión por la voluntad de los descendientes de quienes un modo u otro la protagonizaron», dice Tirado.
Pero, en los primeros ochenta, el resultado fue otro. Los hijos de Reales Carrasco interpusieron el 23 de febrero de 1981 -horas antes del intentona de Tejero- la querella por los delitos de injurias graves, escarnio de la religión católica y ultraje público contra Ruiz Vergara, la guionista Ana Vila y Gómez Clavijo, el vecino que prestó su testimonio. «Las injurias se cometían -expone Francisco Espinosa- al imputar al fallecido Reales Carrasco el asesinato de vecinos de Almonte. Sin embargo, en el metraje, cuando iba a pronunciar su nombre, el sonido desaparecía y se reproducía una foto suya con los ojos tapados por un recuadro negro».
El proceso judicial
El juez desestimó por completo la imputación de escarnio porque «los temas religiosos están tratados con respeto», se afirma textualmente. Con todo, sí ordenó el secuestro de la cinta, primero en toda España y, luego, sólo en las provincias de Huelva, Sevilla y Cádiz, las más vinculadas a la romería del Rocío. Era la primera vez que un juzgado secuestraba una película en España después de que se aprobara la Constitución y desaparecieran los mecanismos de censura previa en materia de cine.
Aunque Ruiz Vergara recurrió al Supremo, éste ratificó la sentencia. Según el juez Luis Vivas Marzal, era «indispensable inhumar y olvidar si se quiere que los sobrevivientes y las generaciones posteriores a la contienda, convivan pacífica, armónica y conciliadamente, no siendo atinado avivar los rescoldos de esa lucha para despertar rencores, odios y resentimientos adormecidos por el paso del tiempo».
A mediados de mayo de 1985, la película volvió a los cines españoles. Se sustituyeron los fragmentos suprimidos por una pantalla en negro con la leyenda «Supresión por sentencia de la Sala Segunda del Tribunal Supremo del 3.4.1984». Recuerde, por favor, la fecha: desde mil-novecientos-ochenta-y-cuatro hasta hoy.